Portada Antonio Morales


Incendios, prevención y responsabilidad

La semana pasada, dentro de la estrategia Gran Canaria Mosaico  para la prevención de grandes incendios forestales,  el Cabildo de Gran Canaria presentó un nuevo paquete de videos divulgativos, protagonizados por el humorista Maestro Florido y por hombres y mujeres del mundo rural. Se trata de un nuevo paso encaminado a la tarea de formar, informar y sensibilizar a la ciudadanía de esta isla, de una manera cercana y accesible y de impulsar la cultura de la prevención, transmitiendo técnicas y consejos para evitar los incendios en nuestros bosques y, en su caso, para impedir o mitigar sus efectos sobre el medio, los bienes materiales, los animales y las personas. 

La mayoría de los incendios forestales que se registran en Gran Canaria tienen un origen humano y están vinculados, en gran medida, a prácticas negligentes o imprudentes. Entre las causas más frecuentes se encuentran las quemas agrícolas mal planificadas o mal ejecutadas, sin las condiciones de seguridad adecuadas, así como el uso indebido de maquinaria que genera chispas en zonas de riesgo. 

Este tipo de incidentes, lejos de ser puntuales, se insertan en un contexto en el que los incendios presentan una intensidad creciente y una mayor capacidad para propagarse rápidamente, hasta afectar incluso a zonas de interfaz urbano-forestal. Esto supone un riesgo directo no solo para la biodiversidad insular y la integridad de nuestros ecosistemas, sino también para infraestructuras, propiedades privadas y, en última instancia, incluso para la seguridad de las personas y los animales.

En este escenario, los grandes incendios forestales se han convertido en un fenómeno recurrente. En los últimos 20 años se han registrado nueve en la isla, lo que implica una media aproximada de un gran incendio cada dos años. La cifra habla por sí sola: más de 32.000 hectáreas se han visto afectadas, lo que ha calcinado masas forestales, zonas agrícolas, áreas de alto valor natural y entornos próximos a núcleos de población. El impacto de estos incendios es multidimensional: condiciona la capacidad de regeneración natural del territorio, reduce la estabilidad de los suelos, compromete la productividad agraria, afecta al ciclo hidrológico y genera severas consecuencias socioeconómicas, incluyendo desplazamientos temporales de habitantes, pérdidas patrimoniales y un coste elevado para la recuperación y restauración ambiental.

El incremento del riesgo asociado al cambio climático —veranos más largos y secos, aumento de las temperaturas medias y de la calima, reducción de la humedad relativa y mayor frecuencia de episodios de viento intenso— agrava aún más la situación. En Gran Canaria, además, confluyen características que elevan la peligrosidad: una orografía abrupta, una elevada densidad demográfica y un patrón de asentamientos que en muchas zonas combina áreas forestales con viviendas dispersas o pequeños núcleos urbanos. Todo ello genera un escenario especialmente sensible en el que es imprescindible que la población adquiera competencias básicas: saber cómo convivir con el fuego, cómo identificar y reducir riesgos en su propio entorno, y cómo actuar con seguridad en caso de emergencia.

Ante esta realidad, la necesidad de prepararse y adoptar medidas preventivas es indiscutible. El Cabildo de Gran Canaria cuenta con un equipo de profesionales puntero en Europa, con un dispositivo de prevención y extinción de incendios que extiende su labor a lo largo de todo el año, frente a los tres meses de etapas anteriores. Este equipo se ha convertido en especialista y vanguardia en las quemas prescritas, en el pago por servicios medioambientales a los pastores y pastoras de la isla, en la dotación de medios a Protección Civil o en trabajos ligados a la silvicultura. Esto, sumado a su elevada capacidad técnica y los medios materiales de los que dispone, ha servido para reducir el impacto de incendios de gran potencial destructivo y para salvar por tanto muchas vidas. 

Sin embargo, la responsabilidad de la prevención no puede recaer exclusivamente sobre las administraciones públicas, ni siquiera únicamente sobre el Cabildo de Gran Canaria, que ostenta competencias clave en gestión del territorio y emergencias. La normativa vigente, así como el principio básico de corresponsabilidad civil, establece que la prevención de incendios forestales es una tarea compartida entre instituciones y ciudadanía. Es, en esencia, un trabajo colectivo. La única manera de proteger la isla, sus paisajes y sus valores naturales y culturales es mediante la implicación activa de toda la sociedad, no solo estableciendo medidas de precaución y respetando las normas y las alertas, sino también participando activamente en las soluciones. 

La dimensión social es, por tanto, igualmente decisiva en la prevención de incendios y requiere transmitir una cultura del riesgo: un marco social en el que la población grancanaria asuma que vive en un territorio frágil y geográficamente limitado, donde cada decisión, gesto o hábito cotidiano puede aumentar o reducir la vulnerabilidad frente a un incendio forestal.

Por eso, la comunicación institucional orientada a la prevención se concibe en el Cabildo de Gran Canaria como un componente estratégico equiparable a los planes operativos, los protocolos de emergencia o los dispositivos de extinción. La experiencia demuestra que los mejores medios técnicos pierden eficacia cuando la población no adopta comportamientos seguros, desconoce cómo actuar ante una emergencia o percibe las recomendaciones como imposiciones alejadas de su contexto vital. La eficacia de la estrategia depende, entre otros factores, de que la ciudadanía sienta que forma parte de la misma, que interiorice que su papel es determinante y que entienda que cada actuación individual tiene un impacto real en la seguridad colectiva.

Cuando logramos eso, cuando el mensaje se convierte en convicción y hábito, la prevención deja de ser un mandato y se transforma en cultura. Cultura de la prevención. De nada vale la mejor estrategia sin que la población la sienta suya; que entienda que cada gesto puede marcar la diferencia entre la seguridad y la tragedia. Cuando se entiende el motivo, cuando se percibe que lo que decimos y hacemos protege algo valioso como sus casas, sus cultivos, su paisaje o incluso su vida, la respuesta cambia. De la desconfianza se pasa a la cooperación. Una cooperación necesaria. 

Pero, además, la experiencia reciente en la península —donde los terribles incendios del pasado verano mostraron la importancia de mantener un territorio activo para evitar la acumulación de combustible— ha puesto de relieve el valor de los usos tradicionales del campo como herramienta de prevención, desde el pastoreo controlado, las actividades agrícolas o las prácticas agroforestales sostenibles. 

En Gran Canaria, estos principios no son nuevos: desde hace años el Cabildo trabaja para combinar la gestión forestal y la prevención con los usos tradicionales que han moldeado el paisaje insular durante generaciones desde tiempo inmemorial, con el objetivo de contar con un campo vivo, diverso, productivo y resistente a los grandes incendios. 

Integrar a la población rural, reconocer su rol y facilitar su participación activa en la prevención de incendios no es solo un deber social, sino también una necesidad estratégica. Se trata de mirar de igual a igual a la población rural y lanzar mensajes claros: nos necesitamos mutuamente. Tenemos que actuar como un reloj de precisión. Todos somos necesarios. Es hora de tender la mano al campo e integrarlo en la estrategia de prevención de incendios de manera destacada. Y en esas estamos, trabajando de manera transversal desde las áreas que tienen que ver con el medio ambiente, la soberanía alimentaria, la seguridad hídrica, el Patrimonio Mundial y la Reserva de la Biosfera o el turismo activo y de la naturaleza, entre otras.

Alonso Quesada en la hora de la palabra

El legado de uno de los mayores escritores que ha dado nuestra isla nos ha convocado y nos ha proporcionado la ocasión de preguntarnos por el verdadero sentido de la palabra. Con motivo del centenario del fallecimiento de Alonso Quesada, el Cabildo se ha ataviado con los ropajes de la literatura. Fragmentos de sus textos y poemas, la proyección del audiovisual ‘Crónicas de la ciudad y de la noche’, una exposición en la cristalera de la sede del Gobierno de la isla y la iluminación nocturna de su torre racionalista con la imagen del escritor  -elementos que se mantendrán hasta el 18 de noviembre-  recordarán su figura y revestirán su fachada. Todo ello en el marco del programa conmemorativo que nos sirve para tornar la ausencia en una presencia cada vez mayor y necesaria. 

La palabra… Una palabra puede ser una luz que nos ilumina, nos emociona o apela a nuestra conciencia. Con ella podemos alcanzar rincones de nuestro propio ser que quizás desconocíamos, igual que visitó la nieve lugares que desconocía al caer sobre la cumbre de Gran Canaria, como señaló Alonso Quesada en uno de sus poemas. 

La promoción y creación cultural es una prioridad para nuestro gobierno insular porque proyecta lo mejor de las personas y afianza unas relaciones sociales democráticas y libres. La extraordinaria creación literaria de Alonso Quesada está en el lado luminoso, aquel que nos puede convertir en personas atentas a cuanto nos rodea y por lo tanto en seres y sociedades más sensibles y solidarias. Es justamente lo que necesitamos en estos tiempos en los que abundan aquellos que anhelan las horas oscuras, que crecen en el resentimiento y el enfrentamiento social. En su caso, despojan a las palabras de su verdad, las manipulan y, en último lugar, las usan como antorchas para convertir en cenizas nuestro modelo de convivencia. Ataca, en efecto, el edificio en el que ha tomado cuerpo la democracia. Y por eso es tan importante regresar a voces como las de Alonso. 

Puede que el 4 de noviembre de 1925 se detuviera de pronto el aire en Santa Brígida. Y sabemos que aquella noche la luna mantuvo su curso menguante. Se apagaron el aliento y el latido de Quesada. Pero hoy comprobamos que en ese mismo instante comenzó a respirar la eternidad de su legado humano y literario. Dicha herencia nos sigue inspirando y es más necesaria que nunca. Rescatamos sus palabras, con convencimiento y orgullo, para alcanzar el futuro. Y por eso visten desde hoy las paredes de esta casa común de los grancanarios y grancanarias, donde defendemos el poder de la palabra sincera, la justicia social y los principios democráticos. Sí, con las palabras de Alonso nos enfrentamos a la mentira, a la crispación interesada y al odio que nos empujan hacia el fondo, con las palabras aladas de Alonso. 

Él fue un ejemplo de superación, porque sorteó amarguras y dificultades para convertirse en uno de los grandes renovadores de las letras canarias. Era capaz de navegar con soltura por las aguas más profundas, remando entre los acontecimientos cotidianos, mostrándonos la verdad que sigue revelando su obra. Y lo hizo con un espíritu crítico que refleja conexión y preocupación por cuanto le rodeaba. Porque su poesía, que representa el simbolismo tardío, es íntima y reflexiva a la vez que crítica e irónica, y su prosa retrata una galería de personajes típicos del entorno canario donde le ha tocado vivir, al tiempo que su teatro es poema dramático donde la tragedia acecha silente a sus personajes.

Los legados deben cuidarse y mantenerse. Es justo reseñar la labor desempeñada tiempo atrás por especialistas y personas del mundo del arte que supieron ver antes que nadie la riqueza de la herencia que dejaba Alonso. De ahí la presencia en el acto conmemorativo de los escritores Lázaro Santana y José Luis Correa o de la traductora Marie Claire Durant, además de contar con la actuación musical de Eduardo Perdomo con su adaptación de la obra del autor. Ese mismo 4 de noviembre, día de su adiós, anuncié la instauración en 2026 del Premio Nacional de Teatro que llevará su nombre. Nace con carácter bienal y para incentivar a creadores y creadoras de este género. 

Este certamen supone también un ejercicio de responsabilidad institucional para estar a la altura de su trayectoria, igual que hicimos con el Premio Internacional de Novela Pérez Galdós o el Premio de Poesía Tomás Morales. Seguimos así profundizando en la huella que dejaron creadores titánicos, de paso gigante, y que, sin embargo, llaman sutilmente a la puerta de nuestras conciencias. 

Sus palabras, a las que vuelvo, igual que las de Pino Ojeda, o las de Josefina de la Torre, nos recuerdan la importancia del pensamiento y la cultura. Por eso su promoción es parte transversal de la acción del Gobierno de la isla. El Centenario de Alonso Quesada ha transparentado además el compromiso y la capacidad del Cabildo como promotor de la cultura. La programación es fruto de una gran obra coral y forma parte de una cadena de tiempo que tiene su primer eslabón en la custodia de su archivo en la Biblioteca Insular de Gran Canaria. 

Ha cristalizado de manera diáfana en la acción de los servicios y espacios vinculados a la Consejería de Cultura. Entre la heterogénea oferta desarrollada destacan la publicación de varios libros sobre su obra -incluyendo material inédito-, así como la reedición de algunos títulos del poeta modernista (abarcando la versión en francés e inglés de uno de sus libros más significados, ‘El lino de los sueños’), la puesta en escena de cinco montajes distintos, así como un sinfín de propuestas entre las que han figurado varias exposiciones documentales, ciclos de conferencias, conciertos, una ruta literaria por la arquitectura modernista del barrio de Triana, proyecciones audiovisuales o un taller de rap y creación poética, entre otras iniciativas que demuestran la fertilidad cultural de la isla y, a la vez, que Alonso es un semillero inagotable.  

Por todo ello, quiero agradecer a la consejera y a este gran equipo profesional la entrega para hacer posible un programa del Centenario de Alonso Quesada que nadie olvidará. Mantenemos, en definitiva, su llama, el calor de la palabra que remueve y reconforta a un mismo tiempo. Prestamos oídos al rumor del mar, esa remota voz humana, como escribió en ‘La Umbría’. Y apagamos las llamas de la falsedad y el olvido. 

Elevándose sobre las crestas del tiempo, vemos el humo de los ejemplares de ‘El Lino de los Sueños’ que ardieron en el invierno de la Guerra Civil como recurso angustioso de familias desahuciadas. Incluso ardiendo, las palabras de Quesada sirvieron para mantener la vida. Es algo propio de Alonso, que dejó que un rayo luminoso encendiera su agitado universo para proclamar que su alma tendía sobre el mar dorado un rayo de esperanza. 

Alonso Quesada sigue dialogando con el presente. Al caer cada noche desde el pasado 4 de noviembre y hasta este martes, su rostro y su mirada pura, que parece atravesar un siglo para clavarse en la nuestra, iluminarán la parte más alta de este edificio, el lugar que le corresponde. Lo hará justamente sobre el reloj. La imagen pervivirá en nuestra memoria. Y así ha de ser. Porque hoy y siempre es la hora de la palabra. Y el siglo de Alonso. 

Grandes obras que transforman Gran Canaria

El gobierno insular de progreso ha visibilizado en las últimas semanas y en distintos actos una selección de las grandes obras que transforman Gran Canaria. Somos conscientes de que estamos ante actuaciones decisivas, no solo por la cuantía de las intervenciones sino porque abordan necesidades estratégicas para alumbrar una Gran Canaria del siglo XXI capaz de resolver sus retos energéticos, sociales, hídricos, culturales, económicos -azules, verdes y  diversificados-, de movilidad o de soberanía alimentaria,  con solvencia y con rigor. Hemos pretendido compartir con la sociedad grancanaria una visión de conjunto de una acción de gobierno que es singular porque concentra en este tiempo, simultáneamente, la mayor inversión pública en nuestra isla del periodo democrático. Más de 2.000 millones de euros. Son actuaciones que coinciden en el tiempo y que generan una sinergia de renovación que afecta a todos los sectores económicos y sociales. No estamos ante una actuación estrella que identifica un mandato, sino ante un racimo de intervenciones que abordan las cuestiones sustantivas de nuestro futuro.

Estamos avanzando en la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía y en afianzar un modelo de desarrollo ecosocial que garantice una senda de futuro por la que transitar teniendo en cuenta nuestra realidad insular. Y  somos conscientes de nuestras debilidades y fortalezas, de los momentos difíciles que hemos vivido en los últimos años, de la situación convulsa que vive nuestro entorno geoestratégico y de la evolución de un cambio climático que condiciona, necesariamente, nuestra existencia. El despliegue de estas grandes actuaciones parte, por tanto, de un factor sustantivo: disponemos de un modelo de isla claro, identificable. Es la ecoísla que desde su definición original ha apostado por la sostenibilidad social y económica. 

Para que este modelo pudiera llevarse a cabo ha hecho falta que la ciudadanía diera en tres ocasiones su confianza y otorgara a nuestro gobierno insular progresista, de izquierdas, la continuidad y estabilidad  necesarias. Esto nos ha permitido proyectar, licitar y estar ejecutando grandes obras, infraestructuras y equipamientos como los que hoy repasamos con ustedes. Y también avanzar en  un cambio de modelo que ha afianzado la creación de empleo, la lucha por una mayor equidad social, la potenciación de alternativas económicas reales al monocultivo turístico, la sostenibilidad medioambiental o la cohesión social en torno a la cultura, el deporte, la inclusión, la solidaridad o la igualdad.

Esta ejecutoria ha sido posible por la salud financiera del Cabildo que, sin autocomplacencias, es debida fundamentalmente a una gestión profesional austera, donde el control y la ejemplaridad en el gasto facilitan la disposición de los recursos necesarios para ser ambiciosos en los objetivos y en los proyectos. Y el complejo engranaje necesita, además, para hacerse realidad, de la confianza social, de la complicidad de los ayuntamientos y de las organizaciones sociales, económicas, culturales, sindicales o deportivas que conforman el tejido organizado de Gran Canaria. La ecoísla se despliega en cientos de actuaciones que se materializan en los 1.500 km2  de nuestro territorio, pero se visibilizan con mayor nitidez en proyectos estratégicos y obras esenciales que suponen hitos que nos permiten apreciar con claridad la relevancia del tiempo y el calado de las decisiones que estamos acometiendo. Pero insisto en que nosotros ponemos rostro a un trabajo que es colectivo y solidario. Sin el esfuerzo de los 16 miembros del gobierno, de sus equipos directivos, del conjunto de personal del Cabildo y la complicidad de la sociedad civil, este proyecto que hoy ya es realidad no sería posible.

Los sueños y las expectativas de progreso de la sociedad necesitan cristalizar en espacios donde esos anhelos se acomoden, se expandan y se conviertan en realidades tangibles. Son instrumentos valiosos para transformar los territorios, las ciudades, su economía, sus dinámicas sociales, su futuro. A lo largo de la historia, en los lugares más lejanos, y en nuestro entorno más cercano, los elementos arquitectónicos y urbanísticos han definido periodos, personas y lugares. Porque los edificios y los entornos urbanos que creamos hablan de lo que somos. Y también de lo que aspiramos a ser. Uno de los grandes arquitectos del siglo XX, el alemán Van der Rohe, afirmó que la arquitectura es la voluntad de una época traducida en espacios. 

Forman parte de este relato, Salto de Chira, patente canaria internacional, única en el mundo, que nos va a permitir garantizar la seguridad hídrica y la soberanía energética de Gran Canaria. Que va a posibilitar que abramos camino en España a la eólica marina y que avancemos hasta en un 70% en la penetración de las renovables y por tanto en la ruptura de nuestra dependencia de los combustibles fósiles para producir energía en la isla. Con más de 600 millones de presupuesto ya estamos en más de un 60% de su ejecución. Pronto empezará a entrar el agua en las presas. Si, además, conseguimos poder disponer de geotermia  -estamos haciendo una investigación, con 31 millones de euros, que nos llena de aliento- seremos un territorio insular de referencia a nivel mundial en la transición ecológica.

También, el nuevo Estadio de Gran Canaria que acogerá el Mundial de 2030, otro hito histórico para nuestra isla. Un nuevo estadio que recoge las aspiraciones de una sociedad que vive el fútbol de una manera singular y que se convertirá en un dinamizador social, económico y cultural de Gran Canaria. O el nuevo Centro Insular de Deportes, memoria viva de las grandes gestas deportivas de Gran Canaria en las últimas décadas del siglo pasado, espacio de auténtica cohesión social en torno a la práctica deportiva y la salud.El deporte como  motor dinamizador social y económico. 

Y el nuevo Infecar, el edifico icónico y  la reordenación del espacio, que nos convertirá en vanguardia ferial de Canarias y que se desarrolla en paralelo a la ciudad del cine de Gran Canaria que ya cuenta con dos platós de última generación, uno de ellos con la mejor tecnología de Europa. Infecar, símbolo de una isla inteligente y motor de diversificación económica, se reordena para abrirse al barrio y al futuro. Nuevos espacios verdes, instalaciones deportivas y un pabellón emblemático impulsan la proyección ferial y el turismo de negocios. 

O el Museo de Bellas Artes de Gran Canaria, el más importante museo de bellas artes del archipiélago que, a través del arte, narrará la historia de esta isla desde la llegada de sus primeros habitantes hasta la actualidad.

En Gran Canaria se construye también  en estos momentos, por el IGN y en terrenos cedidos por el Cabildo,  el radiotelescopio de Temisas, que nos convertirá en una referencia mundial de la geodesia, que generará sinergias con otros centros de referencia a nivel mundial.  La ampliación y finalización del Museo Canario, la cápsula del tiempo de la identidad grancanaria que paralizadas sus obras desde el 2002 se reanudan ahora con financiación del Cabildo. La adaptación del antiguo psiquiátrico de Miguel Martín Fernández de la Torre a un centro sociosanitario de vanguardia, referencia del plan sociosanitario más importante en la historia de Gran Canaria que inaugurará próximamente los centros de Tamareceite, Tarazona o Taliarte.

Y, por ultimo, en este resumen apresurado, el tren de Gran Canaria, ahora más cerca que nunca, con todos sus proyectos ya redactados y con el reconocimiento del Estado como obra de interés general. Este ferrocarril representa el salto hacia un transporte alternativo, eficiente y respetuoso con el entorno. Una actuación de enorme trascendencia para el futuro socioeconómico de la isla.

Cada proyecto del  que les hablo, al insertar una nueva forma, una función distinta o un uso diferenciado, reinterpreta las relaciones existentes entre las personas y su entorno. Los grandes equipamientos son bisagras del tiempo. Reconfiguran la manera en que una ciudad, una isla, se relaciona con el mundo y consigo misma. Son motores de cambio que reconfiguran el espacio, la economía y la vida social; inciden de manera directa en la configuración de las dinámicas sociales, económicas y ambientales que definen un territorio y terminan siendo elementos identitarios, hitos que  marcan el paisaje y el imaginario colectivo. En el caso de una isla como la nuestra nos va a servir también para romper buena parte de nuestro aislamiento secular.

Observar, planificar, diseñar y construir. La política y las grandes obras, infraestructuras y equipamientos, los grandes hitos arquitectónicos o de ingeniería, tienen caminos comunes a la hora de afrontar los retos. En la gestión política del territorio y sus recursos hacemos del espacio que habitamos una obra colectiva, democrática y limitada en el tiempo, con todo lo que conlleva. Cincelamos, adaptamos, protegemos e innovamos para seguir haciendo no solo una Gran Canaria habitable, sino también reconocible y destacada por sus políticas referentes vinculadas a la sostenibilidad y a la atlanticidad que nos define. 

Si repasamos brevemente las cuestiones que abordan estas grandes realizaciones comprobarán que hablamos de  aspectos decisivos que definen a las sociedades avanzadas del siglo XXI. Pero contribuyen, sobre todo, a hacer de Gran Canaria una isla sostenible, habitable, atractiva para la inversión, el ocio y la celebración de eventos que nos identifiquen como un destino atractivo por su sostenibilidad y su calidad. Gran Canaria avanza. La ecoísla solo se entiende en esta combinación responsable de hacer compatibles todas estas variables y estas consideraciones. Cada obra, cada proyecto, cada decisión… forman parte de una visión común: una Gran Canaria más justa, sostenible e innovadora. Porque transformar la isla es construir bienestar y mirar al futuro sin olvidar lo que somos y de dónde venimos.

Sin ideología no hay proyecto político

“El problema de América Latina es que la ideología no da de comer”, dijo el recientemente electo presidente de Bolivia, Rodrigo Paz. La frase, repetida ahora en distintos foros con un aire de sensatez práctica, encierra una trampa. Porque, en realidad, lo que perjudica a los pueblos no es la ideología, sino su ausencia. Lo que empobrece a las sociedades es la gestión sin alma, el cálculo sin principios, la política sin horizonte.

En los últimos tiempos se ha extendido también en España y en Canarias la idea de que la política debe desprenderse de las ideologías, de que lo importante es “gestionar bien” y de que los proyectos nacionales deben construirse desde una supuesta neutralidad transversal que todo lo concilia. Se nos quiere convencer de que las diferencias ideológicas son un estorbo del pasado y que basta con la técnica o el pragmatismo para gobernar.

No es una novedad. De Gaulle o Perón ya defendieron la centralidad de la acción frente al dogma. Macron llegó a decir que le interesaba su economía, no las teorías. No las ideologías sino el progreso. Blair y Clinton propusieron una “tercera vía” que pretendía superar la confrontación entre derecha e izquierda, le dio forma a finales de los noventa Anthony Giddens (“Mas allá de la izquierda y la derecha”). Pero todas esas experiencias acabaron demostrando que la renuncia a la ideología no era un signo de madurez democrática, sino el inicio del conformismo. Las respuestas tecnocráticas de Draghi y Renzi en Italia, de Macron en Francia o de Ciudadanos en España, no solo han fracasado estrepitosamente, sino que han abierto la puerta a la extrema derecha.

Cuando la política renuncia a una visión transformadora y se reduce a mera gestión, la democracia se debilita. Se apagan los debates que hacen avanzar a las sociedades y la ciudadanía se refugia en el desencanto. Ese vacío lo llenan los populismos reaccionarios, que ofrecen certezas simples a problemas complejos. La supuesta neutralidad ideológica termina siendo una rendición ante el pensamiento dominante y ante los intereses de los poderosos.

Vivimos un proceso de derechización profunda del debate público y de los valores que sustentan la convivencia. Se normalizan discursos xenófobos, se cuestionan derechos conquistados, se criminaliza la diversidad y se blanquean los proyectos autoritarios. En este contexto, no dar la batalla ideológica, refugiarse en una gestión postpolítica o en un nacionalismo aséptico desligado de un modelo de sociedad hacia el que queremos avanzar, es una irresponsabilidad histórica.

Porque la ideología sí da de comer. Define el modelo económico y social, determina cómo se reparte la riqueza, qué papel tiene el Estado, qué derechos se garantizan y cuáles se dejan al mercado. La deriva ideológica de un país marca quién avanza y quién queda atrás. La economía nunca es neutra: siempre responde a valores e intereses que alguien decide defender o perpetuar.

Para Norberto Bobbio, las diferencias entre las derechas y las izquierdas perviven y giran fundamentalmente en torno a la igualdad. Este es el gran elemento diferenciador. Luchar contra las desigualdades sociales desde la justicia social y la equidad, desde el derecho al trabajo, a la salud y a la educación. También desde la búsqueda de la igualdad de oportunidades y la distribución de la riqueza, haciendo frente al capitalismo que  afirma que la libertad se sostiene en la desigualdad.

Algunos discursos que hoy emergen en Canarias, apelando a un nacionalismo de conciliación interclasista y sin ideologías, pueden sonar amables a primera vista. Bajo la apariencia de un proyecto común se esconde, muchas veces, la renuncia a enfrentarse a las desigualdades estructurales o a los privilegios de unos pocos. Un nacionalismo que rehúye definirse acaba siendo solo regionalismo, sin capacidad de transformar la realidad ni de defender a quienes más lo necesitan.

Canarias no puede permitirse ese vacío. Esta tierra ha sufrido durante siglos las consecuencias del centralismo y de las decisiones tomadas desde la distancia. Hoy, más que nunca, necesita una voz propia y valiente, arraigada en los valores de justicia social, sostenibilidad y defensa de los derechos colectivos. Un gobierno ultraderechista y españolista, sostenido por PP y Vox, sería nefasto para los derechos de los canarios y canarias y para el futuro de esta tierra. No solo por sus efectos económicos o competenciales, sino porque supondría un retroceso moral y democrático de décadas.

El nacionalismo progresista que ha representado a Canarias en las últimas décadas ha demostrado que la identidad y la justicia social no son conceptos opuestos, sino complementarios. Defender Canarias es defender a su gente, su cultura, su dignidad y su derecho a un futuro mejor. Es apostar por un modelo de desarrollo que ponga la vida en el centro, que impulse la transición ecológica, que defienda la igualdad y que entienda la economía como una herramienta al servicio de las personas, no al revés.

Frente a los cantos de sirena de la “transversalidad” o de la política sin ideología, hay que reivindicar que el progreso siempre ha tenido una orientación clara. Las grandes conquistas sociales —el sufragio universal, la educación pública, la universalización de la sanidad, la igualdad de género, los derechos laborales— fueron fruto de luchas ideológicas. Nada importante se logró desde la neutralidad.

La neutralidad no transforma, solo perpetúa. Por eso, cuando se pide que los proyectos políticos “gestionen sin dividir”, en realidad se está reclamando que aceptemos sin debate las reglas de los que mandan. Pero las instituciones democráticas no están para gestionar inercias, sino para marcar el rumbo hacia una sociedad más justa, solidaria y sostenible.

Canarias necesita seguir ese rumbo con claridad y coraje. Nuestra condición insular y periférica exige una mirada ideológica fuerte, consciente de nuestra historia y de nuestras singularidades. Un proyecto que no aspire a contentar a todos, sino a convocar a quienes creen que la justicia, la igualdad y la sostenibilidad deben guiar el futuro.

Sin ideología no hay proyecto. Sin principios, la política se convierte en trámite y el nacionalismo en decorado. Lo que esta tierra necesita no es neutralidad, sino compromiso. Convicciones firmes, manos limpias y una idea clara de hacia dónde queremos avanzar. Porque Canarias no puede ser un territorio sin alma política: su alma está hecha de lucha, mestizaje y esperanza. Y esa historia no se honra desde la asepsia, sino desde la convicción de que, incluso hoy, la ideología sigue siendo el alimento del pueblo.