Portada Antonio Morales


Políticas públicas que transforman

La semana pasada publiqué un artículo en este mismo medio dando cuenta de los datos de la evolución socioeconómica de Gran Canaria en el último año. Resumía lo trasladado al pleno del Cabildo durante el debate sobre el estado de la isla. Ahora les hago llegar un segundo texto, que completa el de la semana pasada, donde abordo las principales políticas públicas llevadas a cabo en el último año que sustentan el modelo de isla que estamos construyendo.

Gran Canaria está experimentando una transformación  liderada por un modelo que ha dejado de ser eslogan para convertirse en acción: la ecoísla. Esta estrategia busca garantizar un desarrollo resiliente, autosuficiente y adaptado a los desafíos del siglo XXI. Más allá de las palabras, hoy ese concepto se traduce en obras, programas y datos que avalan el rumbo emprendido.

La transición energética es uno de los pilares más visibles. El proyecto Salto de Chira, cuya ejecución se aproxima al 50%, simboliza esta apuesta. Concebido como una “gran batería” verde, permitirá duplicar el peso de las energías renovables en el mix energético insular, superando el 50% de penetración. Con una inversión que ronda los 589 millones de euros, esta infraestructura no solo tiene valor técnico: también es un ejercicio de memoria histórica y de respeto al entorno, al aprovechar las presas que en su día protegieron a la isla del desabastecimiento hídrico. Pero no se trata de un proyecto aislado. La implicación de miles de grancanarios y grancanarias en el autoconsumo, las comunidades energéticas y la expansión de instalaciones fotovoltaicas y eólicas está permitiendo que la isla lidere —tras El Hierro— la transición hacia un modelo energético limpio y descentralizado.

Esta lógica de soberanía también se extiende al agua. A pesar de un contexto de sequía persistente – es la quinta isla en la que menos llueve- Gran Canaria ha logrado evitar la declaración de emergencia hídrica, gracias a un esfuerzo de planificación y a la inversión sostenida en infraestructuras. El Consejo Insular de Aguas ha aportado 15 millones de metros cúbicos al sector agrícola, casi la mitad procedente de fuentes regeneradas. La modernización de estaciones depuradoras y de plantas desaladoras refuerza la capacidad de la isla para gestionar este recurso esencial con eficiencia y responsabilidad.

A esta estrategia hídrica se suma una firme apuesta por la soberanía alimentaria. El Cabildo ha promovido una concertación sin precedentes entre productores locales, cadenas de distribución y administraciones para incrementar la producción y fomentar el consumo de productos kilómetro cero. Iniciativas como Gran Canaria Me Gusta o el impulso a la gastronomía autóctona no solo prestigian el producto local, sino que también dinamizan el sector primario y refuerzan la identidad insular.

El modelo de ecoísla también tiene su traducción en la movilidad. La gratuidad del transporte público ha tenido un impacto contundente: 104 millones de viajes gratuitos en 2024, una cifra histórica que no solo alivia el bolsillo de la ciudadanía, sino que reduce emisiones y descongestiona las vías. Se han destinado 53 millones de euros a la digitalización y modernización del transporte público. En paralelo, el proyecto del tren de cercanías avanza con paso firme. Ya se ha finalizado su redacción técnica, se tramita la evaluación ambiental y se han iniciado las expropiaciones con una partida de más de 16 millones de euros. Un paso esencial hacia una isla más conectada y sostenible.

Y la sostenibilidad también implica cohesión social. Durante el último año, el Cabildo ha incrementado el presupuesto sociosanitario hasta los 176 millones de euros. Se han creado 1.026 nuevas plazas en atención a mayores, personas con discapacidad o con problemas de salud mental, alcanzando un total de 8.592 personas.  Además, se han incrementado en 80.000 las horas de servicios de ayuda a domicilio y promoción de la autonomía personal, fundamentales para una sociedad del cuidado. Otro hito relevante ha sido el primer Concierto Social para la Atención a Menores Tutelados, que dará cobertura a 36 hogares de protección con una inversión de 119 millones en cinco años. Esta fórmula con entidades del tercer sector aporta agilidad y estabilidad a un servicio especialmente delicado y necesario. También comenzó su andadura el Servicio de Atención a las Víctimas de Ciberviolencia Machista.

Otro frente prioritario es la vivienda. Por primera vez en años, se han iniciado promociones de construcción pública impulsadas directamente desde el Cabildo. Se trata de 63 viviendas energéticamente eficientes, con una inversión de 9,4 millones, de los cuales más de 7 proceden de fondos propios. A esta acción se suma la rehabilitación de más de 500 viviendas, con lo que se duplica el parque de vivienda pública insular. A pesar de las limitaciones competenciales, esta política demuestra voluntad política y capacidad de respuesta ante una necesidad creciente.

La economía grancanaria se está diversificando. Sectores como la economía azul, que ya representa el 8% del PIB, la biotecnología marina, las energías renovables y las industrias creativas están ganando peso. En 2024 se rodaron en la isla más de 140 producciones audiovisuales con un impacto económico superior a los 90 millones de euros. El plató virtual del complejo audiovisual ya está operativo y atrae nuevas inversiones. La creatividad digital, las TIC, la I+D+i y proyectos como BIOASIS o SITGRAN consolidan un nuevo ecosistema productivo más robusto y competitivo. INFECAR es un buen ejemplo de esta dinámica. Ha acogido 150 eventos y más de 900 empresas expositoras en el último año, duplicando cifras anteriores. La futura construcción de un pabellón multifuncional, con estándares de sostenibilidad y calidad arquitectónica, reforzará su papel como nodo económico y cultural clave.

En el último año se ha aprobado también el Plan de Ordenación de Gran Canaria y planes territoriales como el del norte. Se ha estrechado la colaboración con las pymes actuando en las áreas industriales y en las zonas comerciales abiertas. También se ha impulsado Moda Cálida con su internacionalización. Igualmente se han iniciado obras viarias importantes como la que une Valsequillo con Telde.

El turismo, pese a la complejidad del escenario global, sigue mostrando fortaleza. Gran Canaria es líder en gasto por turista en Canarias en seis de los últimos siete años. En 2024, la isla superó los 6.000 millones de euros en facturación, un 10,5% más que el año anterior. Este crecimiento ha sido acompañado por estabilidad laboral, fruto de acuerdos entre patronales y sindicatos, y por una política insular que apuesta por un turismo sostenible y diversificado.

La cultura y el patrimonio son también ejes de esta estrategia transformadora. El Museo de Bellas Artes (MUBEA) está en su fase final de ejecución. La programación cultural ha llevado a cabo hitos como el centenario de Alonso Quesada o la retrospectiva sobre Martín Chirino. El Instituto de Gestión Integrada del Patrimonio Mundial ha inaugurado sus nuevas sedes, distintos centros de interpretación con una inversión de  más de 13 millones en territorio protegido. Ha sido reconocido internacionalmente, consolidando la posición de Gran Canaria como referente en paisajes culturales.

En el ámbito deportivo, la isla se consolida como epicentro de grandes eventos. Ha sido confirmada como sede del Mundial de Fútbol 2030 y ha acogido competiciones de máximo nivel como la Copa del Rey de baloncesto o el Mundial de Rallies. Para afianzar esta propuesta, el Cabildo ha puesto en marcha un plan de modernización de instalaciones deportivas, con una inversión de más de 200 millones de euros, que incluye obras como el nuevo Estadio Gran Canaria,  el Centro Insular de Deportes, la Ciudad Deportiva Gran Canaria, el Gran Canaria Arena y numerosas infraestructuras municipales.

La cooperación con los 21 municipios de la isla se refuerza mediante programas como el Plan Extraordinario de Inversiones, el Plan de Cooperación y el FDCAN. En conjunto, movilizan más de 800 millones de euros en actuaciones estructurantes. Además, Gran Canaria se reafirma como referente en cooperación internacional. Más del 0,7% del presupuesto insular se destina a proyectos de solidaridad en 25 países, en colaboración con más de 60 ONGs.

Finalmente, en el ámbito institucional, el Cabildo ha avanzado en modernización administrativa, planificación estratégica y gobernanza digital, al tiempo que mantiene su papel como voz de la isla ante instancias autonómicas y estatales, defendiendo cuestiones clave como la financiación de servicios sociosanitarios, la gestión migratoria o las infraestructuras estratégicas.

Nada de esto sería posible sin una gestión económica solvente. El Cabildo mantiene una ejecución presupuestaria del 82%, con un endeudamiento prácticamente nulo. Los presupuestos para 2025 ascienden a casi 986 millones de euros. A ello se suman más de 1.600 millones en planes de inversión en marcha, con efectos directos sobre el empleo y la actividad económica.

Gran Canaria es hoy una isla que no se conforma. Una isla que lidera porque tiene proyecto, alianzas, consenso y una ciudadanía cada vez más implicada en un destino común. Una isla que, lejos de la resignación, reivindica su centralidad en el Atlántico Medio como espacio de diálogo, innovación y sostenibilidad.

El buen estado de la Isla

La semana pasada celebramos en el Cabildo de Gran Canaria el debate anual del estado de la isla. Es una oportunidad para comprobar si estamos avanzando en los objetivos que nos propusimos al asumir el gobierno progresista. Quiero compartir los datos  para que las organizaciones sociales y el conjunto de la población tengan una visión de primera mano de la realidad de Gran Canaria.

Estamos en condiciones de transmitir a las grancanarias y grancanarios buenas noticias de la evolución, durante el último año, de una isla dinámica en su actividad económica, que crece en servicios y derechos sociales, que mejora en sus infraestructuras y equipamientos, que atrae inversiones y eventos de repercusión mundial, que proyecta al exterior un modelo de desarrollo sostenible que la hace atractiva y consistente, que avanza en los elementos sustanciales de la ecoísla y la diversificación económica, en la dimensión energética, hídrica, alimentaria, económica, social, cultural y medioambiental. 

Para refrendarlo, tenemos, entre otros, los grandes ejemplos de Salto de Chira, de los centros sociosanitarios,  del nuevo Estadio de Gran Canaria o el Centro Insular de Deportes, del inicio de la construcción de viviendas, del Museo de Bellas Artes, del nuevo Infecar en proyección, de los platós cinematográficos, del radiotelescopio de Temisas o de un ambicioso plan de obras municipales que visibilizan un gobierno insular que relaciona fines y medios. 

Y es clave en esta estrategia la colaboración con la iniciativa privada y social para apoyar sus ideas, sus proyectos y que encuentren en el Cabildo la institución fiable que prioriza en sus decisiones el desarrollo y el progreso de Gran Canaria. Las iniciativas en investigación universitaria, economía azul, energías renovables  producción audiovisual son claros ejemplos de esta complicidad que está dando frutos visibles.

Nos encontramos con una isla que progresa de manera equilibrada, que huye del desarrollismo que destruye recursos y no es sostenible, que prioriza las acciones sobre  elementos esenciales que garantizan un futuro a largo plazo, evitando el cortoplacismo,  que quiere garantizar derechos a toda nuestra población sin dejar a nadie en la exclusión. Creo que esta forma de avanzar es la que explica una percepción social singular que no coincide con el malestar crítico expresado en otros territorios donde se rechazan modelos de sobrepoblación o de alta ocupación del territorio.

Hay datos muy elocuentes que definen el momento que vivimos. Muchas de estas cifras suponen hitos históricos. El nivel de ocupación en el empleo alcanzó en 2024 las 405.000 personas ocupadas, un 4,3% más que en 2023. En Gran Canaria se consolida en 2024 superando con creces el anterior máximo histórico registrado a final de 2023. Ha habido un aumento de 16.570 personas ocupadas durante 2024 respecto a 2023. Ya era muy buena la situación a final del año anterior, pero lo que revelan estos datos del ISTAC es que en 2024 incluso mejoran. Es una línea ascendente que supera la situación anterior a la pandemia. Y el dato de la ocupación tiene más valor cuando lo relacionamos con las cifras de personas desempleadas porque comprobamos que mucha de nuestra gente consigue trabajo. 

El nivel de desempleo en GC en 2024 alcanza un record de mínimos. La cifra de paro registrado se sitúa en marzo de 2025 en 67.976 personas, tras una disminución del 5.5% respecto al mismo periodo de 2024. Supone que 5.312 grancanarias y grancanarios dejaron de estar registrados en situación de desempleo en el último año.  La tasa de paro en Gran Canaria descendió al 12,70% en 2024 frente al 15,65% en 2023. Esto nos viene  a decir que uno de cada cinco desempleados encontró trabajo durante el último año. En las estadísticas de desempleo, el cierre de 2024, supone para Gran Canaria el mejor registro de la última década.

La tasa de paro juvenil se ha reducido hasta el 31.45%  en 2024 frente al 37,54% en 2023. Está claro que no hemos ganado la batalla definitiva consistente en llevar la tasa juvenil a la media general de paro. Pero la reducción es muy considerable y nos dice por donde debemos seguir trabajando: información, formación, tutorización. Me satisface especialmente la reducción del paro juvenil por lo que tiene de ruptura de una situación que parecía estructural e irresoluble y porque alcanza una disminución que no conocíamos en los últimos 15 años. 

Gran Canaria cierra el mes de marzo de 2025 con más de 377.000 afiliados a la Seguridad Social lo que supone un 2.7% más que en 2024.  El índice de confianza empresarial se ha recuperado.. El tejido empresarial de la isla tiene expectativas positivas respecto al futuro económico de Gran Canaria, cerrando 2024 en niveles de confianza prepandemia y mejorando sobre 2023 en un 0.16%.

Como todos y todas saben, nuestra política turística y de promoción no es la de favorecer un incremento permanente y continuo de visitantes. Por eso nos satisface el dato de que crecieron los ingresos turísticos agregados por tercer año consecutivo y se produce un incremento superior al avance de la cifra total de turistas. Gran Canaria facturó más de 6.000 millones durante 2024, un 10,55% más que en 2023. En términos absolutos el gasto diario por turista es de 171€, crece 1,11% sobre 2023. El gasto turístico diario bate récords históricos en nuestra isla. Creemos que esa es la política correcta: mejor rentabilidad y contención de visitantes para evitar saturación y sobreutilización de recursos.

El movimiento portuario se convierte en otro polo de generación de riqueza incrementado por el aumento de atraques debido al  desvío de rutas por los conflictos en oriente medio. Hemos crecido casi un 10% en TEUS/Contenedores, un 7, 22% en mercancía en general y un 22,84% en avituallamiento. El tráfico aéreo aumentó en el último año en un 8,95%, más de 15 millones de viajeros. Gran Canaria se consolida en Canarias como centro neurálgico del transporte, la logística  y los servicios portuarios. Nuestro aeropuerto sigue siendo el más importante de la Comunidad, con más de 15 millones de viajeros.

Nuestro PIB ha aumentado en un 3,58%  y el incremento anual del PIB per cápita es de un 3,5%  frente al 2,62 de Canarias. La renta media familiar ha aumentado en los últimos años en 6.421 euros, un incremento porcentual del 20,26%. También ha aumentado la productividad en nuestra isla en un 1,22% , frente al 0.99 de Canarias.            

Y en esta síntesis de factores de crecimiento socioeconómico debemos incorporar la inversión pública que realiza principalmente el Cabildo de Gran Canaria con más de 1.600 millones de inversión actualizada que supone una inyección considerable para la generación de empleo y para la capitalización de nuestras pequeñas y medianas empresas.

Con estos datos es seguro que tenemos motivos para transmitir a nuestra ciudadanía que vamos por el buen camino. Esta confianza aumenta nuestra autoestima como pueblo, afianza el sentido de pertenencia y quienes conocen la sociología de los procesos sociales saben que son factores que impulsan la iniciativa y la emprendeduría en todas sus dimensiones. Lo importante de esta valoración de datos es que tienen coherencia y consistencia al analizarlos conjuntamente. Todos vienen a corroborar la salud, el dinamismo y la potencialidad de nuestro sistema social y económico. 

Atribuyo el éxito a un protagonismo colectivo que coincide en las prioridades y en un proyecto común. Y esta realidad positiva se está dando a pesar de que el contexto estatal e internacional nos está influyendo negativamente porque hay factores poderosos que están generando inestabilidad, incertidumbre y desconcierto. Hemos recuperado y mejorado indicadores anteriores a la pandemia, en empleo, en producto interior bruto, en inversiones, en confianza empresarial. El esfuerzo está valiendo la pena, pero las condiciones internacionales están limitando la obtención, incluso, de mejores resultados. 

Aun siendo graves las incertidumbres socioeconómicas que se ciernen a nivel mundial, nos preocupa tanto o más, la orientación reaccionaria y neofascista que se extiende en el mundo, que gana apoyos en democracias asentadas y que amenaza con arrastrar hacia posiciones extremas a la derecha democrática europea. El negacionismo del cambio climático, las posiciones racistas en políticas de inmigración, la negación de la violencia de género o la supresión de políticas de solidaridad con sectores vulnerables son las nuevas banderas de la extrema derecha que inundan redes sociales y medios de comunicación financiados por los sectores económicos reaccionarios. 

En este contexto tiene más valor lo que estamos consiguiendo e impulsando en esta tierra. Liderando políticas estratégicas que nos permiten avanzar hacia un siglo XXI más sostenible, solidario, igualitario, democrático y orgulloso de nuestra historia y nuestra identidad.

Ni un paso atrás en la transición energética

En estos días posteriores al apagón que afectó a buena parte de la península ibérica el pasado 28 de abril, hemos asistido con perplejidad a una oleada de críticas, cuestionamientos y ataques furibundos contra las energías renovables que, por su oportunismo y falta de rigor, merecen una firme respuesta. Resulta irresponsable y profundamente deshonesto que, sin conocerse todavía las causas exactas del incidente, ya haya quienes se apresuren a señalar a las energías verdes como culpables, mientras proponen con entusiasmo resucitar tecnologías caducas y contaminantes como el gas o el fuel.

Ha arreciado igualmente el apoyo desmedido a la energía nuclear desde sectores empresariales, mediáticos y politicos. Han aprovechado el río revuelto para intentar hacer torcer la decisión del Gobierno de España de desmantelar las plantas nucleares existentes e impedir la construcción de otras nuevas y han conformado un lobbie para hacerlo posible compuesto, entre otros, por Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, Alberto Núñez Feijóo (PP), Santiago Abascal (Vox), las grandes empresas energéticas con intereses directos en las nucleares y los medios de comunicación afines. Sánchez Galán (Iberdrola) ha llegado incluso a solicitar  que se “emule” el pragmatismo de EEUU.

Por cierto, apenas he escuchado en estos días plantear que quizás la mayor fragilidad del sistema esté en la privatización brutal  que inició Felipe González (recuerden aquello de que no se podía tener un elefante en el salón de una casa) y que culminó con absoluta determinación José María Aznar. Inteligentemente no hicieron lo mismo Francia, Italia, Alemania o Suecia, que siguen teniendo empresas públicas. De aquellos polvos, estos lodos. Igual la investigación acerca de las causas del apagón nos da alguna sorpresa.

Es imprescindible recordar que el sistema eléctrico español está diseñado y operado con una configuración altamente mallada, con redundancias y protocolos que permiten hacer frente a incidentes aislados. El equilibrio entre generación y demanda no depende de una única tecnología, sino de la combinación inteligente de todas las disponibles. Afirmar que un corte eléctrico como el reciente es consecuencia directa del crecimiento de las renovables es tergiversar los hechos. De hecho, durante jornadas como la del 16 de abril, las energías renovables fueron capaces de cubrir prácticamente toda la demanda del sistema peninsular, generando unos 27.000 MW a mediodía. Este dato evidencia su fiabilidad y su papel creciente en la estabilidad del sistema.

Pero es más, son las renovables las que están impulsando en estos momentos la economía española, aumentando notablemente su independencia del exterior y su competitividad al abaratar los costes de generación notablemente y comercialización (en septiembre de 2022 el precio de la luz era de 216 euros el MWh y en este mes de mayo está en 35 euros MWh). Se ha convertido, además en un vector del desarrollo inteligente, de la  innovación, de la investigación  y de la generación de una industria ligada a su crecimiento.

Más que nunca, debemos hacer un llamamiento a la prudencia. El verdadero debate no es si las renovables son parte del problema, sino cómo acelerar su integración en condiciones de garantía y seguridad. Apostar por tecnologías como la nuclear o los combustibles fósiles como reacción a un evento puntual es no solo una regresión medioambiental, sino también económica. La energía nuclear, lejos de ser la panacea que algunos defienden, es una tecnología obsoleta, cara, de difícil implantación y con unos riesgos inasumibles. A esto hay que añadir que los plazos de desarrollo son tan largos que no resuelven ninguno de los problemas urgentes que enfrentamos hoy. Y no digamos de los residuos radiactivos cuya gestión sigue sin solución definitiva en ningún país del mundo.

Apostar por más gas o petróleo, cuando el mundo entero camina hacia la descarbonización, es insistir en un modelo que nos ha hecho dependientes de mercados volátiles, ha contribuido al calentamiento global y amenaza nuestra soberanía energética. En cambio, tenemos a nuestro alcance una vía limpia, segura y muchísimo más barata: las energías renovables apoyadas en sistemas de almacenamiento y redes modernas.

En lugar de mirar hacia atrás, debemos mirar hacia adelante con determinación. El desafío actual no es técnico, sino político y económico: necesitamos hacer las inversiones adecuadas para que el sistema eléctrico pueda integrar más energías renovables. Esto implica desplegar más almacenamiento energético, clave para gestionar la variabilidad de estas fuentes, mejorar la inercia del sistema y asegurar su estabilidad. En este aspecto, las renovables no deben verse como un problema, sino como una oportunidad para modernizar nuestras infraestructuras y fortalecer la resiliencia del sistema.

Las tecnologías de almacenamiento, y en particular las centrales hidroeléctricas de bombeo, ofrecen una solución madura y eficaz. Permiten almacenar energía cuando sobra y liberarla cuando se necesita, aportando además servicios adicionales al sistema como regulación de frecuencia o reserva de emergencia. En este sentido, el proyecto de Salto de Chira, en Gran Canaria, es un ejemplo paradigmático. Con sus 200 MW de potencia instalada, representa el 40% de la demanda punta de la isla, facilitando una altísima penetración renovable. Su futura ampliación hacia el embalse de Cueva de Las Niñas permitirá alcanzar una cobertura renovable superior al 90%, convirtiendo a la isla en un referente de autosuficiencia energética. Salto de Chira nos habría devuelto a la normalidad en Gran Canaria en muy poco tiempo ante un cero energético.

Mientras que en la península la elevada potencia hidráulica instalada (más de 17.000 MW) y las interconexiones con Francia y Marruecos permitieron una rápida reposición del servicio tras el apagón, en Canarias debemos redoblar esfuerzos en nuestras propias infraestructuras. Por eso es fundamental que sigamos desarrollando proyectos de almacenamiento y bombeo, tal y como permite la legislación canaria (Ley 17/2013), adaptada a la realidad de nuestros sistemas insulares.

Somos más vulnerables, sí, pero también más conscientes de lo que implica depender de un suministro seguro y sostenible. Además del almacenamiento hidráulico, es prioritario invertir en nuevas tecnologías como baterías a gran escala, redes inteligentes y sistemas de gestión de la demanda. Es preciso también el refuerzo de las líneas y las subestaciones. La digitalización del sistema eléctrico, junto con la participación activa de los consumidores, permitirá un sistema más flexible y seguro. Necesitamos también mercados de capacidad bien diseñados, donde se remunere no solo la energía producida, sino también la disponibilidad y el servicio al sistema.

Es preciso igualmente que se reconozcan las especificidades técnicas y regulatorias de los sistemas eléctricos insulares, el aporte de la financiación especifica para su modernización, permisos y planificación anticipada y que se incluyan incentivos para inversiones en flexibilidad, almacenamiento y estabilidad. Debemos, insisto, generar alianzas para el desarrollo de un sistema energético insular más distribuido, participativo, manejable y orientado al interés general.

No podemos permitir que la confusión o el miedo sirvan de excusa para frenar el cambio. La transición energética es inevitable y urgente. No solo por la lucha contra el cambio climático, sino también por razones económicas, sociales y de salud pública. El modelo energético basado en un mix de renovables equilibrado, en eficiencia y soberanía es más democrático, más justo, más fuerte y más resistente.

En Gran Canaria hemos apostado claramente por este camino. Sabemos que no es sencillo, pero también sabemos que es el único posible. Y no vamos a permitir que, bajo la sombra de un apagón cuya responsabilidad aún se está investigando, se ponga en cuestión la dirección correcta de nuestra política energética.

La transición no se detiene. La transición avanza. Y Gran Canaria será vanguardia, no retaguardia, de ese futuro más limpio, seguro y justo.

La seguridad hídrica de Gran Canaria

El pasado martes día 8 de abril el Cabildo de Gran Canaria presentó las actuaciones del bienio 2024-2025 encaminadas a avanzar en la seguridad hídrica para el sector primario de esta isla. Dio cuenta de un paquete  de actuaciones de 15 millones de inversión enmarcado en el Programa Insular de Desarrollo, en el apartado de mejoras para el regadío. Más de cuatro hectómetros incorporados al riego agrícola, un 10% más que en el 2023. Son actuaciones en materia hídrica para incrementar la capacidad de agua regenerada y desalada, mejorar la calidad de las aguas de origen industrial, aumentar los intercambios de agua entre la cumbre y la costa, recuperar infraestructuras en desuso, ampliar las redes de distribución, adquirir nuevo patrimonio de depósitos de regulación y almacenamiento y poner en marcha las redes de distribución e impulsión para la distribución de los excedentes del Salto de Chira, setecientos cincuenta mil metros cúbicos cada año para el sector primario, la reforestación y la lucha contra los incendios en las cuencas de Tejeda, Artenara, Tunte y Mogán.  

La aportación actual de aguas industriales (agua desalada y agua regenerada) al sector agrícola a través del CIAGC es de 14,3 Hm3. Con dos nuevas plantas portátiles contempladas en este plan de actuaciones se llegará a casi 16 Hm3. Debo señalar también que los intercambios cumbre-costa han conseguido aumentar la aportación a la cumbre en 0,46 Hm3/ año. Desde 2022 hasta hoy día, para suplir la carencia de recursos convencionales se ha pasado de producir 11 Hm3 de agua desalada y regenerada a los 14,3 Hm3 actuales.

El lunes 14 de este mismo mes, en compañía del consejero insular del Sector Primario, Soberanía Alimentaria y Aguas, firmé un convenio con el consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria del Gobierno de Canarias para la ejecución, por un total de casi dos millones de euros, de catorce actuaciones en once municipios de medianías y cumbres de Gran Canaria destinadas al almacenamiento de aguas para riegos, nuevas redes de distribución de aguas para riegos, sistemas de bombeos fotovoltaicos, adaptación y mejoras en presas  y obras hidráulicas para el intercambio de aguas entre la cumbre y la costa. 

Todas estas obras están recogidas en el Programa Insular de Desarrollo para la Mejora del Regadío y  el Plan de Actuaciones para Mitigar los Efectos de la Sequía que contemplan más de cien actuaciones por un importe superior a los ciento cincuenta millones de euros. A esto se suman los más de veinte millones de RENOVAGUA destinados a incorporar las energías renovables al sistema hídrico insular para abaratar los costes del agua y reducir los niveles de contaminación. Se ejecutan de manera coordinada con la participación del Consejo Insular del Agua de Gran Canaria y la Consejería insular del Sector Primario, Soberanía Alimentaria y Aguas.

Ese mismo lunes anunciábamos que las lluvias de esos días habían dejado 718.000 metros cúbicos de agua  en las presas y embalses de Gran Canaria, lo que  se traducía en un alivio para las zonas más tensionadas de cumbres y medianías y en una mayor tranquilidad para afrontar el verano de los hombres y mujeres de nuestra agricultura.

Salvo La Palma y Gran Canaria, el resto de las islas de nuestro archipiélago han declarado la emergencia hídrica en sus territorios en los últimos tres años. El Hierro y La Gomera lo hicieron en 2022, Lanzarote y Fuerteventura en 2023 y Tenerife en 2024. Si anunciáramos que Gran Canaria se ve obligada a declarar la emergencia hídrica ocuparíamos todos los titulares, pero apenas llama la atención si afirmamos que el agua para consumo humano está garantizada en la isla o que se dispone de agua para el riego durante todo este año  y que no cesamos de trabajar e invertir para garantizar la seguridad hídrica del sector primario insular. 

Somos conscientes de que para el desarrollo integral sostenible que pretendemos para Gran Canaria, desde la ecoísla que impulsamos, es absolutamente imprescindible garantizar la seguridad hídrica de la isla y alcanzar las mayores cotas de las soberanías alimentaria y energética. Y lo estamos haciendo. El trinomio agua, energía y alimentación es la clave de nuestra supervivencia. 

Es necesario igualmente que impulsemos todas aquellas medidas encaminadas a mitigar y a adaptarnos a los efectos del cambio climático en un territorio tan frágil como el nuestro, de los que mas rápido avanza es la desertización de un 90% de nuestro territorio. Y lo estamos haciendo.

Y conocemos palmo a palmo el camino por el que debemos transitar en materia hidráulica en Gran Canaria en los próximos años y que debe pasar por reducir las pérdidas de agua implantando tecnología de última generación; por recargar los acuíferos reduciendo los caudales superficiales que desembocan en el mar y geodepurando las aguas subterráneas en mal estado; por realizar una gestión integrada de las redes de saneamiento y el control de los vertidos mejorando la calidad de las afectadas por intrusión marina; por optimizar la energía de las instalaciones a través del ahorro (consumimos para producir agua el 15%) y de la penetración de las renovables; por perfeccionar las tomas de las desaladoras; por mejorar la eficiencia de los regadíos… Solo con estas medidas podríamos reducir el déficit hídrico en un 53% de aquí al 2027. Y estamos trabajando decididamente en ello.

El futuro del agua y de la supervivencia de la tierra pasa por la innovación, la eficiencia, el ahorro, la reducción del consumo… Canarias sabe mucho de esto. Su historia está jalonada de hitos históricos que señalan largas luchas por salvar los graves problemas de la escasez de agua en nuestro territorio. Hemos sufrido mucho y corremos muchos riesgos a la hora de garantizar la estabilidad en el suministro de un agua de calidad para la población y para sostener nuestra economía. Tenemos un reto extraordinario por delante. Creemos firmemente en el camino que nos hemos trazado.

La isla cuenta con una capacidad total de desalación de agua de mar de 104 hectómetros cúbicos al año procedente de un total de 20 complejos de desalación públicos y privados. 70 Hm3 son para el suministro a la población, 17,5 Hm3/año para la agricultura y el resto para usos industriales. Específicamente el Consejo Insular de Aguas explota en la actualidad cuatro desalinizadoras de ósmosis inversa que producen unos 43.000 metros cúbicos al día. Esto supone unos 13,3 Hm3 de agua desalinizada. 

Dedicamos asimismo un enorme esfuerzo a la reutilización de aguas negras –las depuramos casi en su totalidad-  haciendo una aportación de 15,3 Hm3 anuales al sector agrícola de la isla, esto es, en torno al 50% de las aguas depuradas. Tenemos que conseguir que sea el 100%. Esta línea de trabajo es especialmente importante ya que debemos centrarnos en el ciclo integral del agua y tiene beneficios adicionales como la reducción del aporte de contaminantes a los cursos naturales de agua. Las diversas sustancias orgánicas son “filtradas” de manera natural biológicamente durante su infiltración a través del terreno de cultivo ya que algunos de sus componentes minerales serán absorbidos por las plantas.

Por lo tanto, parece imprescindible que en nuestra agenda política de prioridades, que tiene como objetivo convertir nuestra isla en un referente ambiental, la provisión de agua de manera sostenible y a precio asequible sea una prioridad para el actual gobierno del Cabildo insular. Por eso una de  las líneas de trabajo prioritarias es la transformación de las actuales instalaciones, combinando la desalación, la depuración y la reutilización con el empleo de energías sostenibles y sistemas de ahorro energético.

Un territorio frágil y aislado como el nuestro tiene la obligación de convertirse en vanguardia mundial para hacer frente a esta situación y no sufrir sus dramáticas consecuencias. Ese es el camino que estamos andando.