Protegiendo nuestras dunas

La Reserva Natural Especial de Las Dunas de Maspalomas es sin duda uno de los mayores tesoros ambientales y paisajísticos que tenemos en Gran Canaria. Contiene hasta 6 hábitats de interés comunitario; es uno de los parajes más queridos por los y las grancanarias y, al situarse en el corazón de uno de los principales destinos turísticos de Europa,  es un paisaje ampliamente conocido por quienes nos visitan y difundido en publicaciones de toda Europa.

Pero su popularidad también supone un reto mayúsculo para su conservación ya que por sus características y por su emplazamiento es uno de los Espacios Naturales Protegidos sometido a una mayor presión humana.  No obstante, los problemas que afrontan estas dunas no son exclusivamente provocados por la acción del ser humano, ya que también existen otros más específicos relacionados con la propia dinámica del sistema dunar.

Según un estudio encargado por el Ministerio de Medio Ambiente en 2006 y realizado por el Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria y expertos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la formación del campo dunar se produjo hace poco más de dos siglos como consecuencia de un fenómeno que depositó grandes cantidades de sedimento marino, en un momento muy determinado, pero cuyo aporte cesó. El estudio apunta que ese fenómeno pudo ser un tsunami producido por un terremoto en Lisboa en 1755. 

Este tsunami habría provocado olas de hasta 15 metros de altura que habrían arrastrado hasta la superficie las grandes cantidades de arena sumergida que conformaron el campo dunar. Dado que este aporte se produjo en un momento determinado al depositarse grandes cantidades de sedimento y que posteriormente el aporte se detuvo o decreció considerablemente, el ecosistema dunar pierde arena por el mar que no recupera. Es decir, en términos coloquiales podemos decir que las Dunas están en un lento proceso de desaparición.

Aunque se trata de un proceso natural, la urbanización de Playa del Inglés a partir de los años 60 alteró el flujo del viento, frenándolo en unas zonas y acelerándolo en otras, incrementando la erosión de las dunas. Esto provoca que en determinadas circunstancias se pierda arena por la Punta de la Bajeta (la unión entre Playa del Inglés y Maspalomas) que no vuelve. Se calcula que, de esta manera, se pierden unos 45.000 metros cúbicos de arena al año.

Además de la pérdida de arena, el espacio también se ve amenazado por la desaparición de balancones, una especie vegetal imprescindible para la retención de la arena y el freno a la erosión, así como por conductas incívicas como el abandono de basura o la creación de goros y otras formaciones con piedras que entorpecen la dinámica dunar. También por la llegada de especies invasoras, tanto vegetales como animales.

Para hacer frente al conjunto de problemas medioambientales que sufre este espacio, en 2018 pusimos en marcha el proyecto Masdunas, sin ninguna duda la propuesta de conservación y restauración ambiental más ambiciosa que se ha llevado a cabo en este espacio y probablemente en el conjunto de los espacios naturales de la isla.

El primer objetivo es frenar la pérdida de arena. Para ello se llevó a cabo una experiencia piloto consistente en extraer arena del fondo marino de la Punta de la Bajeta para reintegrarla en la parte seca de Playa del Inglés. De esta manera unos 60.000 metros cúbicos de arena se reincorporaron al sistema dunar de manera natural, transportados por la acción del viento. También se llevó a cabo la plantación de 583 ejemplares de balancones (Traganum moquinii)  y captadores de arena para frenar la erosión y favorecer la formación de las dunas costeras.

Estas dos acciones tenían como objetivo principal frenar la pérdida de arena, pero Masdunas también contempla la mejora de la biodiversidad del espacio. La principal acción en este sentido ha sido la eliminación de especies vegetales y animales invasoras como tuneras, rabo de gato o las tilapias de Mozambique que llegaron a la Charca. En total se han eliminado 760 metros cúbicos de flora exótica invasora y se han capturado más de 250.000 ejemplares de tilapias de Mozambique.

Por último, se diseñaron estrategias para limitar los efectos nocivos de la presencia humana en las zonas de uso restringido y de exclusión. Para ello se rebalizaron los 8 Km de senderos que transcurren por dentro de la Reserva, con más de 1.500 bolardos verticales, y se instalaron nuevos carteles informativos, tanto en los senderos como alrededor de la zona de exclusión para evitar, por desconocimiento, el deterioro del paraje.

Y es que hay que recalcar que no se puede transitar libremente por las Dunas. Aunque parezca una acción inofensiva, el tránsito de cientos de miles de personas al año provoca afecciones a la vegetación, propicia el movimiento de piedras y la apertura de nuevos senderos, lo que altera los movimientos de las dunas y puede provocar una aceleración de la erosión.

Para garantizar el cumplimiento de estas medidas también se ha reforzado la vigilancia. En primer lugar la presencia de cuadrillas de trabajo para erradicar la presencia de especies invasoras también es una forma indirecta de controlar el espacio, ya que pueden informar a los visitantes de la prohibición de transitar o avisar a los agentes de la autoridad. Asimismo, hemos asignado nuevos agentes de medio ambiente para vigilar las 400 hectáreas de extensión de la reserva  y  se ha reforzado la colaboración con otros cuerpos de seguridad.

Pero ¿se han obtenido los resultados esperados? El primer y más importante resultado del proyecto Masdunas es que ha aumentado la cantidad de arena en el frente dunar, que era sin duda uno de los objetivos prioritarios del proyecto. Para ello han sido fundamentales las repoblaciones de balancones, que se han mostrado muy efectivas para frenar la erosión.

Por otro lado, el trabajo intenso y continuado sobre especies invasoras tanto vegetales como animales en el entorno de La Charca ha mejorado la biodiversidad. Creemos que también ha aumentado el nivel de concienciación de la población sobre la problemática de este espacio y cada vez son más las personas informadas de la prohibición de transitar por las Dunas.

Ahora bien, tal y como decíamos se trata de un espacio sometido a una gran presión humana, que además es muy extenso y accesible, por lo que aún queda mucho trabajo por hacer. Estamos en contacto con la Demarcación de Costas y el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana para estudiar propuestas que perimetren la Reserva e impidan el acceso, pero integradas en el medio y  sin afectar al paisaje.

Masdunas es una experiencia exitosa, un ejemplo de restauración y conservación ambiental que condensa la investigación científica que se ha hecho durante décadas y que, gracias a la colaboración entre instituciones, ha conseguido mejorar el nivel de conservación de la Reserva Natural Especial. Esta experiencia también ha sentado las bases para garantizar el futuro de este patrimonio colectivo de los hombres y mujeres de Gran Canaria.

Catalina Park y Orlando Hernández

Dentro de muy poco, en 2025, se cumplirán 50 años de la muerte del dictador Francisco Franco. Fue un acontecimiento que transformó a España profundamente después de casi cuatro décadas de aislamiento y atraso, persecución política y sindical, censura cultural e informativa y represión moral y sexual. Eran los tiempos de la Ley 16/1970, de 4 de agosto, sobre peligrosidad y rehabilitación social, continuación de la Ley de Vagos y Maleantes. Fueron tiempos de televisión en blanco y negro con los dos canales de la televisión pública, los nodos y los ‘partes’ oficiales que relataban una España triunfal que estaba apartada de Europa. Incluso la dictadura de Salazar en Portugal había sucumbido a la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974, lo que había profundizado ese arrinconamiento.

Gran Canaria no era ajena a la situación, aunque en comparación con el territorio peninsular se vivía una cierta apertura al exterior en lo económico y comercial con los puertos francos, lo que nos permitía acceder a las tendencias de la moda internacional y a los productos electrónicos llegados de todo el mundo. Un gran bazar global en el que también cabían los libros censurados, la música más vanguardista y el tránsito libre de personas de todas las culturas y nacionalidades. Pero, a pesar de la autarquía, Gran Canaria sufrió también los coletazos de la primera crisis energética planetaria, la del petróleo, tras la guerra del Yom Kipur en Oriente Medio. Una situación contradictoria, ya que la falta de turistas se compensaba con otro efecto de aquella crisis al cerrarse entre 1967 y 1975 el Canal de Suez y convertirse la ruta del Atlántico en la alternativa al tráfico de mercancías entre el Pacífico y Europa, con el Puerto de La Luz como uno de sus principales puntos de escala.

A pesar de todas las preocupaciones y, sobre todo, de la proximidad del fin de una dictadura que agonizaba, una novela de Orlando Hernández (Agüimes, 1936-1997) se abrió paso en todas las librerías del país. En ese contexto  vio la luz ‘Catalina Park’, que agotó rápidamente la primera edición lanzada por Plaza & Janés, en junio de 1975. La faja de la cubierta incluía un lema publicitario que avisaba al lector del contenido marginal y provocador de la obra de Orlando Hernández: “Crónica variopinta y esperpéntica del submundo de un turismo internacional”, cuando en el interior, nos describe con espíritu de cronista aquella ciudad cosmopolita que manifestaba su vitalidad y contradicciones en cada rincón de aquel parque de Santa Catalina y a la vez su condición de microcosmos, con sus personajes definidos a través de sus expresiones, sus jergas, tribulaciones y vulnerabilidades.

La reedición de esta obra, realizada por Mercurio, con la colaboración del Ayuntamiento de Agüimes, del Cabildo de Gran Canaria y del Gobierno de Canarias, nos invita a dirigir la mirada hacia aquella época que muchos vivimos. Es como entrar en una espiral de acontecimientos, un torbellino que no cesa desde entonces, con una sucesión de rápidas transformaciones que Orlando desvela en medio de las dificultades y profundas desigualdades que se vivían entre la Gran Canaria oficial y la real, con el contraste entre la moda de ‘ripochear’,  y las andanzas del ‘buscavida’. Situaciones reales que entroncan y destacan en el auge de la literatura canaria de los 70, tras la publicación de ‘Guad’, por el que fuera director de La Tarde, Alfonso García Ramos, tras el que surgirían firmas como J.J. Armas Marcelo, Juan Cruz, Luis León Barreto, Rafael Arozarena, Alberto Omar, Luis Alemany, Fernando G. Delgado, Víctor Ramírez y otros. Pero quizás la obra con mayor repercusión dentro y fuera de las islas fuera esta irreverente y real semblanza de la vida del puerto turístico, moderno y bohemio tirando a marginal que vivió Santa Catalina durante los setenta y ochenta del siglo pasado. Estamos ante un documento valioso que nos muestra cómo sobrellevaban las carencias nuestros conciudadanos en aquella época.

El título de la novela nos introduce en el microcosmos de la ‘dolce vita’ mezclado con las corrientes underground y hyppies,  movimientos contestatarios que surgieron tras el Mayo del 68, y el hartazgo de la generación del ‘baby boom’, los hijos de la Segunda Guerra Mundial que vivieron en permanente angustia por la amenaza nuclear, la ‘guerra fría’, la política de bloques, el ‘telón de acero’ y toda una gama de vocablos y alegorías metafóricas que atenazaban a la juventud del planeta, conocedora de los estragos que produjeron las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.

El propio Orlando Hernández describe aquella generación en una breve reseña en la sobrecubierta.  Reconoce que utiliza protagonistas reales, a los que “les gusta campar a sus anchas, lo exigen”… “Se entremezclan así en el extraño damero de un Parque soleado, turístico, internacional con todos sus rebuscados encantos, un aluvión de gente donde nadie define a nadie, donde nadie es diferente”. Su pachorra e indiferencia se contagia del ambiente y de “la desenfadada actitud de una gente que quiere ‘vivir su vida’, considerando que nadie es tan importante como para entregársela”.

El autor del prólogo de esta reedición, Agustín Carlos López Ortiz, realiza un completo trabajo de análisis sobre la obra y el escritor, los personajes, su habla, la atmósfera colectiva. Por ello, les invito a leerlo para profundizar en uno de los autores más destacados de nuestras islas, de quien he subrayado en otras ocasiones su contribución al acervo cultural canario en las letras y en la profundidad de análisis sociológico de una sociedad que atraviesa un momento trascendental de transformación radical en lo político, económico y cultural, del que fue testigo y cronista.

El escenario que nos presenta  la novela reeditada sigue siendo en parte reconocible. Hoy día continúa animado por el turismo, aunque ahora llegue en enormes cruceros con cientos de habitaciones y con un concepto de gran parque temático en el interior de la embarcación. Recordemos que entre 1974 y 1983, la actividad turística en Gran Canaria vivió un periodo de estancamiento, ya que apenas se movió entre los 900.000 y 1.100.000  visitantes, frente a los espectaculares crecimientos que se produjeron durante la década anterior. Las incertidumbres de la transición política española  – en una situación económica crítica, con numerosos conflictos laborales y con una inflación situada en el 17,02% –  junto al auge de Maspalomas Costa Canaria y una ‘panza de burro’ que molestaba a los escandinavos restó poco a poco aquella vida mundana al parque, mientras se cerraban apartamentos y hoteles para convertirse en viviendas estrechas. A ello se sumaba el terrorismo (también en las islas), el abandono del Sahara y de su pueblo (que todavía padecemos) lo que provocó el retorno de miles de canarios a las islas, una grave crisis social y la propagación entre la juventud de las ‘drogas duras’. Un cóctel que ponía en tela de juicio el modelo de desarrollo en el que estaba inmersa la isla, con gravísimas carencias de infraestructuras y servicios públicos.

Toda esta realidad se localizaba en el puerto, en aquel escenario microscópico que nuestro escritor bautizó como ‘Catalina Park’, el espacio que durante décadas fue la puerta de entrada de los turistas que llegaban por vía marítima y que en los sesenta y setenta se consolidó como punto de encuentro de marinos, chonis, tiendas de ‘indios’, pescadores soviéticos (rusos y ucranianos) que intercambiaban sus cámaras ‘Zenit’, su cangrejo o su caviar por ropa y aparatos ‘capitalistas’ muy cerca de los almacenes de la sociedad hispano-soviética ‘Sovhispan’. Y junto a este variopinto escaparate de culturas y nacionalidades, estaba la bohemia local, noctámbula empedernida, ávida de libertad, de la que quedan los ecos de sus risas y sus ocurrencias. Queda la estampa de las tartanas y la figura escultórica de la estrafalaria ‘Lolita Pluma’, rodeada de gatos y sin el colorido del carmín y de sus trajes con los que llamaba la atención del público.

Catalina Park tuvo un impacto enorme cuando vio la luz a mediados de los años setenta. Nos mostraba la realidad de una sociedad cambiante con sus luces y sus sombras. Nos describía la mutación de una ciudad burguesa que se abría a la llegada del turismo y a la transformación de costumbres y valores que tenían que ver con el sexo, la noche, el transformismo, la homosexualidad que rompía con la represión del franquismo o la moda… Y dio voz  a los marginados, a los perseguidos por el régimen franquista y su ley de vagos y maleantes, a los que luchaban por buscar su sitio en una sociedad cambiante… Y alumbró esperanzas. Catalina Park  nos exponía y nos expone, con una narrativa trepidante, los aires de libertad que soplaban en el cosmopolita puerto franco, en contraposición con el subdesarrollo o la férrea moral que tenía su máxima expresión en la isla interior campesina y aislada.

Orlando Hernández creó mucho más que ‘Catalina Park’ o ‘Máscaras y tierra’, además de otras novelas inéditas. Hizo también teatro costumbrista y contemporáneo, música en colaboración con Falcón Sanabria, poesía, historia del carnaval, crónicas y periodismo en prensa, divulgación del habla canaria en la radio, los periódicos  y distintas publicaciones, lo que le convierte en un destacado agitador cultural e impulsor de la canariedad. También fue Cronista Oficial de Agüimes, su villa natal, que le recuerda con una plazoleta y lo hizo Hijo Predilecto, que mantiene su casa como espacio cultural y  su colección de pinturas y esculturas  con la idea de convertirse en una exposición permanente. Quizás sea todo lo que puede hacer el pueblo donde nació y al que dedicó su vida, pero el mejor reconocimiento que puede tener es el de la difusión de una obra que con el paso de los años se muestra como una referencia de la literatura canaria, imprescindible para reconocernos en sus personajes y paisajes en un pasado no tan lejano que mantiene toda su actualidad en las páginas de aquel ‘Catalina Park’ de 1975.

Cambio generacional y la mujer en el mundo rural

El sábado 15 de octubre se conmemora el Día Internacional de las Mujeres Rurales.  Las mujeres rurales han sido fundamentales en la historia de Gran Canaria y  sin duda lo van a seguir siendo.  Por ese motivo, desde el Cabildo de Gran Canaria lo celebramos el pasado jueves con un reconocimiento a veintiuna representantes de este colectivo, una por cada municipio.

El acto en sí tuvo como objeto destacar la participación de la mujer en el sector primario. Es una realidad que nadie discute, pero durante demasiado tiempo ha sido invisibilizada, relegando a un segundo plano -o a ninguno- su trabajo fundamental en el ámbito rural. De hecho, cada vez son más las mujeres que vemos recoger premios y distinciones por los mejores productos agropecuarios. Han sido merecedoras de tales diplomas o medallas desde tiempo inmemorial, pero no figuraban como titulares de las explotaciones agrarias o ganaderas.

Hoy, esta realidad nos muestra que se está produciendo un cambio generacional, con la participación de jóvenes que encuentran en el sector primario su proyección y vocación, con nuevas opciones que se implantan en el sector gracias a una mayor concienciación y apoyo a las producciones locales, a la extraordinaria despensa kilómetro cero que nuestro pequeño territorio puede ofrecer. También a una agricultura que se desarrolla en un entorno natural único, con un clima que permite disponer de varias cosechas al año y de productos muy variados.

Además del rejuvenecimiento de nuestros productores, hombres y mujeres, estamos comprobando que también se está consolidando la presencia de  mujeres,  que asumen el protagonismo que les corresponde desde hace mucho tiempo, pero que ahora se evidencia con la gestión y dirección de numerosas explotaciones de las que se obtienen productos que logran los más reconocimientos  autonómicos, estatales e internacionales.

Las mujeres curtidas en nuestros campos son en su mayoría portadoras de una herencia de generaciones a quienes se les ha confiado la forma de cultivar, ordeñar, cuidar o vendimiar, con una experiencia acumulada a lo largo de muchos años. Pero hay otra singularidad en estas nuevas mujeres rurales y es que en muchos casos estamos ante profesionales con una formación extraordinaria que hasta hace unas pocas décadas tenían prácticamente vedado el acceso a los estudios y la titulación académica.

Desde 2019 celebramos este Día Internacional de la Mujer Rural con un homenaje a las protagonistas de esta fecha. En este edición cada municipio ha designado a una mujer, personas reconocidas en sus pueblos y, en muchos casos, más allá de nuestro territorio. Quiero aprovechar este espacio para reiterar ese reconocimiento a todas ellas.

Eloísa Quintana Díaz, casi medio siglo como productora de los quesos Lomo del Palo en Gáldar; Lucía Torres Moreno, diplomada en Empresariales y productora de los exitosos quesos de La Era del Cardón en Agüimes; Marta María Quintana Pérez, veterinaria y ganadera de Ingenio; Miriam Melián Suárez, diplomada en magisterio y tercera generación que regenta una funeraria en La Aldea; María del Pino ‘Pimpina’ Sánchez González, la costurera que promueve la industria textil y el folclore en San Mateo; Carmen Gloria Díaz Hernández, cuyo huerto ecológico llega a numerosas personas en Santa Brígida en la tienda ‘Sabe a Gloria’; Alba Cruz Gutiérrez  vende igualmente productos de su huerta y de artesanía de palma en una tienda de ‘aceite y vinagre’ creada por su abuela en Santa Lucía de Tirajana.

Dolores María Domínguez González, lleva el bazar Paquito en Firgas, para atender las necesidades de la población; Maite Medina Díaz, pone voz al folclore y las tradiciones de Artenara, junto a su actividad como auxiliar de enfermería; María Esther Trujillo Suárez es panadera, tendera, cocinera y cuidadora de su familia en Tejeda; María Dolores Santana Vega,  elabora quesos con su cabaña ganadera en Valsequillo; Rita María Naranjo Pérez, quien amplió a la actividad agrícola la quesería familiar en Las Palmas de Gran Canaria tras lograr el título de veterinaria; Iberia Maricela Quintero Suárez, nacida en Venezuela para cambiar su mundo por la isla y su modo de vida y dedicarse a la agricultura en Telde; Pino Lorenzo Correa, trabajó la tierra desde niña, confeccionó ropa y  empaquetó hortalizas e hizo de cocinera, peluquera y ‘enfermera’ durante la construcción de la presa de Soria en Mogán.

María Elena Cabrera Santana, de Arucas, tras estudiar Capacitación Agraria ha sido formadora y creadora de un comercio de jardinería y activista en el ecologismo y en la Asociación de Mujeres Maresía; Ana María Castellano Nuez, animadora de la sociedad civil y el voluntariado en Moya; Fabiola Vega Rodríguez, que retornó a sus raíces de San Bartolomé de Tirajana para cultivar frutales, un huerto y ganado para sentirse plenamente realizada; María ‘Marusa’ Dámaso Sosa, trabajó desde niña recogiendo pinocha y los productos de la huerta, pero su nombre se asocia al café de Agaete, su pueblo; Lidia Santiago Hernández, vinculada a la agricultura de Guía, pero sobre todo a las hierbas aromáticas que produce y distribuye a toda Canarias; Rosa Aguiar Pérez, de Valleseco a Veneguera donde trabajó todo tipo de hortalizas de exportación para volver a su pueblo para cuidar ganado y una extensa familia y por último, María del Pino Ramírez Rodríguez, de Teror, donde toda su vida trabajó en la agricultura como autónoma, siempre buscando su independencia en una actividad que se consideraba de hombres.

Son profesionales, pero también son madres, cuidadoras de la familia, soporte para la comunidad, guardianas de nuestro medio natural y de las tradiciones. Son conscientes de que la agricultura tiene su eslabón más débil en la producción, donde los precios son tan bajos que apenas dan para recuperar lo gastado y sobrevivir, a veces a pérdidas. Por ello es importante, vital, el apoyo institucional al sector y, sobre todo, a las mujeres del mundo rural.

El Cabildo de Gran Canaria ha desarrollado en estos últimos años varias líneas estratégicas para potenciar la actividad agrícola, un sector transcendental que debe garantizar el alimento a la población, pero también la conservación del medio rural y natural, evitar la erosión, la desertificación y la despoblación y garantizar la mejora de las condiciones de vida de la sociedad grancanaria. Es el concepto de ecoísla, en el que todo está íntimamente ligado, por lo que no sólo apoyamos los productos y actividades agropecuarias, sino que también nos hacemos cargo de garantizar las infraestructuras necesarias para la supervivencia y competitividad del sector.

Nuestras políticas de agua, de gestión forestal, energética, de apoyo a la producción y comercialización agrícola y ganadera, bajo la denominación Gran Canaria Me Gusta, junto a otras muchas acciones, se complementan con otras actuaciones necesarias.  Se concretan en la creación de mercados de producto km0, una red de asistencia sociosanitaria para mayores y para mujeres en tránsito en el ámbito rural, un Marco Estratégico por la Igualdad ‘Gran Canaria Infinita’, o el apoyo a la artesanía. Todas estas y muchas líneas más que tienen un denominador común: la soberanía o autosuficiencia y la capacidad de hacer frente a retos que nos pondrán a prueba debido a la crisis climática que se acelera y ante la que las mujeres rurales han sido, siempre, un ejemplo de coherencia, de adaptación y de lucha en nuestra comunidad isleña.

112 años del Real Club Victoria

El pasado jueves 6 de octubre tuve la oportunidad de pregonar el centésimo décimo segundo aniversario del Club Victoria. Pude así mostrarles mi afecto, que ha crecido en este tiempo compartido como presidente del Cabildo de Gran Canaria y expresarles la admiración que la trayectoria del Real Club Victoria ha despertado en mí al conocer mejor su contribución al progreso de nuestra capital y de la isla. Resumo en este artículo las ideas principales de ese pregón.

Gran Canaria es un territorio, un sentimiento y una cultura y a todo ello ha contribuido de manera constante este Club, que tiene un pasado que ennoblece a quienes lo han protagonizado y lo continúan impulsando. Tiene un presente que es ejemplo de resistencia en un tiempo de decaimiento de los proyectos colectivos. Estoy seguro de que le espera un futuro de creación, unidad y dinamismo tan necesarios para nuestra sociedad y que la directiva y su masa social están impulsando.

El Victoria es referente para nuestra gente y para mí porque nació y continúa ligado a las aspiraciones más sinceras de los hombres y mujeres de esta isla que lo alumbraron junto a espacios referentes de nuestra historia como son La Isleta, Las Canteras y el Puerto de la Luz. Y  se gestó también con todas las personas que llegaron de otros pueblos de Gran Canaria y de otras islas a asentarse en esta zona de la capital. Yo, que soy de un pueblo que vio salir a muchas personas en busca de una nueva vida, quiero recordar a quienes trabajaron con fe ciega en su futuro, que es el nuestro ahora mismo. A quienes vivieron sacrificadamente para que los que vinimos más tarde pudiéramos encontrar un mundo más justo y habitable.

El Club, desde que se creó, traslucía modernidad y aspiraciones de libertad y recogía el pulso de una ciudadanía abierta y cosmopolita que conocía de primera mano las nuevas ideas que arribaban a los muelles y que nos conectaban a los tres continentes. Acogió las ideas liberales, especialmente del Reino Unido, que traían canarios que regresaban o los nuevos inmigrantes que promovían negocios en nuestra tierra.

Y en esa apuesta por el progreso y el gusto por vivir cerca de la naturaleza, lideró el amor por el fútbol y convirtió al Victoria en una leyenda que entusiasmó a toda la isla, creando una corriente victorista que contribuyó a afianzar una cultura futbolística y deportiva que ha perdurado a lo largo de estos 112 años. Y con la misma pasión y responsabilidad facilitó luego la creación de nuestra querida Unión Deportiva Las Palmas junto al Club Deportivo Gran Canaria, el Marino, el Arenas y el Atlético Club.

Y no se olvidó de que nacía al lado de esta joya que es la playa de Las Canteras animando el deporte del mar para confirmar nuestra condición de isleños que tanto nos identifica. Y desde ahí se impulsó un espacio que debería  servir como un ejemplo de integración de culturas y tradiciones sin que se haya perdido nunca la esencia de un paisaje  y un entorno que se parecen poco al de hace unas décadas, pero que sí se sigue vislumbrando debajo de las nuevas calles, de los edificios y hasta del terreno en donde un día estaba el mar dibujando estelas como las que sabía el poeta que tanto se asemejan a los caminos azarosos de lo cotidiano.

El Club Victoria aprovechó ese ambiente para cultivar la estima y el respeto por nuestra cultura y ser en muchas ocasiones expresión de la canariedad y  de la defensa de los derechos económicos, sociales o culturales que los canarios y canarias demandábamos en momentos difíciles. Recuerdo su posición clara en favor del Régimen Económico y Fiscal de Canarias, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria  o, más recientemente, su apuesta por el desarrollo sostenible y la lucha contra el cambio climático.

Desde el Club Victoria también se mira al futuro y a la necesidad de preservar el planeta, de no destrozarlo más y de buscar todas las posibilidades que tengamos en las energías naturales y  renovables. Las jornadas, exposiciones y proyectos en las que ha colaborado el Club Victoria lo señalan como una entidad con esa proyección de futuro necesaria que tuvo siempre y que, posiblemente, es la que ha conseguido que llegue hasta nuestros días sin perder esa vinculación con su tiempo y con sus gentes. Siempre del lado de la libertad y de la democracia, apoyando en todo momento la cultura y la educación y sabiendo que el deporte es una escuela de valores, sobre todo para las personas más jóvenes.

Una vez me contó alguien cómo se cosían las rayas de las camisas del equipo del Victoria en las primeras décadas del siglo veinte. Se cosían raya a raya por las costureras de La Isleta, una blanca y otra negra, que como saben bien todos ustedes eran los colores que escogió Pepe Gonzálvez por su amor a la ciudad de Newcastle y al equipo señero de Inglaterra con el que comparte el color de la zamarra. Pero en este caso, el color es anecdótico, porque luego el Victoria logró que ese color convirtiera el fútbol casi en una obra de arte con jugadores como Padrón el Sueco, Alfonso Silva, Timimi, Miguel González “el Palmero” o Pacuco Jorge, entre otros grandes futbolistas que aprendieron en la arena a tratar el balón casi como si fuera un ánfora griega. El estilo victorista sigue en la memoria permanente de la Unión Deportiva y, de alguna manera, la sombra de sus figuras legendarias siguen vistiendo blanquinegro debajo del amarillo de Las Palmas.

Y ese blanco y negro, que está en su escudo, en la  sede y allí donde se recoja su presencia, también tiene mucho que ver con el carácter victorista y su sentido de la vida, tan unido, como vengo diciendo, al sentido deportivo que preconizara el barón de Coubertin. Nada es siempre negro, ni tampoco siempre blanco, y hay que aprender a transitar ambos caminos, el de los éxitos pero también el de los fracasos individuales o colectivos, y en ambos casos hay que mantener la mesura y el equilibrio para no zozobrar.

De eso sabemos mucho últimamente los grancanarios y tenemos que felicitarnos por haber atravesado algunas negruras cercanas, como los días más duros de la Covid-19 y su consiguiente crisis económica, sin haber dejado que se nos hunda el barco de la fe en la vida y en ese esfuerzo colectivo y solidario que siempre acaba ganando y que siempre se abre camino, como  se ha abierto camino el Real Club Victoria durante más de un siglo. Quienes nos precedieron no se rindieron nunca. Nuestra naturaleza también nos enseña ese camino con sus atavismos y sus ciclos. El pino canario que rebrota entre sus propias cenizas, o la palmera, que se tambalea sabia cuando arrecian los fuertes vientos de los temporales, son espejos para cuando dónde mirar o dónde buscar razones para seguir ilusionándonos. También hay que mirar al cielo, a esas pardelas que llegan cada año buscando sus huras y sus riscales antes de volver a volar por todo el planeta. Hay una orientación de la supervivencia que siempre apunta al futuro en la brújula de las intuiciones diarias. Lo aprendimos de nuestros antepasados y de nuestro paisaje, y el Victoria es un fiel reflejo, el mejor de los ejemplos, de ese devenir que nos engrandece como comunidad solidaria.

Pero la vida también es vela y es arena, navegación y orilla.  Los victoristas, hombres y mujeres de mar, de trabajar en el mar, de navegar o de mirarlo hasta dejar que el pensamiento casi se confunda con el océano, lo saben bien, conocen esa sensación de viajar con el viento y de vivir los días casi como si fueran eternos, y también conocen la efímera presencia de la arena, los contornos diarios de la orilla que nunca son iguales pareciendo que son siempre los mismos.

Y ahora que todo nace y muere tan rápido, hay que poner la mirada en lo que han hecho quienes han pasado por esta institución en estos 112 años y también hay que felicitar a quienes ahora mismo llevan el timón de esta larga singladura por su capacidad para integrarlo cada vez más en su entorno social. También para convertir el Club Victoria casi en un ser vivo para muchos ciudadanos y ciudadanas de La Isleta, Las Canteras y el Puerto de La Luz.

Queremos trasladar este espíritu al presente y futuro de Gran Canaria. Estamos comprometidos en un proyecto que nos ilusiona: ganar para toda nuestra gente grancanaria un siglo XXI de progreso, respetuoso con el medio ambiente, donde todas y todos podamos disfrutar de las oportunidades que nos da una tierra y una historia que nos enorgullecen. Que viva para siempre el alma y la historia de este Club Victoria que nos acoge siempre.

40 años de compromiso con el pluralismo

La primera persona que me dio cuenta de que se estaba gestando un nuevo medio de comunicación en Canarias,  en concreto en Gran Canaria, fue Pedro Macía, el que fuera director de Televisión Española en Canarias y una  voz y una cara conocidísimas del mundo de la radio y la televisión en España.

Me hizo ese anuncio tras una charla en el municipio de Agüimes en la que hablábamos de la importancia de la diversificación y de la pluralidad en los medios frente, en aquel momento, a un solo periódico impreso en la provincia de Las Palmas y a la necesidad de evitar esos monopolios que ponen en riesgo la democracia y las libertades públicas.

Unos meses después contactó conmigo desde ese periódico en gestación Manolo Betancor, que entonces era el responsable de la sección de local, para plantearme una propuesta de colaboración.  No lo dudé ni un momento porque yo siempre había tenido ese gusanillo, mi vocación frustrada era la de ser periodista. Era un joven de 25 años que había terminado hacía muy poco mi carrera de Geografía e Historia- Historia del Arte, tenía muchas inquietudes políticas y me ilusionaba colaborar con un medio nuevo que venía a abrir posibilidades y horizontes a sectores sociales silenciados.

El 2 de octubre de 1982 ve la luz Canarias7, ese nuevo medio que hoy cumple cuarenta años y del que fui durante unos cuántos años corresponsal en la zona sureste de la isla, informando de cuanto acontecía en unos municipios que estaban empezando a vivir un profundo proceso de transformación. Por lo tanto, la celebración de la presencia durante cuatro décadas de este periódico es un evento que me interpela de manera muy personal y que me trae muy buenos recuerdos.  Y ya no solo de esa época. Cinco años después, en 1987, accedí a la alcaldía de la villa de Agüimes y cuatro años más tarde, en 1991, empecé a escribir semanalmente un artículo para compartir mis reflexiones con la ciudadanía. Y lo hice en esta casa. Semana tras semana y solo con las pausas vacacionales de agosto, este medio de comunicación me ha dejado  siempre abierta sus puertas, sin ataduras ni cortapisas.

La aparición de Canarias 7 fue muy importante ya que permitió romper el monopolio en la prensa escrita de esta provincia, lo que suponía que nadie tuviera la posibilidad de abrir o cerrar las puertas a una información  de los distintos colectivos, las instituciones o la ciudadanía.

Han pasado 40 años desde que un día, tal como hoy, viera la luz la primera edición de Canarias7. 40 años que le han permitido ser testigo y relator excepcional de uno de los periodos de mayor transformación de Gran Canaria y de Canarias, dado que surge con una fuerte vocación regional. En estas cuatro décadas se han sucedido episodios históricos.

Se consolidó nuestra autonomía y autogobierno y entramos en la UE iniciando un fuerte periodo de apertura y modernización de nuestra economía. Se creó la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, fruto de una fuerte movilización social de reivindicación a la que el periódico le dio un importante altavoz. Pero también tuvo un crucial papel en la divulgación de conocimiento científico sobre nuestra tierra con hitos históricos como la distribución de publicaciones sobre, entre otras, la flora y fauna de Canarias, la guía de los senderos de nuestra tierra o la de nuestros municipios, su geografía, historia y costumbres…  ¿En qué hogar de Gran Canaria no se encuentra al menos un ejemplar de esas publicaciones? ¿Cuántos niños y jóvenes no lo utilizaron para sus trabajos de clase? ¿Cómo no valorar su enorme aportación a la unidad de Canarias y al conocimiento de todos aquellos valores que nos conforman como pueblo?

Canarias 7 también ha sido un medio innovador, capaz de adaptarse a un entorno tan cambiante como el de la comunicación y el periodismo. De hecho su versión digital salió en 1995 y se convirtió en uno de los primeros medios españoles en tener presencia en internet. De esta manera se posicionaba en el que hoy es el presente y futuro de la prensa.

Sus instalaciones en El Sebadal han sido testigo de debates, conferencias, presentaciones de libros o de proyectos que han servido para medir el pulso del devenir de la isla y la Comunidad en las últimas décadas.

Asimismo durante el periodo más duro de la pandemia, y más recientemente en Canarias con la erupción volcánica de La Palma, se ha puesto de manifiesto la importancia de contar con buenos medios de comunicación y buenos profesionales que transmitan información veraz y de servicio público cuando más se necesita. Eso es especialmente importante en un territorio como el nuestro, singular y complejo, que necesita ser comprendido y explicado.

Como dije anteriormente, el periodismo se encuentra entre mis vocaciones frustradas y por ello debo acordarme de todos y todas las profesionales que durante todos estos años han pasado por Canarias 7. No solo a los periodistas, sino también a todo el equipo de decenas de profesiones diferentes que hacen posible que cada mañana encontremos una nueva edición del diario en los quioscos de todas las geografías insulares. Y a la propiedad, a Inforcasa, que ha sabido resistir en momentos en los que se diseñaron estrategias para intentar generar monopolios políticos empresariales.

Cuando un medio de comunicación cumple años, de alguna manera es una celebración para toda la sociedad. Para las miles de historias, personas, fotografías, etc. que han tenido cabida en sus páginas. Cada periódico es una suerte de enciclopedia del presente, una fuente imprescindible para los investigadores que quieran arrojar luz sobre nuestro pasado reciente.  

En  su libro de memorias “Mi último suspiro”, Luis Buñuel hace una afirmación que suscribo en el mensaje global de la necesidad del periodismo como garante de las libertades, para acercarnos cada día a lo que sucede  a nuestro alrededor: “Una confesión: pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada diez años, llegarme hasta un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría más”.

Desde el punto de vista informativo, estamos viviendo una época en la que la generalización de las redes sociales ha provocado el auge de las “fake news” y está influyendo de manera determinante en la polarización de la sociedad. Cada día es más difícil para la población distinguir qué información es veraz y no está sometida a la manipulación interesada de intereses económicos, políticos o, simplemente, de mala baba. Eso está provocando preocupantes “burbujas informativas”, es decir, cada uno solo escucha aquellas noticias y opinadores que refuerzan sus creencias previas. Es sin duda un grave problema para la democracia. No podemos asumir silentes la afirmación de Iñaki Gabilondo de que “el periodismo clásico, el veraz, el libre, el del respeto, el del rigor y el compromiso está arrinconado por esa invasión de la desvergüenza y el insulto”. Ni olvidarnos de la aseveración contundente de Hannah Arendt de que “la libertad de opinión es una farsa, a menos que se garantice la información objetiva y que no estén en discusión los hechos mismos”.

Es evidente que este 40 aniversario no ocurre en el mejor de los momentos. Acabamos de salir de una pandemia, y afrontamos una inflación histórica y una guerra en Europa. Miles de personas en La Palma aún esperan y luchan por retomar las vidas que la erupción interrumpió bruscamente. Pero Canarias 7 nos ha ayudado a conocer y a comprender todos estos fenómenos. Porque la información es poder y es libertad. Y es imprescindible para ejercer nuestros derechos.

Por todos estos motivos, muchas felicidades a Canarias 7 por su 40 aniversario. Espero que la sociedad canaria y grancanaria en particular pueda seguir celebrando fechas tan señaladas con ustedes. Y que no nos olvidemos de apoyar a los medios de información como éste que dan la cara cada día para hacer posible una información plural en tiempos de lucha global entre autoritarismo y democracia.