Portada Antonio Morales


Gran Canaria y la causa palestina

El Dreamland Gran Canaria de baloncesto lleva muchos años participando en competiciones europeas. Su presencia y sus triunfos han sido notables y se ha ganado a pulso el respeto y la consideración de las organizaciones y aficiones del continente. Este año llegó, a base de pundonor y esfuerzo, a la final de la Eurocup y le tocó enfrentarse al Hapoel de Tel Aviv  en un primer partido en Bulgaria y, en un segundo, en el Gran Canaria Arena. 

La final venía precedida por episodios violentos protagonizados por la afición israelí en distintos lugares de  Europa y España, como el País Vasco o Valencia, lo que hizo que saltaran todas las alarmas. Estos antecedentes de violencia, unido al cuestionamiento de la presencia de equipos de Israel en las competiciones europeas de baloncesto como la Eurocup, la Euroliga y la Basketball Champions League, obligaron a la policía a declarar el partido como de alto riesgo. A pesar de las presiones sufridas por parte del Gobierno de Israel, se limitó la venta de entradas y se puso en marcha un dispositivo para anular las entradas adquiridas por aficionados del Hapoel en una reventa fraudulenta. 

Las organizaciones grancanarias defensoras de la causa palestina organizaron distintos actos para visibilizar  su rechazo a la celebración del partido y, al mismo tiempo, denunciar el genocidio de Israel en Gaza. También antes del encuentro un grupo minoritario intentó utilizar esta situación para dañar directamente al presidente del Cabildo de Gran Canaria y a Nueva Canarias.Pero esto es lo de menos. Planteaban, además, la retirada inmediata del Dreamland Gran Canaria de la competición y añadían que extendían este “boicot” al festival de Eurovisión exigiéndole a la organización que expulsara a Israel del certamen. 

Se pedía al Dreamland Gran Canaria que renunciara a jugar la final de la Eurocup y a Eurovisión que expulsara a Israel del festival. Una exigencia para el deporte y otra para la música. Si el equipo grancanario hubiese renunciado a jugar  la final las consecuencias habrían sido dramáticas para el club. Habría tenido que pagar una multa superior al medio millón de euros y, además, renunciar a los recursos económicos obtenidos por pasar a la final. Igualmente se le habría impedido participar en competiciones europeas durante, al menos, tres años.  Se le daría directamente la victoria al Hapoel y se pondría al club grancanario al borde de una crisis de continuidad. Le daríamos a Israel el placer de destruir un club europeo señero. Se condenaría a un equipo europeo al ostracismo para que los equipos israelíes siguieran campando a sus anchas por Europa. 

La retirada de la competición europea habría supuesto un quebranto económico para el club inasumible que podría haber cuestionado su propia existencia y continuidad. Y durante los días previos al partido escuchamos hablar – en sectores minoritarios, es verdad,- de falta de compromiso por parte del Cabildo de Gran Canaria con la causa palestina. Insisto en que no era el pensamiento mayoritario de las organizaciones que trabajan cada día para denunciar el exterminio de Israel en Gaza ahora y también la ocupación de los territorios palestinos durante décadas. 

Si poco puedo entender los ataques personales, menos aún los que se hicieron contra el Cabildo de Gran Canaria, dirigido por un gobierno progresista sólido que ha construido en los últimos 10 años un horizonte comprometido y solidario. No ha habido un acto en solidaridad con Palestina organizado por las asociaciones de apoyo al pueblo palestino que no haya contado con el apoyo del Cabildo. Hemos alzado la voz apoyando al pueblo palestino desde la llegada al gobierno de la isla y siempre que hemos gobernado. Celebramos cada año el Día de la Tierra Palestina y la Jornada de Solidaridad con la Causa Palestina. Estamos dónde las organizaciones y los descendientes de palestinas y palestinos que llegaron hasta aquí hace varías décadas y se asentaron entre nosotros, nos piden que estemos. Esta postura no solo ha reflejado un compromiso con los Derechos Humanos, sino también la convicción de que las administraciones locales podemos y debemos tomar partido ante las injusticias globales. Un gobierno progresista debe condenar la violencia y denunciarespecialmente la asimetría de poder, la ocupación ilegal que sufre Palestina  y el genocidio que está perpetrando Israel. 

El Cabildo ha mostrado su rechazo a la ocupación y violencia contra Palestina en múltiples ocasiones. En 2023 tras el último gran estallido de violencia en Gaza, la institución aprobó una declaración institucional condenando los ataques israelíes y exigiendo el fin del bloqueo. Hemos iluminado el Cabildo con los colores de la bandera palestina. Nos hemos sumado a las campañas internacionales que piden sancionar a Israel por violaciones sistemáticas del derecho internacional. Hemos destinado partidas presupuestarias para ayuda humanitaria a través de organizaciones no gubernamentales que trabajan en Palestina y que han facilitado el envío de medicinas y alimentos. Hemos promovido ciclos de cine y debates en colaboración con asociaciones canario-palestinas, visibilizando la realidad de la ocupación, del genocidio y del derecho de retorno de los refugiados a un territorio palestino en paz. 

El gobierno de la isla también ha asignado recursos económicos directamente a la UNRWA por más de 1,5 millones de euros en lo que va de década. Y se está  preparando una nueva aportación. Esta agencia de Naciones Unidas -Roque Nublo a la Solidaridad Internacional- siempre ha encontrado el apoyo de la institución. Sin titubeos. Y por ello la ultraderecha nos ha acusado de apoyar a terroristas. 

Yo sí creo que esta debe ser una oportunidad – esto es lo realmente importante- para aunar fuerzas y exigir que en las competiciones deportivas europeas se excluya a los equipos israelíes en tanto en cuanto no se frene el genocidio e Israel se atenga a la legalidad internacional y al respeto de los Derechos Humanos. Es lo mismo que se viene pidiendo con el Festival de Eurovisión. Y no por la incomprensible asimetría con el caso ruso – a Rusia se la ha excluido de las competiciones europeas por la invasión a Ucrania- sino también por la exhibición de orgullo supremacista que hacen todo el tiempo. Lo hacen en los territorios ocupados contra los palestinos, lo hacen en su país contra los cristianos y lo hacen con las aficiones  europeas cuando vienen a Europa a competir.

Es incomprensible que los israelíes sean los únicos equipos de otro continente que participan en las competiciones de Europa, que utilicen su participación como una glorificación de un estado que perpetra un genocidio salvaje sobre una población indefensa y que sus aficionados se paseen por nuestro continente generando violencia, rechazos  y desencuentros en el seno de la propia sociedad europea.

Hago pública esta reflexión y muestro el apoyo del Cabildo de Gran Canaria a la unidad de acción y a solicitar a la Eurocup y al resto de competiciones europeas deportivas impedir la participación de equipos de Israel en competiciones de nuestro continente. Ese debe ser el gran objetivo. Que se vayan ellos y no los clubes europeos. Su presencia es un escaparate de crispación y una suerte de blanqueo de prácticas que están segando la vida de miles de personas inocentes de forma cruel. Repitiendo la historia que su propio pueblo sufrió. 

Marruecos, EEUU, Israel y la desprotección de Canarias


En estos tiempos de transformaciones profundas y de creciente inestabilidad internacional, Canarias asiste, con una mezcla de incredulidad, indignación y preocupación, al avance de una política de hechos consumados que amenaza no solo los intereses del Archipiélago, sino su propia seguridad, integridad medioambiental y modelo económico. La reciente adjudicación por parte del Reino de Marruecos a empresas israelíes de la concesión para la exploración y posible explotación de hidrocarburos en aguas del Sáhara Occidental —a escasos kilómetros de nuestras costas— constituye una nueva vuelta de tuerca en la estrategia expansiva del país vecino, reforzada por un contexto internacional que le allana el camino y que, de forma lamentable, deja a Canarias fuera del tablero de la toma de decisiones.

A través de una moción presentada por Nueva Canarias – Frente Amplio Canarista en el Cabildo de Gran Canaria, en el pleno del pasado mes de marzo, se aprobó, por una amplia mayoría, mostrar un rotundo rechazo a esta operación que, además de carecer de legitimidad internacional, vulnera las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea y el mandato claro de Naciones Unidas respecto al Sáhara Occidental, un territorio ocupado ilegalmente desde 1975 y pendiente aún de un proceso de descolonización.

La cesión a la empresa israelí NewMed Energy, con una licencia que abarca más de 34.000 kilómetros cuadrados —una superficie superior a la de toda Cataluña— para operar en el bloque marítimo denominado “Bojador Atlántico”, no es un hecho aislado. Se trata de un paso más en una estrategia que lleva años gestándose, en la que Marruecos utiliza su alianza con Israel para abrir una vía de explotación energética en un territorio sin derechos reconocidos al ocupante. Esta alianza se produce, además, en pleno genocidio en Gaza, lo que agrava la dimensión ética y política del acuerdo.

Las tensiones con Marruecos por la delimitación de las aguas territoriales, la exploración de hidrocarburos o la extracción de tierras raras en zonas sensibles como el Monte Tropic, frente a nuestras costas, están generando también una creciente preocupación social e institucional.

Esta política de expolio, basada en el desprecio a los dictámenes internacionales y el fortalecimiento de alianzas estratégicas con potencias que miran hacia otro lado, está siendo respaldada de forma tácita —cuando no explícita— por Estados Unidos, Francia y, tristemente, también por el Gobierno de España. En un movimiento que recuerda a los peores capítulos del colonialismo, estas potencias están fortaleciendo la posición geoestratégica de Marruecos a costa de los derechos del pueblo saharaui y de la seguridad de nuestras islas. 

España ha optado por una diplomacia ambigua, cuando no complaciente, que nos convierte en meros espectadores ante decisiones que nos afectan de forma directa. Fíjense en la reunión de hace unos días, el 17 de abril, en Madrid, entre los ministros de exteriores de España y Marruecos defendiendo el plan de autonomía del Sáhara sin referéndum. “La base más seria, realista y creíble para resolver este diferendo”, según el ministro español Albares. 

Para más inri, el pasado martes 8 de abril, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, urgió «a las partes implicadas a iniciar conversaciones sin demora» para aplicar la propuesta de Rabat para el Sáhara Occidental, que Washington considera «el único marco para negociar una solución mutuamente aceptable» y que pasa por otorgar autonomía a ese territorio manteniendo la soberanía marroquí.

No podemos obviar, como señala la Agencia EFE, que Marruecos es uno de los principales socios de Estados Unidos, país con quien tiene firmado desde 2005 un Acuerdo de Libre Comercio y con quien mantiene también estrechas relaciones en materia de seguridad y defensa que se cristaliza además por las maniobras militares ‘African Lion’ que ambos países organizan conjuntamente desde hace más de dos décadas y que son consideradas las mayores del continente africano

Y mientras tanto, Canarias calla. O, mejor dicho, se la obliga a callar. Nuestra voz no está presente en los foros donde se toman decisiones cruciales sobre el futuro del entorno que habitamos, sobre los recursos que compartimos, sobre las rutas marítimas vitales para nuestra soberanía, sobre los riesgos medioambientales que amenazan nuestras costas. Esta ausencia clamorosa de representación nos condena a una dependencia peligrosa que limita nuestra capacidad de respuesta, nos invisibiliza y, lo que es peor, nos hace vulnerables.

Porque no se trata solo de un asunto político o diplomático. Lo que está en juego es mucho más. Es nuestro modelo económico el que corre peligro si se inicia una explotación masiva de recursos fósiles en aguas cercanas. Es nuestra biodiversidad marina, ya afectada por los efectos del cambio climático, la que puede verse irreversiblemente dañada. Es nuestra estabilidad geopolítica la que se ve amenazada por una creciente militarización del norte de África y por la consolidación de Marruecos como un actor con aspiraciones hegemónicas en la región, alentado por un silencio internacional ensordecedor.

La situación con Marruecos no puede analizarse solo desde el prisma diplomático clásico. Hablamos de un país vecino, sí, pero también de un actor que ha incrementado su presencia militar en el Sahel, ha profundizado alianzas con potencias globales y ha impulsado una política exterior cada vez más ambiciosa —y a veces agresiva— en el Atlántico sur. No se trata de fomentar el enfrentamiento, sino de asumir con madurez la complejidad de la nueva realidad geoestratégica. De ser firmes sin caer en el alarmismo. De rechazar el buenismo ingenuo que, bajo la apariencia de diálogo, deja a Canarias expuesta y sin herramientas.

Además, queremos ser una plataforma para fortalecer nuestras relaciones con África occidental desde una lógica de vecindad, solidaridad y cooperación. Marruecos, Mauritania, la República Árabe Saharaui, Senegal, Cabo Verde… son mucho más que vecinos. Son socios potenciales en una agenda común de sostenibilidad, seguridad alimentaria, lucha contra el cambio climático y migraciones seguras. Pero esa agenda solo será posible si se construye sobre la base del respeto mutuo, no de la imposición.

Desde el Cabildo de Gran Canaria, reclamamos con firmeza que se escuche la voz de Canarias. Que se respete nuestro derecho a ser parte activa de las decisiones que afectan directamente a nuestro territorio y a nuestras vidas. No es de recibo que se sigan negociando límites marítimos sin nuestra participación. No es de recibo que se sigan tomando acuerdos sobre zonas económicas exclusivas que solapan las nuestras sin consulta previa. No es de recibo que se legitime a quienes vulneran el derecho internacional, mientras se silencia a quienes lo defienden.

Reclamamos también al Gobierno de España y al Gobierno de Canarias que asuman su responsabilidad. Que no permanezcan impasibles ante este nuevo desafío geopolítico. Que exijan, con contundencia, el respeto a la legalidad internacional. Que defiendan, sin ambages, los derechos del pueblo saharaui. Y que trabajen, de forma coordinada con Europa, para impedir que se consoliden políticas de ocupación y expolio en nuestras propias narices.

Es el momento de actuar. De no permitir más silencios. De proteger Canarias, su ecosistema, su soberanía, su dignidad. Lo que está en juego no es solo una cuestión de petróleo, gas o tierras raras.. Lo que está en juego es nuestro futuro como pueblo.

Prevención ante los efectos del cambio climático

“La lluvia empieza con una sola gota”. Esta sugerente imagen de la activista de los derechos de las mujeres de Arabia Saudita Manal Al Sharif nos recuerda que los cambios más profundos tienen lugar cuando confluyen la visión, la convicción y la acción. Y también la necesidad, imperiosa en el caso de la urgencia, de afrontar las consecuencias del cambio climático.

El agua de las intensas precipitaciones que padeció Telde el pasado mes a causa de la DANA desembocó en el mar, fue absorbida por la tierra sedienta o se evaporó después de dejar una estela caótica a su paso. Pero el aviso y la enseñanza permanecen. Son una escorrentía que no cesa, que discurre sobre nuestras conciencias y nos obliga a recapacitar y actuar de manera coordinada como sociedad.

Frente a las irresponsables posturas que niegan el calentamiento global, sus causas y sus efectos, el Cabildo de Gran Canaria se ha caracterizado por liderar políticas previsoras y de mitigación, lo que nos ha situado como una bandera en el preocupante contexto nacional. Vemos con asombro que en lugares como Valencia, donde los fenómenos atmosféricos catastróficos han mostrado su cara más violenta y cruel, la derecha se confabula con la extrema derecha para mantenerse en el poder asumiendo postulados negacionistas, haciendo tristemente buena la afirmación de que “lo relevante de la mentira nunca es su contenido, sino la intencionalidad del que miente”, como escribió Jacques Derrida, filósofo y afamado escrutador de la falsedad.

En la isla, insisto, mantenemos un rumbo que nos aleja de estas derivas. El Gobierno de la isla fue la primera administración canaria en aprobar una Estrategia de Adaptación al Cambio Climático e Impulso a la Economía Baja en Carbono. Este documento aborda la compleja y enorme dimensión del problema bajo una premisa fundamental: mirar de frente al reto al que nos enfrentamos en lugar de ponernos una venda en los ojos, como si eso pudiera evitar su existencia.

El diagnóstico de la Estrategia es claro, en particular en lo referido a las lluvias torrenciales, pues recalca que “las precipitaciones intensas y sus posibles efectos posteriores, como inundaciones y corrimientos de tierra, constituyen el principal riesgo climático para Gran Canaria, puesto que ni las infraestructuras ni la población están preparadas para afrontarlos”. El equipo redactor señaló también que “las estimaciones indican una disminución general de las precipitaciones, lo que, asociado a los condicionantes de la propia isla, caso de la orografía, la pendiente, el tipo de suelo, la falta de vegetación y las barreras físicas artificiales en las zonas bajas puede provocar un aumento considerable de los impactos derivados de las avenidas e inundaciones”.

Por supuesto, el documento también pone el acento en los riesgos de vientos huracanados, por fenómenos costeros adversos o por el aumento del nivel del mar. Igualmente, la ciencia, nuestra aliada para mantener la vista fija al frente, sin vendas que nos cieguen, plantea que fenómenos tropicales como los huracanes podrían afectar a Canarias en las próximas décadas, incrementando aún más el riesgo de eventos hidrometeorológicos de carácter extraordinario. 

En el caso concreto de las lluvias torrenciales, este guion se hizo realidad en Telde, desafortunado escenario donde se desarrolló una trama que comenzó con una prealerta el 28 de febrero y concluyó con los palos de agua de los días 3 y 4 de marzo, cuando el cielo pareció caer sobre el municipio y dejó escenas para la memoria, momentos de honda preocupación ciudadana e incluso instantes de pánico.

Telde, como sucedió en 2015, experimentó en su piel las consecuencias del aguacero sobre un territorio mal adaptado a este tipo de episodios, que pueden repetirse en cualquier momento y lugar de la isla, con las aristas particulares de cada zona. Desde el punto de vista técnico, las infraestructuras  que se diseñaron para el desagüe de las aguas pluviales, tanto en zonas urbanas como en cauces, para que no generaran riesgo sobre la población civil y las infraestructuras, se han demostrado obsoletas por la dimensión con que se construyeron hace décadas. Y se agrava por el crecimiento sobremanera en las últimas décadas de la mano del asfalto, el hormigón o los invernaderos, lo que conlleva un aumento del volumen de escorrentía por la reducción del tiempo de viaje del agua y de la infiltración.

Las enseñanzas de los sucesos de la ciudad de los faycanes tienen alcance insular. La mayor e inadecuada ocupación del territorio implica que episodios breves e intensos de lluvias que no provocaban problemas décadas atrás generen en la actualidad serios riesgos. Esto hace absolutamente necesario que se adopten medidas en zonas críticas.

Pocos días después de estos hechos, el Cabildo volvió a dar un paso al frente para convertir el aviso en una oportunidad y en un acicate para avanzar conjuntamente en la búsqueda de soluciones y en la concienciación sobre el desafío que tenemos por delante. Y lo hicimos con anuncios, replanteamientos, medidas, planes de trabajo y un llamamiento generalizado al conjunto de las administraciones y a la población.

La borrasca “Olivier” de los días 9 y 10 de abril, que resultó menos agresiva de lo esperado, ha sido un nuevo toque de atención. En menos de mes y medio hemos vivido dos fenómenos meteorológicos adversos de carácter preocupante. Tenemos que actuar en consecuencia.

El Gobierno de la isla ya estudia incorporar al Plan de Riesgo de Inundación de Gran Canaria el barranco de La Aldea y, tras lo sucedido en los distintos barrancos de Telde, el personal técnico del Consejo Insular de Aguas (CIA) analiza también la oportunidad de su inclusión en el documento. Además, el CIA ha encargado a Tragsatec la elaboración del censo de los puntos de desbordamiento o críticos de los barrancos de Gran Canaria, cuyos resultados haremos llegar a los ayuntamientos, porque cada administración debe poner al día el análisis de sus competencias y definir un plan de actuaciones para adelantarse a los acontecimientos.

Hay que actuar desde el planeamiento, plantear soluciones arquitectónicas o de ingeniería acordes a las nuevas realidades y las nuevas exigencias técnicas así como corregir actuaciones realizadas durante décadas que generan graves riesgos de futuros. Es preciso afrontar medidas a corto, medio y largo plazo para evitar daños a las personas, a las viviendas y al medio natural con la determinación, involucración y financiación del conjunto del músculo administrativo estatal, regional, insular y municipal. Hay que hacerlo y cada nivel de la administración debe asumir sus responsabilidades.

Y hay que modificar hábitos de uso de estos espacios que suponen serios peligros: aparcamientos de vehículos, instalación de contenedores, cruces de vías sin las soluciones técnicas adecuadas. También sería necesario acometer modificaciones de los desagües así como poner en marchas medidas innovadoras como drenajes sostenibles en entornos urbanos o parques inundables.  Gavias para la retención del agua en las cuencas hidrográficas,  restauración y renaturalización de los espacios, zonas de infiltración, reforestación y regeneración o cauces sinuosos, son otras actuaciones necesarias. 

El Cabildo de Gran Canaria ya está realizando, con muy buenos resultados, gavias en distintos lugares de la isla, como Las Hoyas, Lugarejos o Los Pérez, entre otros emplazamientos, para frenar la erosión y el arrastre que hace que perdamos en la isla al menos 1,5 millones de toneladas de suelo al año. También el área de Medio Ambiente realiza en Maspalomas, dentro del proyecto Horizon Natalie, el primer proyecto piloto de drenaje urbano de Canarias.

La institución está a disposición de cada ayuntamiento para facilitarles la tarea. Es fundamental la coordinación y la colaboración interadministrativa como ha sucedido en el caso de Telde, con quien establecimos de inmediato una mesa de trabajo para analizar las anomalías localizadas y poner en marcha planes de prevención. Tenemos que ser como la lluvia: un goteo unísono. 

No será fácil el camino. La adaptación es un empeño titánico, pero inaplazable. Y el goteo de las administraciones públicas para conseguirlo no debe cesar. Desde ahora. Como ejemplo, el mismo día que se declaró la prealerta, el viernes 28 de febrero, el pleno del Cabildo aprobó destinar 532.000 euros al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria para la canalización del Barranco de Chiscano.

No quiero pasar por alto un componente esencial de este dique que debemos levantar frente a la virulencia de las inclemencias climáticas. Hablo del factor humano. En una doble vertiente. La primera guarda relación directa con la sensibilidad ciudadana. Hay síntomas alentadores que indican que, por fortuna, la lluvia de desinformación no cala tanto como se cree. Así, un informe del año 2024 de la Fundación AXA y Sigma Dos indica que el grado de preocupación y percepción por la crisis climática se sitúa en Canarias ligeramente por encima de la media nacional, dentro de una escala en la que casi 8 de cada 10 personas en este país la considera una amenaza relevante. Además, reveló que el 87,5 de los canarios y canarias considera “urgente” poner en marcha medidas para atajar las causas y paliar sus consecuencias. 

El segundo de estos factores tiene que ver con la comunicación y la coordinación entre administraciones, que no deja de ser una comunicación entre personas. Además, por supuesto, de la prioritaria activación de todos los medios y protocolos. No tengo dudas de que el contacto personal entre responsables públicos que se mantienen al tanto de lo que sucede en su territorio, que no desconectan en sobremesas en ventorros o bochinches ni se desentienden cuando acontecen situaciones que alteran la normalidad, ayuda a engranar la respuesta. Hemos tenido ejemplos recientes y dolorosos de lo contrario.

Soria, Chira y Las Niñas

Europa atraviesa un momento convulso, plagado de incertidumbres, inseguridades y amenazas. Esto, unido a la emergencia climática, nos sitúa ante una coyuntura crucial para definir nuestro futuro. En este escenario Gran Canaria  dispone de un proyecto fundamental para su desarrollo sostenible y la generación de miles de empleos verdes y cualificados. El modelo de ecoísla se afianza cada vez más como un instrumento capaz de garantizar la sostenibilidad social y económica y la seguridad energética, hídrica y  alimentaria de nuestra isla en una proporción importante. No hay otro camino. Lo que está en juego es el futuro de los hombres y mujeres de Gran Canaria. Por eso es tiempo de responsabilidad y de actuar. Estamos  preparados para dar el salto hacia un futuro sostenible. 

En estas circunstancias esta isla nuestra cuenta por primera vez con un gran proyecto de economía verde -el Salto de Chira-, eje de la diversificación económica, ya que gira alrededor de factores clave de la economía del futuro, especialmente en islas como las nuestras: el agua, la energía renovable, el sector primario, la reforestación y la lucha contra los incendios, la investigación y la innovación, el empleo verde, la seguridad, etc.

El pasado viernes, día 28 de marzo, tuve ocasión de explicárselo con detalle  a la vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica de España y a la presidenta del Banco Europeo de Inversiones. Aportaron todos sus conocimientos y experiencias también los técnicos del Consejo Insular de Aguas y de Red Eléctrica de España que estuvieron arropados por su presidenta, Beatriz Corredor. Sara Aegesen y Nadia Calviño coincidieron en afirmar que estaban ante un proyecto estratégico  que debería ser replicado en otros territorios insulares de la UE.

Como he señalado en otras ocasiones, y vuelvo a insistir en ello, Salto de Chira es el mayor proyecto de transición ecológica y lucha contra el cambio climático de Canarias y, sin duda, uno de los mayores de España. Es una iniciativa que el Cabildo de Gran Canaria impulsa desde hace más de una década  y que en los últimos años hemos ido mejorando y actualizando en colaboración con la empresa REE, designada por el estado para desarrollar este proyecto, a partir de una concesión del Cabildo de Gran Canaria para el uso de las presas y las infraestructuras hidráulicas de propiedad insular.

Con esta infraestructura,  podrá almacenarse en las presas la energía limpia de la isla. Y la que no se utilice o sea excedentaria servirá para  bombear el agua  hasta la presa de Chira. Cuando se necesite se producirá un salto hacia la presa de Soria y generará energía verde para utilizarla en toda la isla. Esta inversión de cerca de 600 millones de euros es el corazón de la transición energética y ecológica de Gran Canaria ya que aumentará la penetración de energías renovables en un 36% y será en la práctica una gran pila de almacenamiento  para lograr que, a partir de 2027,  entre el 51 y el 70% de nuestra energía eléctrica sea de origen solar y eólico. Contribuirá a reducir un 20% las emisiones en la isla, reducirá el coste anual del sistema en más de 120 millones de euros y ya está ejecutando en el Barranco de Arguineguín la mayor restauración de un espacio natural en Canarias. Salto de Chira supondrá una garantía frente a los efectos del cambio climático, cumpliendo con los Acuerdos de París y conforme a los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima del Gobierno de España, en el camino hacia la urgente descarbonización y gracias al aprovechamiento de las energías limpias. 

Dentro de la  extraordinaria historia del agua en nuestra isla, existen unas infraestructuras que destacan por encima de las demás: las presas y los embalses. Gran Canaria es uno de los territorios del mundo con  mayor densidad de grandes presas, es decir, tiene uno de los mayores números de ellas por kilómetro cuadrado. En nuestra isla se registran 172 presas, de las cuales 70 tienen la consideración de grandes presas, denominación aplicada a aquellas obras hidráulicas de retención de aguas superficiales con más de 15 metros de altura y las que, teniendo una altura comprendida entre 10 y 15 metros, tengan una capacidad de embalse superior a 1 millón de metros cúbicos. Es la mayor red de infraestructuras llevada a cabo en Canarias, con una enorme inversión realizada por nuestros antecesores y que hemos heredado con la oportunidad de lograr el máximo aprovechamiento de ellas: almacenar agua y, a partir de ahora, energía.

Toda la población de Gran Canaria reconoce los hitos constructivos de las presas de Chira y de Soria como parte querida de nuestro paisaje, del acervo identitario de las mujeres y los hombres de nuestra isla, por ser además lugares de acampada y de ocio y recreo en la naturaleza. También se consolidan como las mejores muestras de nuestro patrimonio hidráulico y del esfuerzo casi sobrehumano que la sociedad canaria realizó durante siglos para proveerse de agua. Ahora están viviendo una nueva fase que les permitirá desarrollar todo su potencial al  posibilitar la ejecución de un aprovechamiento hidroeléctrico por el desnivel existente entre sus embalses. Esta central hidroeléctrica va a hacer posible renovar y revalorizar nuestro patrimonio hidráulico con una central pionera que nos situará a la vanguardia de Europa, respetando los valores paisajísticos y naturales de las presas de Chira y Soria y los barrancos que las alimentan así como ayudándonos a combatir el cambio climático y haciendo de la isla un territorio más sostenible  y resiliente. 

Salto de Chira es un proyecto de todos y todas. Cuenta con el apoyo mayoritario de las fuerzas políticas, de organizaciones sociales, instituciones y hombres y mujeres de la ciencia y la investigación o personas significadas del movimiento ecologista así como de una amplia mayoría social, que apoya de manera explícita la ejecución de este proyecto.

Curiosamente, durante el proceso de pronunciamientos de la sociedad civil sobre el alcance de este proyecto,  tanto el Colegio de Ingenieros de Caminos como los tres expresidentes de Ascan, lo apoyaron, pero no solo eso, sino que dan un paso más allá reclamando duplicarlo con otro salto similar desde la presa de Las Niñas y piden al Cabildo que “acometa también, en el menor tiempo posible los trámites para conseguir el salto Las Niñas a Soria”, con el fin de duplicar la pila de almacenamiento de energías renovables que supone Salto de Chira.

Y el Cabildo esta en ello. Y lo planteé así , como un reto a asumir en los próximos meses, en la visita del viernes 28 al barranco de Arguineguín, a la presa de Soria, y a los túneles, la caverna y la desaladora de Salto de Chira. 

En la revisión del PIO se propone “un aumento significativo de los valores de reserva de operación para afrontar variaciones bruscas y no previsibles”, mediante nuevos aprovechamientos hidroeléctricos por bombeo reversible. Además del Salto de Chira, se contempla otro salto de agua desde el embalse de Las Niñas, la posibilidad de crear una central entre las presas de la cuenca de La Aldea y aprovechar los saltos de cotas entre el depósito regulador de aguas de Las Palmas de Gran Canaria y la potabilizadora de Jinámar.

Con respecto al Salto de Las Niñas –construida entre los años 1935 y 1958 y con una capacidad de 5.180.820 m3- a principios del año 2020, el Consejo Insular de Aguas encargó a Granell Ingenieros Consultores un estudio para el “Aprovechamiento Hidroeléctrico Reversible Cueva de Las Niñas-Soria” que contiene la definición de varios posibles esquemas de funcionamiento. 

De manera muy resumida, la ampliación natural de Salto de Chira con Las Niñas aprovecha casi todas las instalaciones de Salto de Chira: la planta desaladora y sus instalaciones únicamente necesitarían ampliar los bastidores actuales;  el diámetro de la tubería para llevar el agua a Soria está previsto para el aumento del caudal a impulsar y se aprovecharía también la línea eléctrica de evacuación que, con independencia de la solución final, solamente necesitaría repotenciarse  cambiando los cables. En resumen, las obras serían las propias del circuito hidráulico y garantizan una mínima afección al entorno en el que se ejecutaría.

Desde el punto de vista del planeamiento, el decreto 41/2010, de 23 de abril, dispone la suspensión, para ámbito territorial concreto, de las determinaciones del Plan Insular de Ordenación de Gran Canaria, del Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Rural del Nublo, del Plan General de Ordenación Urbana de San Bartolomé de Tirajana y de las Normas Subsidiarias de Mogán. También  se aprueban las normas sustantivas transitorias de ordenación, a fin de legitimar la implantación de las instalaciones necesarias para el aprovechamiento hidroeléctrico de bombeo reversible de las presas de Chira-Soria y Cuevas de las Niñas-Soria.

Además, esta ampliación permitiría cumplir con la capacidad de almacenamiento a gran escala mínima de 5GWh que necesita Gran Canaria, según establece la estrategia de almacenamiento del Plan de Transición Energética del Gobierno de Canarias. Una solución ideal para cumplir con los objetivos de descarbonización en el año 2040. Ya tenemos la ingeniería inicial realizada, tenemos que sentarnos a hablar con sus propietarios, es preciso poner en marcha todos los procesos de coordinación, convenios de gestión, captación de recursos, etc, pero hay que empezar a andar.

La lucha contra el cambio climático, la desertificación de la isla y la búsqueda de los instrumentos necesarios para avanzar en alcanzar las mayores cotas posibles en la soberanía energética, hídrica y alimentaria de Gran Canaria son objetivos estratégicos irrenunciables del gobierno de la isla. Ni un paso atrás para intentar conseguirlo.