Los nuevos retos del turismo

Tenemos experiencias, profesionales y un entorno de seguridades con los que es muy difícil competir. Y es aquí donde debemos agarrarnos para afianzar nuestras posibilidades de futuro.

Un tercio del PIB grancanario depende de la industria turística. En apenas siete años hemos pasado de un 25% a un 34% del PIB. Alrededor de un 40% del empleo pertenece a este sector (simplemente estoy haciendo una valoración cuantitativa y no cualitativa, porque es verdad que el crecimiento  no ha avanzado en paralelo al aumento de los salarios y a la quiebra de la temporalidad y la precariedad laboral). La incidencia en otros ámbitos de la economía es clara y evidente. Sin ningún tipo de dudas, el turismo es hoy en día el auténtico motor de la economía de las islas. 

En los últimos dos o tres años hemos vivido una de las épocas más positivas de la actividad turística en nuestra tierra, al menos, de los últimos quince años. El número de turistas que llega a Gran Canaria se ha incrementado, en apenas cuatro años, en más de un millón de personas, alcanzando los 4.587.000 el año pasado. Ha aumentado el gasto medio por turista y la cifra total de ingresos que aporta la actividad turística a la economía grancanaria. Ha crecido el número de establecimientos restaurados y renovados, ha mejorado la conectividad de nuestro destino, ha aumentado también la inversión pública en instalaciones y equipamientos colectivos como es el caso de la recuperación del sistema dunar, el parque Tony Gallardo o la rehabilitación del Faro de Maspalomas, por citar solo algunos ejemplos significativos. La realidad es que se han ejecutado y se están ejecutando inversiones insulares por más de 20 millones de euros.

Pero esta realidad nos debe obligar a estar revisando continuamente las oportunidades y los riesgos a los que un sistema globalizado nos enfrenta cada día. Es necesario que consideremos que no debemos dejar de reflexionar  sobre los nuevos retos del turismo, de descubrir oportunidades que la isla debe rentabilizar y de aunar voluntades para facilitar una estrategia común.

Y hago esta primera valoración para justificar que debemos huir de dos extremos que me parecen igualmente inoportunos. Uno es la tentación del triunfalismo y el conformismo que nos pueden nublar e impedir un análisis objetivo para diferenciar  cuáles son aciertos o fortalezas de nuestro destino y cuáles son ventajas coyunturales que debemos aprovechar, pero sabiendo que tienen plazo de caducidad.

El otro riesgo que yo deseo evitar es el catastrofismo que exagera lo que funciona mal y las disfunciones que puedan existir entre los distintos agentes del sector transmitiendo mensajes que debilitan nuestra imagen y distrayéndonos de los grandes retos que estamos acometiendo en común. Siempre han existido los profetas del pesimismo, pero es más perverso cuando este pesimismo se utiliza para la contienda política porque genera crispación, dudas y miedos en la sociedad y en la clase trabajadora y empresarial del sector del sector. También porque, de manera irresponsable, se transmiten dudas a los posibles inversores. Es más grave cuando estas dudas las provocan patronales empresariales para apoyar precisamente a una organización política (CC) que ha frenado gravemente el desarrollo turístico de Gran Canaria en los últimos años impidiendo la posibilidad de que se construyeran en nuestra isla hoteles de cuatro estrellas. 

No quiero agotar un diagnóstico pero creo que podemos acordar que Gran Canaria sigue siendo el destino más demandado, con una alta fidelización, con una oferta residencial de calidad, con una rentabilidad creciente, con unas condiciones naturales atractivas y diversificadas y con una marca internacionalmente consolidada  que ofrece niveles de seguridad muy altos.

En este proceso hemos descubierto que nos quedan tareas importantes por mejorar. La oferta de hoteles de cuatro y cinco estrellas tiene que aumentar y hay que aprovechar el suelo turístico calificado para afrontarlo. La rehabilitación de instalaciones hoteleras y extrahoteleras que han quedado desfasadas debe continuar. Los equipamientos públicos en los espacios de playa, comerciales o de ocio deben ganar en calidad. Las guerras empresariales  y la acaparación de suelo calificado deben cesar para no poner en riesgo las inversiones. La inacción y  el sectarismo de algún que otro ayuntamiento turístico no pueden condicionar las mejoras del sector ni frenar propuestas que generan nuevos atractivos.

La introducción de las nuevas tecnologías nos abre múltiples posibilidades que nos pueden facilitar avanzar, entre otros retos en el desarrollo de ciudades, destinos o islas inteligentes. Las tecnologías de la información están impactando de manera decisiva en la industria turística. En esta última década hemos presenciado unos cambios trascendentales en las reglas del juego y en el funcionamiento de los mercados. En particular los cambios producidos por las comunicaciones móviles, las redes sociales y el comercio electrónico han supuesto importantes transformaciones tanto  en la oferta como en la demanda del sector. 

En el Cabildo de Gran Canaria y en el Patronato de Turismo estamos prestando mucha atención a estos cambios tecnológicos y a cómo nos afectan en nuestra forma de promocionarnos como destino turístico y en la manera que tenemos de atender las demandas de servicios digitales de los visitantes.

En este contexto, entiendo que el liderazgo y las responsabilidades que asume el Cabildo de Gran Canaria deben orientarse hacia estrategias que refuercen las fortalezas que se han manifestado durante los últimos años.

Necesitamos mantener la unidad de acción de todo el sector y potenciar la colaboración entre la iniciativa privada y la pública. También con nuestra universidad: el Instituto de Turismo y Desarrollo Económico Sostenible (TIDES) es hoy una referencia mundial en investigación en turismo de excelencia. La política consensuada de promoción exterior, de colaboración con las organizaciones empresariales y sindicales y de apoyo a las iniciativas que han nacido desde la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria son muestras del estilo que propongo afianzar.

El imán que atrae visitantes e iniciativas es la marca Gran Canaria. La creatividad de unos, la eficacia de otros, la disponibilidad de todos, es lo que mantiene la atracción de  nuestro destino. Gran Canaria se percibe como una isla diversa que acoge distintas demandas, intereses o sensibilidades.

Estamos diversificando nuestra oferta y debemos seguir haciéndolo. Somos Reserva de la Biosfera, proponemos una programación cultural de primer nivel, el turismo de salud encuentra espacios, somos isla europea del deporte, el mundo rural recupera el protagonismo que identificó nuestro paisaje, el patrimonio arqueológico y etnográfico puede ser declarado patrimonio de la humanidad en pocos meses. La diversificación es una estrategia de calidad.

El desarrollo turístico está integrado en el modelo de ecoisla que está creciendo y que define el proyecto de trabajo del Cabildo grancanario. Aumenta nuestro valor cuando recuperamos el paisaje rural y tradicional, cuando crecemos en energías limpias y reducimos la emisión de gases contaminantes, cuando garantizamos la depuración y evitamos los vertidos, cuando favorecemos la economía circular y reciclamos, cuando aumenta la producción y el consumo de productos locales… En definitiva una Gran Canaria sostenible es la isla de nuestra vida que entusiasma a quienes nos visitan.

Es absolutamente imprescindible la dinamización de la oferta complementaria de ocio y los equipamientos públicos de calidad. Mencioné antes algunas iniciativas que el Cabildo ha impulsado. Destaco y elogio también la instalación del  Circo del Sol a partir del próximo verano, la construcción del nuevo parque acuático que representa el Siam Park o la modernización de instalaciones emblemáticas en Las Palmas de Gran Canaria como son el Pueblo Canario y todo su entorno.

Tenemos un presente y un futuro apasionantes. No podemos bajar la guardia. No nos debe ganar el pesimismo. Es verdad que el turismo está sometido a riesgos externos que pueden provocar crisis coyunturales y ahora todos miramos para las consecuencias del Brexit o para lo que está sucediendo con países como Egipto, Túnez o Turquía, que buscan desesperadamente las mismas oportunidades que las que el turismo nos ha brindado a nosotros. Pero tenemos experiencias, profesionales y un entorno de seguridades con los que es muy difícil competir. Y es aquí donde debemos agarrarnos para afianzar nuestras posibilidades de futuro.

La amenaza autoritaria

Los estudios de opinión de los últimos años en Europa vienen advirtiéndonos de que cada vez aparecen más personas a las que les da lo mismo vivir o no en democracia.

En octubre de 2010 escribí un artículo que titulé “Crisis, miedo y ultraderecha”. Ya me preocupaba en aquel entonces la situación y afirmaba: “Cada vez más el mapa político europeo aparece ocupado por organizaciones de extrema derecha que, en muchos casos, condicionan la gobernabilidad de su país”. En marzo de 2013 insistí en este mensaje en el artículo “Europa y la peste parda”. Advertía que “el mal se extiende por toda Europa que ve como la antipolítica se va adueñando del sentir colectivo. En la mayoría de los países europeos los ultra-radicales y populistas van ganando cada día más espacio y en muchísimos estados ya ocupan lugares preponderantes en sus parlamentos. El discurso contra los partidos y los políticos se hace cada día más virulento y se afianza más entre las capas populares”.

En los últimos años son muchos los pensadores que nos vienen advirtiendo acerca de la peligrosa deriva de la democracia en el Viejo Continente. Eruditos de distintos lugares como Vidal-Beneyto, GuyHermet, Emmanuel Tood, Hilary Wainwright, Luigi Ferrajoli o Tony Judt, entre otros, han profundizado recientemente en la pérdida de los valores democráticos y en  la degeneración de la democracia nacida de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Lo señala muy bien Tony Judt: “Sospecho que estamos adentrándonos en un tiempo problemático. Las identidades se resolverán mal, mientras que los desarraigados golpean en los cada vez más altos muros de las comunidades cerradas. En este espléndido siglo nuevo echaremos de menos a los tolerantes, a los de los márgenes: a la gente fronteriza. Mi gente”.

Timothy Snyder ha estado presentando estos días en España su nuevo libro (El camino hacia la no libertad). En una entrevista de Irene Hernández  en El Mundo fue muy contundente: “Y lo que la historia europea nos enseña es que las sociedades pueden resquebrajarse, las democracias pueden caer y la gente puede verse abocada a situaciones inimaginables”.

En un artículo que titulé “Los miedos de Europa” y que  escribí hace poco más de dos años (en junio de 2016) expresé que nos cuesta reconocer a esta Europa, aunque el Viejo Continente haya sido siempre un territorio  de luces y de sombras. En Europa han convivido a lo largo de los siglos la civilización y la barbarie. Ha sido cuna de la democracia y de las grandes civilizaciones cretense, griega y romana y también de bárbaros sanguinarios, feudalismos y guerras santas. Del Renacimiento y de las reformas y de cruentas guerras político-religiosas. De la Ilustración y los descubrimientos. De la Revolución francesa y la Revolución Industrial, pero también de nacionalismos excluyentes y de guerras mundiales devastadoras. De revoluciones y de involuciones. De dictaduras y de democracias. De nazismos y fascismos y de ejemplares democracias sociales. De absolutismos y de libertades…

Hoy esa bipolaridad nos está devolviendo a una etapa oscura y peligrosa. Por la extensa geografía europea crece cada año el viejo monstruo del fascismo o el nazismo transmutado en una extrema derecha populista peligrosamente excluyente.  Hoy esta peste parda que se extiende por el mundo, gobierna, sostiene gobiernos o se sienta en la mayoría de los parlamentos de los países de Europa y su presencia crece en cada plebiscito electoral. Con La Liga Norte italiana y el checo Libertad y Democracia Directas como vanguardia, destacan por su populismo ultraderechista y, en muchos casos, por sus connotaciones fascistas o neonazis, el Partido Popular Danés (DF), Alternativa para Alemania, Frente Nacional de Francia, Partido del Pueblo Suizo (SUP), Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) – en este país además existen el BritainFirts, el NationalAction o la Liga de Defensa Inglesa-, Demócratas Suecos (SD), Ley y Justicia (PiS) de Polonia, Verdad y Vida o Movimiento por una Hungría Mejor, Partido Liberal de Austria (FPÖ), VlaamsBezang, de Bélgica…

Han conseguido incluso conformar en el Parlamento de Europa un grupo propio (Identidad, Tradición, Soberanía) y Steve Bannon, ex estratega de Donald Trump, anda en estos momentos por Europa intentando aglutinar bajo el nombre de El Movimiento a todos los partidos de extrema derecha de este continente. Se trata de crear un movimiento mundial al que se suman EEUU, Brasil, Rusia, Québec… Y es que como dice Snyder a la periodista antes citada “cuando un partido de extrema derecha irrumpe en la escena política siempre se describe a sí mismo como nacional, pero la realidad es que la extrema derecha ahora es mucho más internacional que la izquierda. Pensamos en la izquierda como internacional, pero hoy en día los partidos de izquierdas funcionan a nivel nacional mientras que los de extrema derecha están muy bien coordinados a nivel internacional”.

A este entramado populista de ultraderecha, en muchos casos con una profunda presencia del fascismo y el nazismo en sus entrañas, se suma ahora Vox en España, al que se pretende edulcorar e integrar por la derecha convencional, porque, como señalan los expertos, terminan contaminadas por el miedo a perder a parte de su electorado más atraído por esta ola ultraderechista.

Pero la realidad es otra. Y preocupante. En enero de 2017,  Vox participó en Coblenza (Alemania), en una cumbre de la extrema derecha europea junto a Le Pen, AfD, Geert Wilder, FPÖ. Unión Cívica Húngara, Partido Conservador Popular de Polonia… Abascal  explicó su participación en esta cumbre afirmando que “VOX está hoy en el epicentro de la gran reacción que se avecina en todo el mundo y que será un punto de inflexión para la victoria de nuestras ideas, y para la salvación de Occidente, de su libertad y de su identidad” (…)“Ha llegado nuestro momento. La deriva de la vieja política, la deriva de los viejos dinosaurios socialdemócratas y populares en Europa está teniendo respuesta contundente en toda Europa. Y tenemos el deber de contribuir a que esa respuesta también se produzca en España”. Y advirtió “Estad preparados para el aguacero de pedradas que nos propinará el asustado establishment, pero manteneos firmes y seguros de lo que hacemos. La esencia del gran movimiento que se avecina, —el FN francés, Alternativa por Alemania, el FPO austriaco, el Partido por la Libertad de Holanda, V0x— es que no todos pensamos igual. ¡Y eso es justamente lo que nos une! Porque cada uno cree en la soberanía de su Patria, y cada uno respeta la soberanía de las demás Patrias. Y porque aquí ninguno pasamos por el trágala del pensamiento único de los burócratas europeos y de los globalistas”.

La preocupación se extiende por Europa y el mundo sin que apenas se tomen medidas para evitarlo. Por citar solo a unos pocos, Glyn Ford, eurodiputado laborista, afirmó no hace mucho que “los que antes eran partidos puramente fascistas son ahora partidos populistas de derechas cuyos adeptos constituyen una variada grey que engloba desde personas de ideología fascista hasta racistas, xenófobos y los blancos alienados de clase trabajadora. Ahora se expresan en términos de nación, tradición, soberanía y comunidad, en vez de eugenesia, exterminio y patria”; Pierre Moscovici, Comisario Europeo de Asuntos Económicos, ha lanzado una fuerte advertencia sobre el avance del fascismo en Europa; Macron ha llamado a la unidad europea para “evitar que el mundo descienda hacia el caos”; tanto el Presidente del Parlamento Europeo como el del Consejo Europeo han lanzado mensajes de alerta…

Los estudios de opinión de los últimos años en Europa vienen advirtiéndonos de que cada vez aparecen más personas a las que les da lo mismo vivir o no en democracia. Ya escribí en su día que la mentira, la desesperanza, el miedo, el aumento de la pobreza y la precariedad social, la lejanía de las instituciones, el “divorcio entre el poder y  la política” (ZygmuntBauman), la cesión de la soberanía de los Estados a los sistemas financieros, la percepción de que la corrupción se ha convertido en estructural y una partitocracia autoritaria -con prácticas clientelistas, listas electorales cerradas, políticas internas opacas, que ha sustituido las ideas por palabras (José María Maravall, “Las promesas políticas”)- se han convertido en un arriesgado caldo de cultivo para la antidemocracia populista, neonazi o fascista.

El fascismo, ahora tintado de populismo, está de nuevo entre nosotros y mirando para otro lado no lo vamos a frenar. Se nos echa encima y no reaccionamos. Ofrece alternativas a los que peor lo están pasando que no garantizan los partidos convencionales de derechas o de izquierdas. Setenta años después de la Segunda Guerra Mundial y de las derrotas del fascismo y el nazismo, la crisis económica, política y social se ha vuelto a instalar en Europa. El descrédito de la política y las instituciones no deja de aumentar. Y nadie parece querer enterarse. Se mantienen las políticas de ajustes y recortes, se alimenta la xenofobia con las políticas migratorias; se agrandan las brechas sociales… La antipolítica se hace dueña de las calles. Europa hace aguas. La democracia europea también y es que, como plantea la periodista, escritora y filósofa alemana CarolinEmcke, las demandas de los movimientos sociales  reclaman que los valores democráticos de libertad y solidaridad, de igualdad y pluralidad no solo se afirmen y prometan, sino que también sean tangibles.

Palos a las ruedas de Gran Canaria

Aunque los medios de comunicación se habían hecho eco de esta discriminación unos días antes de que lo denunciáramos en rueda de prensa, mi queja pública y nuestra demanda al PP, CC y ASG de que no voten unos presupuestos que marginan a Gran Canaria desató de inmediato una ola de ataques

En el periodo comprendido entre los años 2000 y 2015, Gran Canaria experimentó una tremenda bajada en su participación en el PIB regional y pasó de representar el 42% del total al 38,6%. Dado que no se han publicado los datos desconocemos la evolución posterior, desde el 2015 hasta el momento actual. Para la Confederación de Empresarios la caída se debe, entre otras cosas, a un trato discriminatorio por parte de las administraciones públicas para con esta isla en las inversiones en unas cifras que superan los tres mil millones.

En ese margen de tiempo nos rebasaron, y nos desplazaron al quinto lugar en el Valor Bruto Añadido, islas como Tenerife, La Gomera, Lanzarote o Fuerteventura. Todas ellas siguen recibiendo inversiones per cápita muy por encima de Gran Canaria. Recuerden que para la distribución del Fdcan se utilizó inicialmente la fórmula de la triple paridad y cuando lo combatimos duramente se nos tachó repetidamente de insolidarios. Y aunque conseguimos frenar esa fórmula de reparto, el sistema elegido –al no aplicarse los criterios del REF que incluye criterios de solidaridad para las islas no capitalinas-, hace perder cada año a Gran Canaria alrededor de 11 millones de euros.

El 31 de julio de 2015, a petición de Unidos por Gran Canaria (ahora Juntos con ATI), se creó una comisión de investigación para analizar los posibles desequilibrios para con Gran Canaria por las actuaciones del Gobierno Autónomo. Los resultados fueron esclarecedores. Se detectaron desviaciones importantes en el capítulo de inversiones, dotaciones sanitarias, financiación de las dos universidades canarias y dificultades para las inversiones en hoteles y apartamentos de cuatro estrellas, entre otras cosas. Pero descubrimos algo más grave: la distribución territorial de los cargos públicos intermedios de la Comunidad hace que Gran Canaria solo disponga del 29% frente a un 53% de Tenerife: en el área económica un 27% frente al 51%, en el área territorial un 20% frente al 50% y en el área turística un 25% frente al 58%. Más de un 50% de las personas asignadas para el control de las áreas que intervienen en el territorio, el turismo o las áreas económicas (Promotur, Oficina Canaria en Bruselas, Proexca…) son de Tenerife y las grancanarias jamás llegan a un 30%. Apenas a un 25% de media. Y sucede lo mismo con los altos funcionarios e incluso con la distribución física de las oficinas.«La verdad es tozuda y casi siempre acaba imponiéndose. Hace unos días pudimos conocer los datos de las inversiones captadas para las islas por la Zona Especial Canaria (ZEC)»

Y aquí está la madre del cordero. Se ha ido tejiendo una estructura de poder que lo controla todo, que lo decide todo. Cuando trasladamos los datos a la sociedad fuimos objeto de una cruzada de ataques y descrédito. Que qué importa el lugar de nacimiento, que si habría que pedir entonces el carné de identidad ahora a cada nombramiento…Y se sumaron a ello organizaciones empresariales de Tenerife y Gran Canaria, partidos políticos y algunos medios de comunicación de una isla y de otra. Todos entendían que había que abandonar el insularismo, que el Gobierno lo estaba haciendo muy bien, que el presidente Clavijo estaba actuando correctamente.

Pero la verdad es tozuda y casi siempre acaba imponiéndose. Hace unos días pudimos conocer los datos de las inversiones captadas para las islas por la Zona Especial Canaria (ZEC). Según datos de la propia entidad, en los últimos ocho años los desequilibrios a favor de Tenerife han sido especialmente significativos. En concreto el año pasado el 80% del capital con intenciones de invertir en Canarias se quedó en Tenerife y apenas un 20% en Gran Canaria. Se crearon 772 puestos de trabajo allí y solo 320 aquí. Su responsable en estos momentos ha prometido realizar una auditoría para conocer las causas, pero, ahora sí, tanto organizaciones empresariales grancanarias como los medios de comunicación denunciaron la situación y la coincidencia de que tanto la presidenta de la ZEC en ese momento (del PP) como el vicepresidente (de CC-ATI) eran de Tenerife. Por supuesto la sede principal de la ZEC debe estar en Gran Canaria, pero se ha desmantelado y trasladado a la isla del Teide. En esta ocasión sí que les parecía a todos que el origen de los cargos ha perjudicado intencionadamente a Gran Canaria, aunque se ha hecho un silencio general cuando Fernando Clavijo ha manifestado que eso se ha producido quizás porque Tenerife se mueve más y capta mejor los recursos.Competencia desleal en los puertos

Es lo mismo que está sucediendo con la distribución de los recursos del Fondo de Compensación Interportuario (FCI). El puerto de Santa Cruz de Tenerife aporta a este Fondo 916.000 euros y va a recibir 12,3 millones de euros, mientras que el puerto de Las Palmas aporta 1,9 millones y va a recibir 5.5 millones. No es algo nuevo. Viene de años atrás porque CC consiguió introducir una enmienda en los presupuestos de 2011 que perjudica notablemente al puerto que más aporta y que es el más rentable, lo que produce una competencia desleal y discriminatoria importantísima ante un silencio casi generalizado.«Por cuarto año consecutivo Gran Canaria es la isla que menos inversiones recibe per cápita»

La realidad es que en los últimos años se ha ido creando un régimen de control y poder desde CC-ATI, con la complicidad en la mayoría de los casos del PP, que daña los intereses de Gran Canaria. Que ha sido diseñada para frenar el desarrollo de esta isla y favorecer a Tenerife. Y desde el Cabildo de Gran Canaria no queremos, no podemos y no debemos mirar para otro lado. No vamos a dejar de denunciar ese trato discriminatorio e injusto que a veces cuenta con complicidades mediáticas y empresariales grancanarias.

Y por eso convocamos una rueda de prensa hace unos días para denunciar que el Gobierno de Canarias pretende aprobar unos presupuestos que perjudican gravemente a nuestra isla en el capítulo de inversiones. Por cuarto año consecutivo Gran Canaria es la isla que menos inversiones recibe per cápita (159 euros, frente a los 168 que recibe cada hombre o mujer de Tenerife, los 579 de Fuerteventura, los 496 de Lanzarote, los 708 de La Palma, los 1.561 de la Gomera y los 1.866 de El Hierro). Pero no sucede solo este año. En los presupuestos de los últimos cuatro años (en los presupuestos liquidados y en los pendientes de liquidación) se ha repetido esta constante: Gran Canaria ha sido la isla que menos euros ha recibido per cápita en los capítulos VI y VII de los presupuestos del Gobierno de Canarias.Ola de ataques

Y aunque los medios de comunicación se habían hecho eco de esta discriminación unos días antes de que lo denunciáramos en rueda de prensa, mi queja pública y nuestra demanda al PP, CC y ASG de que no voten unos presupuestos que marginan a Gran Canaria desató de inmediato una ola de ataques y de acusaciones contra mi persona. En La Gomera y en El Hierro el presidente y la presidenta me tacharon de insolidario (no cuestioné nunca la inversión en sus islas sino que Gran Canaria fuera la que menos recursos recibe); en Tenerife, Fepeco, la Cámara de Comercio, Asinca y Femete salieron al paso de inmediato acusándome de insularista, de manejar los números por propio interés, de hacer declaraciones «lastimeras»; en Gran Canaria el Partido Popular aprovechó la coyuntura para lanzar a los cuatro vientos que yo soy el auténtico enemigo de la isla y que critico el desequilibrio para «ocultar su mala gestión»; CC me acusó de «sectarismo» y de «manipulación» de los datos, sin aportar otras cifras; Podemos salió al quite diciendo que denuncio desequilibrios y no que son unos presupuestos antisociales; Unidos (otrora látigo de CC, denunciante de desequilibrios y ahora coaligado con CC-ATI en Juntos por Gran Canaria) me acusó de «electoralismo» y que hay que «dialogar» y «sumar»; algunos representantes empresariales hicieron declaraciones mostrando su conformidad con las cuentas y su complacencia con el presidente Clavijo; una acorazada mediática al servicio del régimen intenta minusvalorar los datos…

Nadie, absolutamente nadie, ha mostrado números diferentes a los que aportamos desde el gobierno de Gran Canaria. El PP, Unidos y CC lanzan acusaciones como tinta de calamar para ocultar su dejación de la obligación de defender los intereses de esta isla. Da la sensación de que predicamos en el desierto. Muchas organizaciones empresariales que en privado hablan indignadas de los desequilibrios, ahora se callan y lo hacen igualmente cuando la Asociación de Empresarios de la Construcción de Tenerife cuestiona las inversiones y los avances en las infraestructuras en Gran Canaria. La sociedad civil organizada mira en muchos casos para otro lado (solo he escuchado a ACO denunciar con valentía el maltrato que sufre por parte del Gobierno Autónomo para su Festival de Ópera) y algunos medios montan campañas interesadas para desviar la atención.

El neoinsularismo, que se ha adueñado de la acción política de CC-ATI, se ha convertido en un freno para la solidaridad interinsular, para el equilibrio y para las políticas progresistas comprando voluntades de distintas maneras para acallar las voces críticas y perpetuar un régimen político que tiene como objetivo fundamental imponer a una isla sobre las demás y frenar el desarrollo social y económico de Gran Canaria. Y para denunciarlo aporto datos y cifras muy concretas que nadie ha podido desmentir. No es tiempo de silencios cómplices ni de renuncias interesadas a defender lo que nos corresponde.

Otra bofetada al gas

En octubre de 2017 la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia decidió negar la autorización a Enagás, a través de su sociedad Gascan, para poner en marcha las obras de la regasificadora de Granadilla, en Tenerife. La CNMC indicaba entonces en su informe que «no se considera conveniente tomar, en estos momentos, la decisión de autorizar la construcción de la Planta de GNL de Granadilla (Tenerife), hasta que no se disponga de las mencionadas garantías de uso de la planta, y de los correspondientes estudios económicos que comprueben la sostenibilidad económica del sector del gas natural, tras la gasificación de las Islas Canarias». El informe de la CNMC sostenía –aquí está la clave- por un lado, que no existe un compromiso de la compañía suministradora de energía a las islas (Endesa-Unelco) de que va a consumir el gas que produciría la gasificadora y, por otro,  que no se dispone de un estudio económico real sobre la propuesta.

Por las mismas fechas, Juan Vila, presidente de GasINDUSTRIAL, publicaba en El Periódico de la Energía, un artículo absolutamente esclarecedor. Se oponía, coincidiendo con la CNMC, a la central de Granadilla básicamente con los mismos argumentos.  En “En esta piedra, ya tropezamos”-así se titula su artículo- Juan Vila empieza haciéndose dos preguntas: “Primera cuestión: ¿Para quién se construyeron en España, en la última década, tres centrales de descarga de GNL (Gas Natural Licuado)? Respuesta: para las más de sesenta centrales de ciclo combinado también recientemente construidas para producir electricidad y, dicho sea de paso pero no menos cierto, para satisfacer “la vanidad” de algunas autonomías afanadas por contar “con todo de todo” en su territorio. Fue el pernicioso fenómeno del “yo también quiero una”… Segunda cuestión: ¿Y quién paga la amortización, mantenimiento y operación de estas plantas? Pues bien, debido a la crisis y al aumento desbocado de las renovables, hoy la mayoría de estas centrales no funcionan o funcionan muy poco. La producción de electricidad a partir de gas representa únicamente el 20 % del consumo de gas, mientras que la previsión contemplada en su momento era del doble -ya alcanzado en 2008-, o incluso del triple. Así es que quien paga todo esto no son los ciclos para los que se construyeron estas instalaciones. Estas infraestructuras las pagan en primer lugar los que no las necesitaban en absoluto, o sea la industria, cuyo consumo de gas supone el 60% del total del país. Tenemos seis centrales de Gas Natural Licuado cuando con dos o tres estaríamos sobradamente bien servidos hasta el año 2030. (…) Tanto técnicos como políticos cometieron el error de planear este asunto erróneamente. Decidieron construir muy por encima de las necesidades del país lo que está costando a la industria miles de millones de euros en costes y la subsiguientemente pérdida de competitividad. Decisión errónea de nefastas consecuencias para la industria. Quienes la tomaron, se han quedado tan anchos. La factura la pagan otros.”

El Gobierno Canario salió al paso inmediatamente, y justificando el despropósito, con afirmaciones cuando menos singulares: aseguraron entonces que el informe de la CNMC era pecata minuta, que se  harían  meras correcciones a los documentos presentados y que las aportarían de inmediato. Como si no hubiesen tenido tiempo durante los 20 años transcurridos desde la presentación del proyecto de penetración del gas en Canarias. Y sabían que no estaban diciendo la verdad. No puede haber documento que lo justifique porque producir energía con gas en nuestro archipiélago nos cuesta unos 190 euros el MW/h mientras con las renovables es de unos 80 euros el MW/h y no puede haber un compromiso de compra del gas producido porque sería de tontos comprometerse a comprar el gas de por vida cuando cada vez es más barata y mayor la producción de renovables. Gas Natural lo  vio más claro y retiró los fondos destinados a comenzar las obras.

Un año justo después y “tras las correcciones presentadas de inmediato”, la CNMC ha vuelto a dar una bofetada  al intento de implantar el gas en Canarias. El órgano regulador ha insistido una vez más en que es insostenible económicamente implantar el gas en esta tierra. Vuelve a repetir que genera más costes que ingresos, que no tiene clientes asegurados, que el sobrecoste lo terminaríamos pagando todos…

Es lo que vengo sosteniendo desde hace muchos años. Es lo que venimos afirmando los que apostamos por otro modelo energético. Pero el gobierno se mantiene en sus trece. Insisten en el gas como elemento de transición aunque después tengamos que cubrir entre todos los costes del despropósito. Como está pasando en el sistema peninsular: Gas Natural ha presentado una demanda contra el Estado español en la Audiencia Nacional reclamando nada más y nada menos que  400 millones de euros por responsabilidad patrimonial a causa, dicen,  del impacto que ha tenido en su cuenta de resultados la paralización de sus centrales térmicas de gas desde el año 2009 debido a que se sobreincentivó a las renovables. Es algo parecido a lo que hizo Iberdrola cuando se le impidió que cerrara la planta de Arcos de la Frontera que pidió entonces una indemnización de 900 millones. O lo que ha sucedido con Castor, el cementerio de gas de Castellón, que fue paralizado al provocar 500 seísmos y por el que estamos pagando a Florentino Pérez 1.700 millones de euros. O lo que está sucediendo con las autopistas de peaje. Y es que los beneficios son para unos pocos, mientras que las pérdidas se socializan.

Corporate Europe Observatory es un ente que viene denunciando desde hace muchos años las prácticas ligadas a los trust político-económicos para imponer el gas. Según este observatorio, el lobby del gas europeo cuenta con más de 1.000 grupos de presión en sus nóminas y han empleado para obtener sus fines más de 100 millones de euros solo el año pasado. Afirman que algunos de los que más gastan son Shell o ExxonMobil. Tiene que ver eso exactamente con los continuos mensajes del gas como elemento de transición a las renovables (¿les suena?), el gas como combustible más limpio o el gas más barato que el fuel… cuando según la modelización de la propia UE, Europa ya tiene suficiente capacidad para cubrir la demanda de gas hasta 2040 sin construir nuevas infraestructuras.

Lo he repetido mil veces y lo vuelvo a repetir: las grandes productoras de petróleo y gas no escatiman esfuerzos una y otra vez para impedir que se incentive la producción de renovables y el aumento de la eficiencia energética. Y es en España donde mejor apoyo han encontrado sin ninguna duda. Y eso a pesar de que su implantación está siendo ruinosa. Desde 2002 hasta 2011 en España se instalaron 67 plantas de ciclo combinado con una inversión de más de 13.000 millones de euros. En los últimos años su producción ha caído en un 72%. En la actualidad distintas plantas instaladas por toda la geografía peninsular se han tenido que parar (Huelva, Castellón,… ). Red Eléctrica plantea que se deberían cerrar al menos diez ciclos combinados nuevos. Que sobran 6.000 MW de gas. La planta regasificadora de El Musel, en Gijón, se inauguró y ni siquiera se ha puesto en funcionamiento… Según la CNMC se deberían cerrar distintas plantas de ciclo combinado porque muchas de ellas no han funcionado ni al 10% de su capacidad y porque sería más rentable sustituirlas por renovables. Según un informe de UBS, Europa podría cerrar en los próximos dos o tres años un total de 127 gigavatios de carbón y gas. Y mientras se están pidiendo al Estado más de 1.400 millones de indemnización por el cierre de plantas… La gran burbuja del gas se inicia en la época de Felipe González y avanza a piñón fijo durante los mandatos de Aznar, Zapatero y Rajoy. Las inversiones y las plantas e infraestructuras construidas o por instalar en España son tres veces superiores a las necesarias y España tiene en estos momentos una tercera parte de la capacidad de regasificación de toda Europa.

Miren lo que está pasando estos días con la rebelión del sector energético ante los planes de transición energética que el gobierno de Pedro Sánchez ha hecho públicos días atrás. Le insisten en que los pasos a dar sean “inteligentes, graduales y sin ansiedad”. Es decir: déjese ir, cristiano, que nos puede hacer un descosido, que primero el negocio y después el interés de la ciudadanía y el planeta. Como apuntaba Jesús Mota en El País el pasado 17 de noviembre: “mientras toda España asimila el severo impacto de las condiciones de transición energética-el mercado de los motores de combustión debe esfumarse en 32 años y el 100% de la electricidad debe ser renovable en 2050-, el mercado mayorista de electricidad sigue triturando los recibos de luz de los ciudadanos. Con viento o sin viento, con lluvia o en régimen de secano, a pleno sol o entre tenebrosos nublados, con impuestos o sin ellos, el precio de la electricidad en el mercado sube de forma persistente…”

Insisto, lo he escrito otras veces. Tenemos que hacer posible otra política energética. Tenemos que obligar a que se implante un nuevo modelo energético. En Canarias es factible y necesario. Solo hay que ponerse. Haciendo lo que nos corresponde y exigiéndolo a los gobiernos de turno. De la mano de la ciudadanía, como con el petróleo. Porque dependemos en un 92% del exterior y de lugares inseguros, porque tenemos recursos naturales suficientes, porque nos sale muchísimo más barato producir energía con renovables que con fósiles, porque nos amenaza el cambio climático… Y no es tan difícil. Solo hay que aplicarse a trabajar -con firmeza, sin circunloquios y sin condicionantes externos- por la eficiencia y el ahorro, por favorecer el autoconsumo en los comercios, industrias y hogares,  por despejar todos los obstáculos que atenazan a la energía eólica, por implantar millones de metros cuadrados de fotovoltaicas en edificios públicos e industriales, por potenciar la geotermia como energía limpia e inagotable, por forjar un mix de biomasa endógena, aerotermia, energía mareomotriz…, por sustituir las grandes centrales térmicas por plantas de generación más cercanas y permeables, por favorecer la implantación de las hidroeléctricas donde fuera necesario, por establecer industrias, por fomentar la I+D+i, por crear  miles de empleos verdes alrededor de las energías limpias… Ese y no otro es el camino a transitar.