Portada Antonio Morales


La Catedral de Canarias

Las sociedades necesitan símbolos que se alcen sobre la rutina diaria y les devuelvan un reflejo de estabilidad y permanencia en las contradicciones de la historia. En el caso de las islas, y en especial de Gran Canaria, existen pocos elementos que puedan hacer sombra en este papel a la emblemática Catedral de Canarias, levantada junto a los primeros cimientos del Real de Las Palmas, de cuyo devenir ha sido al mismo tiempo testigo y protagonista desde hace cinco siglos. 

Los orígenes del templo guardan vínculos de cuna con el nacimiento de una nueva sociedad en este lugar del Atlántico. Desde entonces, los destinos de la Catedral, de la ciudad fundacional y del conjunto de la isla han avanzado de la mano, sin dejarse atrás en ningún momento, creciendo al unísono, unidos como han estado siempre por hilos visibles; y también por otros invisibles, pero igual de importantes a la hora de entrelazar a la población grancanaria con su estandarte arquitectónico.

Las raíces de piedra de la Catedral se hunden en los albores de la primera ciudad de realengo fundada fuera de la metrópoli, de ahí su consideración de adelantada en las fundaciones atlánticas y americanas. Este hecho contribuyó de manera decisiva a consolidar los lazos entre esta tierra y América y al mismo tiempo sentó las bases del espíritu abierto de grancanarios y grancanarias, con una mirada universal siempre fijada en el horizonte. 

El magnífico estudio del arquitecto José Luis Jiménez Saavedra nos descubrió el secreto sorprendente de que la fachada de la Catedral está edificada en la intersección del triángulo que formaban los antiguos conventos de San Agustín, Santo Domingo y San Francisco. Y este modelo se replicó después en muchas ciudades americanas. 

La catedral ha sido un faro espiritual por su función de cabecera eclesiástica insular en la ruta de ida y vuelta entre Europa y el Nuevo Mundo. Pero, sobre todo, ha sido una referencia firme y constante para los habitantes de Gran Canaria, que se han encomendado entre sus muros a las mismas alturas hacia las que se proyectan las torres de la Catedral.

La ciudad, la isla de Gran Canaria y la Catedral acumulan 500 años de camino compartido por las orillas de la historia, enfrentándose a las subidas y bajadas de las mareas sociales y económicas, convirtiéndose en un ejemplo vivo, y perfectamente aplicable a nuestros días, de la importancia de la conjunción de los distintos estamentos que integran una comunidad para prosperar, pero también para saber sufrir juntos y superar tiempos difíciles.

La simbiosis entre Gran Canaria y la Basílica de Canarias resulta de una evidencia palmaria. La primera Catedral cobró cuerpo gracias al impulso fundacional, tras lo cual su construcción y actual configuración se vieron condicionadas por la realidad de cada época. El templo vio cómo se levantaban a su alrededor edificios civiles que hablaban de una sociedad diversa y en desarrollo. Pero también vio frenada su construcción en más de una ocasión y contempló a la ciudad derribar sus viejas murallas para expandirse, aunque sabedora de que jamás podría quebrarse la comunión entre dos entidades que comparten marca de nacimiento.  

Cada uno de estos momentos ha dejado un reflejo en el magno edificio y ha contribuido a convertirlo en la construcción histórica más destacada de la Comunidad Autónoma. Porque esta Catedral es la obra del tiempo, hecho que se refleja en la incorporación en su fachada y en su estructura de elementos góticos, renacentistas o neoclásicos, mostrándonos un compendio artístico, y ofreciendo sobre todo un espacio de encuentro comunitario, pero también de intimidad y de reflexión. 

Por todo ello, a este Cabildo de Gran Canaria le sobraban los motivos para conmemorar los 50 años de la declaración, un día como hoy de 1974, de la Catedral de Canarias como Bien de Interés Cultural (BIC), inicialmente en su antigua denominación de Monumento Histórico-Artístico. 

Las Jornadas impulsadas estos días por el Área de Presidencia a través del Servicio de Patrimonio Histórico (en colaboración con la Diócesis, el Ayuntamiento, la Orquesta Filarmónica y el Museo Canario) han profundizado en el conocimiento y la difusión de los valores que atesora la Catedral y han supuesto un merecido homenaje a las personas que han hecho posible su creación, desde los arquitectos al más humilde labrador de piedra. 

Esta programación especial es en realidad una muestra más dentro del contexto de la colaboración entre el Gobierno de la isla y la Diócesis para la conservación de la Catedral y para darle el valor que se merece. Esto sucede en el contexto general del compromiso del Cabildo con el legado artístico insular, con una sobresaliente representación del patrimonio eclesiástico. 

En el caso concreto de la Catedral, el Cabildo ha sido un sólido pilar de su mantenimiento, y su implicación ha cristalizado también en la restauración de los lienzos del Via Crucis o de la talla de Luján Pérez de la Virgen de Los Dolores, una joya artística que nos sobrecoge con su representación de una madre tan identificable en las islas, a la vez sufriente y serena. 

Igualmente, esta efeméride nos sirve de acicate para fomentar desde el Cabildo de Gran Canaria las investigaciones arqueológicas y priorizar junto a la Diócesis la creación de un centro de interpretación sobre la gestación de la ciudad en el solar Norte de la Catedral, donde yacen los restos de una antigua calzada, los vestigios del viejo Hospital de San Martín y la cimentación de la Parroquia del Rosario, que nunca llegó a edificarse.

La ciudadanía y las personas que nos visiten contarán con un espacio único para adentrarse en un pasado que explica nuestro presente con esta acción que pasa a ser una pieza prioritaria dentro de las políticas patrimoniales del Cabildo, en un punto y seguido de las tareas de acondicionamiento de la parcela y del desarrollo del proyecto técnico. 

Somos eco del tiempo. Nos lo recuerdan estos muros, entre los que resonó el pasado domingo el sonido de los siglos con la interpretación de música sacra a partir de partituras recuperadas de los archivos de esta Catedral gracias a un riguroso trabajo de investigación de la profesora Isabel Saavedra por encargo del Cabildo. En breve, sonará también el viejo órgano estrenado en 1862, tomando el relevo de otros tantos instrumentos desde 1521, y como prueba de una vocación de continuidad.

Con esa misma perseverancia, proclamamos la importancia de la colaboración institucional para la salvaguarda del patrimonio, como hacemos con el conjunto de los bienes culturales de la Iglesia en la isla, así como de las distintas manifestaciones que, etapa tras etapa, nos han convertido en lo que somos, desde los tiempos aborígenes. Sirva como ejemplo, que este año celebraremos también el 75 aniversario del BIC arqueológico de La Guancha de Gáldar, el primero declarado en el archipiélago.  

Los rayos del sol, al penetrar por las vidrieras de esta catedral, iluminan las columnas y el suelo del magno templo con la paleta de colores de los vitrales. Es una luz que nos guía y nos inspira; y que emana de esta Catedral que, cinco siglos después, nos conmina a mantenernos en pie, como hace ella, y a disipar las sombras desde la concordia, el respeto y la solidaridad. Gracias y enhorabuena a todas las personas que han hecho posible esta gran travesía histórica que sigue su curso. 

Toda la solidaridad con Palestina

En medio del desgarrador conflicto entre Israel y Palestina, la tragedia en Gaza ha alcanzado niveles inaceptables de sufrimiento humano. Es crucial enfrentar esta realidad con valentía y claridad moral, sin desviarnos de la verdad incómoda: lo que está ocurriendo en Gaza es un genocidio perpetrado por Israel contra el pueblo palestino. Y eso es lo que denunciaron ayer miles de personas en las calles de Las Palmas de Gran Canaria. Lo que están denunciando millones de personas en las calles de numerosos países. Lo que están denunciando miles de estudiantes en las universidades del mundo.

Desde hace décadas, Gaza ha sido un campo de batalla marcado por la violencia y la opresión. La ocupación israelí ha dejado a la población palestina atrapada en un ciclo interminable de sufrimiento, con restricciones draconianas a la libertad de movimiento, acceso limitado a recursos básicos como agua y electricidad y un bloqueo devastador que ha convertido a Gaza en una enorme prisión al aire libre.

En los últimos años, los ataques de Israel contra Gaza han alcanzado niveles inhumanos. Durante los bombardeos masivos, los civiles, incluidos niños y mujeres, son asesinados indiscriminadamente. Las infraestructuras vitales como hospitales, escuelas y viviendas son reducidas a escombros, dejando a la población sin refugio ni atención médica adecuada.

Según el último informe de CEAR, al menos 32.975 personas han muerto bajo los ataques indiscriminados del ejército israelí. Entre ellas, más de 13.000 niños y niñas, y 9.000 mujeres, según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). En cuatro meses, han muerto más niños y niñas en Gaza que en todas las guerras del mundo en los últimos cuatro años. 

Las terribles cifras van más allá de las muertes. Al menos 75.577 personas han resultado heridas de diferente gravedad y 7.000 siguen desaparecidas bajo los escombros. Cerca del 60% de las viviendas han sido destruidas, el 80% de las infraestructuras comerciales, 230 centros de culto, 155 instalaciones de salud y 161 vinculadas a la UNRWA, incluidas sedes de la ONU, escuelas y centros médicos. 

Gaza es una franja arrasada e inhabitable, donde el hambre -utilizada como arma de guerra- ha provocado y sigue provocando muertes de niños y niñas y uno de cada tres menores de dos años sufre desnutrición. La hambruna se está usando como arma de destrucción masiva contra una población agotada y debilitada, sin recursos para sobrevivir, que busca desesperadamente refugios inexistentes. El 75% ha tenido que huir de sus hogares (en muchos casos por segunda vez, pues la gran mayoría ya eran personas refugiadas), y se hacina en el sur, forzada por las órdenes de evacuación israelíes.  

Además de todos los daños infligidos sobre la población civil, cerca de 200 personas dedicadas al trabajo humanitario han sido asesinadas durante el genocidio, narrado en primera persona sólo por periodistas palestinos y palestinas, que también están siendo masacrados por tratar de informar sobre lo que sucede. Al menos 103 periodistas han muerto por ataques israelíes. 

Es imperativo condenar enérgicamente estos crímenes de lesa humanidad y exigir que se detenga de inmediato esta brutalidad sin sentido. También debemos señalar que al mismo tiempo que es vital denunciar el genocidio perpetrado por Israel también debemos condenar los ataques indiscriminados de Hamás contra civiles israelíes y decir que, hoy por hoy, la organización islamista es un obstáculo para los intentos de paz en la región. 

También debemos alertar sobre el proceso de fascistización del Estado israelí. Su desprecio por la legalidad internacional y los derechos humanos es total. Su acción internacional se asemeja preocupantemente a la de Putin, intoxicando con bulos y manipulaciones a la opinión pública internacional y calificando de antisemita a cualquiera que condene sus continuas violaciones de los derechos humanos. La imagen de su embajador ante la ONU triturando la carta de Naciones Unidas en la asamblea es la mejor representación de la degradación de un Estado que precisamente se creó en virtud de una resolución de Naciones Unidas. No nos podemos olvidar que fue la Resolución 181 de la ONU,  en 1947-1948, la que dio pie a la creación del Estado de Israel.

La inacción de la comunidad internacional es igualmente preocupante. Mientras los líderes mundiales expresan condenas retóricas, su falta de acción tangible es una traición a los valores humanitarios más básicos. La hipocresía de algunos estados, que condenan el terrorismo en un contexto mientras apoyan la opresión en otro, es un insulto a la dignidad humana.

Lo que es aún más desalentador es la desconexión entre la comunidad internacional y la voluntad popular. En todo el mundo, millones de personas se han levantado en solidaridad con Palestina, exigiendo justicia y libertad para un pueblo oprimido. Sin embargo, esta voz de la justicia y la humanidad sigue siendo ignorada por aquellos con el poder de influir en el cambio.

En este momento crucial, España y la comunidad internacional deben comprometerse activamente con la búsqueda de la paz en Gaza y en toda Palestina. Esto implica acciones concretas, no solo palabras vacías. Es hora de imponer sanciones efectivas contra Israel hasta que ponga fin a su ocupación ilegal y cumpla con el derecho internacional. Es hora de presionar a todas las partes para que vuelvan a la mesa de negociaciones con la determinación de encontrar una solución justa y duradera.

Pero más allá de las acciones diplomáticas, también debemos trabajar para abordar las raíces profundas del conflicto: la injusticia, la desigualdad y la falta de respeto por los derechos humanos. Esto requiere un compromiso sostenido con la construcción de sociedades inclusivas y equitativas, donde toda la ciudadanía, independientemente de su origen étnico o religioso, pueda vivir con dignidad y seguridad. Y ello es imposible sin el reconocimiento del Estado Palestino. 

En última instancia, la paz en Gaza y en toda Palestina solo se logrará cuando reconozcamos la humanidad compartida de todos los involucrados y trabajemos juntos con el objetivo de construir un futuro mejor para las generaciones venideras. Ya es hora de que la comunidad internacional pase de la indignación a la acción, demostrando con hechos, no solo con palabras, su compromiso con la justicia y la paz en Palestina. 

El Cabildo en las aulas

La Presidencia del Cabildo atiende a diario numerosas peticiones de lo más variado. En muchas ocasiones se trata de consultas relacionadas con las diversas competencias que gestiona directamente nuestra institución o para pedirnos que intervengamos en algunas cuestiones que corresponden a otras entidades. También en esta comunicación permanente con la sociedad grancanaria hay ‘modas’ o épocas, aparte de las situaciones en las que un acontecimiento o un grave suceso originan una avalancha de solicitudes, como ha sido el caso de la pandemia producida por el Covid-19. En todo caso, el Cabildo siempre responde y, en caso de que sea necesario, también actúa para atender las necesidades de la población de la isla.

Abro esta reflexión porque últimamente se multiplican las consultas de jóvenes estudiantes que quieren conocer mejor su Cabildo. Alumnos y alumnas que se dirigen a nuestra Corporación para preguntar por el papel que juega la institución en un momento tan complejo para el mundo, donde la geopolítica y el discurso que predomina en los medios de comunicación es el de la falta de acuerdos y la confrontación. Es una realidad que desmoraliza a la comunidad que observa cómo la actividad política se centra en el bloqueo de las instituciones y no en dar respuesta a las preocupaciones endémicas o sobrevenidas de la ciudadanía.

Los enfrentamientos políticos también se manifiestan en pugnas territoriales. Hay comunidades que protagonizan la agenda política e informativa en el Estado, lo que sitúa a las demás en la periferia, en un patio de butacas marginal, como sufridas observadoras del esperpento nacional. Y, más aún, los medios nacionales cuando se trata de Canarias sólo se interesan por situaciones trágicas como es el balance de muertes en la ‘ruta canaria’, que nos sitúa en las antípodas de la imagen de destino de ocio y solárium hibernal de Europa.

Esto solo se puede superar gestionando correctamente los recursos disponibles y con un plan o programa que defina el proceso. De ahí que sea trascendente que se conozca el papel de las corporaciones locales e insulares, las que atienden los servicios cotidianos y directos para los vecinos y vecinas de cada pueblo, de cada isla.

Y así se lo trasladé a los alumnos y alumnas de la clase de Segundo C del IES La Isleta, y también a su profesor de Geografía, Óscar Iván, quienes han tenido el detalle de ponerse en contacto conmigo para pedirme que les explique la importancia de los cabildos y en especial del Cabildo de Gran Canaria.

El Cabildo de Gran Canaria es una  institución que tiene mucho que ver con el presente y el futuro de toda la población de la isla, y ha sido así desde la creación de la Corporación cuyo origen histórico arranca en 1912, cuando el Congreso de los Diputados permitió la constitución en Canarias de un nuevo órgano de gobierno para atender la singularidad del archipiélago. Porque la realidad de Canarias es distinta a la del resto de España y, además, cada isla tiene su propia realidad en una frontera natural, el Atlántico que a la vez nos separa y nos une. 

La historia ha demostrado que fue un acierto la creación de los gobiernos insulares. En el caso del Cabildo de Gran Canaria, este fue constituido en 1913 y es desde entonces una institución indispensable para el avance social y económico de la isla. Hoy en día, ni Gran Canaria ni ninguna otra isla, podrían ser entendidas sin su Cabildo. Y en su haber destacan  iniciativas que dotaron a su población de centros sanitarios (San Martín o el Hospital Insular y la Escuela de Enfermería); universitarios o académicos (el Colegio Universitario de Las Palmas o la Universidad Internacional Pérez Galdós y la Casa de Colón), de investigación y formación (la Granja, las fincas de investigación agrícola o el Centro de Investigación de Taliarte), junto a otras muchísimas iniciativas. 

Pero también es el artífice de las más importantes transformaciones en el último siglo, empezando por las políticas sociosanitarias, el desarrollo del sector primario y, sobre todo, la recuperación, conservación y mejora de la masa forestal, con la política de consorcios de repoblación o la construcción de las grandes presas de la isla. Unas actuaciones que se han mantenido en el tiempo durante 75 años y que permiten ver ahora unas cumbres que retienen las nubes para que el agua vuelva a los cauces de los barrancos, a la vez que recupera la tierra y frena los procesos erosivos.

Saúl, el alumno del IES La Isleta que me escribió, me preguntaba por la importancia constitucional del Cabildo… Le dije que era una pregunta muy pertinente. Si leen ustedes el artículo 141 de la Constitución Española, verán que consagra a los cabildos como garantía para dar respuesta a la insularidad. Porque ustedes saben que vivir en Gran Canaria es un privilegio, pero ese privilegio tiene el coste de la lejanía y de la fragmentación territorial.

Este era el sentido de una de las respuestas al  estudiante de La Isleta, que quería saber también por qué debemos mantener los cabildos. Una respuesta que podría ser muy extensa, pero que resumí en el hecho de que el Cabildo defiende los derechos de todos los grancanarios y grancanarias y gestiona asuntos tan importantes como la ordenación del territorio, el agua, el sector primario, el cuidado del medioambiente, la igualdad, la cultura o la atención social, entre otras muchas tareas que se traducen en bienestar.

Y ahí entraríamos en la discusión sobre el significado de ‘gestionar’. Y tengo que responder con orgullo que el Cabildo ha optado por la acepción más transformadora y comprometida de la palabra, al ser conscientes de que no basta con administrar o hacer funcionar una entidad, sino sacar adelante un proyecto de isla, con lo que ello supone de cambio de modelo para dar respuesta a las demandas de la sociedad, garantizar las necesidades de futuro y responder a las amenazas que se nos presentan. 

De ahí que esta juventud que apenas ha oído hablar del Cabildo en su formación pero que observa día a día la presencia del Cabildo, sus instalaciones, sus servicios y su compromiso en la defensa de la isla, se interese por conocer nuestra opinión, nuestra visión y nuestra misión para construir una isla sostenible, justa y segura para el futuro. Una ecoísla que avanza -paso a paso- con el cambio de modelo integral que garantice la soberanía alimentaria y energética, así como la seguridad hídrica. Un territorio que cumpla y sea vanguardia -mediante la implicación a través de procesos participativos- de las acciones para frenar la crisis climática, desde lo local con la mente puesta en lo global.

Por todo ello, el Cabildo de Gran Canaria sigue siendo tan necesario como hace 111 años. Porque es la lógica de la gestión territorial la que impone la necesidad de actuar conjuntamente,  la sociedad insular, sus ayuntamientos, sus mancomunidades, la sociedad civil… Y para ello es también fundamental la formación, el modelo educativo que debe partir del conocimiento, sin olvidar el medio, el entorno, las instituciones en las que se deposita no sólo la calidad de vida de la comunidad en este momento, sino el pensamiento en el futuro, ese tiempo venidero en el que, probablemente, algún estudiante del IES La Isleta o cualquiera de los CEIP y centros formativos, ocupe un asiento en el Salón de Plenos del Cabildo de Gran Canaria.

La población, el turismo y la realidad social y económica

El pasado martes día 30 se convocó la Conferencia de Presidentes en el Parlamento de Canarias. Es bueno que nos reunamos, que pongamos en común las distintas realidades de cada isla, que abramos espacios de diálogo con los empresarios, los sindicatos, las organizaciones medioambientales… Las visiones que ya allí se expusieron son plurales, dispares a veces…como lo son las islas de este archipiélago atlántico. Esta fue la visión que trasladé, desde el Cabildo de Gran Canaria, al Gobierno de Canarias y a los restantes cabildos insulares sobre el reto demográfico, el turismo y sus afecciones sociales, económicas y medioambientales.

Los hombres y mujeres de Canarias son hoy más pobres que hace dos décadas, y se alejan cada vez más de la media europea en renta y poder adquisitivo a pesar del crecimiento de los indicadores económicos del archipiélago. La tendencia es general en el conjunto del Estado (el crecimiento del PIB y del empleo son mayores de lo esperado), pero los datos negativos en nuestra tierra están por encima de la media. Canarias se encuentra entre las tres comunidades con mayor tasa de paro (16,9%) Somos la tercera comunidad con mayor tasa de riesgo de pobreza y exclusión social (32,8%)

No solo es que nos estemos empobreciendo, es que cada día somos más desiguales. Y es que un 0.3% de los canarios (6.477 personas) acumula 22.417,5 millones de euros, una cifra equivalente a la mitad del PIB. Es la mayor suma que nunca hayan acumulado. Siendo la comunidad con menos PIB per cápita, somos la cuarta comunidad en grandes fortunas. Mientras tanto, Canarias registra una tasa de pobreza y exclusión del 35,5%, cuando la media en España no llega al 28%.

El pasado 20 de septiembre de 2023, el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Laguna, José Luis Rivero Ceballos, en un debate dentro de las Jornadas Conecta organizadas por el Parlamento de Canarias, afirmó con rotundidad que el desarrollo económico de Canarias en este siglo es un “desastre” y que el PIB per cápita canario se distancia negativamente de la media española y europea desde el año 2000. 

En el año 2000 el PIB per cápita de Canarias era de 20.703 euros, mientras que el estatal ascendía a 21.401 euros. Esto suponía que el PIB de Canarias era el 97% del español, presentando una diferencia de casi 700 euros. En el año 2021 el PIB per cápita de Canarias fue de 18.990 € euros, frente a los 25.498 € euros de PIB per cápita en España, lo que nos sitúa en el último puesto de España en lo que a riqueza por habitante se refiere. Esto es muy grave.

En los últimos cincuenta años Canarias ha experimentado un aumento poblacional sin precedentes, pero en las últimas dos décadas el incremento que se ha producido en algunas islas de un 100%, un 70% o un 35%, es realmente preocupante (en Gran Canaria ha sido en este periodo de un 15% y en los últimos 10 años de un 1,1% – 9. 400  habitantes-). 

Al tiempo que esto sucede, el turismo, nuestra principal actividad económica no deja de crecer. En el año 2000 llegaron a las islas Canarias 9.975.977 turistas, en 2022 14,6 millones y en 2023 16 millones, una cifra que es prácticamente seguro que se superará este año (la llegada de turistas hasta agosto había aumentado en un 16%). 

Pues bien, sí como ya dije, en el año 2000 la renta per cápita en Canarias era de 20.703 euros, en 2021 fue de 18.990 € euros y según datos de Eurostat este año ha vuelto a bajar. Es decir, en estas dos décadas hemos visto incrementarse la llegada de visitantes en un 50% y aún así hemos perdido 1.700 euros de renta per cápita. 

Vemos, por lo tanto, que el aumento en la llegada de turistas, no se traduce en un mayor bienestar para una parte importante de la población canaria y que la estrategia de “contar turistas”, es decir, centrar nuestros esfuerzos en aumentar la llegada de visitantes, ha fracasado. 

La demografía no opera al margen de la estructura socioeconómica. Sin las oportunidades económicas vinculadas al turismo (trabajo, inversión, etc.) sería muy difícil que se hubiera producido este aumento poblacional y las derivas sociales y económicas que esto provoca.

La sociedad canaria cada día es más consciente de que el crecimiento turístico infinito no es la única vía para aumentar sus ingresos y su bienestar en su sentido más amplio. Y los datos parecen señalar que existen razones para ello. Y es que la imposibilidad de poder acceder a una vivienda asequible en los principales núcleos urbanos del territorio, las molestias por la saturación de las infraestructuras y equipamientos públicos y el deterioro de los servicios públicos esenciales como la sanidad, la educación o el sistema sociosanitario son cuestiones que afectan a una mayoría social al margen de ideologías. 

Como afecta igualmente el que Canarias sea la segunda comunidad autónoma de España con el peor salario medio al mes (solo tres cuartas partes del salario promedio español), lo que hace que muchas personas estén en situación de pobreza, aun trabajando. Como afectan asimismo las restricciones de agua y la inseguridad hídrica de muchos territorios, la contaminación de algunas zonas costeras por aguas fecales o la preocupación por el deterioro de espacios naturales y playas por un afán expansionista sin control que se está dando en algunas islas…

Ahora bien, dicho esto creo que para afrontar los problemas adecuadamente debemos tener en cuenta que la situación no es igual en todas las islas, existiendo, de hecho, importantes contrastes. El número de turistas por habitantes no es el mismo en todas las islas (Tenerife, la isla más parecida a la nuestra en kilómetros cuadrados y población tiene casi dos millones más de turistas que Gran Canaria), los problemas ambientales no son los mismos y los impactos en las infraestructuras, equipamientos o servicios, tampoco.

Sin embargo, en Gran Canaria el  gasto de quienes nos visitan ha crecido 2.200 millones de euros, lo que supone un 67% más. Se justifica no solo por el incremento de turistas sino porque pasamos de un gasto medio de 126 euros a 170 euros por noche.

Al contrario de lo que ocurre en otras islas, Gran Canaria lleva prácticamente 20 años sin un macroproyecto turístico (el último gran hotel se inauguró en esta isla en 2015) y ha perdido más de veinte mil camas turísticas en los últimos años. Y sin embargo, los grandes proyectos que tenemos en marcha o planificados están vinculados a la transición energética y ecológica y algunos los han intentado meter en el mismo saco (Salto de Chira, la próxima convocatoria para la energía eólica offshore,  la reforma de la red de puntos limpios, los platós cinematográficos, el nuevo edificio de Infecar, el transporte guiado, etc.) o con los servicios públicos (la red de centros sociosanitarios, el Museo de Bellas Artes ,etc.). 

También se está haciendo mucho hincapié en la cuestión del agua, tanto de vertidos de aguas residuales como de restricciones, cuestiones ambas que no tienen incidencia significativa en Gran Canaria. Estamos aumentando la reutilización de agua y no vertemos aguas residuales al mar. De hecho hace un par de semanas inauguramos la nueva estación depuradora de Guía y Gáldar, una de las principales reivindicaciones del norte en lo que a tratamiento de aguas se refiere. 107 actuaciones con un presupuesto de más de 150 millones de euros, están garantizando la seguridad hídrica de la isla.

Pero no podemos demonizar al turismo. Nunca nos tendrán en ese lado. El sector turístico no es responsable de todas las situaciones descritas, al menos en Gran Canaria. Esto no es óbice para que haya muchos aspectos de nuestro modelo de desarrollo, con la actividad turística en el centro, que necesitan ser revisados. Si hoy somos más pobres que hace dos décadas, a pesar de haber doblado el número de turistas, y el incremento poblacional está situando al límite nuestra capacidad para proveer servicios esenciales (agua, carreteras, sanidad, centros sociosanitarios, transporte público, etc.) a la población, tenemos que fijar límites al crecimiento. No se puede crecer indefinidamente.

Tenemos que trabajar para mejorar la calidad del destino, profundizando en su digitalización, haciéndolo más sostenible y generando servicios de alto valor añadido vinculados a la cultura, la gastronomía, el sector primario y el medio ambiente que puedan ser cubiertos por actores locales. Que los turistas que elijan nuestras islas para descansar estén más tiempo entre nosotros, generen más gasto en su estancia y contribuyan a afianzar sectores como la agricultura y la ganadería, el comercio local o la protección del paisaje, el territorio y la biodiversidad. Que la dependencia de la touroperación sea cada vez menor, generando nuestras propias estructuras.

La búsqueda de soluciones al problema de la vivienda es vital. No se ha hecho vivienda pública alguna en los últimos 20 años. La carencia es enorme: hay que construir vivienda pública. Creo que el último decreto no es la solución, aunque haya sido aplaudido por los empresarios. Un tercio de las vivienda en Canarias está en manos de extranjeros con poder adquisitivo: hay que limitar esta práctica. Hay más de 211.000 viviendas vacías: hay que ponerlas en activo. La vivienda vacacional ha distorsionado el mercado de una manera brutal: hay que regularla por seguridad y garantía de calidad para el sector turístico. Hoy supone un 36% de las camas turísticas totales y se han duplicado desde 2017. No se puede convertir en una actividad excluyente. El uso de la vivienda por los grandes tenedores para la actividad turística  es perverso.

Es necesario adecuar los equipamientos y las infraestructuras viarias, socio-sanitarias, sanitarias, educativas, hídricas o de tratamientos de los residuos y depuración de aguas, al crecimiento poblacional. Requiere de una mayor inversión pública para adaptar estos servicios esenciales a la realidad poblacional. La administración debe dotarse de los medios humanos adecuados, ademas de atajar la burocratización excesiva que padecemos para dar viabilidad a las propuestas de una manera muy ágil. 

Es imprescindible implementar políticas que regulen el crecimiento poblacional ligado al sistema económico. La planificación urbana debe priorizar la conservación de espacios naturales y limitar la expansión urbana descontrolada. Y todas las islas y los municipios deben poner al día sus planeamientos municipales o insulares.  Gran Canaria ya lo tiene, pero hay enormes retrasos e inseguridades en muchos territorios insulares y municipales.

Defiendo igualmente una ecotasa finalista que ayude a corregir y paliar estos efectos. Además, la experiencia de su aplicación en otros puntos de nuestro contexto europeo -o en lugares del Estado español como Baleares- indica que no supone ningún impacto en el volumen de negocio. El aumento del IGIC no da respuesta a estas necesidades. Y me da que el Cabildo de Gran Canaria se está quedando solo en esta exigencia. También planteamos que hay  cobrar una tasa o impedir, controlar o limitar el acceso, según cada realidad, a los espacios naturales.

Defiendo un turismo que contribuya en mayor medida a romper desigualdades mejorando las condiciones de su trabajadores y trabajadoras, subiendo los salarios, dignificando la prestación de servicios profesionales al sector con la cualificación y formación necesaria y produciendo mayores beneficios colectivos. Y repito que esta situación se da en todos los sectores económicos, pero creo que en el turístico se dan las condiciones idóneas para actuar.

La dignificación, la cualificación, la mejora de las condiciones de trabajo y el aumento de los salarios harían  posible una mayor integración de los hombres y mujeres de nuestra tierra en la industria turística y haría menos necesaria la incorporación de personal foráneo.

El sector turísticotambién debe integrarse de una manera efectiva en la sociedad adquiriendo un mayor compromiso de responsabilidad empresarial social y económica participando activamente en el desarrollo de políticas de bienestar social, culturales, deportivas, medioambientales, etc. Y no lo hace. En muchas ocasiones parece demostrar que vive en una burbuja al margen de la realidad social con la que convive. Las grandes empresas huyen de un compromiso social con la cultura, el deporte o las políticas sociales.

En conclusión, el crecimiento poblacional, ligado a un modelo de crecimiento turístico infinito   plantea desafíos significativos para la sostenibilidad ambiental, social y económica del archipiélago. La huella ecológica y de carbono ha alcanzado niveles preocupantes y es imperativo tomar medidas para revertir esta tendencia. 

La adopción de políticas que regulen el crecimiento y ofrezcan oportunidades reales para la ciudadanía de las islas en torno a un nuevo modelo económico son perentorias. Si todo el mundo consumiera recursos como se hace en las islas se necesitarían 3,84 planetas para cubrir esa demanda. 

Urge tomar medidas en Canarias de carácter general sin perder de vista cada una de las realidades insulares. Desde el reconocimiento de esta situación se han puesto en marcha distintas propuestas de comisiones de trabajo sin resultado alguno.   

En 2005 Paulino Rivero forzó en el Congreso de los Diputados de España la creación de una comisión bilateral para analizar la preocupante  evolución de la población en las islas que se diluyó como un azucarillo. En 2008, el Parlamento de Europa aprobó un informe, sin ningún resultado, en el que se insistía en que la Unión Europea debería prestar especial atención a las Regiones Ultraperiféricas en asuntos como la inmigración y el crecimiento demográfico. En 2022 el Gobierno central impulsó un grupo de trabajo para abordar de manera específica el reto demográfico en Canarias y aún no se ha reunido ni una sola vez, ni parece que vaya a hacerlo casi dos años después. En septiembre de 2022 se creó igualmente una comisión en el Parlamento de Canarias para analizar el reto demográfico y el equilibrio poblacional. Se empezó a reunir en noviembre de ese mismo año, durante unos meses hasta el final de la legislatura anterior, y se ha vuelto a renovar en esta, con la oposición de Vox. Su dictamen y propuestas deben ser prioritarias. Y deben estar coordinadas con las propuestas que emanen de las comisiones de trabajo creadas en el marco de la Conferencia de Presidentes.

La Conferencia no puede seguir los mismos pasos. No se puede dilatar más la búsqueda de alternativas a una situación que puede producir un colapso en las islas por la sobrecarga demográfica, tal y como nos advierten muchos expertos.

Desde el Cabildo de Gran Canaria llevamos ocho años haciendo nuestra humilde pero decidida contribución a la búsqueda de alternativas a esta situación con múltiples propuestas que pasan por la generación de empleo, la lucha contra la pobreza, la creación de oportunidades para la juventud o el fomento de la diversificación económica (con apoyo al sector primario, las energías renovables, la I+D+i, las nuevas tecnologías para la desalación de agua y la depuración de aguas para afianzar la seguridad hídrica, las economías circular y azul, el sector audiovisual, la industria, el comercio, las políticas de cuidados, la adaptación y la mitigación de los efectos del cambio climático, la isla inteligente, etc.). Se llama diversificación y, a pesar de las limitaciones del hecho insular, se puede hacer.

Es evidente que el modelo de desarrollo que se ha implementado en las últimas cinco o seis décadas está claramente agotado. Debemos tener determinación e imaginación política para promover medidas y generar el consenso necesario que posibilite el cambio de rumbo. Porque lo cierto es que tenemos potencialidades para ser un referente de sostenibilidad y bienestar.