GRACIAS, MUCHAS GRACIAS

Esta semana ha sido muy dura para la isla de Gran Canaria por el voraz incendio, un tsunami de fuego, un “fuego hambriento”, como lo califican los técnicos, que ha afectado al corazón de nuestra isla y al sentimiento de toda la sociedad grancanaria. Una desgracia que se agravó por el fallecimiento de una persona. Mis condolencias y las del Cabildo, en nombre de Gran Canaria a su familia y amigos.

El miércoles hacia el mediodía saltaban las alarmas de un incendio, en el centro de la Isla, que nos sorprendía por la agresividad y la velocidad con que había empezado a propagarse desde su inicio, en las cercanías de Tejeda,  debido al viento y a las altas temperaturas. Han sido días muy tensos y preocupantes. Días de lágrimas y tristeza por las pérdidas que hemos sufrido. Tras visitar la zona afectada y hacer un reconocimiento del terreno he de reconocer que la huella que ha dejado el fuego en la cumbre de la isla ha sido tremenda y se han registrado daños importantes. El incendio ha afectado a 2.700 hectáreas de pinares y monte bajo (pudo haber alcanzado las 14.000 hectáreas), así como a algunas viviendas, edificios de hostelería y restauración y fincas agrícolas y explotaciones ganaderas. Nos queda el consuelo de que durante la noche del miércoles afortunadamente se pudiera controlar, cuando temíamos que la magnitud pudiera ser aún mayor.

Los grancanarios vemos a nuestra cumbre como el espacio sagrado del que nos sentimos orgullosos, que nos identifica, que sirve de reserva natural a las mejores especies que crecen entre nosotros. Es probablemente el lugar que todos elegimos si nos preguntan por la referencia de nuestra tierra. Cuando se desata un incendio en esas alturas es frecuente que coincida con condiciones meteorológicas extremas, y a veces con imprudencias o malas intenciones, y entonces la repercusión es enorme y la inquietud nos impacta.

Estos sentimientos los hemos vivido intensamente todos los grancanarios, todos los canarios, desde el miércoles que se inició el incendio. Decenas de personas, de organizaciones, de instituciones, partidos políticos, etc, se pusieron en contacto conmigo y con el Cabildo de Gran Canaria para ofrecer su colaboración, su disponibilidad, su solidaridad efectiva. La primera palabra que debo pronunciar hoy dirigida a toda nuestra gente es Gracias, con mayúscula. He comprobado que formamos una sociedad viva que se expresa en miles de acciones desde la colaboración en la evacuación, hasta la apertura de las viviendas para acoger a las personas que lo necesitaron. Hubo empresas que ofrecieron sus camiones, su personal o sus productos para colaborar con el campamento base o con los operarios que estaban actuando en primera línea. Enseguida empezaron a trabajar las empresas de telefonía y energía. Todas las administraciones hemos colaborado con la única mirada en el fuego. Es muy difícil nombrarlos a todos, pero queda registrada en mi memoria esa catarata de solidaridad que era más grande y compensaba el tamaño de las llamas. Discúlpenme si se me queda alguien atrás. No es intencionado. Se me puede pasar porque es muchísima la gente y los colectivos a los que tengo que hacer un reconocimiento.

El incendio se ha podido sofocar gracias a la profesionalidad del personal que ha trabajado en primera línea, a todos los técnicos, fuerzas de seguridad, expertos y voluntarios que cubrieron y siguen cubriendo las necesidades en todos los frentes. Por eso quiero que este artículo sea de agradecimiento a una sociedad que sabe responder a los grandes retos en momentos decisivos. Como presidente del Cabildo de Gran Canaria quiero expresar mi gratitud y el orgullo que nos produce el esfuerzo, la abnegación, la disponibilidad, la humanidad que han mostrado.

Quiero expresar mi máximo reconocimiento a los profesionales y a los equipos de extinción de toda Gran Canaria, así como a los efectivos desplazados desde Tenerife, La Palma, La Gomera, Lanzarote y Fuerteventura por su trabajo infatigable.

Agradezco especialmente el trabajo de la Unidad Operativa de Fuegos Forestales del Cabildo de Gran Canaria, a todos nuestros agentes de medio ambiente, a los técnicos del CECOPIN, al Centro Coordinador de Emergencias 112,  a la Unidad Militar de Emergencia, a las policías locales de los municipios afectados y del resto de la isla, al Consorcio de Emergencias de Gran Canaria y a los bomberos de Las Palmas de Gran Canaria y San Bartolomé de Tirajana. Reconocemos el trabajo de la Guardia Civil, de la Policía Canaria y de la Policía Nacional.

También ha sido encomiable el trabajo de las unidades aéreas que operan en condiciones que siempre son difíciles pero que en esta ocasión lo fueron extremadamente. Igualmente, debo dirigir este agradecimiento a la Cruz Roja y a las unidades de protección civil de toda Gran Canaria. Y en esta reconfortante lista quiero incluir a toda la población y voluntarios civiles que se han ofrecido generosamente para lo que se necesitara. Y a los medios de comunicación, nexo imprescindible entre los operativos y la sociedad pendiente de lo que estaba sucediendo.

Gracias, muchas gracias al esfuerzo y la implicación de los centenares de personas que de manera coordinada han contribuido a controlar y extinguir el fuego. Han sido varios días trabajando sin descanso poniendo en riesgo sus vidas para proteger nuestra tierra y las vidas amenazadas por el fuego. Las ganas de colaborar y ayudar en la extinción del incendio fueron palpables desde el primer momento. Ha sido un trabajo modélico que no me cansaré de agradecer nunca. La foto de Gran Canaria es la de sus mujeres y hombres codo con codo para salvar lo que más queremos.

También quiero reconocer y valorar la colaboración de todas las administraciones por poner a nuestra disposición los medios necesarios y por el trabajo coordinado. En este caso mi agradecimiento lo hago extensivo al Gobierno de Canarias, al Gobierno Central, a todos los ayuntamientos de la Isla y a los Cabildos insulares. Y cómo no, quisiera agradecer a los vecinos de las zonas afectadas la gran responsabilidad que han demostrado en los momentos más duros. A pesar del impacto que supone dejar sus hogares en estas condiciones para proteger sus vidas, su comportamiento ha sido ejemplar. Sobrecoge y hace que nos quedemos sin palabras.

Es emocionante ver cómo en los peores momentos brota de manera desinteresada la solidaridad de las personas y sacamos lo mejor de cada uno de nosotros. También aparecen en las redes ese porcentaje mínimo de descerebrados que se amparan en el anonimato y que lo siembran todo de bulos o los que intentan sacar tajada y réditos partidistas. Tras muchos momentos de frustración por cómo el incendio ha afectado al territorio, que es algo estremecedor, afortunadamente también afloran sentimientos de esperanza y agradecimiento. Entre todos volveremos a disfrutar de estos paisajes emblemáticos. Afortunadamente sólo ha atacado a un tercio de pinar y el resto a matorral bajo.

Desde el Cabildo de Gran Canaria y los ayuntamientos de la Isla que se han visto afectados, tenemos que hacer una valoración para cuantificar los daños que se han producido. No les quepa la menor duda de que estaremos muy cerca de los vecinos que han perdido sus hogares, sus tierras y sus animales. No descartamos solicitar la declaración de Zona Catastrófica para recabar ayudas, para atender los daños públicos y privados. Ya están trabajando muchos voluntarios para recuperar a los animales que se alejaron de sus casas huyendo del fuego (muchas gracias al Colegio de Veterinarios con sus más de 6o colegiados altruistas y al Centro de Hípica de San Mateo, entre otros). Estamos trabajando igualmente, con nuestros extraordinarios expertos y la Guardia Civil, en la investigación de la causa del incendio.

Los municipios más castigados por el fuego han sido San Mateo y Tejeda, junto a San Bartolomé de Tirajana, Santa Lucía, Agüimes, Ingenio, Valleseco y Telde. Toda nuestra solidaridad con los vecinos y el compromiso de que el Cabildo de Gran Canaria va a trabajar sin descanso para la recuperación de esta zona,  decisiva en la vida de Gran Canaria.

Aunque hemos visto como una parte considerable de nuestro territorio se ha calcinado, hoy más que nunca es hora de levantar el vuelo y hacer frente a las adversidades. Gran Canaria se caracteriza por poseer una masa forestal que reúne importantes valores ambientales. Disponemos de una riqueza verde significativa. Los pinares representan el gran pulmón de la isla.  El reto que nos habíamos marcado desde el equipo de gobierno en la iniciativa del Fondo Verde Forestal, con el objetivo de duplicar los bosques grancanarios se hace hoy más necesario que nunca. No me cansaré de decir que nuestros bosques no son un lujo sino una necesidad. Por eso ahora tiene más sentido que nunca reafirmarnos en que trabajaremos sin descanso para recuperar lo que nos identifica.

Estoy seguro de que juntos, en muy poco tiempo y con las fuerzas y el compromiso expresado estos días nos volveremos a sentir orgullosos del paisaje de esta zona de Gran Canaria.

GRAN CANARIA DEPURA SUS AGUAS

Sí señor, Gran Canaria depura sus aguas fecales. Y es una golfería intentar trasladar otro mensaje. Vuelvo a repetir lo que tanto he reiterado en los últimos días, aunque produzca sarpullidos a algunos: en Gran Canaria se depuran en un 99 % las aguas fecales que se vierten al mar. Los vertidos procedentes de los saneamientos de nuestra isla reúnen las condiciones que establece la legislación y más de la mitad se destinan al riego agrícola. El Consejo Insular de Aguas tiene encomendada la gestión de las instalaciones de depuración de 14 municipios, además de las de Jinámar a la que llegan aguas residuales de Las Palmas de Gran Canaria, Santa Brígida, Telde y Valsequillo. Por lo tanto, el CIAGC gestiona la depuración de 17 municipios, 101 instalaciones y 26 depuradoras de distintas dimensiones. También se depuran aguas en Gran Canaria, cumpliendo todos los parámetros, en las plantas de tratamiento de la Mancomunidad del Sureste (premiada por la ONU), Telde, San Bartolomé de Tirajana y Las Palmas de Gran Canaria.

La gestión de las depuradoras del Consejo Insular de Aguas supone un gasto anual de alrededor de 11 millones de euros y  se dedican además cada año 180.000 euros para controles analíticos y  100.000 euros más para un programa de vigilancia y control de los vertidos al mar para hacer un seguimiento continuado del estado de las aguas que se regeneran con ese fin.

El CIAGC gestiona aproximadamente 13 millones y medio de metros cúbicos de aguas negras al año, de los cuales  6.680.000 van limpios (tratados) al mar y aproximadamente la otra mitad se destina a la agricultura gracias a que se ha hecho un esfuerzo importante en los dos últimos años, de casi 1.100.000 euros, para disponer de las  infraestructuras necesarias en las zonas con mayor sequía. El Sureste también actúa de manera parecida. También se han invertido en la depuradora de Jinámar 450.000 euros, el año pasado, para poner fin a los vertidos que se estaban produciendo durante los últimos años y se han ejecutado otras actuaciones por más de dos millones de euros para mejoras en las redes y en los depósitos. Igualmente estamos  ya iniciando algunas de las obras del plan RENOVAGUA, una apuesta de futuro por la que prevemos invertir 22 millones de euros para dotar de energía limpia a nuestras depuradoras y desaladoras. Además de eso tenemos presupuestado un plan de actuaciones para mejorar infraestructuras de depuración como la del emisario submarino de Bocabarranco  en Gáldar  por más de 5 millones de euros, la ampliación de la depuradora de Guía – Gáldar con  casi 4 millones de euros de presupuesto, la ampliación de la depuradora de Jinámar a la que destinamos más de 4 millones y medio… además del terciario de Agaete, la mejora de la depuradora de Cabo Verde en Moya -con casi 1 millón- y la sustitución o la mejora de la conducción de la red de distribución de aguas de la red Las Palmas Norte, tramo vertical de la variante de Silva, con más de medio millón de euros. Por lo tanto más de 50 millones en vías de ejecución para mejorar los servicios de depuración y reutilización, más los gastos fijos anuales, superiores como les decía a los 12 millones de euros.

Hemos explicado todo esto en los últimos días y ha sentado muy pero que muy mal a algunos. No hace mucho volvió a circular el consabido ejercicio comparativo (nunca surge inocentemente) entre Gran Canaria y Tenerife. Siempre se pone el mismo argumento sobre la mesa, aunque los últimos datos le ha hecho perder fuelle: Tenerife avanza y Gran Canaria retrocede. El análisis recurrente era que allí se ha hecho en los últimos 20 años una labor extraordinaria y aquí no se han sabido resolver los problemas. El último episodio tuvo lugar hace apenas unos meses. En mayo pasado volvieron con la cantinela (ya lo he contado en estas páginas) y sacaron a la palestra el mismo argumentario. Un catedrático jubilado de la ULL, José Ángel Martín,  afirmaba que el Cabildo de Tenerife ha sido el  motor económico de su isla en las últimas décadas y que su “inversión en infraestructuras y equipamientos ha sido superior a la de Gran Canaria. El Cabildo de Tenerife ha sido más productivo que el de Gran Canaria que también ha estado condicionado por el peso de la capital”. Desde luego pasaba de puntillas sobre el  último informe de la CCE en el que se señalaba que durante los años más duros de la crisis, el Gobierno de Canarias invirtió una cantidad superior a los 200 millones de euros más en la provincia occidental que en la oriental. Y no se decía nada sobre los puestos de trabajo creados durante la crisis que aumentó la plantilla autonómica en 3. 646 en Santa Cruz de Tenerife, mientras que Las Palmas perdió 139.

Al momento, Carlos Alonso, que acaba de escribir en tono plañidero, “solo digo que mal puede pedir respeto el que no lo concede”, quejándose de un twitter absolutamente inofensivo del que esto escribe, se mostró “caritativo” (léase altanero) y dispuesto a “mostrar al Cabildo de Gran Canaria la clave del éxito del dinamismo de Tenerife”. Toma ya.  Esto no es ofensivo, claro.  Como tampoco creó tanta alarma como mi twitter el que Fernando Clavijo dijera que yo utilizaba las técnicas de la mentira del nazi Goebbels…
Por esa época, Ricardo Melchior, expresidente insular, afirmaba en un titular en el Diario de Avisos que “Tenerife supera a Gran Canaria desde 2001 por las inversiones acertadas que hicimos desde el Cabildo”. Y dice más en el interior de ese diario el pasado 18 de abril: “Desde 1999, (el Cabildo tinerfeño) invertía del orden de 10.000 millones de pesetas más al año que el Cabildo de Gran Canaria, que prefería invertir en otras cosas, y era quizás menos eficiente. En 10 años eso son 100.000 millones de pesetas. Y eso sí que es un motor de la economía, que funcionó”.

Me vi obligado entonces a intervenir ante la opinión pública para demostrar que en los últimos años los indicadores económicos son muy positivos para Gran Canaria– a pesar de la poca colaboración del Gobierno de Canarias- y más tarde lo reconoció también la CCE, que fue más allá al señalar que esta isla sigue siendo el motor económico del archipiélago. Publiqué un artículo también en el que hacía la siguiente reflexión: “Y cuando dicen que el Cabildo de Tenerife ha hecho un mayor esfuerzo inversor que el de Gran Canaria, permítanme que haga las siguientes preguntas. ¿Más inversiones en qué? ¿En carreteras? ¿En polígonos industriales? ¿En desaladoras? ¿En depuradoras? ¿En renovables? ¿En desarrollo industrial? ¿En desarrollo comercial? ¿En desarrollo agroindustrial? ¿En desarrollo portuario? ¿En infraestructuras culturales, deportivas, sanitarias…? Está meridianamente claro que eso no es así”.
Parece que los hechos me están dando la razón. Y a algunos les está costando asumirlo. Y se revuelven como gato panza arriba para intentar ocultarlo. En este verano, a raíz de la aparición de las cianobacterias en  aguas canarias, hemos tenido conocimiento de que en Tenerife se arroja al mar cada día 57 millones de litros de aguas negras sin depurar. Que la UE ha puesto en marcha una sanción de 46.5 millones de euros a España por vertidos sin tratar en Andalucía, Galicia, Asturias, Valencia y Tenerife (Valle Guerra y Valle de Güímar).

Y para relativizar la ineficiencia en la gestión  y la gravedad  de esta situación que han creado en los últimos años -porque parece que dedicaron muy poco a este asunto en tanta inversión como realizaron- empiezan a trasladar a la sociedad y a los medios de comunicación el mensaje de que esto no sucede solo en Tenerife sino que se trata de un problema generalizado en Canarias. Por supuesto me niego aceptar que la sociedad canaria, la sociedad grancanaria y la comunidad internacional, que ha seguido esta información en distintos medios informativos del mundo, se quede con la idea, la preocupación y la alarma social consiguiente de que en todas  las islas se actúa de la misma manera. Solicité un informe al Consejo Insular de Aguas de Gran Canaria y a través de él tengo constancia fehaciente de que las aguas en Gran Canaria se tratan en su práctica totalidad. Lo traslado a los medios de comunicación y lo lanzo a los cuatro vientos: en esta isla se depuran sus aguas en un 99 %…

Y entonces se abrieron los cielos: el presidente Clavijo, que había permanecido atorrado con el problema de los vertidos de Tenerife sale inmediatamente a decir que lo que dice el presidente del Cabildo de Gran Canaria no es cierto. Y detrás la consejera de Medio Ambiente. Y los twitteros de CC. Y mucha prensa de allá y cierta prensa de aquí -¡increíble!- que se suma con desmentidos manipulados, entrevistas orientadas, editoriales entreguistas… (¡Ay, lo que hay que besar por el contrato millonario de la tele!). Prietas las filas,…todos a una. La Familia se abraza solidaria a la causa de meter a Gran Canaria en el saco de la inacción y la irresponsabilidad de algunas instituciones en los últimos años frente a este problema. Y zas, una campañita intentando ligar, para intentar confundir, en una burda manipulación político-mediática, la depuración de aguas con las autorizaciones, que se retrasan fundamentalmente por incapacidades del Gobierno para resolver los expedientes; los vertidos de aguas fecales con los de piscinas familiares, estaciones de bombeo o salmueras de desaladoras (más de 200 en Gran canaria)…

Con tal de lavarle la cara al Cabildo y otras instituciones de Tenerife lanzan el mensaje irresponsable de que en Canarias estamos rodeados de vertidos ilegales y contaminados (más de 400, dicen), cuando en la inmensa mayoría de los casos no tiene nada que ver con esto sino con simples procesos de autorización administrativa en curso de vertidos de distinto tipo. También todas las inversiones en marcha por el Cabildo de Gran Canaria, y muchas más previstas para los próximos años, les da pie para decir que si todo está bien en esta isla, entonces por qué estas inversiones -¡que eso indica que no se depura!- como si no fueran necesarios los mantenimientos, las ampliaciones, las adecuaciones a las nuevas tecnologías, la incorporación de renovables…

Siempre tergiversando la realidad, negando una y otra vez los datos reales de Gran Canaria: Fernando Clavijo –que nunca ha actuado como presidente de todos los canarios sino como un ultrainsularista- llegó a decir que en esta isla redonda no se trata el 99 % de las aguas y he pedido un informe jurídico para exigirle que se retracte, como primer paso y ante lo que entiendo que es hacer daño premeditado a la imagen de Gran Canaria. Cuando les interesa, saben rentabilizar muy bien Las Canteras y las Dunas de Maspalomas, pero que aquí se depuren nuestras aguas, en estos momentos les supone el reconocimiento de que no han sido capaces de actuar en este campo. Y eso es mucho para el cuerpo insularista ultramontano.

Lo dicho. Gran Canaria depura la práctica totalidad de sus aguas. Pero, ¿se puede mejorar? Por supuesto que sí. Se debe avanzar para que todos los tratamientos se hagan todos  a través de un terciario (la excelencia); para que se separen las redes de pluviales de las de saneamiento; para mejorar las redes y los depósitos; para que se mejoren las instalaciones y no se rebose nada al mar en momentos concretos; para que se reutilice todo para la agricultura, para el riego de los jardines, para los campos de golf y no vaya nada al mar; para reducir los costes utilizando energías renovables; para que se aprovechen los lodos, para innovar en tecnología…En esa línea estamos trabajando. No entiendo por qué causa tanta urticaria a un Gobierno, a un partido, a algún medio de comunicación.

OCÉANOS AMENAZADOS

Tres hechos especialmente relevantes y preocupantes han propiciado que durante este mes de agosto hayamos fijado la mirada en nuestro mar en una dimensión más amplia que la del disfrute veraniego. Sin duda nos han hecho más conscientes de su fragilidad y su importancia para nuestra supervivencia. De cómo depende del océano que nos baña la economía, la salud, la biodiversidad, nuestro futuro…

La proliferación de las cianobacterias en las últimas semanas ha puesto el dedo en la llaga sobre la incidencia del cambio climático y sus consecuencias en Canarias. Más allá de la controversia sobre si su propagación la alimenta o no los vertidos de aguas fecales y si produce afecciones importantes a la salud (es necesario un informe consensuado), ha quedado muy claro que el aumento de la temperatura de las aguas que nos circundan tienen mucho que ver con esta plaga que ha generado preocupación a nivel local e internacional sobre su incidencia en la salud y por tanto ha repercutido negativamente en la valoración del destino turístico canario, del que dependemos, directamente o indirectamente, en más de un 80% de nuestro PIB.

La aparición de las cianobacterias y el debate suscitado en la sociedad canaria han puesto de relieve el hecho gravísimo de que en algunas islas se vierten al mar millones de metros cúbicos de aguas negras sin depurar. Solo en Tenerife se evacuan al mar canario diariamente más de 57 millones de litros de aguas fecales sin ningún tipo de tratamiento. En pleno siglo XXI muchas instituciones asumen la realidad de un delito ecológico de singular trascendencia sin que se actúe con la rigurosidad legal y la responsabilidad política que se requiere. Afortunadamente eso no sucede en Gran Canaria, como ustedes conocen, donde se ha hecho y se sigue haciendo un esfuerzo importante para generar las infraestructuras necesarias para evitarlo.

Y por si estos hechos no fueran lo suficientemente ilustrativos de las heridas que proferimos al Atlántico que nos baña, desde el 12 de agosto el barco británico MV Cheshire navegó a la deriva con fuego a bordo en una carga de 44.000 toneladas de nitrato de amonio altamente peligrosa que produjo una extensa humareda tóxica. Las reacciones y declaraciones de las distintas administraciones competentes en torno a este asunto revelan niveles de imprudencia y descoordinaciones que agravan la vulnerabilidad y el riesgo para el medio marino y las personas.

Estos sucesos relevantes nos han llevado a mirar al mar con preocupación. Nos han sensibilizado sobre una situación que no nos podemos tomar a la ligera. Pero no son hechos aislados. Desgraciadamente se reproducen de distintas maneras y con distintas frecuencias en diferentes lugares del mundo y solo se podrán revertir con  firmes decisiones locales, colectivas y globales. Nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, pero no debe ser así. Dan Laffoley, vicepresidente de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, lo explica perfectamente con esta frase: “No somos capaces de ver un elefante en el salón de nuestra casa”. No podemos perder de vista que el planeta –y por tanto los océanos- sufren un serio problema que tiene que ver con el cambio climático y el agotamiento de los recursos. Y de eso ha hablado esta semana el Foro Océanos en su seminario “Canarias ante el impacto del cambio climático en el océano.”

Los océanos proporcionan el 50% del oxigeno que respiramos y cumplen un papel clave en la regulación del clima, proporcionan la alimentación y las proteínas necesarias para miles de millones de personas, generan más de 350 millones de empleos en pesca, acuicultura, turismo, investigación o energía… Pero su uso insostenible puede provocar un daño irreversible a los hábitats, funciones ecológicas, recursos biológicos, calidad de las aguas o biodiversidad. Nuestros mares –el 71% de la superficie del planeta- están sometidos en estos momentos a un enorme impacto de la acción  humana que va generando efectos acumulativos muy graves y solo el 0,5 % cuentan con figuras de protección. A pesar de su capacidad regeneradora, su deterioro es una penosa realidad. Los vertidos industriales, fecales, de fertilizantes y nutrientes y de otro tipo han convertido una parte importante de su superficie en auténticos basureros: solo el 12 % de los vertidos de petróleo al mar se produce por accidente, el 88 %  restante se produce por limpiezas o recargas;  se calcula que en 2050 habrá más plásticos en el mar que peces (matan un millón y medio de fauna marina cada año)… Al aumento del CO2 que asume y precipita la acidificación, al calentamiento de las aguas fruto del cambio climático (según el IPPC solo el aumento de un grado haría disminuir el 30% de las especies) o a la hipoxia (reducción del oxígeno) se suma la sobreexplotación de los recursos alimentarios: según la FAO el 10% de las reservas pesqueras están agotadas, cerca del 18 % están sobreexplotadas y entre el 45 y el 50 % están al límite de su rendimiento. En Canarias hemos perdido en 40 años el 90% de nuestros peces. Miles de especies marinas se han extinguido o están en peligro de extinción… La paradoja es que muchos de los peces capturados se utilizan para harinas o piensos para animales domésticos…

Muchas de las acciones propuestas por los expertos para combatir esta situación son realmente imprescindibles, es cuestión de tiempo que terminen aplicándose irremediablemente y están además contempladas en la hoja de ruta de la Estrategia de Cambio Climático elaborada para el Cabildo de Gran Canaria. El respeto de  tallas en materia piscícola y otras especies marinas, la reducción del uso de plásticos en los comercios de la Isla, la correcta gestión ciudadana de los residuos en sus hogares y también en comercios, centros náuticos y otras instalaciones deportivas en el entorno litoral o en tierra adentro, el control de los vertidos de todo tipo, la adaptación de los planeamientos a los cambios por venir, la economía azul y la biotecnología azul, etc

Pero no podemos renunciar a la esperanza. En el documento de Río+20, “El futuro que queremos”, los Estados miembros de Naciones Unidas se comprometieron a “proteger y restaurar la salud, productividad y resistencia de los océanos y ecosistemas marítimos para preservar su biodiversidad y permitir su conservación…”. Por su parte, la Declaración de Abu Dhabi sobre la Economía Azul de enero de 2014 resaltó la posible contribución de la economía de los océanos para solucionar problemas de hambruna y pobreza, creación de medios de subsistencia sostenibles y mitigación del cambio climático.

Los pequeños estados insulares en desarrollo (SIDS, por sus siglas en inglés) son un grupo de países que se enfrentan a retos y vulnerabilidades sociales, económicas y ambientales específicas. Estos incluyen poblaciones pequeñas, una base de recursos naturales limitada (terrestre), alta dependencia de la ayuda al desarrollo y del comercio internacional (especialmente en importaciones), lejanía de los principales mercados, altos costos del transporte, bajos índices de conectividad y exposición a desastres naturales y al cambio climático, sobre todo al alza de temperatura y a la elevación del nivel del mar. Canarias  no está alejada de esta concepción de pequeño estado insular en desarrollo. Los océanos son vitales para las islas y representan una nueva frontera para la expansión económica, el comercio y el desarrollo sostenible. Asimismo, constituyen una esperanza para desarrollar su actividad económica y fomentar su crecimiento. Lo tiene que ser también para nosotros.

No podemos renunciar a pensar en el mar como generador de recursos sostenibles. Las posibilidades de la economía azul, suponen, sin lugar a dudas, un eje clave para el desarrollo futuro de las islas, ya que le proporcionan el acceso a unos recursos económicos y productivos con un amplio potencial de explotación sostenible. La Biotecnología Marina y su amplio abanico de aplicaciones para la mejora de la sostenibilidad, la salud y la alimentación humana, sirven una clara oportunidad para que Gran Canaria, que ya dispone de unas buenas condiciones de partida, pueda convertirse en isla pionera en el desarrollo de este sector de la biotecnología en los ámbitos científico, productivo e industrial. Las condiciones climáticas, ambientales y costeras de Gran Canaria la posicionan como un lugar ideal para aprovechar el potencial de las actividades off-shore y on-shore ligadas a estas áreas de conocimiento y tecnologías. Además, las infraestructuras y los institutos y centros de Investigación localizados en la isla, con un alto nivel de excelencia, en particular el Banco Español del Algas y Ecoagua, vinculados a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y el Instituto Tecnológico de Canarias, aportan una base sólida de conocimientos científicos y de experimentación para acometer los distintos ejes del desarrollo de las actividades basadas en la Biotecnología Marina.

Por otro lado, el entorno costero y marino de la isla, proporciona un marco ideal para el desarrollo de actividades off-shore, en particular las relacionadas con energías renovables. El Instituto Universitario de Oceanografía y Cambio Global y la Plataforma Oceánica de Canarias pueden aportar los recursos básicos de investigación y experimentación para el desarrollo de proyectos aplicados en estos ámbitos. Igualmente, el sistema fiscal canario propone un marco adecuado de incentivos para el desarrollo empresarial del sector tanto en lo referente a la I+D empresarial como para todo tipo de actividades empresariales basadas en el conocimiento.

Todas las fortalezas y oportunidades mencionadas anteriormente requieren de una estrategia integrada de todos los ámbitos públicos orientadas a su aprovechamiento, que debe estar liderada por el Cabildo de Gran Canaria como entidad responsable de la promoción económica insular y apoyada en las otras entidades públicas de competencias específicas. Y debe pasar por el reforzamiento de las capacidades e inversión en investigación y experimentación, la ordenación territorial y marina adecuada para aumentar las posibilidades productivas insulares, el diseño de un programa de cualificación de recursos humanos en los distintos ámbitos de especialización de la materia y trazar medidas de promoción económica e innovación empresarial adaptadas a la naturaleza del sector.  Hay alternativas y tenemos que afrontarlas.