Portada Antonio Morales


Por un gran pacto turístico

La semana pasada acudí a la inauguración de FITUR, una de las ferias de turismo más importantes del mundo.  Estaba todo el sector presente y pudimos constatar que estamos en uno de los mejores años para el turismo grancanario, tanto en volumen de clientes, como en ocupación hotelera y facturación.

La mayoría de los destinos que acuden a Fitur lo hacen para hablar del proceso de recuperación tras las profundas transformaciones provocadas por la pandemia. Sin embargo, en Canarias ya no hablamos de recuperación puesto que lo consideramos una fase superada. Ahora estamos en un año de récord, cercano a los datos de 2017 que fue el mejor año para el sector. A falta de los últimos datos, todo parece apuntar a que cerraremos 2023 con 4,5 millones de visitantes, lo cual sería estadísticamente el segundo mejor año tras 2017.

También se espera que se supere la facturación de ese año gracias al aumento del gasto por viaje y por cliente, además del alza de costes e inflación. Los datos de conectividad de Gran Canaria son impresionantes, con cifras que nunca se habían alcanzado: tenemos conexiones con 153 aeropuertos de 25 países. Crecemos, igualmente, en 15 mercados, de los 18 en los que operamos.

Es cierto que el mercado nacional, los ciudadanos del resto de España que vienen a visitarnos, se ha reducido un 3,5%, aunque a falta de los datos de diciembre. Es posible que también acabe el año con un crecimiento en torno al 1%. Pero lo más destacable es que se han hecho grandes avances en la diversificación de mercados, la fortaleza del destino y  la consecución de menos dependencia de los mercados habituales y sus posibles problemas. El ejemplo más notorio está en el mercado francés que ha crecido un 63,6% respecto a 2019, con 38,500 clientes más al año, o el del gran crecimiento también del mercado nórdico.

Somos conscientes de que estas cifras nos sitúan ante el debate sobre el límite de capacidad de la isla y sus recursos y somos conocedores asimismo de que la sociedad grancanaria exige cada día mayor sostenibilidad. Por ello en los últimos años el trabajo del Cabildo ha ido dirigido a mejorar la calidad del destino – el esfuerzo de la iniciativa empresarial ha sido también muy importante-  y la calidad del cliente, que se traduce en un gasto más elevado, una mayor facturación y rendimiento económico y una distribución  mejor por toda la isla.

Y precisamente por ello, creo que debemos aprovechar el gran momento de éxito turístico que vivimos  para impulsar un gran acuerdo sobre el turismo en Canarias. Recientemente se publicaba el informe del Observatorio Canario de Turismo sobre vivienda vacacional y arrojaba algunos datos a tener muy en cuenta. El número de viviendas vacacionales en Canarias se ha duplicado desde 2017, es decir en apenas 6 años y con una pandemia de por medio que provocó un “cero turístico” estas viviendas han pasado de 25.000 a 50.000, especialmente en las capitales y los núcleos costeros.

Esta modalidad ya supone el 36% de todas las camas turísticas del archipiélago. En Las Palmas de Gran Canaria, sin ir más lejos, hay más plazas de vivienda vacacional que camas hoteleras. Es evidente que este aumento súbito genera importantes transformaciones y problemas en las ciudades y que se hace urgente y necesario ordenar esta actividad estableciendo bien las zonas y las condiciones en las que se puede desarrollar.

El auge de redes sociales muy visuales como Instagram o Tiktok así como del marketing de “influencers”, y en general un aumento de la generación de contenidos atractivos, está provocando que se difundan un gran número de infracciones ambientales, como personas que cuelan en lugares protegidos en los que está prohibido el paso, actitudes irrespetuosas con el patrimonio etc, que generan alarma e indignación social. Son solo algunos ejemplos que nos señalan la imperiosa necesidad de abrir un amplio debate político, económico y social sobre el presente y futuro de nuestro principal nicho económico.

De un lado tenemos que asumir que no podemos crecer ilimitadamente y que ya se están viendo síntomas (escasez de agua, saturación de espacios naturales o problemas con la vivienda) que parecen indicar que estamos condicionados por nuestra capacidad de carga. El aumento de productividad, de facturación y de rentabilidad en el turismo tiene que venir necesariamente del incremento de la calidad del destino y de convertirnos en un referente mundial de sostenibilidad. Asimismo, se tienen que tomar medidas para frenar los impactos negativos del turismo en la sociedad y sus beneficios económicos deberían a contribuir en mayor medida a paliar las desigualdades sociales.

Y es que esta industria, que se basa en ofrecer opciones de ocio y bienestar, requiere de legitimación social, ya que es evidente que nadie quiere ir a disfrutar o relajarse en un lugar en el que se siente rechazado. Y aunque no es masivo ni generalizado, si empiezan a hacerse notar pequeños cuestionamientos a los que es preciso atajar con buenas prácticas sociales y medioambientales.

Por otra parte los sectores sociales críticos con la turistificación (un debate que está en auge en casi todas las zonas turísticas de España y en las principales capitales de Europa) tienen que entender que aunque diversifiquemos nuestro modelo,  el turismo va a seguir siendo nuestra principal actividad, que los cambios son complejos y requieren tiempo, inversión, mucha coordinación institucional y un gran marco de acuerdo y consenso con el sector turístico. En caso contrario, podríamos dañar gravemente esta actividad  y a los empleos y negocios de cientos de miles de personas en Canarias.

Nadie puede decir que durante mi mandato (que se aproxima a los 9 años), no he impulsado transformaciones en los ámbitos que eran competencia del Cabildo y que consideraba prioritarios. Pero todas esas medidas se han promovido intentando construir el mayor consenso social posible y procurando integrar las visiones de los diversos actores. Es la mejor manera de conseguir que los cambios sean sostenibles. Y es desde esa experiencia desde la que creo que hemos llegado a un punto de inflexión que requiere que trabajemos por un gran acuerdo sobre el turismo, que también es un acuerdo sobre el futuro de Gran Canaria y de  Canarias.

Un acuerdo que hable y que integre aspectos estratégicos clave como el de la sostenibilidad y la disminución de la huella ecológica, la diversificación de la oferta y la innovación y la digitalización y que pasa, necesariamente, por las renovables, la seguridad hidríca, el consumo de productos de nuestro sector primario, el reciclado de los residuos, la formación profesional cualificada y especializada, la mejora de las condiciones laborales, una mayor universalización de los beneficios que nos aporta para que se contribuya en mayor medida a la reducción de las tyasas de pobreza y la garantía de protección del territorio, el paisaje y de nuestros valores naturales, patrimoniales, culturales y de convivencia.

Avanzamos hacia la movilidad sostenible

La semana pasada anunciamos en rueda de prensa que desde el Cabildo ibamos a flexibilizar  los requisitos para acceder a la gratuidad del bono residente de transportes. De esta manera, a partir del 1 de febrero, en lugar de 15 viajes mensuales solo será necesario realizar 30 trayectos al trimestre para que el bono de transporte sea gratuito. 

Aunque es cierto que esta medida se financia en parte con fondos que el Gobierno de España ha habilitado para este fin, se enmarca dentro de una decidida política de mejora y fomento del transporte público llevada a cabo por el Cabildo de Gran Canaria dentro de su estrategia de ecoísla. Una decidida política que, como veremos más adelante, está dando sus frutos. 

Pero, antes de entrar a detallar las medidas adoptadas para alcanzar este objetivo, creo que es necesario que hagamos hincapié en la importancia del transporte público. En primer lugar, es fundamental desde el punto de vista socioeconómico ya que vertebra y cohesiona el territorio, facilita la movilidad laboral y formativa e influye en la oferta cultural y de ocio, ya que permite acceder a ella a muchas personas que sin transporte público no podrían, etc. Es también una forma de luchar contra el cambio climático ya que el transporte terrestre es la principal causa de emisiones contaminantes en Gran Canaria: el 26% de las 5.150 kilo-toneladas de dióxido de carbono equivalentes generadas en la isla proviene del transporte. 

Por todos estos motivos fuimos la primera administración pública de Canarias que abogó por una semigratuidad real del transporte público, con una política de bonos dirigida a los jóvenes, a los mayores y al conjunto de la ciudadanía que apuesta por el uso de las guaguas. De esta manera el precio del bono residente era, antes de la gratuidad total,  de 14 euros para el público general y de 10 para jóvenes y mayores. Estamos hablando de un bono que  permitía hacer viajes ilimitados tanto urbanos como interurbanos en toda la isla y con todos los operadores. 

Los datos son elocuentes ya que el número de viajeros y viajeras en el transporte público en la isla alcanzó en 2022 los 66 millones y en 2023 se acercó a los 91 millones. Es decir, 24,5 millones más, lo que significa un 37% de aumento. Y hay 400.000 bonos residentes activos, lo que quiere decir que casi la mitad de la población de Gran Canaria usa el transporte público con cierta regularidad (ya que los viajeros ocasionales utilizan otros títulos de transporte o pagan en efectivo). 

Otro de los proyectos estrella para la modernización del transporte es el Centro de Control de la Movilidad en Gran Canaria, previsto en el intercambiador de Tamaraceite, que cuenta con más de 23 millones de presupuesto y que va a estar operativo en 2025. Se trata de un centro de alta tecnología para regular el transporte público de la isla, que sabrá en cada momento y en tiempo real dónde está cada guagua y cuántos pasajeros lleva y podrá incluso abrir o cerrar semáforos. De esta manera se contará con una gran herramienta para reaccionar rapidamente a las diversas incidencias y poder adaptar el servicio, además de dotarlo de seguridad y mayor puntualidad. Gracias a él contaremos con una enorme cantidad de datos que, gestionados adecuadamente, nos ayudarán a planificar nuevas infraestructuras viarias y nuevas líneas o adaptaciones de líneas ya existentes. 

Las obras de la metroguagua, proyecto que cuenta con el apoyo del Cabildo, están muy avanzadas y cuando se ponga en marcha va a transformar la movilidad de Las Palmas de Gran Canaria, la urbe que concentra un mayor número de desplazamientos. Se mejorará en rapidez, puntualidad, comodidad, frecuencias e interconexión entre la zona baja y otras zonas de la ciudad. Además, como la mayoría de los vehículos que van a prestar el servicio serán eléctricos, va a contribuir de manera decisiva a la reducción de emisiones. 

Por supuesto también tenemos que hablar del tren. Desde el Cabildo hemos hecho los deberes y lo tenemos todo listo para poder licitar la obra desde que garanticemos los fondos para su construcción. Estamos hablando de una infraestructura que permitirá descongestionar la GC-1, que se alimentará exclusivamente de energía renovable y que permitirá conectar con rapidez y puntualidad el principal eje económico y poblacional en el que se concentra la inmensa mayoría de los viajes de la isla. Tendrá un impacto ambiental muy moderado ya que gran parte del trayecto discurre soterrado. Se trata de un proyecto cuya inversión y envergadura sin duda marcarán un antes y un después en la sociedad y economía de la isla. 

No podemos olvidarnos tampoco de otras iniciativas para la descarbonización de la movilidad, como la red de puntos de recarga de vehículos eléctricos. Aunque la prioridad tiene que ser el fomento del transporte público, la realidad es que hay algunos trayectos que por diversos motivos (dispersión poblacional, actividades profesionales, etc.) solo pueden ser cubiertos por el vehículo privado, por lo que el coche eléctrico también juega un papel clave en la movilidad sostenible. 

Pero la movilidad también es territorio para el I+D+i. Estamos colaborando con el ITC, que recientemente abrió la primera refinería de hidrógeno alimentada por energías renovables de España y Europa, con un sistema de producción totalmente aislado de la red eléctrica general. El hidrógeno refinado en esa planta va a servir, por ejemplo,  para alimentar las primeras guaguas de Global movidas por hidrógeno que prestarán servicios en los municipios del sureste. De esta manera nos posicionamos a la vanguardia del que se espera que sea el combustible del futuro. 

Como vemos, Gran Canaria está avanzando con paso firme y decidido hacia un modelo de movilidad sostenible, que articule y cohesione los municipios de nuestra isla, que reduzca las emisiones, que contemple todas las modalidades de transporte para adaptarse al máximo número de demandas posible, que sea accesible para toda la población y que sea un vector de diversificación económica e innovación. En definitiva, insisto, una movilidad sostenible que sea uno de los pilares de la ecoísla. 

Que 2024 sea un año de provecho

Guerras en Ucrania y en Palestina, inestabilidad en el Mar Rojo, inseguridad y violencia en el África cercana, inflación, elecciones europeas con la amenaza real de la extrema derecha como una de las principales fuerzas, elecciones en Galicia, País Vasco y Cataluña que tendrán lecturas en clave estatal, un Gobierno de España con un frágil apoyo parlamentario… El escenario político de 2024 viene convulso y con un gran número de incertidumbres. Y sabemos que Canarias por su posición geoestratégica y su dependencia del exterior se ve directamente afectada por la coyuntura internacional.

Hace más de tres décadas que los sociólogos Ullrich Beck y Anthony Giddens teorizaron sobre la sociedad del riesgo, un nuevo escenario en el que se rompía con algunas certezas de la modernidad (trabajo estable y duradero, amplio estado del bienestar etc.) y se introducían nuevos riesgos inherentes a un mundo cada vez más globalizado e interconectado. El COVID es probablemente el máximo exponente de este nuevo escenario.

En este contexto se hace necesario reflexionar sobre los problemas estructurales de Gran Canaria y del conjunto de Canarias, para contar con información y datos que nos ayuden a impulsar políticas públicas destinadas a reducir los riesgos a los que está sometido el archipiélago y a ofrecer un horizonte de certidumbre a su población.

El turismo está batiendo récords históricos de visitantes y de facturación, la inversión pública como resultado de los programas de reactivación tras la pandemia está en cifras que no se veían desde hace décadas y hay nuevos sectores (renovables, audiovisual, digital) que tienen cada vez más presencia en la economía canaria. Pero aún así la tasa de paro es de un 15,2% y la tasa de paro juvenil de más de un 31%, que aunque son las cifras más bajas de la historia, son inasumibles y además suponen un diferencial de más de 3,5 puntos con respecto a la media de España.

¿Cuáles son las causas estructurales del paro en Canarias? ¿Cómo es posible que ni en uno de los momentos de mayor actividad económica pública y privada seamos capaces de reducir el desempleo por debajo del 10%? Porque además aquí está en gran parte la causa de las cifras de pobreza y exclusión social ya que sin un trabajo estable es prácticamente imposible dejar atrás la pobreza.

Tenemos que seguir implementando las medidas que se han demostrado efectivas, como los planes de empleo para colectivos de difícil inserción, incentivos a la contratación, etc. Pero a la vez  ir más allá e innovar, yendo a los barrios con peores cifras de empleo e impulsando nuevas políticas basadas en la intervención comunitaria y en el empoderamiento desde los propios barrios. En este sentido hay experiencias exitosas en las que los propios desempleados, con apoyo público, crean cooperativas para prestar determinados servicios que se necesitan en su entorno más cercano.

Un tema que se conecta con lo expuesto es el retroceso del PIB per Cápita en Canarias en los últimos 20 años. En un reciente artículo explicaba que se debe fundamentalmente al aumento poblacional ya que, mientras la evolución del PIB canario ha sido similar al de otros territorios, el crecimiento de personas que residen en las islas no tiene parangón. Creo que ya nadie tiene dudas de que debemos afrontar urgentemente el debate sobre el reto demográfico.

Y es que la cuestión poblacional afecta a todos los frentes: consumo de recursos e impacto medioambiental, escasez y encarecimiento de la vivienda, saturación de servicios públicos (transporte, sanidad etc.), desigualdad social (los nuevos habitantes tienden a concentrarse en determinadas zonas, acelerando aún más las diferencias de población entre los núcleos urbanos de costas y las medianías y cumbres) etc. Además la mayor parte de los nuevos residentes son peninsulares y ciudadanos de la UE, por lo que las vías legales y políticas para frenar este incremento insostenible no están claras y tienen que ser motivo de análisis y estudio.

Aunque en los últimos años nuevos sectores como las renovables, el sector audiovisual o los servicios portuarios están experimentando un incremento, lo cierto es que el crecimiento del sector del turismo ha hecho que la dependencia turística de Canarias esté en su máximo histórico, suponiendo el 35,5% del PIB. Vemos por lo tanto que el ansiado objetivo de la diversificación económica sigue siendo una asignatura pendiente.

Abogar por la diversificación del modelo no implica ni mucho menos ir en contra del turismo, más bien al contrario. Con un modelo de desarrollo económico más sostenible y equilibrado, con diversos sectores innovadores y sostenibles que aporten valor a la economía, Canarias se revalorizaría como objetivo turístico y podríamos aumentar el valor del destino y de los servicios que se prestan. 

Para desarrollar buenas políticas públicas desde la instituciones necesitamos datos y buenos diagnósticos a nuestros problemas, que nos permitan evaluar si estamos avanzando en la buena dirección. Sobre todo en un contexto en el que los problemas son cada vez más complejos (sus causas son múltiples e interviene cada vez un mayor número de factores) y su resolución muchas veces supera las competencias y capacidades de las instituciones públicas.

Estamos en un momento trascendental en el que Gran Canaria y Canarias tienen que hacer un esfuerzo por adaptarse a los cambios socioeconómicos, reducir su dependencia y ganar en seguridad, al tiempo que acaba con el problema endémico del paro y la pobreza. En muchos aspectos, como planteé anteriormente, estamos avanzando (renovables, digitalización, impulso de nuevos sectores) pero tenemos que ser capaces de tener mirada larga y generar amplios recursos que nos permitan construir el futuro de nuestra isla.

El año 2024 se presenta con indicadores positivos para Gran Canaria. El papel del Cabildo es clave para ello. Disponemos de unos presupuestos para afrontar el año en el que las políticas sociales y las propuestas económicas copan el 63% de los recursos. A los 210 millones de euros destinados en estas cuentas para  inversiones sumaremos en los próximos días casi 150 millones más de remanentes.

El 2024 será el año de ver entrar el agua del Salto de Chira en las presas, para empezar a llenarlas y producir agua y renovables y también el de la inauguración de varios centros sociosanitarios, del Helipuerto de Artenara, del Plató Virtual para el sector audiovisual, de las Cuarterías del Cuyás, del Centro de Interpretación de la Degollada de Becerra y el de la sede del Instituto para la Gestión Integrada del Patrimonio Mundial y la Reserva de la Biosfera. Será el año de consecución de la sede del Mundial  de Fútbol 2030 y el del comienzo de las obras del nuevo Estadio de Gran Canaria. Igualmente, el 2024 nos traerá el inicio de las obras del Centro de Movilidad Sostenible de Gran Canaria, de la modernización integral del Centro Insular de Deportes, del Albergue de Tamadaba, de numerosas infraestructuras en distintos municipios, de la rehabilitación del Centro Fátima, del nuevo edificio polivalente de Infecar, del antiguo Hospital Psiquiátrico como gran centro sociosanitario, del emisario de Bocabarranco y del radiotelescopio de Temisas. Este año que empieza ahora ocupará un lugar destacado  en el impulso de la eólica marina, del Museo de Bellas Artes (MUBEA) o del Parque Nacional de Guguy.

Este año será, en definitiva, el año de la culminación de muchos proyectos y de la continuación o el inicio de otros que profundirán en situar a Gran Canaria en la vanguardia del desarrollo sostenible, de la lucha contra la pobreza y la marginación y de la consolidación de nuestra isla como referente cultural, deportivo y de defensa de nuestro patrimonio.