1000 DÍAS PARA LA TRANSFORMACIÓN

Es tiempo de avanzar unidos. Nos alejamos de quienes quieren empequeñecer a Gran Canaria por intereses particulares que contradicen la realidad y el interés general.

Los responsables públicos estamos obligados a dar cuenta de nuestro trabajo cuando tenemos responsabilidades de gobierno. Creo que el programa con que nos presentamos a las elecciones, y el proyecto que votamos cuando conformamos el gobierno de Gran Canaria en junio de 2015, necesitan ser cotejados con los hechos cuando se cumplen los mil días desde que asumimos esos compromisos. Valoración que, por otra parte, hemos hecho cada año desde que somos gobierno de la isla. Es buena época además, porque estamos alejados de cualquier confrontación o interés electoral, queda más de un año para la próxima convocatoria y podemos tener la calma necesaria para debatir datos y evaluaciones.


En un acto público expuse a la ciudadanía de Gran Canaria -acompañado por los consejeros y consejeras- las grandes decisiones y las actuaciones que nos parecen más relevantes de este periodo que considero de profunda transformación de Gran Canaria y de crecimiento de la confianza en que somos una isla con enormes posibilidades de progreso y renovación. El trabajo realizado tiene tres claves que explican la orientación en la que avanzamos. El Cabildo de Gran Canaria tiene un horizonte, un modelo de isla, que sustenta los presupuestos y las actuaciones de este equipo de gobierno. En segundo lugar, nos sabemos representantes de una sociedad, la grancanaria, que reclama respeto y equilibrio al gobierno de Canarias y al gobierno central. Y en tercer lugar, confirmamos el acierto en constituir una mayoría progresista que ha producido un gobierno estable, cumplidor de los pactos que se firmaron hace tres años. Este gobierno insular está alejado de todo el ruido y el descrédito que envuelve a otras administraciones que parecen envueltas en el lío, en lugar del trabajo y el servicio a los ciudadanos, como creo humildemente que está volcada la nuestra.

Digo que sabemos qué isla queremos mejorar y en qué dirección queremos invertir. Hablamos en primer lugar de una isla comprometida con las personas y el territorio que nos acoge. Hablamos de un modelo de Ecoisla que busca generar economía productiva para luchar contra la pobreza y la exclusión social desde la diversificación sostenida en la soberanía alimentaria, energética e hídrica. Desde la economía circular y la economía azul, desde el turismo sostenible, desde el fomento de las infraestructuras básicas.

Cuando sabemos dónde plantar, dónde priorizar, se gana tiempo y se rentabilizan las actuaciones. Y eso está ocurriendo en Gran Canaria. Apoyamos un modelo ecosocial donde ocupan un lugar central las políticas sociales que generan mecanismos de prevención y atención para los más desfavorecidos, de políticas de empleo de amplio espectro, de políticas de igualdad, de solidaridad, de compensación de desigualdades. Creo que los datos que resumo a continuación confirman esta impresión. Desde luego, dejan absolutamente claro que todos los indicadores mejoran significativamente desde 2015 -año en el que asumimos el gobierno de la isla- hasta estos momentos en que los datos positivos aumentan exponencialmente.

En Gran Canaria ha disminuido el paro en 34.500 personas entre junio de 2015 y diciembre de 2017. Es un dato esperanzador porque comprobamos que el crecimiento económico contribuye a la mejora del empleo. Es verdad que no en el número en que nos gustaría. Hay posibilidades de mayor contratación y de mayor calidad en esos contratos, por eso emplazamos al empresariado y a las administraciones públicas a abandonar políticas de austeridad o de cicatería y avanzar hacia políticas empleadoras como principal fuente de redistribución de la riqueza. La tasa de paro en ese mismo período ha descendido del 30,41% al 22,35%. Repito que no podemos conformarnos con esos datos, pero sí marcan una orientación que queremos afianzar.

Para hacer valoraciones debemos partir de datos ciertos. Y en este balance de los mil días de gobierno contamos con indicadores valiosos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE). En este periodo analizado, en Gran Canaria se incrementó en 42.249 el número de personas afiliadas a la Seguridad Social. Este dato nos habla de incremento de la actividad económica, del crecimiento de la contratación y de la mejora de perspectivas en la cotización de trabajadoras y trabajadores. En coherencia con la afiliación individual, también ha crecido en 1.666 el número de empresas inscritas en la Seguridad Social. No es indiferente que comprobemos que el nacimiento de nuevas empresas también se distribuye entre distintos sectores, para avanzar en la diversificación de nuestra economía.

En este momento de la valoración debemos preguntarnos qué papel juega la acción del Cabildo de Gran Canaria en esta evidente mejoría de la situación. Y la respuesta es que está contribuyendo decisivamente, no solo por el incremento histórico de inversiones; nunca se había alcanzado la cifra de 456 millones de euros de inversión en los presupuestos del Cabildo. También favorece la estabilidad de la estrategia de gobierno. Pero creo que estamos siendo eficaces fundamentalmente por la acción coordinada con los 21 municipios de la isla y por el liderazgo que se está ejerciendo en la orientación económica y social de todos los sectores productivos. Gran Canaria tiene gobierno, y eso se nota en las sinergias inversoras y en la colaboración con sectores innovadores para la creación de nuevas oportunidades y de nuevos espacios de creación. El mérito no es sólo del Cabildo, pero probablemente está siendo el periodo en que más visiblemente se está dejando ver la imagen de un nuevo Cabildo que quiere representar, defender y dinamizar una isla con enormes potencialidades.

La coincidencia de datos comprobados e independientes nos permite afirmar que Gran Canaria avanza. No se trata de estadísticas parciales o forzadas. La inmensa mayoría nos muestra una misma realidad. La confianza empresarial aumenta en casi 12 puntos. El número de hipotecas se incrementa en casi un 30%, siendo la expresión de una mayor capacidad de ahorro y una mejora relativa en los ingresos de las familias.

El año 2017 Gran Canaria ha recibido a 4.587.576 turistas, aumentando en casi un millón de visitantes durante el presente mandato. Este es un dato fundamental que expresa el trabajo coordinado entre el sector público y el sector privado, que nos permite ofrecer una imagen atractiva y renovada entre quienes se interesan por nuestra isla. El turismo sostenible que necesitamos contribuye al desarrollo de una política de conservación del paisaje, de apoyo a la producción agrícola y ganadera, de conservación de nuestro patrimonio natural e histórico, que tienen un enorme atractivo para quienes nos visitan. Esta visión integral de nuestra acción de gobierno da coherencia, impacta en quienes buscan señas de identidad y de originalidad que nos aportan valor añadido. Es muy valorada la apuesta por las energías renovables que van a distinguir a Gran Canaria como una isla que aspira a combatir el cambio climático con una decisión unificada por las energías limpias.

El cambio presupuestario es fundamental para explicar la transformación que se está produciendo en nuestra isla. Desde 2015 hasta hoy el presupuesto ha crecido en más de 262.346.572 de euros. No es resultado automático del aumento de recaudación. Es una decisión política que cree en el efecto activador de la economía, si las administraciones públicas priorizan inversiones productivas y mejoran infraestructuras públicas que dinamizan la iniciativa privada y la mejora de condiciones de vida de la ciudadanía.

Y hemos puesto en marcha un plan de inversiones como nunca se había realizado en la historia de esta institución insular. Estamos haciendo real y efectivo el Plan Transforma Gran Canaria, una propuesta de inversiones de 456 millones de euros que puede alcanzar los 500 millones en los próximos meses. 75.000 millones de las antiguas pesetas que pueden acercarse a los 85.000 millones. Nuestro gobierno cree que es tiempo de transformación, frente a las políticas conservadoras que solo piensan en recortes y ajustes. Y estas decisiones con una gestión económica saneada y sin generar déficit. Otra política era posible para Gran Canaria y los frutos los estamos comprobando.

Gran Canaria es hoy es un motor económico de primer orden, a pesar del trato discriminatorio que recibe, como hemos demostrado. El Cabildo de Gran Canaria se ha convertido en el catalizador de las inquietudes y las iniciativas públicas incentivadoras y dinamizadoras de la economía insular, en el impulsor de la internacionalización de nuestras posibilidades de desarrollo, en el fiel que intenta equilibrar el crecimiento económico con el desarrollo social, porque no hay economía sana sin una sociedad sana.

Es tiempo de avanzar unidos. Nos alejamos de quienes quieren empequeñecer a Gran Canaria por intereses particulares que contradicen la realidad y el interés general. Saben que este Cabildo de Gran Canaria no va a desfallecer en la defensa de esta isla, vengan los ataques, o la desconsideración de donde venga. Es triste que quienes tienen que representar a todos, se olviden de esa obligación y apuesten por un trato de privilegio en perjuicio de Gran Canaria. El balance que hoy les presento es muy esperanzador. Nuestras fortalezas para afrontar el futuro de cambio y progreso son visibles. Tenemos retos apasionantes y si mantenemos el rumbo, la entereza y la pasión por nuestra isla como mejor contribución al engrandecimiento de Canarias, los avances que ya comprobamos se van a transformar en esa isla de las oportunidades que entre todos podemos construir.

REPENSAR Y REGENERAR CANARIAS (y 3)

En esta serie de artículos, agrupados bajo el epígrafe común Repensar y regenerar Canarias, he defendido unas Islas de la equidad y de las oportunidades, fundamentadas en el autogobierno, en la descentralización y en la implementación de políticas al servicio de la mayoría social. Y una de las grandes oportunidades de esta tierra, a menudo infravalorada, es la de ser un archipiélago estratégicamente situado y con una naturaleza incomparable. Una de las grandes fortalezas la constituye su medio natural. Afortunadamente, cada vez más población así lo entiende y la propuesta de ecoisla que defendemos va recibiendo más apoyo transversal.

El empresariado con más visión reconoce en la sostenibilidad un elemento de enorme atractivo para las poblaciones europeas sensibilizadas que nos visitan. Pero también se implican los investigadores e investigadoras que descubren en nuestros endemismos, en las reservas de la biosfera o en los parques naturales, una oportunidad de conocimiento y conservación. Y un movimiento ecologista cada vez más integrador, más amplio y con más arraigo en la ciudadanía, demanda el cuidado de nuestra flora, de la costa, de las especies protegidas… de la biodiversidad  en general.

Nuestra condición insular y nuestra posición geográfica comportan límites que hemos desdibujado o despreciado, y tenemos que asumirlos seria y profundamente. Nuestro territorio es limitado y ya soporta una enorme carga. Tenemos que impulsar un desarrollo auténticamente sostenible, alternativo, creador de bienestar y defensor de lo público, del patrimonio común.

Y la sostenibilidad nos lleva de la mano a la soberanía alimentaria, energética o medio ambiental. Nos obliga a ser muy cautos con el uso de nuestro territorio y de nuestros limitados recursos naturales. Nos fuerza a mejorar nuestros niveles de autonomía energética. Además, como sociedad no podemos estar ajenos a los compromisos con la sostenibilidad del planeta y a evitar el calentamiento global. Los cambios climáticos nos están afectando y debemos aplicar de forma contundente todas las directrices que marcan las cumbres del clima.

El calentamiento global ha venido para quedarse. El cambio climático no está esperando a que nos lo tomemos en serio. La inacción es una forma de destruir nuestro propio futuro. No podemos ya evitar el calentamiento, pero cada vez se nos está haciendo más tarde para reducir su dimensión y sus efectos. Somos islas y vivimos del turismo, ¿qué más necesitamos para implicarnos seria y decididamente en la lucha contra el cambio climático?

Las oportunidades que nos brindan los avances tecnológicos para la eficiencia energética, y el aprovechamiento de las energías renovables, tanto en nuestro suelo como en el mar, así como los sistemas inteligentes de gestión de redes energéticas, van a facilitar de manera considerable la disminución de  nuestra dependencia energética exterior de fuentes fósiles. Lo repito alto y claro: la introducción del gas es situarse en el pasado y forjar una nueva dependencia. Y frenar la penetración de las renovables, que son el futuro y la base de nuestra soberanía energética. Y obstaculizar la democratización de la energía.

Nuestras políticas deben orientarse a acelerar el proceso de implementación de estas tecnologías energéticas y concentrar nuestros esfuerzos en resolver todos los problemas regulatorios que están impidiendo su avance.

La soberanía alimentaria tiene que dinamizar todo el sector rural. Tenemos que recuperar el mercado de 4 millones y medio de turistas en la isla o de 16 en el archipiélago para aumentar el consumo de nuestros productos agrícolas y ganaderos. Tenemos mercado, tenemos territorio, clima y tecnología suficiente. Y productos de gran calidad. Debemos reforzar el apoyo institucional para que la población encuentre aliciente en la regeneración de nuestro sector primario.

Tenemos que reequilibrar y dinamizar nuestra realidad canaria. Pero parte de lo que nos pasa tiene su origen en una desconsideración del Estado con Canarias. Si analizamos esta relación desde la etapa predemocrática, debemos recordar que incluso sin morir Franco se rechazó la propuesta del REF.

La relación de Canarias con el Estado fue singular desde el mismo momento de la conquista. Primero fue el privilegio de franqueza de 20 de enero de 1487, que otorgó a Gran Canaria una exención durante veinte años de la gran mayoría de los tributos que componían la Hacienda real. Esa franqueza pasó a perpetuidad en 1507. Con posterioridad se instaura el Régimen de Puertos Francos y a partir de 1972 el Régimen Económico y Fiscal. Quiero destacar que se reconoció nuestra singularidad desde el primer momento de la conquista y nunca fueron sistemas gratuitamente concedidos sino duramente batallados.

Y en esas volvemos a estar. La mejor demostración del desinterés, del desconocimiento que el Estado muestra por Canarias es que solo existimos cuando parlamentariamente somos imprescindibles. Al amparo de la crisis económica, el Estado ha incumplido convenios, mandatos legales como la financiación autonómica o las inversiones en Canarias que deben estar en la media del Estado. Las inversiones del Estado deben estar situadas al menos en la media del conjunto de las comunidades, además de las que se contemplan para compensar el hecho insular. En esas exigencias de NC al Estado, como en otras en el ámbito europeo, coincidimos con CC, pese a las grandes diferencias que mantenemos en la política canaria.

Debemos, asimismo, ser más exigentes con nosotros mismos. Debemos reivindicar un tratamiento justo y una distribución justa de los recursos, pero eso se tiene que traducir en saber dar respuestas a las demandas de nuestra sociedad y resolver los problemas que acucian a nuestra tierra.

Además, debemos consolidar nuestra consideración de Región Ultraperiférica de la UE. Estando atentos a que los fondos destinados a estas regiones se puedan ver afectados por el Brexit o por la incorporación de estados con renta inferior a la media europea… Pero se debe cumplir. Como señaló recientemente Corina Cretu, comisaria europea de Política Regional: “Canarias debe probar que los actuales fondos para las RUP son usados de manera efectiva en el terreno y que los proyectos financiados contribuyen de manera significativa al desarrollo socioeconómico de estas regiones. Es la mejor manera de demostrar que las políticas de cohesión en Canarias son necesarias, que es útil y que debería continuar. Es importante demostrar el valor añadido de la política de cohesión, que aporta resultados concretos a la gente.”

Concluyo. Esta es la Canarias que podemos y debemos repensar y regenerar con la implicación de toda la sociedad que comparte este deseo de esperanza y a la vez de urgencia. Hay camino, hay proyecto, hay equipos, hay personas. Queremos una Gran Canaria que contribuya decisivamente al desarrollo de Canarias desde el impulso económico, la solidaridad, la innovación, la creatividad, la sostenibilidad y la cooperación. Esta Isla no quiere renunciar a su papel histórico de motor económico, cultural y social de Canarias. Tenemos un modelo y un proyecto para defenderlo. Tenemos una concepción de País Canario a la que no renunciamos.

Renuevo continuamente la esperanza. No me siento, no nos sentimos solos. Resulta imprescindible para persistir en la construcción de un proyecto de transformación en el que creemos firmemente. Lo dije en mi discurso de investidura. Lo sigo reiterando. Es una tarea de todos y de todas. Asumiendo, cada uno en su ámbito, el compromiso de regeneración que Canarias nos demanda. Desde el autogobierno y la vertebración territorial y social. Desde una economía para superar las desigualdades. Desde una Canarias equilibrada y sostenible.

REPENSAR Y REGENERAR CANARIAS (2)

Debemos desarrollar nuevos sectores productivos que contribuyan a aumentar la productividad y la diversificación económica.

En un primer texto abordé la situación política canaria, su dimensión territorial y social, los déficits del autogobierno y el maltrato estatal. Me detendré ahora en la estructura económica. En las propuestas para una nueva economía que contribuya a superar las desigualdades. Lo hago en un momento en que asistimos a síntomas de recuperación económica impulsados por datos históricos de ingresos y ocupación turística y por un repunte del consumo. Empezamos a superar la lacra de la burbuja inmobiliaria, con los excesos en la política bancaria, resueltos con daños para pymes y ahorradores, así como con un cierre total de créditos. Y con el añadido de la parálisis en la inversión pública. Y de un ataque brutal a lo público para desacreditarlo, para justificar su privatización…


En mi opinión, contamos con dos fortalezas relevantes para avanzar hacia la diversificación productiva. Por un lado, disponer de una economía más capitalizada, entre otros factores por los recursos de la Reserva de Inversiones (RIC) y del conjunto de incentivos del REF. Y, por otro, el enorme capital humano creado en los últimos 20 años que es la base para la iniciativa individual, la innovación tecnológica y la generación de pequeñas y medianas empresas. Para la nueva economía.

Defiendo una propuesta canarista. El nacionalismo canario de progreso tiene tres virtualidades: es reivindicativo ante el Estado, prioriza la lucha por la igualdad social y la defensa del territorio, y busca el equilibrio entre todas las islas. Reitero que creo en el patriotismo del medio ambiente y la solidaridad.

El modelo Administrativo de Canarias debe reformarse. Preservando para la Administración Autonómica todas aquellas competencias relacionadas con la financiación y prestación de las áreas vinculadas al Estado del Bienestar y descentralizando en las Administraciones insulares y locales todas las competencias y servicios cercanos a la ciudadanía. Acompañado todo ello de un apropiado marco regulatorio de financiación equitativa y de gestión.

Propugno, además, el compromiso con unas finanzas públicas sólidas y saneadas. Esencial para desarrollar hoy políticas de gasto sostenibles y, también, para estar preparados ante coyunturas económicas desfavorables en las que sea preciso afrontar políticas expansivas de gasto público.

También creo que debemos apostar por la innovación en la gestión pública y dignificación de esta y del funcionariado, elementos claves para el funcionamiento de las instituciones, de la sociedad y de la economía. La política del Gobierno central del PP ha consistido, con la excusa de la crisis, en un desmantelamiento de los sistemas públicos de gestión, por la prohibición de contratación o de dotación de las necesidades en administraciones saneadas. Y sin personal no hay empresa que funcione. Tampoco la administración pública.

La gran señal de la regeneración es la transformación de las desigualdades sociales. Necesitamos impulsar dinamismo económico y redistribución social. La gran tarea pública es la suficiente dotación de los cuatro grandes servicios: la sanidad, la educación, la dependencia y las pensiones. Pero la cohesión social nace también de unos salarios dignos, de un empleo estable, de un parque de viviendas accesible, de una formación profesional generalizada.

En ese sentido, considero esencial la creación de la Renta Básica Canaria, que garantice un ingreso mínimo a las unidades familiares. Un antídoto contra la pobreza y la exclusión social que ya está en funcionamiento en varias comunidades, siendo un referente la Renta de Garantía de Ingresos en el País Vasco.

Una sociedad justa requiere una economía competitiva. Y esta propuesta que desgrano rechaza la posición neoliberal que afirma que son postulados contradictorios. Una economía dinámica supone reforzar los sectores que proporcionen mayor valor añadido a las islas y pueden ser palancas para generar nuevo empleo. La mejora de nuestra competitividad tiene que estar basada en nuestras potencialidades (localización, especialización, recursos naturales, talento joven y fiscalidad) y en el aprovechamiento de las oportunidades que proporciona la economía global.

Este reto requiere de esfuerzos en diversos vectores, tanto en lo concerniente a los factores productivos como a los relacionados con el entorno en el que se desarrollan las actividades económicas.

El turismo y el ocio van a continuar siendo sectores clave en el crecimiento económico y de empleo de Canarias. Para ello hay que insistir en la calidad y la diversificación de la oferta, como elementos esenciales para fidelizar y mejorar el valor añadido de nuestro destino. Creo necesaria la Tasa Turística que defiende Nueva Canarias y que funciona perfectamente en otras comunidades españolas o en distintos países. Debe tener carácter finalista. Debe estar controlada y dirigida desde el ámbito público y el privado.

Pero, asimismo, debemos desarrollar nuevos sectores productivos que contribuyan a aumentar la productividad y la diversificación económica. Entre otros, la industria del software, los servicios marítimos y off-shore, la astrofísica, las energías renovables, la biotecnología marina, la industria audiovisual y de contenidos digitales podrían ser ejemplos de ello.

Un sector que debemos considerar preferente es el de la “economía azul” o las actividades marítimo-marinas. Gran Canaria reúne todas las condiciones para ser un centro de referencia español e importante en la UE en ciencias marítimo-marinas, como lo demuestra la existencia de la PLOCAN, el  Banco Español de Algas, el Instituto Universitario de Acuicultura Sostenible y Ecosistemas Marinos, Instituto Universitario de Oceanografía y Cambio Global, el puerto de Taliarte, etcétera. Además, el puerto de Las Palmas, uno de los más importantes de España en cuanto a transportes de mercancías, dispone, asimismo, de las mejores instalaciones de reparación de barcos y plataformas del Atlántico Medio.

Igualmente los sectores de la biotecnología y la biomedicina tienen una enorme potencialidad. El Cabildo de Gran Canaria intensificará su apoyo y trabaja en varios frentes en estos momentos para afianzar este modelo. La Sociedad de Promoción Económica de Gran Canaria (SPEGC) es un gran instrumento de impulso y colaboración.

Somos conscientes de que la inseguridad jurídica está limitando la inversión empresarial. Creo que la inseguridad jurídica y la baja eficacia administrativa en la gestión urbanística y tributaria nos están restando bastantes puntos de competitividad. Por ello todas las instituciones debemos abordar de una manera decidida y clara un esfuerzo por mejorar la calidad y seguridad del sistema jurídico que regula las actividades económicas y empresariales. Es obvio que esto difícilmente se puede conseguir recortando a la administración pública.

Considero, además, que la consolidación de los incentivos fiscales a la inversión empresarial y a la creación de empleo deben estar en nuestra agenda de prioridades para la próxima década.

Por último, la respuesta educativa a las demandas del nuevo sistema productivo tiene que ser más eficaz; tenemos que buscar nuevos cauces para que la formación profesional, la formación continua y la formación universitaria provea de los profesionales que los nuevos sectores y servicios productivos van a demandar. Además, esta respuesta educativa debe animar a muchos de nuestros jóvenes a convertirse en innovadores empresariales y sociales. Y a no dejar de ser críticos, a no perder las imprescindibles referencias humanistas.

Todas estas propuestas, planteadas aquí de forma necesariamente resumida, deben tener como marco referencial una Canarias equilibrada y sostenible. A ello dedicaré la próxima entrega de Repensar y regenerar Canarias.

REPENSAR Y REGENERAR CANARIAS (1)

El pasado día 5 de febrero, Canarias 7 me invitó a inaugurar un ciclo de conferencias concebido como un espacio para repensar Canarias desde visiones distintas.  Esa casa me ha abierto siempre sus puertas para exponer cada semana, libremente, mis opiniones y en esta ocasión acepté encantado y agradecido que me invitaran a abrir el debate y a poder exponer mi manera de entender Gran Canaria y Canarias. Mis próximos tres artículos están dedicados a resumir lo que aquel día trasladé a los responsables del periódico y las personas que nos acompañaron. Hoy me voy a central en el autogobierno y la vertebración territorial y social.


La tarea de los gobernantes no puede quedar limitada a la toma de decisiones, a la acción, a la aplicación de los programas electorales en las distintas instituciones. También se encuentra entre sus obligaciones, y aún más en tiempos de profundos cambios tecnológicos, económicos y sociales, el permanente ejercicio de la reflexión. Un esfuerzo que debe servirnos para contribuir a transformar nuestra sociedad, la política, los valores dominantes, la cultura que se nos impone.

En este sentido, he venido planteando en muy diversos foros la necesidad de llevar a cabo una labor regeneracionista – mi charla en C7 la titulé “Repensar Canarias desde la regeneración”- entendida ésta como un proceso colectivo destinado a recuperar la estructura y la función de los órganos o partes del cuerpo dañados, en este caso no de sistemas biológicos sino en el ámbito de las complejas sociedades del siglo XXI. Recuperando el espíritu que animó al regeneracionismo español de los siglos XIX y XX, pero en clave de este comienzo de milenio, y pensando desde y para Canarias.

La Canarias de hoy puede ser definida como una sociedad de  paradojas. Tras casi cuatro décadas de autonomía mantenemos elevados niveles de dependencia económica, sin haber logrado construir un modelo autocentrado, en función de nuestras necesidades y aspiraciones. Disponemos de mayor Renta per Cápita –después de la caída experimentada entre 2009 y 2014- y, a la vez, ha ido aumentando la desigualdad social. Alcanzamos los niveles de formación más altos y también la fuga de cerebros que descapitaliza nuestra sociedad. Después de 25 años de gobiernos nacionalistas resurge el neoinsularismo que nos enfrenta y nos debilita. Con datos turísticos históricos padecemos cifras de desempleo por encima del 20% y tasas inaceptables de pobreza y de exclusión social. Disponemos de poderosas herramientas fiscales y de capitalización, pero el tejido empresarial está aún insuficientemente desarrollado.

Defensor del autogobierno me planteo hoy, como muchos hombres y mujeres de Canarias, para qué nos ha servido la autonomía y, especialmente, qué transformaciones hay que implementar, en el marco estatutario y, sobre todo, en la orientación de las políticas, para acabar con la dependencia económica, el desequilibrio y la fractura social que padecemos.

Es cierto que la autonomía supuso una enorme transformación en los dos grandes servicios públicos, el educativo y el sanitario, que tenían desarrollos muy débiles hasta entonces. Pero no es menos cierto que estos han sufrido un proceso de deterioro relevante en la etapa más reciente y que no tienen hoy –pese al esfuerzo y la calidad de sus profesionales- los niveles de excelencia que exigen y merecen los ciudadanos y ciudadanas. Y son imprescindibles como base de la convivencia y el desarrollo.

Las infraestructuras han experimentado en las últimas décadas un salto cuantitativo y cualitativo muy importante. Contamos con modernos puertos y aeropuertos, hospitales y centros universitarios. Hemos mejorado las carreteras, avanzado en las comunicaciones internas y en la conectividad con el exterior. Sin embargo, hemos sido incapaces de diversificar los sectores productivos, con insuficientes equilibrios en el peso de la industria o del sector primario en el conjunto de nuestra economía. El sector empresarial tiene mayor consistencia y capacidad económica pero no avanza suficientemente hacia nuevos sectores estratégicos.

Tengo la impresión, creo que compartida con muchos ciudadanos y ciudadanas, de que, tras 35 años de un Estatuto que reconoce “su identidad singular y  el  derecho  al  autogobierno”, Canarias ha desaprovechado parte de estas potencialidades y nos encontramos lejos de los objetivos que marca su artículo 1: “la defensa de los intereses canarios, la solidaridad entre todos cuantos integran el pueblo canario, del que emanan sus poderes, el desarrollo equilibrado de las islas y la cooperación con otros pueblos, en el marco constitucional y estatutario”.

Desde la instauración del autogobierno hemos avanzado en la vertebración social y territorial de Canarias. Las islas menos pobladas se han visto por primera vez atendidas posibilitando que alcancen niveles de mayor desarrollo y que cuenten con mejores servicios. Pero en esta legislatura autonómica se ha producido un peligroso retroceso hacia insularismos estrechos e insolidarios, peligrosamente patrocinados por el titular del Ejecutivo y su partido, con desequilibrios inaceptables de inversiones y políticas públicas en sanidad, educación o dependencia.

A ese retroceso en la vertebración territorial se suma el experimentado en la vertebración social. Ha crecido la desigualdad. Nos situamos en lugares de cabeza del Estado en desempleo y pobreza; y de cola en salarios, prestaciones sociales y pensiones, así como en la aplicación de la ley de la dependencia. La riqueza que se genera se redistribuye mal. Nuestra generación joven con mayores niveles de formación encuentra pocas oportunidades aquí y se ve obligada a buscarlas lejos de su tierra. Se producen discriminaciones igualmente sangrantes que proceden de la desigualdad de género y la violencia machista.

A los erradas políticas del Gobierno canario se le suma el maltrato por parte del Gobierno central, que ha supuesto contar con menos inversiones para los servicios públicos fundamentales y para la puesta en marcha o finalización de distintas infraestructuras -como sucede con el convenio de carreteras- y, consiguientemente, han afectado a nuestra economía y a nuestros niveles de empleo y equidad. Un maltrato que solo ha empezado a ser corregido cuando las matemáticas parlamentarias hacían indispensable el voto de diputados de partidos nacionalistas canarios para aprobar las cuentas públicas estatales.

Se precisa un nacionalismo fuerte, coherente, centrado en la defensa de los intereses de la mayoría social, para que este pequeño pueblo pueda defender en España y en la Unión Europea sus justas reivindicaciones, sus exigencias de implementación de medidas que rebajen los hándicaps que suponen nuestra lejanía y fraccionamiento territorial, asuntos que no siempre son entendidos en el territorio continental. Y se necesita, al mismo tiempo, un buen Gobierno en Canarias; que oriente todas sus políticas para mejorar la calidad de vida de sus habitantes, diversificar su economía, generar empleo, combatir las desigualdades y proteger su naturaleza.

La Canarias del siglo XXI tiene que garantizar la solidaridad para permanecer cohesionada. Este es el patriotismo –no el de la exhibición de banderas y proclamas- en el que creo. Identificado, además, con la defensa del territorio y el medio ambiente que nos hace privilegiados a los hombres y mujeres de Gran Canaria y de Canarias. A cómo plasmarlo en el ámbito económico y social, para avanzar hacia una nacionalidad canaria equilibrada social y territorialmente, dedicaré las próximas reflexiones.

UNA CIUDADANÍA PARA EL CAMBIO

Sin ningún tipo de dudas contribuiría a que tuviéramos menos periodismo mercenario, menos partidos corruptos, menos recortes de derechos, libertades y servicios públicos… En definitiva, más democracia.

Oliver Goldsmith, ensayista del XVIII, nos dejó escrito que “mal le va al país, presa de inminentes males, cuando la riqueza se acumula y los hombres decaen”. Hace unos meses, Radio ECCA me invitó a participar con ellos en una jornada que convocaron para debatir los “Desafíos para la construcción de una ciudadanía global protagonista del cambio”. Acepté con  mucho interés participar en esta reflexión que hacían porque coincide con una preocupación personal creciente, que me ha acompañado en los 31 años de servicio público en las instituciones democráticas y se relaciona con objetivos del gobierno que presido en el Cabildo de Gran Canaria. Por eso creí y creo que es útil, actual y oportuna esa puesta en común. ECCA siempre con la educación, con la formación. Bastaría para valorarla la urgente necesidad que tenemos, como ciudadanos de este tiempo y de este lugar, de encontrar espacios para la reflexión sobre las prioridades y los objetivos sobre los que tenemos que trabajar para la mejora de la sociedad en un tiempo nuevo y que respondan a las inquietudes de una colectividad desconcertada por el agotamiento de los paradigmas tradicionales. Y más en estos momentos de alientos a la tiranía.


Vivimos en una sociedad radicalmente distinta a la de hace apenas 15 años. Los cambios económicos, sociales, tecnológicos, políticos, ideológicos son tan profundos que ya no estamos en una era industrial como ocurría hasta hace poco, sino en una humanidad, que en la incertidumbre, busca su caracterización: sociedad red como propone Castell, o sociedad del riesgo como avanza Ulrich Beck, sociedad globalizada en el análisis de Giddens, sociedad postindustrial de Touraine o Galbraith o la sociedad líquida de Zygmunt Bauman.

La propia diversidad de denominaciones habla de un tiempo en construcción, de un tiempo de cambio, de una transición a una sociedad que ya no es la que conocimos al nacer o al formarnos y que no terminamos de identificar. Entre otras cosas porque no hay consenso en establecer los elementos nucleares que nos caracterizan. Muchas de las cosas que nos están pasando ocurren porque hay poderes económicos nuevos, las multinacionales o la economía virtual, por ejemplo; situaciones políticas desconocidas como el neoliberalismo capitalista mundializado, presencia de medios de comunicación y conexiones como las que derivan de internet y las redes sociales que crean una realidad virtual que nos mediatiza; tecnologías que modifican el modelo de producción y las relaciones laborales.

Y en este contexto las ideologías que han explicado nuestra realidad social  y la organización de la sociedad, han quedado desactivadas por estos cambios y por los clamorosos fracasos de los modelos que se inspiraron en ellas. Habíamos consensuado unos valores para las sociedades democráticas desarrolladas, pero están en entredicho porque crece el individualismo, aumenta la fractura social y las desigualdades, repunta la pobreza, el consumismo se convierte en una nueva religión, el planeta se desangra en un cambio climático que amenaza la supervivencia. Se debilita el contrato social que inspiró los “estados de bienestar” y por tanto el papel redistribuidor del Estado pierde fuerza y legitimidad. Crece el divorcio entre el poder y la política, en expresión de Bauman, entre otras cosas porque el poder se desplaza hacia la esfera financiera y condiciona la acción de los gobiernos: “hoy tenemos un poder que se ha quitado de encima a la política y una política despojada de poder”. Es fácil entender las consecuencias sociales, éticas y de legitimidad democrática que esta realidad supone.

Esta nueva realidad plantea desafíos desconocidos y críticos para que prevalezca una orientación democrática, humanizadora, liberadora, frente a la lógica del lucro, del beneficio, de la superficialidad que todo lo banaliza. Este es el primer gran desafío, elegir una dirección inclusiva, sostenible, integral, frente a la lógica del mercado, del armamentismo y de las multinacionales. Y este desafío no se gana ni individualmente, ni solo en los despachos, ni solo con buenas intenciones.

Este desafío exige un análisis de la realidad muy riguroso y multidisciplinar. Tenemos que aprovechar todas las investigaciones de las ciencias sociales, medioambientales, humanísticas, tecnológicas y de la comunicación para definir las posibilidades, los riesgos y los recursos disponibles para decidir en cada momento y ante las distintas dimensiones, con fundamentos sólidos.

Pero además este diagnóstico tiene que ser participativo, abierto, colectivo porque así garantizamos que la implicación sea de la mayoría social, de la ciudadanía y no solo de las élites, de las minorías pensantes o dirigentes. En este nuevo horizonte, el sujeto tiene que incluir a toda la población que progresivamente conozca, valore, se implique, coopere, actúe y revise el proyecto. Y aquí cobra sentido el título de las Jornadas de ECCA:  desafíos para una ciudadanía global.

Porque las decisiones estratégicas afectan a los 7.600 millones de ciudadanos que habitamos este planeta y no podemos sustraernos a ellas. Esta influencia se ha visibilizado con claridad en los últimos diez años. Solo un par de ejemplos: salta la crisis económica por quiebras de bancos y aseguradoras de EEUU y el impacto se propaga en forma de crisis socioeconómica por todo el mundo. Nosotros seguimos afectados por esa quiebra. Empeora el cambio climático, aumenta el calentamiento global y se pone en riesgo al planeta. Nuestra forma de pensar, de hablar y de comunicarnos se altera por la irrupción de nuevos medios de comunicación y por redes sociales que producen otra forma de conocer, de interpretar  y de asimilar la realidad. Todos nosotros estamos bajo esa influencia.

Ante desafíos globales necesitamos respuestas sociales que cuenten con la participación activa de toda la sociedad. Lo contrario es retroceder a situaciones de vasallaje y no de progreso y calidad democrática. Pero además no resuelven el problema, porque los poderes multinacionales solo pueden ser contrapuestos por una sociedad informada y autodeterminada. Y es el único camino que nos aleja de la barbarie y la destrucción. La lógica económica sin rostro humano y sin prioridades sociales desconoce el precipicio y alienta la cultura de sálvese quien pueda.

Ya lo creo que tenemos desafíos. Desafíos sociales, económicos, políticos, morales, ideológicos. Y probablemente el mayor es el de convencernos que reconstruimos juntos o destruimos la única posibilidad de convivir como humanos. Es asunto de toda la sociedad. Es la hora de la ciudadanía. No podemos seguir siendo, como ha dicho  Rafael Argullol, una democracia de avestruces: “todos con la cabeza bajo el ala y, por supuesto, sin mirar nunca de frente”.

Cornelius Castoriadis en su obra “Detener el crecimiento de la insignificancia”, nos dice que frente a lo que llama el conformismo generalizado, en oposición al ejercicio de sus derechos y sus deberes democráticos y citando a Tucídides: “Hay que elegir: descansar o ser libre” y clama: “Ustedes no pueden reposar. No pueden sentarse frente al televisor. Ustedes no son libres cuando están frente al televisor. Ustedes creen que son libres haciendo zapping como imbéciles, ustedes no son libres, es una falsa libertad. Este es el gran problema de la democracia y el individualismo”.

Es el mismo camino que transita Félix Ovejero en “¿Idiotas o ciudadanos?”cuando manifiesta: “La democracia liberal nunca ha confiado en los ciudadanos (…) Sencillamente, el absentismo ciudadano forma parte del guión con el que se han diseñado las instituciones (…) Es lo previsto. La apatía o la falta de participación es más que un reto una solución a la exigencia liberal de preservar la libertad negativa(…) Lo malo es que el desinterés por la actividad pública parece traducirse en un empeoramiento de casi todas las sendas, de las condiciones en las que llevar a cabo cualquier plan de vida”.

Esta reflexión cívica desemboca en la necesidad imperiosa del cambio de modelo de sociedad. Considero que es cuestión de supervivencia. Pero al mismo tiempo debo ser honesto y compartir que no veo suficientes señales de la aparición de ese sujeto motor del cambio que es la ciudadanía global. Me temo que los poderes económicos capitalistas y multinacionales se han adaptado mejor a la nueva situación que los miles de millones de ciudadanos que vemos recortados nuestros derechos cívicos, socioeconómicos y medioambientales.

Pero debemos hacer de la necesidad virtud y aprovechar debates como el de Radio Ecca para abrir caminos para la construcción de ese sujeto crítico. Y sugiero cuatro aportaciones que nos permitan pasar de la melancolía a la acción: que hagamos una inmersión en la realidad para evitar confundirla con los deseos. Para conocer los factores económicos, sociales, políticos, tecnológicos o medioambientales que nos condicionan. Sin trampas. Pero al mismo tiempo sin claudicaciones, porque debemos relacionarnos con las nuevas utopías que alumbren un planeta humano, justo y sostenible; que huyamos de los tecnicismos que reducen el debate a la minoría formada y al mismo tiempo de la política. Es tiempo de definir prioridades que es la gran tarea de la acción pública; que participemos en acciones organizadas que nos identifiquen con el sujeto global de cambio. Que supere el individualismo y afiance redes sociales de transformación; que construyamos una cultura de la emancipación y la solidaridad como alternativa a la cultura homogeneizadora y subalterna. Sin ningún tipo de dudas contribuiría a que tuviéramos menos periodismo mercenario, menos partidos corruptos, menos recortes de derechos, libertades y servicios públicos… En definitiva, más democracia.