Portada Antonio Morales


El abrazo global de las Islas Sostenibles

Esta semana, de la mano del Consejo Insular de la Energía, del área de Medio Ambiente, Energía, Clima y Conocimiento  del Cabildo de Gran Canaria,  de Infecar, de la SPEGC y de Island Innovation, celebramos en Gran Canaria la Cumbre Global de las Islas Sostenibles con el objetivo de abordar en profundidad algunos de los grandes retos estructurales que comparten las islas del mundo.

A lo largo de la historia, las islas han sido mucho más que territorios en medio del mar.. Han sido refugio, frontera y promesa. Han sido, en la literatura, el espacio donde imaginar otros mundos posibles. Desde la Utopía de Tomás Moro hasta La isla del tesoro, han representado ese lugar donde lo conocido termina y comienza lo posible. Hoy, esa intuición literaria se ha convertido en una realidad política: las islas ya no son solo espacios donde imaginar el futuro, sino lugares donde ese futuro se está construyendo.

El poeta canario Arturo Maccanti escribió que “el horizonte es nuestra medida”, y quienes vivimos en islas sabemos bien lo que eso significa. Vivimos en un espacio condicionado por límites físicos, por la distancia y por la dependencia, pero también por una relación constante con el horizonte. Como señaló el Nobel caribeño Derek Walcott, “el mar es historia”, y en nuestras islas el mar es historia, pero también presente y, sobre todo, futuro.

Durante demasiado tiempo, las islas han sido percibidas como regiones periféricas, aisladass o vulnerables. Sin embargo, hoy sabemos que esa mirada es incompleta. Las islas no estamos en el margen del cambio, estamos en su primera línea. Representamos entre el uno y el dos por ciento de la población mundial, pero concentramos algunos de los mayores desafíos del planeta en términos de vulnerabilidad climática, dependencia energética y limitación de recursos.

Y precisamente por eso, este encuentro  adquiere todo su sentido. Durante estos días se han abordado cuestiones decisivas para el presente y el futuro de las islas en el planeta: la transición energética, la adaptación al cambio climático, la gestión del agua, la economía azul, la biodiversidad, la financiación de la sostenibilidad y la innovación en la gobernanza.

No ha sido un congreso convencional, sino  un verdadero espacio de trabajo global donde las islas del mundo se reconocen entre sí, comparten experiencias y construyen soluciones comunes. Lo demuestra la diversidad de quienes han participado, representando a más de cincuenta países y territorios insulares de todos los continentes: desde Tuvalu, en el Pacífico, hasta Jeju, en Corea; desde el Caribe hasta la Macaronesia; desde África hasta Europa, pasando por América y Asia. Esta diversidad es la mejor prueba de que las islas, en cualquier parte del mundo, comparten desafíos… y también la voluntad de construir soluciones conjuntas.

Este encuentro tiene además una trayectoria que merece ser destacada. La Cumbre Global celebra en Gran Canaria su cuarta edición. La primera tuvo lugar en Madeira, la segunda en Prince Edward Island (Canadá) y la tercera en Saint Kitts and Nevis (en el norte antillano). Tres territorios distintos, tres contextos diferentes, pero con una misma vocación: construir un espacio global para el diálogo entre islas.

A lo largo de estas ediciones se han abordado algunos de los grandes retos estructurales de los territorios insulares: la transición energética en sistemas aislados, el desarrollo de energías renovables y almacenamiento, la descarbonización de las economías y la seguridad energética. También han ocupado un lugar central la adaptación al cambio climático, la gestión del agua, la resiliencia frente a fenómenos extremos y la protección de los ecosistemas, especialmente en entornos costeros y marinos.

La economía azul, el turismo sostenible, la economía circular y la diversificación económica han sido igualmente ejes fundamentales, junto con la financiación de la transición, la gobernanza multinivel y la innovación tecnológica. En definitiva, la Cumbre ha ido construyendo una visión compartida: la de unas islas que no solo afrontan desafíos, sino que lideran respuestas.

Porque, aunque estemos en distintos océanos, compartimos una misma realidad. Compartimos la dependencia energética —que en muchos casos supera el 80% de combustibles fósiles importados—, la vulnerabilidad frente al cambio climático, con buena parte de nuestras poblaciones e infraestructuras en zonas costeras, y la presión sobre el territorio y los recursos hídricos. Pero también compartimos algo esencial: la capacidad de adaptarnos, de innovar y de anticiparnos.

Hay, además, una paradoja que merece ser destacada. A pesar de su tamaño, los territorios insulares han desempeñado un papel decisivo en la agenda climática global, situando el cambio climático en el centro del debate internacional y elevando la ambición de los acuerdos. Cuando una isla habla de cambio climático, no habla desde la teoría, habla desde la experiencia. Pero hay una idea aún más importante: las islas no son solo zonas vulnerables, son auténticos laboratorios vivos del planeta. En ellas, los efectos del cambio climático o de la presión sobre los recursos se manifiestan antes, de forma más intensa y más visible. Lo que en otros  lugares  ocurre de manera gradual, en las islas ocurre de forma acelerada. Por eso, lo que sucede hoy en las islas no es una excepción, es una anticipación de lo que sucederá en el resto del mundo.

Esta condición nos sitúa en una posición única: no solo estamos afrontando los impactos, estamos desarrollando soluciones. Y ese es precisamente el valor de este foro: conectar esas soluciones, compartirlas y proyectarlas a escala global. Esa ha sido la experiencia de Gran Canaria. Hace una década tomamos una decisión política clara: entender la transición energética no solo como un reto técnico, sino como una cuestión de soberanía energética, alimentaria y de seguridad hídrica. Esa visión se concretó en un modelo que hoy guía nuestra acción pública: Gran Canaria Ecoísla.

Diez años después, ese modelo está dando resultados. Hemos multiplicado por más de tres nuestra potencia instalada en energías renovables y hoy concentramos una parte muy significativa de la generación renovable del archipiélago. Hemos avanzado hacia un modelo más eficiente, desacoplando el crecimiento económico del aumento del consumo energético, uno de los cambios estructurales más relevantes para un territorio insular. Hemos impulsado comunidades energéticas que sitúan a la ciudadanía en el centro del sistema y desarrollamos infraestructuras estratégicas de almacenamiento como el Salto de Chira, clave para integrar renovables. También hemos desplegado una red de recarga para movilidad eléctrica y apostamos por nuevos vectores energéticos como la geotermia o el hidrógeno verde.

Pero esta transformación no se limita al ámbito energético. Estamos redefiniendo nuestro modelo económico desde una perspectiva insular. Hemos desarrollado una estrategia de economía circular orientada a reducir la dependencia exterior, optimizar recursos y generar nuevas oportunidades, y a esto le hemos añadido programas formativos en colaboración con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Esta visión conecta directamente con el turismo sostenible. El reto no es reducir el turismo, sino transformarlo en un modelo más resiliente, eficiente e integrado en el territorio, capaz de generar valor sin comprometer los recursos. El futuro pasa por modelos regenerativos adaptados a los límites físicos. En esta línea, desarrollamos proyectos como MasDunas o ImpulsaMaspalomas.

Junto a ello, estamos impulsando de forma decidida la economía azul como uno de los grandes vectores de futuro. El mar no es solo un límite, es una oportunidad. En Gran Canaria desarrollamos proyectos vinculados al hidrógeno verde en entornos portuarios, a la descarbonización del transporte marítimo y a nuevas cadenas de valor asociadas al océano. En este camino, iniciativas como BIOASIS Gran Canaria representan un paso más: convertir la isla en un espacio de experimentación donde integrar economía circular, bioeconomía, innovación y sostenibilidad.

Pero también sabemos que no basta con mitigar. El cambio climático ya está aquí. Por eso hemos situado la adaptación en el centro de nuestras políticas públicas. Un ejemplo es el sistema ALERTAGRAN-5, una herramienta inteligente de alerta temprana ante inundaciones, con una inversión superior a 1,2 millones de euros, que mejora nuestra capacidad de anticipación y respuesta y que se suma a lo sistemas ya existentes.

Este tipo de actuaciones refleja un cambio de enfoque. Estamos pasando de una lógica reactiva a una lógica de anticipación, utilizando datos, tecnología e inteligencia pública para proteger mejor a la ciudadanía y al medio natural.

El foro ha servido para mucho más que debatir. Ha sido un instrumento clave para consolidar alianzas entre territorios que comparten desafíos, ambición y compromiso. Y por eso, lo que hagamos aquí importa. Importa mucho.

Eólica Marina para Gran Canaria, YA

El pasado martes 7 de abril, representantes del sector energético, del ámbito marítimo y portuario, del tejido empresarial, de las universidades, de los centros de investigación, de las organizaciones profesionales y sindicales  y de las administraciones públicas, nos reunimos en el Cabildo de Gran Canaria para firmar una carta dirigida a la ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que  recoge una posición compartida en la que se solicita avanzar, sin más dilaciones, en la convocatoria de la primera subasta de eólica marina y que informa a la sociedad grancanaria de esta unidad de acción para conseguirlo.

El acto se convocó, de esta manera plural, en colaboración estrecha con el Clúster Marítimo de Canarias, como una expresión firme de que esta isla está preparada para dar ese paso adelante. Y refleja algo muy importante: que estamos ante una oportunidad que solo puede abordarse desde una visión compartida y desde una acción conjunta. Nos reunimos para exigir la eólica marina para Gran Canaria, pero en realidad estamos hablando de algo más profundo: estamos planteando cómo queremos que sea el futuro económico, energético e industrial de Gran Canaria, porque la eólica marina no es una tecnología más dentro del mix energético, es una de las pocas herramientas que tenemos para avanzar simultáneamente en tres objetivos que son clave para nosotros: reducir nuestra dependencia energética, diversificar nuestra economía y generar empleo cualificado vinculado a sectores de futuro. Por eso este no es un debate técnico, es una decisión política en el sentido más amplio del término.

En los últimos años se han producido avances importantes en España en este ámbito. Se han aprobado los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM), se ha definido un marco regulatorio básico y se han delimitado las zonas donde esta tecnología puede desarrollarse. Todo eso era necesario y lo valoramos. Pero también debemos decir con claridad que no es suficiente si no se traduce en decisiones concretas, porque a día de hoy, la eólica marina en España no ha comenzado y, mientras tanto, el resto de Europa avanza, consolida industria, genera empleo y captura inversión. Y en este tipo de procesos, el tiempo no es neutro: quien llega tarde pierde posiciones que luego son muy difíciles de recuperar.

Gran Canaria no quiere llegar tarde, y no lo decimos desde una lógica de reivindicación, sino desde una lógica de coherencia. Nuestra isla cuenta con una planificación energética clara, definida en la Agenda de Transición Energética de Gran Canaria, que reconoce que en un sistema aislado como el nuestro no basta con aumentar la potencia renovable, sino que es imprescindible incorporar tecnologías que aporten estabilidad.

La eólica marina flotante responde exactamente a esa necesidad, porque ofrece una generación más constante, complementaria a la solar y capaz de reducir de forma efectiva nuestra dependencia de combustibles fósiles. Pero además, y esto es fundamental, la eólica marina es también una oportunidad económica de primer nivel.

Los estudios disponibles, y en particular el análisis elaborado por el Clúster Marítimo de Canarias en el marco del proyecto aliSEAos, ponen cifras a esa oportunidad. Un despliegue de eólica marina  de en torno a 500 megavatios puede generar miles de millones de euros de impacto económico en Canarias y miles de empleos vinculados a una nueva industria. No hablamos de expectativas teóricas, sino de escenarios construidos con rigor que muestran el potencial real de esta actividad. 

Igualmente,  la universidad de Comillas ha señalado en un estudio reciente que la eólica marina en Canarias es más competitiva que en cualquier espacio marítimo peninsular. Que en este archipiélago es viable económicamente a corto plazo.

Pero también debemos ser honestos: ese impacto no está garantizado y depende de cómo se diseñe el desarrollo de esta tecnología y, sobre todo, de la capacidad que tengamos para integrar a nuestro tejido empresarial en la cadena de valor. Porque la eólica marina no es solo la instalación de aerogeneradores en el mar, sino una cadena industrial compleja que abarca desde la ingeniería y la fabricación hasta la logística, la instalación, la operación y el mantenimiento, y que abre oportunidades también en ámbitos como la economía circular.

Gran Canaria tiene capacidades en muchos de esos espacios: cuenta con un sector marítimo-portuario con experiencia, con empresas preparadas, con conocimiento técnico y con una posición estratégica en el Atlántico que puede convertirla en un nodo logístico de referencia, lo que permite hablar de diversificación económica real y no de una oportunidad abstracta.

Este desarrollo, además, no se plantea de forma aislada, sino integrado en un modelo energético que ya estamos construyendo, en el que la generación renovable debe ir acompañada de almacenamiento, de gestión inteligente de la demanda y de electrificación de distintos sectores productivos. Por eso pedimos también un nuevo concurso de concurrencia competitiva que se cimiente en la flexibilidad del sistema y en el almacenamiento e, igualmente, insistimos en crear un marco retributivo propio para las islas. Infraestructuras como el Salto de Chira forman parte de ese modelo y refuerzan la viabilidad de integrar nuevas fuentes de generación como la eólica marina. Y lo queremos ampliar sumando la presa de Las Niñas.

Hay otro asunto de enorme calado que no podemos obviar. La guerra de Irán nos sitúa en un escenario de inseguridad brutal. Se puede producir un “shock” mundial de imprevisibles consecuencias. Por eso la necesidad de avanzar en un mix energético de eólica marina, de eólica en tierra, de fotovoltaica, de autoconsumo, de geotermia, de hidrógeno verde…apoyado en almacenamiento hidráulico y en baterías. En las cotas más altas que podamos de soberanía energética.

Conviene recordar también que Gran Canaria ya ha participado activamente en la fase de planificación. Durante la elaboración de los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo, el Cabildo trabajó con el Gobierno de España y con el Gobierno de Canarias para adaptar las zonas a la realidad insular, introduciendo ajustes relevantes como el alejamiento de las zonas a seis kilómetros de la costa aproximadamente para reducir el impacto paisajístico y mejorar la compatibilidad con otras actividades. No fue fácil, pero llegamos a un acuerdo. Es decir, la planificación ya se ha hecho, ha habido diálogo y se han alcanzado equilibrios. Por eso, lo que hoy planteamos no es abrir un nuevo debate, sino avanzar.

El ministerio ha iniciado recientemente una consulta pública, y queremos decir con claridad que valoramos ese paso y entendemos su utilidad, pero también debemos señalar que la eólica marina en España no necesita solo consultas, sino decisiones.  Entendemos igualmente que en un momento como el actual se haya querido trasladar una señal en vísperas de un encuentro internacional relevante como WindEurope, pero precisamente por eso creemos que esa señal debe ir acompañada de decisiones concretas.

La eólica marina necesita calendario, necesita seguridad para el sector y necesita que se convoque la primera subasta, porque sin ese paso todo lo demás se queda en planificación y la planificación por sí sola no genera ni energía, ni empleo ni actividad económica.

Por ello hemos querido trasladar al Gobierno de España una petición clara: que se dé ese paso sin más dilaciones y que se convoque la primera subasta incorporando a Gran Canaria en ese primer impulso, no como una excepción, sino como una oportunidad para demostrar que este modelo puede funcionar. Proponemos que ese primer paso se materialice en un proyecto comercial piloto en Gran Canaria: un proyecto real, operativo y replicable, que permita activar la cadena de valor y generar un efecto demostrador para el conjunto del país.

Y junto a ello, queremos plantear una cuestión que consideramos fundamental, porque este no es solo un debate sobre energía, sino sobre modelo económico: para que el desarrollo de la eólica marina flotante genere el impacto socioeconómico que Gran Canaria necesita, la integración de nuestro tejido empresarial en la cadena de valor debe ir más allá de una declaración de intenciones. Aunque valoramos positivamente el objetivo de diseñar un modelo que favorezca la integración local, consideramos imprescindible establecer metas cuantificables, porque solo garantizando un porcentaje mínimo de participación de la industria local podremos asegurar que este sector se convierta en un verdadero motor de desarrollo para nuestras empresas y para la isla.

En definitiva, estamos ante una decisión que va más allá de la energía, una decisión sobre el papel que queremos que tenga Gran Canaria en el futuro y sobre nuestra capacidad para aprovechar una oportunidad que ya está en marcha en otros territorios. Y lo que hoy queremos trasladar, con serenidad, pero también con claridad, es que esta isla está preparada, que ha hecho su parte de la tarea y que ha llegado el momento de que esa preparación se traduzca en decisiones concretas por parte del MITECO. Pedimos alto y claro, por tanto, la eólica marina para Gran Canaria, ya.

Diez años de renovables y sostenibilidad

El décimo aniversario del Consejo Insular de la Energía de Gran Canaria no puede entenderse como un hito aislado en el tiempo, sino como la culminación de un proceso político, estratégico y social que se remonta al año 2015. En ese año llegamos al Gobierno de la isla con la firme intención de hacer de Gran Canaria una ecoísla. Este concepto no se limitaba únicamente al ámbito energético, sino que planteaba un modelo integral de desarrollo basado en la soberanía energética, la seguridad hídrica, la soberanía alimentaria, la economía circular y azul, la movilidad sostenible, un turismo adaptado al medio y políticas sociales orientadas al bienestar.

Desde su origen, esta visión no fue un ejercicio retórico, sino una estrategia política clara orientada a reforzar la capacidad de decisión de la isla, reducir dependencias externas y aumentar la resiliencia del territorio. En ese contexto, la energía se situó como el eje central de la transformación, al entenderse como una herramienta clave para garantizar autonomía y estabilidad frente a un modelo energético previo que generaba vulnerabilidad estructural.

Veníamos de una fuerte oposición a la implantación de un modelo gasístico en la isla, que incluía infraestructuras como una regasificadora en Arinaga y el despliegue de redes de gas. Frente a ese planteamiento, defendimos un modelo alternativo basado en energías renovables, autosuficiencia y democratización del acceso a la energía. Este cambio de rumbo no fue sencillo, pero sentó las bases de una transformación profunda.

En este contexto, la creación del Consejo Insular de la Energía en 2016 representó un paso decisivo. No se trataba de establecer una estructura administrativa convencional, sino de diseñar una herramienta operativa con capacidad real de intervención, ejecución y transformación. Desde sus inicios, el Consejo se dotó de una hoja de ruta clara a través de la Estrategia Insular de Mitigación y Adaptación al Cambio Climático, complementada por la Estrategia de Economía Circular, con el objetivo de reducir emisiones, optimizar recursos y avanzar hacia un modelo bajo en carbono.

Diez años después, los resultados avalan esa apuesta. En 2015, Canarias contaba con apenas 360 megavatios de potencia renovable instalada, de los cuales solo 120 correspondían a Gran Canaria. En la actualidad, el archipiélago alcanza aproximadamente los 1.000 megavatios, mientras que Gran Canaria ha llegado a 440 megavatios. Esto supone haber multiplicado por más de tres la potencia renovable en la isla. Pero más relevante aún es el peso relativo dentro del sistema: Gran Canaria concentra el 44 % de la potencia instalada y el 47 % de la generación renovable de Canarias, a pesar de representar solo el 38 % de la demanda. Estos datos consolidan a la isla como el principal motor energético del archipiélago.

Otro indicador clave del éxito del modelo es el desacoplamiento entre crecimiento económico y consumo energético. A pesar del aumento de población y actividad económica, la demanda eléctrica se ha mantenido estable entre los 3.100 y 3.300 gigavatios hora. Esto refleja una apuesta efectiva por la eficiencia energética y demuestra que es posible crecer sin incrementar el consumo de recursos de forma proporcional.

Uno de los pilares fundamentales de esta transformación ha sido el impulso al autoconsumo. Actualmente, una de cada tres instalaciones de autoconsumo de Canarias se encuentra en Gran Canaria, concentrando el 40 % de la potencia doméstica instalada. Este avance ha sido posible gracias a políticas de apoyo que han movilizado más de 3 millones de euros en subvenciones, permitiendo la instalación de alrededor de 1.800 sistemas en viviendas y más de 1.000 actuaciones vinculadas a la movilidad sostenible. Más allá de las cifras, este proceso ha supuesto un cambio estructural: el paso de un modelo energético centralizado a uno distribuido, donde la ciudadanía adquiere un papel protagonista.

En paralelo, la movilidad eléctrica ha experimentado un crecimiento notable. El 51% de los vehículos eléctricos vendidos en Canarias se registran en Gran Canaria, y la red de puntos de recarga, que comenzó con una instalación pionera, alcanzará los 100 puntos operativos.

La capacidad de ejecución ha sido otro elemento diferencial del modelo. El Cabildo ha desarrollado una red de instalaciones que supera los 5 megavatios en funcionamiento, ubicadas en espacios ya antropizados para minimizar el impacto territorial. Ejemplos como el Gran Canaria Arena, el Ecoparque Norte o diversas infraestructuras sociosanitarias y culturales evidencian una estrategia coherente de integración de energías renovables. Además, existen 15 megavatios adicionales en cartera, lo que garantiza la continuidad del proceso.

En un sistema insular aislado como el de Gran Canaria, el almacenamiento energético se ha convertido en un elemento estratégico. La naturaleza intermitente de las energías renovables exige soluciones que permitan equilibrar la oferta y la demanda. En este sentido, destacan proyectos clave como el Salto de Chira, con una capacidad de 200 megavatios, que funcionará como una central hidroeléctrica reversible capaz de almacenar energía en momentos de baja demanda y liberarla cuando sea necesario. Esta infraestructura, desarrollada en colaboración con Red Eléctrica, representa un pilar fundamental para garantizar la estabilidad y autonomía del sistema energético insular. A este proyecto se suman iniciativas de almacenamiento distribuido, como las desarrolladas en el Gran Canaria Arena o en el Polígono de Arinaga, que combinan generación fotovoltaica con sistemas de almacenamiento. Estas actuaciones refuerzan la resiliencia del sistema y permiten una gestión más eficiente de la energía.

El avance estratégico más reciente ha sido la puesta en marcha de la Agenda de Transición Energética de Gran Canaria. Esta herramienta establece objetivos concretos: alcanzar entre un 60% y un 70% de generación renovable en 2030, reducir emisiones en más de un 40% y avanzar hacia un sistema prácticamente descarbonizado en 2040, con hasta un 100 % de generación renovable.

Dentro de esta planificación, el desarrollo del almacenamiento a gran escala ocupa un lugar central, incluyendo sistemas de hidrobombeo con agua de mar adaptados a la realidad insular. Se ha impulsado la creación de una iniciativa público-privada para desarrollar estos proyectos, combinando la experiencia empresarial con el arraigo local.

Otro eje estratégico es la geotermia profunda, actualmente en fase de exploración. Este recurso, al no depender de condiciones climáticas, ofrece una fuente de energía constante y fiable que puede contribuir significativamente a la autonomía energética de la isla. El inicio de los sondeos en Telde marcará un hito en este ámbito.

La transición energética en Gran Canaria también se ha caracterizado por su dimensión social, especialmente a través del impulso de comunidades energéticas. Estas iniciativas, promovidas desde el Cabildo, permiten a ciudadanos, empresas e instituciones producir y gestionar su propia energía. Proyectos como los de Siete Palmas o Playa del Inglés ya están en funcionamiento, y se prevé que más de 6.500 usuarios participen en estas comunidades a corto plazo, con una potencia instalada superior a los 5 megavatios. Este modelo refuerza la democracia energética y fomenta la cohesión social.

A todo ello se suman otros proyectos estratégicos como el desarrollo de hidrógeno verde en Arinaga,  con Megaturbinas, orientado a la descarbonización del transporte marítimo, lo que amplía el alcance de la transición energética hacia sectores clave de la economía.

Sin embargo, los logros alcanzados plantean nuevos retos que requieren decisiones políticas firmes. En este sentido, estamos formulando varias demandas al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. En primer lugar, se exige acelerar el desarrollo de la eólica marina, considerada una oportunidad estratégica que no puede retrasarse por falta de planificación. En segundo lugar, se reclama la garantía de los fondos europeos Next Generation, considerados esenciales para sostener el proceso de transición energética.

Asimismo, se plantea la necesidad de un régimen retributivo específico para Canarias que tenga en cuenta su condición ultraperiférica y facilite la descarbonización del sistema. También se solicita la convocatoria urgente de un nuevo concurso para la concurrencia competitiva que permita incorporar flexibilidad y almacenamiento al sistema energético, evitando riesgos como posibles apagones dada su fragilidad actual.

Otro aspecto clave es la coordinación territorial, destacando la importancia de la implicación de los 21 municipios de la isla a través de iniciativas como el Pacto de las Alcaldías por el Clima. La transición energética se concibe como un proceso colectivo que requiere la participación activa de todas las administraciones y del conjunto de la sociedad.

Finalmente, el balance de estos diez años no se limita a cifras o infraestructuras, sino que pone en valor el trabajo conjunto de instituciones, equipos técnicos, empresas, universidades y ciudadanía. La colaboración ha sido un elemento esencial para convertir una idea inicial en una realidad tangible. Gran Canaria no solo ha avanzado en la implantación de energías renovables, sino que se ha consolidado como referente en liderazgo energético dentro de Canarias, demostrando que la transición es posible cuando existe una visión clara, capacidad de ejecución y compromiso colectivo.

                                                                                             

Gran Canaria y el sector aeroespacial

Europa cuenta con un sector aeroespacial altamente desarrollado y estratégico, articulado en torno a la Agencia Espacial Europea (ESA) y grandes consorcios industriales como Airbus, ArianeGroup o Thales Alenia Space. Destaca por su capacidad en satélites, navegación (Galileo), observación de la Tierra (Copernicus), lanzadores (Ariane, Vega) y exploración científica. El sector combina una fuerte inversión pública con la cooperación internacional y una industria competitiva a nivel global.

Dentro del ecosistema europeo, España es un actor relevante. Participa activamente en programas de la ESA y cuenta con una industria sólida en fabricación, ingeniería, sistemas espaciales y servicios basados en satélites. Empresas como Airbus España, GMV, Indra o Sener lideran proyectos clave. Desde 2023, la Agencia Espacial Española (AEE) refuerza la coordinación, la estrategia nacional y el impulso al New Space, startups y aplicaciones duales (civiles y de defensa).

A este lado del Atlántico, Canarias ocupa una posición singular por su localización geográfica, por sus  condiciones atmosféricas y por sus infraestructuras científicas. Alberga centros de referencia mundial como el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), el Centro Espacial de Canarias, los observatorios del Teide y Roque de los Muchachos y, más recientemente, Fuerteventura está destacando como un lugar relevante, centrado en el uso de drones y pseudosatélites, con proyectos pioneros como el Stratoport. El archipiélago avanza y  se posiciona como plataforma para ensayos aeroespaciales, drones, estratosféricos, obervación de la Tierra, espacio cercano y economía azul-espacial (PLOCAN), con ventajas fiscales y regulatorias que favorecen la innovación.

En conjunto, Europa lidera la estrategia, España consolida capacidades industriales y tecnológicas, y Canarias aporta un enclave científico y experimental esencial para el desarrollo futuro del sector. Atravesamos, por lo tanto, un momento decisivo en el que Europa y España buscan garantizar su independencia tecnológica y asegurar sus niveles de producción industrial.

Si bien es fundamental proyectarnos hacia un futuro repleto de posibilidades resulta igualmente vital revisar nuestra trayectoria y nuestras capacidades actuales. Solo así podremos dimensionar el verdadero alcance de nuestro potencial. Canarias lleva décadas mirando al cielo. El Instituto de Astrofísica de Canarias y los observatorios del Teide y del Roque de los Muchachos nos han convertido en una de las grandes ventanas científicas del mundo.

En Maspalomas tenemos el Centro Espacial de Canarias, una estación histórica que colaboró con la NASA en los programas Mercury, Gemini y Apolo y que ha estado muy de actualidad en estos días porque ha jugado, de nuevo, un papel importante en el programa de exploración lunar de la NASA, Artemis II. Hoy opera con el INTA y la ESA para el seguimiento de satélites. Desde esa antena se siguen misiones de observación de la Tierra y se reciben datos de satélites de agencias como la NASA, la ESA o la JAXA. La estación participa incluso en sistemas internacionales de búsqueda y salvamento y sigue apoyando operaciones muy relevantes tanto para la defensa como para fines civiles. Resulta curioso cómo en el pasado Día de la Constitución la Delegación del Gobierno en Canarias entregó al Instituto Astrofísico de Canarias, en su cuarenta aniversario, una distinción  por su contribución a la ciencia, pero se olvidó de que el Centro Espacial de Canarias cumplía su cincuenta aniversario, a los que habría que añadir los quince años que estuvo dirigido por la NASA. Está muy olvidado también por el INTA, a pesar de que cuenta con profesionales extraordinarios y de que sus posibilidades de ensamblar con el ecosistema local están absolutamente desaprovechadas. Es necesario que amplíe su vinculación con las empresas y con el potencial de investigación de la isla.

Nuestra situación geoestratégica, unida a las excelentes condiciones naturales —clima, cielo y océano—, nos da una posición privilegiada para operaciones de satélites, comunicaciones, seguimiento de misiones, logística de lanzamientos y el despliegue de nuevas constelaciones que requieren una “ventana atlántica”. A eso se suma un clima suave todo el año y un amplio espacio aéreo sobre el océano ideal para la experimentación.

Desde Gran Canaria queremos contribuir a que España y Europa fortalezcan sus políticas aeroespaciales. Alineada con la Estrategia Aeroespacial Canaria, Gran Canaria quiere formar parte de ese esfuerzo colectivo y estratégico. Tienen el apoyo decidido del Cabildo de Gran Canaria para que nuestras fortalezas y las oportunidades se conviertan en proyectos empresariales y de investigación que favorezcan el crecimiento del talento local y atraigan el foráneo.

Desde luego, este apoyo sería más significativo si nuestra isla hubiese sido elegida como sede de la Agencia Espacial Española. Nos eliminaron en semifinales; no pudo ser, pero esa derrota no es óbice para que mantengamos nuestro interés en este campo..

Creo que es relevante destacar la importancia de nuestro baúl de talento y conocimiento, un factor esencial para este ámbito aeroespacial. La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ofrece una amplia y cualificada oferta de titulaciones STEM. Además, dispone de institutos de investigación reputados y consolidados en ámbitos de aplicación al sector aeroespacial, como el Instituto Universitario de Microelectrónica Aplicada (IUMA), el Instituto de Sistemas Inteligentes y Aplicaciones Numéricas en Ingeniería (SIANI), el Instituto Universitario para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación en Comunicaciones (IDETIC) y el Instituto de Oceanografía y Cambio Global (IOCAG). Centros con amplia experiencia en proyectos aplicados al sector que cuentan con aproximadamente 250 investigadores adscritos.

Conscientes de que debemos activar nuestro ecosistema, ya tenemos en marcha una serie de iniciativas para que la isla ofrezca un marco competitivo para el desarrollo aeroespacial. Detallo algunas de ellas:

1) Conjuntamente con el Parque Tecnológico de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, estamos en fase de construcción de un centro dotado de laboratorios, salas de ensayo y salas blancas para el desarrollo de proyectos y ensayos en ámbitos como la microelectrónica, la fotónica y otros de la industria aeroespacial.

2) Con otras entidades estamos impulsando áreas específicas aptas para la instalación de antenas de seguimiento satelital, así como de telepuertos y centros de datos, para el soporte de la actividad de observación.

3) Hemos presentado una candidatura conjunta con el IAC y los cabildos de Tenerife y Fuerteventura para que Canarias sea sede de una de las incubadoras de la Agencia Europea Espacial.

4) También la construcción de la estación de Temisas, en Agüimes, a incluir en la Red Atlántica de Estaciones Geodinámicas y Espaciales, refuerza nuestras capacidades. Esta estación contará con un radiotelescopio de última generación, estaciones GNSS, un reloj atómico y un pabellón de gravimetría, lo que la convierte en un referente internacional para estudios de geodinámica y de observación espacial.

No debemos olvidarnos de que, además de todo lo anterior, ofrecemos un entorno fiscal altamente competitivo para la inversión, la investigación y la innovación, con deducciones fiscales de hasta el 75% en actividades de investigación y desarrollo. A ello se añade la Zona Especial Canaria (ZEC), que permite operar con un tipo impositivo reducido al 4% del Impuesto de Sociedades.

La suma de estos factores, unida a nuestra estabilidad institucional y al paraguas de seguridad jurídica europea, conforma un entorno único. Si a ello añadimos la potencia logística de nuestros puerto y aeropuerto, junto con el dinamismo empresarial y nuestra calidad de vida, Gran Canaria se posiciona como un destino de primer orden para la inversión en el sector que nos ocupa.

El Cabildo de Gran Canaria seguirá apoyando decididamente este camino, fortaleciendo las alianzas con la universidad, el sector privado y las instituciones nacionales e internacionales que comparten esta visión de futuro para el sector aeroespacial.

La razón de las renovables

La transición energética hacia modelos sostenibles se ha convertido en una necesidad urgente, respaldada tanto por la evidencia científica como por la creciente inestabilidad geopolítica. Ya no se trata de una cuestión ideológica o de largo plazo, sino de una transformación imprescindible ante los riesgos de mantener un sistema basado en combustibles fósiles. Desde hace décadas, organismos internacionales y la comunidad científica han advertido sobre esta problemática, aunque los avances hacia un modelo limpio siguen siendo insuficientes frente a la magnitud del desafío.

El impacto más visible del actual modelo energético es el calentamiento global. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), la temperatura media global ha aumentado aproximadamente 1,1 °C desde la era preindustrial, lo que ha intensificado fenómenos extremos como olas de calor, incendios forestales, sequías prolongadas e inundaciones. A ello se suma la grave contaminación atmosférica: la Organización Mundial de la Salud estima que cerca de siete millones de personas mueren cada año por exposición a aire contaminado, gran parte derivado de la quema de combustibles fósiles. Estos datos reflejan no solo un problema ambiental, sino también una crisis de salud pública global.

Además del impacto climático y sanitario, el modelo energético actual presenta una fragilidad estructural significativa. La dependencia de recursos concentrados en regiones geopolíticamente inestables ha generado tensiones económicas y políticas, especialmente en Europa. Durante años, el continente dependió en gran medida del gas procedente de Rusia, situación que quedó en evidencia tras la invasión de Ucrania en 2022. Este conflicto desencadenó una crisis energética sin precedentes recientes, en la que el precio del gas llegó a multiplicarse por más de cinco, afectando tanto al coste de la electricidad como a la economía de hogares e industrias.

A esta situación se han sumado tensiones en Oriente Medio, la última es la guerra de Irán, que han impulsado los precios del petróleo en los mercados internacionales. El barril de Brent ha superado los 100 dólares en varios momentos recientes, mostrando la volatilidad de un sistema energético dependiente de factores externos. Esta inestabilidad impacta directamente en la inflación, el crecimiento económico y la seguridad energética de los países importadores. Por eso Europa acaba de lanzar un plan de diez puntos para reducir la demanda.

En este contexto, el responsable de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, ha advertido que “la guerra de Irán ya es la mayor amenaza de la historia para la seguridad energética”, y numerosos expertos coinciden en que un escenario con el petróleo a 200 dólares haría al mundo “infinitamente más pobre y con menos empleo”.

Ante este panorama, la transición hacia energías renovables aparece no solo como una respuesta ambiental, sino también como una estrategia de soberanía energética y estabilidad económica. Tecnologías como la solar, la eólica o la hidráulica ofrecen ventajas clave: son recursos autóctonos, abundantes y cada vez más competitivos. Los datos lo confirman: según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), el coste de la electricidad solar fotovoltaica ha caído cerca de un 85 % desde 2010, mientras que la eólica terrestre ha reducido sus costes en torno a un 55 %. En muchas regiones, estas tecnologías ya resultan más baratas que los combustibles fósiles incluso sin subsidios. Además, el sector de las renovables emplea a más de 13 millones de personas en todo el mundo, con previsión de duplicarse en las próximas décadas.

Sin embargo, el despliegue de estas energías no avanza al ritmo necesario para cumplir los objetivos climáticos internacionales. El Acuerdo de París establece la meta de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C, lo que requiere una reducción drástica de emisiones en esta década.

En Europa, el debate energético se ha intensificado tras las crisis recientes. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, llegó a afirmar que reducir la energía nuclear había sido un error, lo que refleja la complejidad del contexto actual. En Canarias la ultraderecha ha llegado a plantear la instalación de pequeñas plantas nucleares en el mar..

Pese a estas divergencias, responsables internacionales insisten en no desviar el foco de las energías renovables. Simon Stiell, secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, ha señalado que los conflictos bélicos evidencian la urgencia de acelerar la transición energética. En sus palabras, “cada crisis es un recordatorio de que la dependencia de los combustibles fósiles no solo es insostenible desde el punto de vista climático, sino también peligrosa desde una perspectiva geopolítica”.

El consenso científico es claro: la transición energética debe ser rápida, estructural y sostenida. No basta con aumentar la generación renovable, sino que es necesario transformar sectores clave como el transporte, la industria y el consumo energético. En este proceso, resultan fundamentales la electrificación verde y flexible, el almacenamiento mediante baterías, el hidrógeno verde y la mejora de la eficiencia energética.

Asimismo, la transición debe abordar las desigualdades globales en el acceso a la energía. Mientras en los países desarrollados el foco está en la descarbonización, en muchas regiones millones de personas aún carecen de electricidad. Garantizar una transición justa e inclusiva es esencial para que los beneficios de las nuevas tecnologías se distribuyan de manera equitativa. Desde el punto de vista económico, esta transformación representa una gran oportunidad: el Fondo Monetario Internacional estima que una transición acelerada podría generar millones de empleos y favorecer el crecimiento global a medio plazo.

En definitiva, la transición hacia energías limpias no es opcional, sino imprescindible. Las evidencias científicas, los datos económicos y la realidad geopolítica coinciden en señalar la insostenibilidad del modelo actual. Las crisis recientes han evidenciado las debilidades de un sistema dependiente de recursos finitos y concentrados en regiones conflictivas, reforzando la necesidad de avanzar hacia un modelo más resiliente, justo y seguro.

En este contexto, uno de los debates más frecuentes es el impacto paisajístico de las energías renovables. Aunque es legítimo proteger el entorno, no puede priorizarse una visión estática del paisaje frente a la urgencia de la transición energética. Las infraestructuras renovables tienen un impacto en gran medida transitorio y reversible, mientras que los efectos del cambio climático son acumulativos y, en muchos casos, irreversibles. Por tanto, avanzar hacia energías limpias es también una forma de preservar el entorno a largo plazo.

Otra fuente de oposición a las renovables surge cuando la población local no percibe beneficios directos. Para reducir este rechazo, es fundamental repartir mejor el valor generado. Esto implica ofrecer beneficios económicos como participación en proyectos o descuentos en la factura eléctrica, así como promover modelos comunitarios que aumenten la implicación ciudadana. También son importantes las compensaciones visibles, como inversiones en infraestructuras, y una participación real desde las fases iniciales de los proyectos.

La percepción de justicia resulta determinante: cuando los beneficios se distribuyen de manera equilibrada, disminuye el conflicto social. Finalmente, una comunicación clara, centrada en impactos concretos como ahorro, empleo o mejoras locales, es más eficaz que los argumentos abstractos. En conjunto, la clave para el éxito de la transición energética radica en pasar de un modelo percibido como impuesto a uno basado en la implicación activa de la ciudadanía.

España ha afrontado mejor la crisis energética derivada de las tensiones en torno a Irán que otros países de la Unión Europea gracias a su mix energético. La alta penetración de energías renovables, como la solar y la eólica, ha reducido su dependencia de combustibles fósiles importados, más expuestos a la volatilidad internacional. Esto ha permitido contener mejor los precios de la electricidad y mitigar el impacto sobre hogares y empresas, favoreciendo una mayor estabilidad económica y un crecimiento superior al de otras economías europeas.

Igualmente,  ha reforzado su apuesta por las renovables con el nuevo Real Decreto-ley 7/2026, que destaca por ampliar el radio del autoconsumo compartido hasta los 5 km y ofrecer deducciones fiscales del 20% en instalaciones solares y aerotermia. Además, se han movilizado 2.000 millones de euros en ayudas para la industria limpia y se ha fijado el objetivo de alcanzar los 16.000 MW en almacenamiento por baterías. Todo esto se enmarca en la actualización del PNIEC, tras haber logrado el hito histórico de cubrir el 100% de la demanda peninsular con fuentes limpias en abril de 2025.

Pero se siguen olvidando de  dar un paso importantísimo, comprometido además con Gran Canaria: poner en marcha cuanto antes  la subasta para hacer posible la implantación de la eólica marina en nuestra isla. Esto, Salto de Chira y su ampliación a Las Niñas, la geotermia y un nuevo concurso de concurrencia competitiva donde se premie la generación de un sistema flexible y almacenamiento, garantizaría nuestra soberanía energética. Están tardando.

                                                                  

Baloncesto Gran Canaria: solo cabe la unidad

El Club Baloncesto Gran Canaria constituye uno de los casos más singulares de desarrollo deportivo en el contexto del baloncesto español. Su evolución desde una iniciativa educativa hasta convertirse en una entidad consolidada en la élite nacional y con proyección europea refleja un proceso complejo en el que han intervenido factores deportivos, económicos e institucionales. En este recorrido, la capacidad de adaptación a las exigencias del deporte profesional, junto con el respaldo público y una gestión orientada a la estabilidad, han sido elementos determinantes.

El origen del club se sitúa en 1963, en el seno del Colegio Claret de Las Palmas de Gran Canaria. En este contexto, el baloncesto se introduce como una actividad formativa, vinculada a los valores educativos propios del centro. Durante más de dos décadas, el equipo, conocido como Claret Club de Baloncesto, desarrolla su actividad en competiciones escolares y regionales, evolucionando progresivamente hacia el ámbito federado. El crecimiento del nivel deportivo y la consolidación organizativa del club propiciaron su transición hacia estructuras más profesionalizadas.

El proceso de transformación se intensifica a partir de la década de 1980. El club se desvincula formalmente del entorno escolar, adoptando una estructura independiente que le permite competir en categorías superiores del baloncesto nacional. Este cambio supone el inicio de su profesionalización, aunque no exento de dificultades. Durante estos años, el equipo logra su primer ascenso a la Liga ACB, máxima categoría del baloncesto español, pero no consigue consolidarse de forma inmediata. La alternancia entre ascensos y descensos, unida a la dependencia de patrocinadores y a la limitada capacidad económica, refleja la fragilidad del proyecto en esta etapa

La conversión en Sociedad Anónima Deportiva en 1992 responde a la necesidad de adaptarse al nuevo marco legal del deporte profesional en España. Este proceso implicaba dotar al club de una estructura económica más sólida y transparente. No obstante, también puso de manifiesto las limitaciones estructurales a las que debía enfrentarse la entidad. La insularidad de Gran Canaria supuso un lastre brutal. Estas circunstancias derivaron en una situación económica delicada que amenazaba la viabilidad del club a medio plazo.

Ante este escenario, la intervención del Cabildo de Gran Canaria a mediados de la década de 1990 resultó determinante. La institución insular adquirió la mayoría accionarial del club, convirtiéndose en su principal sostén económico e institucional. Esta decisión respondió a una estrategia orientada a preservar un activo deportivo de gran valor social para la isla, así como a garantizar la presencia de Gran Canaria en la élite del baloncesto español. Se proporcionó al club una base de estabilidad imprescindible para su desarrollo.

A partir de la temporada 1994-1995, en la que el equipo logra el ascenso a la Liga ACB, se inicia una etapa de consolidación – con aciertos y errores como en toda obra humana- que se prolonga hasta la actualidad. Desde entonces, el Club Baloncesto Gran Canaria ha permanecido de forma ininterrumpida en la máxima categoría, lo que constituye uno de sus principales logros estructurales. Esta permanencia no solo evidencia la estabilidad del proyecto, sino también su capacidad para competir de manera sostenida en un entorno altamente exigente.

Durante este periodo, el club ha desarrollado un modelo de gestión basado en la eficiencia en el uso de recursos, la detección de talento y la apuesta por la continuidad. A diferencia de otras entidades con mayores presupuestos, el Gran Canaria ha construido su competitividad a partir de la optimización de sus capacidades, lo que le ha permitido mantenerse en una posición relevante dentro del baloncesto español. En el ámbito deportivo, esta estrategia se ha traducido en participaciones recurrentes en los playoffs por el título de la Liga ACB y en presencias habituales en la Copa del Rey.

Un nuevo punto de inflexión en la evolución institucional del club se produce con la llegada de Sitapha Savané a la presidencia. Su nombramiento supuso un cambio de paradigma en la gestión, al incorporar una visión más moderna, profesionalizada y alineada con las dinámicas actuales del deporte de élite. Exjugador y figura emblemática de la entidad y querida por la afición, Savané aportó un profundo conocimiento interno del club, reforzando la cultura organizativa y la conexión con la grada. Bajo su liderazgo, se ha impulsado una mayor estabilidad en la toma de decisiones, así como una clara apuesta por proyectos a largo plazo, tanto en el ámbito deportivo como institucional. También ha mimando la inclusión social con el Proyecto Suma y la cantera con formación integral, desarrollo progresivo y seguimiento individual. Él estaba en otras tareas, pero lo convencimos y aceptó el reto.  Se merece todo el apoyo. 

Paralelamente, el club ha consolidado su proyección internacional mediante su participación en competiciones europeas. A lo largo de los años, el Gran Canaria ha sido un participante habitual en torneos continentales, lo que ha contribuido a reforzar su visibilidad y a elevar su nivel competitivo. Este proceso culmina con su participación en la Euroliga en la temporada 2018-2019, un hito que representa el reconocimiento al crecimiento sostenido de la entidad. Aunque su desempeño en esta competición fue limitado, su presencia en la máxima categoría europea supuso un avance significativo en la historia del club.

El mayor éxito deportivo del Club Baloncesto Gran Canaria se produce en la temporada 2022-2023, con la conquista de la EuroCup. Este título no solo constituye el logro más importante de su trayectoria, sino que también simboliza la consolidación de un modelo basado en la estabilidad institucional y la gestión eficiente. La obtención de este campeonato sitúa al club en una posición destacada dentro del baloncesto europeo, reforzando su prestigio y proyección internacional.

En este contexto de crecimiento, la llegada de Jaka Lakovic al banquillo en 2022, coincide con la llegada también de Savané, marca el inicio de una etapa especialmente relevante en el plano deportivo. De hecho esta ha sido la mejor temporada en la historia de entidad. Desde su incorporación, el técnico ha logrado imprimir al equipo una manera de juego definida. Este enfoque ha permitido al Gran Canaria competir con solvencia frente a equipos de mayor capacidad económica, consolidando su posición en competiciones nacionales e internacionales.

Durante la etapa de Lakovic, el club ha experimentado una notable mejora en su rendimiento. En su primera temporada, el equipo logra conquistar la EuroCup, alcanzando así el mayor éxito de su historia reciente. En las campañas posteriores, el Gran Canaria ha mantenido una presencia constante en fases avanzadas de competiciones europeas, llegando a disputar nuevas finales y demostrando una continuidad competitiva destacable. En el ámbito nacional, el equipo ha recuperado protagonismo, con clasificaciones recurrentes para la Copa del Rey y presencia en los playoffs de la Liga ACB.

Más allá de los resultados, la etapa de Jaka Lakovic se caracteriza por la consolidación de un proyecto deportivo coherente y orientado al largo plazo. En este sentido, la apuesta del club por su continuidad resulta especialmente significativa. La renovación de su contrato, respaldada tanto por la dirección deportiva como por las instituciones y por la afición se debió no solo a los éxitos obtenidos, sino también a la confianza en un modelo de trabajo que prioriza la estabilidad y la planificación estratégica. Él también lo entendió así: se pudo ir al Basconia, pero se quedó en la isla. 

Esta decisión reflejó la voluntad clara de consolidar un proyecto sostenible en el tiempo, alejándose de la volatilidad que caracteriza a menudo al deporte profesional. La continuidad de Lakovic ha permitido reforzar la identidad del equipo, favorecer el desarrollo de jugadores y mantener una línea de trabajo coherente. En el momento actual no hay nadie a la vista en el mercado que se acerque a sus méritos y valía. 

La trayectoria del Club Baloncesto Gran Canaria pone de manifiesto la importancia de la combinación entre apoyo institucional, gestión eficiente, estabilidad deportiva y comunión con la afición. Desde sus orígenes en el ámbito escolar hasta su consolidación como referente del baloncesto español y europeo, ha sabido adaptarse a las exigencias del entorno competitivo sin perder su idiosincracia. Y así debe seguir.

Hoy este club, al que queremos tanto, está atravesando un mal momento deportivo. No se libra de esto ningún equipo de referencia en algún momento de su historia. El presidente y la directiva que lo han llevado a lo más alto son los mismos que los de la temporada pasada dónde el equipo llegó a la final de la Eurocup y  jugó los cuartos de final de la ACB y las semifinales de la Copa del Rey. El entrenador es el mismo, por tanto, que lo ha situado en la élite del baloncesto español. Habrá tiempo de evaluar lo sucedido esta temporada, ahora solo cabe la unidad, el apoyo y el ánimo. Habrá tiempo de analizarlo todo, pero no ayuda nada estar solo para las maduras y no para las duras. Podemos seguir pitando y pidiendo el cese de todo el mundo o animar e intentar elevar la moral de los jugadores y entrenador y abrigar e impulsar al equipo. Me parece que lo más justo y responsable es esto último. Siempre me dijeron que en las pasiones desatadas el baloncesto es distinto a otros deportes de masas. Insisto, es la hora de la unidad. Lo pido encarecidamente, porque nos jugamos mucho.