El agua de la cumbre para la cumbre

El Cabildo de Gran Canaria ha puesto en marcha diferentes acciones, coordinadas entre el Consejo Insular de Aguas y Soberanía Alimentaria, que convertirán las cumbres y medianías altas en un espacio con agua garantizada para sus barrios, sus agricultores, sus presas y depósitos, todo unido en una red que permitirá impulsar al sector primario asegurando el agua necesaria para su población y para luchar contra los incendios y la erosión. Un proyecto que iniciamos en 2018 con obras ya ejecutadas, concursos de obras en marcha y proyectos en redacción, por un total de 10 millones de euros que unirá en una red todas las infraestructuras hidráulicas.

Hay una reivindicación transversal y mantenida en el tiempo de la población de medianías y cumbres, una demanda de quienes durante siglos se han visto desposeídos de su recurso fundamental, de la vida para su tierra, y es que el agua producida en estas zonas no se utilizara para atender las necesidades de las poblaciones de la costa. Estamos hablando del efecto de lo que se ha venido a denominar los trasvases cumbre-costa. Para explicar el concepto, debemos viajar al pasado, a la primera mitad del s. XX. La guerra del agua está en su pleno apogeo, con los diferentes agricultores de exportación perforando pozos para suministrar aguas de riego a sus cultivos, a lo que se sumaban otros muchos pozos dedicados al abastecimiento urbano, en una huida hacia adelante que provocaría, años más tarde, descensos importantísimos en el nivel freático y el  empeoramiento de la calidad de las aguas subterráneas, por efecto de la intrusión marina provocada por ese desequilibrio.

Con carácter general, esos pozos eran perforados en las zonas de medianías y cumbres, por ser claramente más productivas -las zonas de costa ya no eran explotables porque sus aguas eran salobres por efecto de la intrusión marina- y se derivaba el agua a  la agricultura de exportación y a la población que se concentraba en las zonas de costa. De esta forma, se configuró un sistema por el cual el agua extraída en las zonas altas acababa bajando a las zonas bajas de la isla, transportada en conducciones radiales de varias decenas de kilómetros para atender las demandas que allí se producían, en una suerte de trasvase desde las zonas de cumbre a la franja costera.

La amplia y extensa documentación elaborada en los marcos de las declaraciones de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria y de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria como Patrimonio Mundial de la Unesco ya recogía las particularidades del ámbito de las cumbres y medianías  de Gran Canaria, en cuanto a la necesidad de fomentar su desarrollo sostenible. Se trataba de promover líneas de actividad económica que pudiesen permitir el retorno de la población, desplazada a los ámbitos costeros en los que se desarrolla gran parte de la actividad económica insular; pero siempre respetando los valores naturales y culturales de ese territorio.

Esos documentos no solo hacían constar una realidad socioeconómica sino que también ponían de relieve la necesidad de dotar a ese territorio de los recursos hídricos necesarios para el buscado desarrollo sostenible de dichas actividades.

Afortunadamente la producción industrial de agua (plantas desaladoras), ha permitido que gran parte de los habitantes de la isla se abastezcan con agua desalada de mar (más de un 85% de la población de hecho y de derecho), lo que ha supuesto que, ante una situación de ausencia de precipitaciones, no se registren situaciones de desabastecimiento de la población, sobre todo de los grandes núcleos; y también ha logrado democratizar el acceso al agua, en el sentido de que cualquier persona interesada en emprender un proyecto del sector primario, ya no necesita disponer de títulos de propiedad sobre una captación, sino que puede adquirir agua a los productores industriales, adoptando en este caso un papel protagonista el Consejo Insular de Aguas.

A esto se añade que, si bien se pueden incrementar los recursos de forma artificial en la zona baja, no ocurre lo mismo en las zonas altas. La imposibilidad de perforar más pozos por la sobresaturación existente y la dependencia de las precipitaciones para la capacidad de almacenamiento, han obligado a diseñar distintas actuaciones: excedentes de Salto de Chira (700.000 m3/año), aportación de aguas a la cumbre (convenios con heredades y particulares), nuevas redes de riego, adquisición de bienes hidráulicos, etc.

Por todos estos motivos, el Cabildo ha puesto en marcha un plan de actuaciones de mejoras en infraestructuras y recursos hidráulicos en medianías y cumbre de Gran Canaria, que viene a revertir esa tendencia histórica y da respuesta a las legítimas demandas de la ciudadanía de estas zonas: el agua de la cumbre se quedará en la cumbre y además será complementada por un trasvase de agua desalada desde la costa. Este plan está lejos de demagogias y declaraciones anacrónicas oportunistas e interesadas de emergencia hídrica o zona sobreexplotada. Desde el Cabildo se ha elaborado una alternativa integral que dará respuesta a toda la zona del interior de Gran Canaria.

El Área de Agricultura ha tramitado, desde 2018, unas 25 obras de infraestructuras hidráulicas en 10 municipios por un importe total de 2.375.000 €, entre redes de riego, depósitos de almacenamiento, acondicionamiento de estanques y mejoras en las interconexiones hidráulicas de comunidades de regantes o heredades de aguas. Entre las principales actuaciones en ejecución o en trámite en la zona de medianías y cumbre, destacaría una tubería de riego de Artenara a la Vega de Acusa de casi 5 kilómetros de longitud, la red de riego de Camaretas o la de los barrios  de la zona sur de Tejeda.

Por su parte el Consejo Insular de Aguas de Gran Canaria ha ejecutado, desde la misma fecha, unas 7 obras en infraestructuras hidráulicas por importe total de 1.700.000 €. La principal es la reposición de parte de la tubería/canal de Tirma. Con motivo de los incendios de 2019, y ante la posibilidad de que las aguas almacenadas en los embalses afectados pudieran sufrir procesos de contaminación, se acometió la reposición de la antigua conducción de la finca de Tirma, para poder atender los consumos asociados a la presa de El Vaquero en el caso de que fuera imposible suministrar agua procedente de dicha presa

Para reforzar toda esta estrategia, se trabaja en estos momentos en el intercambio, con heredades y comunidades de regantes, de aguas que hoy día descienden desde las zonas altas de la isla, por las que produce el Consejo Insular en las zonas bajas. De esta manera se incrementarán los recursos disponibles en las medianías y cumbres, pero de manera flexible, permitiendo así una gestión más eficaz. Esa flexibilidad es totalmente necesaria, porque el consumo en esas zonas depende mucho del clima, presentando la demanda una variabilidad importante entre verano e invierno, o entre años buenos y malos de lluvia. Esta acción, de tremenda importancia y que se encuentra en desarrollo, se complementa con otras, tales como la adquisición de infraestructuras (pozos, presas, depósitos…) sobre la cota de 900 metros, lo que permitirá dotarnos de los instrumentos necesarios para esa potenciación del sector primario y soberanía alimentaria en zonas altas que se pretende desde el Cabildo de Gran Canaria.

Además, el Consejo Insular de Aguas ya dispone de 1.000.000 € para el mismo propósito,  aumentando así la red de redes, sistemas de almacenamiento y recursos hídricos en medianías, para asegurar la disponibilidad de agua durante las épocas de menos lluvias. Por su parte, el Ayuntamiento de Tejeda aporta con fondos propios una partida económica de 2.000.000 € para tal fin, lo que sumará más infraestructuras hidráulicas de propiedad pública.

En estos momentos, dentro del proyecto “La Cumbre Vive”,  se encuentran en redacción 6 proyectos de plantas de depuración natural por parte de los Ayuntamientos de Artenara, Tejeda y Gáldar,  financiadas por el Cabildo de Gran Canaria. De esta forma se conseguirá un recurso hidráulico complementario más para la zona, dando además así una solución a un problema ambiental de núcleos urbanos aislados. Se trata de una inversión de 1 millón de euros. También se destinan casi 400.000 euros a la recuperación de la Finca de Los Lavaderos y su estanque cueva.

Estamos hablando en total de casi 10 millones de euros de inversión, a lo que se sumaran los 700.000 metros cúbicos anuales de agua del Salto de Chira. Con este plan de infraestructuras, estamos asistiendo a un momento histórico que va a significar la provisión del agua necesaria para el desarrollo sostenible de medianías y cumbres de la isla, combinando innovación, revalorización y reutilización de nuestro patrimonio hidráulico. Al mismo tiempo damos un paso decisivo para adaptarnos a las afecciones del cambio climático, luchar contra la desertización y seguir impulsando las soberanías energética y alimentaria  en la isla.

Un plan para adaptarnos al clima

Pensé en no volver a insistir en este tema sobre el que he escrito mucho y del que se ha hablado en profundidad en los últimos días. Pero cambié de opinión porque creo que nunca es excesivo reflexionar e informar sobre un asunto de tanta trascendencia para este planeta. Como ejemplo, en las últimas elecciones en Alemania la cuestión sobre la mitigación y la adaptación ante el cambio climático ha ocupado el espacio central de los debates.

Situémonos en el año 2050. El paseo de Las Canteras se encuentra seriamente afectado por la subida del nivel del mar. Cientos de personas han tenido que abandonar sus casas situadas en la franja costera de Arucas, Telde o Gáldar. Los incendios forestales, cada vez más frecuentes y virulentos, han destruido gran parte de la masa forestal y la falta de agua ha provocado el abandono casi total de la agricultura y la ganadería. El turismo ha descendido en  un porcentaje muy alto, debido a la creciente inseguridad derivada de los fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes y del deterioro de una parte de nuestra infraestructura turística costera, restando centenares de millones de euros al PIB de Gran Canaria.

No es el guión de una película apocalíptica, ni un discurso catastrofista, es un marco perfectamente realista si atendemos a los escenarios previstos por el sexto informe del Panel Internacional de Expertos sobre el Cambio Climático, que el propio secretario general de Naciones Unidas, António Guterres,  definió como  una “alerta roja para la humanidad”.  Y si es una alerta roja para la humanidad, es una alerta máxima para Canarias. Porque lo cierto es que la emergencia climática es un problema real, inminente y concreto que pone en serio riesgo el modelo de vida de este archipiélago anclado en medio del Atlántico.

Por este motivo, estamos actuando desde 2015 en el Cabildo para convertir a Gran Canaria en una referencia en la adaptación al cambio  climático y la mitigación de sus efectos. La primera acción que llevamos a cabo fue la creación de un  Grupo de Acción Climática con el que sentamos las bases de todo nuestro trabajo en este ámbito. A partir de ese momento impulsamos la adhesión al Pacto de las Alcaldías de los 21 municipios de la isla y se han elaborado en todos ellos inventarios de emisiones, estudios de riesgos y vulnerabilidades frente al cambio climático, además de Planes de Acción para el Clima y la Energía Sostenible.  Por otro lado, el Cabildo es pionero en la aplicación de subvenciones al autoconsumo en viviendas y micropymes así como en potenciarlo en sus propias instalaciones. Para desalinizar, para depurar, para nuestros ecoparques… También desplegamos una red pública de cargadores de vehículos eléctricos en todos los municipios de la isla para facilitar la movilidad eléctrica y sostenible.

Es más, en su informe último, la Audiencia de Cuentas ya establecía que el de Gran Canaria era el Cabildo que más había avanzado en materia de adaptación al cambio climático, aunque no contaba con una estrategia. Pues bien, ya eso no es así. Ya contamos con una estrategia insular de adaptación al cambio climático e impulso de una economía baja en carbono en Gran Canaria, lo que convierte al Cabildo de Gran Canaria en la única institución de Canarias que cuenta con un plan de mitigación y de adaptación al cambio climático.

Un aspecto que las instituciones públicas debemos asumir es que sin participación ciudadana es imposible avanzar hacia la sostenibilidad. Por ello la elaboración de la estrategia se ha hecho mediante un proceso participativo contando con las aportaciones de más de 600 personas, con 36 entrevistas con actores clave, una encuesta a 445 personas y 6 talleres con 71. Y ha estado conducida por un equipo de expertos, entre ellos el catedrático de ecología Javier Arístegui o el sociólogo Manuel Calvo, coordinados por la consultora Considera.

Una de las primeras conclusiones del diagnóstico es que el clima de Canarias se está tropicalizando. Es de sobra conocido que por nuestras particularidades geográficas tenemos un clima afortunado ya que los alisios o la corriente fría, entre otros factores, permiten que tengamos unas condiciones climáticas más favorables de las que nos correspondería por nuestra situación.  Ahora bien, se está produciendo un aumento de las temperaturas, de las sequías, de eventos torrenciales puntuales como las tormentas, que asemejan cada vez más nuestro clima al de zonas tropicales.  Por otra parte el riesgo de desertización afecta al 95% del territorio insular y el aumento del nivel del mar está provocando inundaciones terrestres y litorales.

Están en riesgo nuestros recursos hídricos y con ellos la agricultura, la ganadería y la reforestación. Está en riesgo nuestro recurso más valioso, que no es otro que la biodiversidad, nuestros ecosistemas y especies animales y vegetales.  Asimismo corre peligro la salud de los habitantes de Gran Canaria como consecuencia de las olas de calor, el aumento de alérgenos o incluso la llegada de nuevas enfermedades. Y por supuesto está en  riesgo nuestra principal actividad económica, el turismo, como consecuencia de la disminución de seguridad del destino, la pérdida de recursos costeros o la degradación de los ecosistemas.

En este escenario Gran Canaria tiene un plan. Una estrategia que plantea hasta 39 soluciones concretas adaptadas al territorio, cuantificadas económicamente y para poner en marcha de aquí a 2030, aunque muchas de ellas ya se están ejecutando como he adelantado. La estrategia establece 4 tipos de soluciones: las basadas en la naturaleza, las que se centran en las infraestructuras, las que se enfocan en la gobernanza y las que utilizan la tecnología para la medición y el seguimiento. Si tuviéramos que agruparlas y priorizarlas por bloques de actuación, para adaptarnos al cambio climático en Gran Canaria las claves son la conservación ambiental y el impulso del sector primario sostenible; la transición energética y la gestión del agua; la economía circular, la movilidad sostenible y la adaptación de infraestructuras públicas con la coordinación entre administraciones y la participación ciudadana.

En un artículo de este tipo no hay tiempo para explicarlas todas pero sí voy a poner como ejemplo algunas de las soluciones concretas más destacadas. A través de la creación de bosques de agua, se está potenciando la reforestación que permite la regeneración de los recursos hídricos y la lucha contra la desertización. Desde 2015 estamos plantando entre 150.000 y 200.000 árboles al año, especialmente centrados en la recuperación de la laurisilva. Es imprescindible adoptar una estrategia de adaptación que supondrá en primer lugar una revisión y restauración del  uso del suelo reordenando la ocupación del litoral en los primeros metros. Se han de evitar las construcciones en los tramos costeros más susceptibles de inundaciones, a la par que realizar proyectos de restauración y con morfologías y vegetación más adaptadas a las intrusiones marinas. El planeamiento de futuro tiene que estar orientado en ese sentido. Mediante un acuerdo con los pastores, con los rebaños de cabras y ovejas se está ejecutando un método muy efectivo para el control de la biomasa forestal para prevenir incendios. Parece anecdótico pero es fundamental. Se trabaja también en la adaptación natural de los cauces para prevenir inundaciones, depurar con filtros verdes y aumentar la cantidad de agua regenerada.

Junto con el transporte, la producción de electricidad es la gran fuente de emisiones contaminantes. Es necesario acelerar la transición energética a través del ahorro y la eficiencia pero también de la diversificación de fuentes y de la soberanía energética, consiguiendo generar endógenamente la energía que necesitamos. Tenemos que adaptar nuestras infraestructuras y desarrollar planes específicos de prevención para los puertos, el aeropuerto y resto de infraestructuras de transporte;  proteger el patrimonio natural y etnográfico, así como la rehabilitación de viviendas. Es necesario asimismo el impulso de la economía circular y baja en carbono, seguir aumentando las tasas de reciclaje de los residuos o aumentar el compostaje de los residuos orgánicos. Aunque aún estamos lejos de los objetivos, lo cierto es que Gran Canaria lidera el reciclaje de residuos en Canarias con un 33%. La tecnología es una gran aliada desarrollando sistemas de monitorización de datos climáticos o sistemas de emergencia y alerta temprana. Pero nada de esto sería posible sin un sistema de gobernanza, la coordinación entre administraciones y la participación ciudadana. De hecho empezaremos la estrategia con la creación de un Observatorio del Cambio Climático que coordine la aplicación de todas estas medidas.

Hemos hecho una estimación económica de cuál sería el coste de la inacción climática,  y eso que los principales costes no pueden ser cuantificados económicamente, porque no podemos cuantificar la pérdida de vidas humanas, o la desaparición de ecosistemas y especies únicas en el mundo.  Pero desde el punto de vista económico, no actuar para adaptarnos al cambio climático si tenemos en cuenta  las  urgencias y hospitalizaciones adicionales, los daños por incendios forestales, el impacto en la producción agrícola o el turismo sería en total y como mínimo de 78 millones de euros al año.  Aunque se trata de una cifra muy optimista, ya que tan solo una disminución del turismo a largo plazo del 10% debido a estos fenómenos supondría casi 600 millones de euros de deterioro del PIB de la isla.

El coste total de las medidas contempladas en esta Estrategia sería de 147.935.000 millones de euros hasta el año 2030 (unos 18,5 millones/año).  Y sería una inversión que tendría altísimos retornos positivos en forma de creación de nuevos nichos de empleo, ahorro de costes asociados al consumo de energías fósiles, la atracción de inversión extranjera o captación de fondos.  En definitiva,  supone un paso decisivo en las políticas climáticas del Cabildo, nos sitúa a la vanguardia de Canarias en la adaptación al cambio climático y marca una dirección para transformar nuestra economía. Es cierto que la situación es grave, pero también es cierto que tiene solución, y que Gran Canaria tiene la oportunidad de ganar los retos del siglo XXI. Tiene proyecto, hay voluntad política, consenso de las instituciones, investigación académica de nuestra Universidad, colectivos sensibilizados… Nos queda generalizar la conciencia ciudadana, garantizar que las piedras del camino no nos impidan avanzar hacia la cumbre y que todas y todos incluyamos en nuestras agendas diarias esta prioridad.

Un volcán de solidaridad

La extraordinaria fuerza desatada por el volcán de La Palma está siendo sobrecogedora. Estamos ante el mayor fenómeno destructivo natural que han vivido las islas en su historia moderna, con una erupción que está causando un daño desconocido antes en la historia de los volcanes de las islas. Nadie recordaba un escenario tan imprevisible, tan espantoso. En pocos días, las escorias y los ríos de lava han sepultado la historia, el proyecto vital y los sueños de centenares de familias, destruyendo construcciones y huertas levantadas sobre el suelo volcánico por el esfuerzo de generaciones, transformando la roca calcinada en fértiles plantaciones, caseríos y barriadas.

La lava imparable ha devastado  cientos de viviendas, junto a fincas, establos, comercios, infraestructuras o edificios públicos sobre los que giró la historia de muchos barrios, de muchas personas cuyos padres, abuelos y bisabuelos, levantaron, en la falsa convicción de que estaban a salvo de cualquier tragedia.

Al ver la magnitud alcanzada por este proceso volcánico, tenemos que reconocer la eficaz e inmediata reacción de nuestros servicios públicos, la población y las instituciones. Desde las primeras noticias de la erupción ha habido una colaboración muy estrecha y permanente de todas las instituciones, para dar respuestas a las necesidades y emergencias posibles. Una unidad que demuestra las profundas raíces de esta Comunidad Canaria

Todos los dispositivos del Archipiélago Canario se pusieron en marcha para hacer frente a la crisis desencadenada en La Palma. Lo han hecho también distintas instituciones del Estado. Y Gran Canaria lo hizo con rapidez, desde el primer día, y con los efectivos que fueron necesarios: Bomberos del Consorcio de Emergencias de Gran Canaria, Bomberos Forestales, personal y medios de Obras Públicas, veterinarios… que han venido realizando servicios de apoyo para proteger a la población. Los recursos materiales y humanos que en la primera fase tenían como objetivo garantizar la seguridad de las personas y bienes, han dado como resultado que no tengamos que lamentar daños personales; que después de más de veinte días, no haya ninguna persona herida. Luego, con su trabajo se han dedicado a proteger estructuras necesarias para la actuación de los servicios y facilitar las actividades urgentes, así como la  retirada de materiales que pudieran comportar riesgos (productos químicos, combustibles, cenizas, etc), rescate de animales, así como vigilancia y control ante esta situación de riesgo extremo.

Sabemos que lo destruido incluye lo que significaba el único patrimonio de muchos palmeros y palmeras: sus viviendas, sus explotaciones agrícolas que eran su medio de vida, y también infraestructuras de uso público: carreteras, conducciones de agua, colegios… y es necesario pensar en devolver la normalidad a la vida de estas personas y comunidades afectadas. Y también en ocasiones como ésta la unión hará la fuerza y será con la colaboración de todas las instituciones, los colectivos y las personas la manera en que volverá a latir el corazón de la isla.

Con este sentir, y de acuerdo con el resto de los cabildos insulares, la Federación Canaria de Islas (Fecai) ha acordado una primera aportación urgente para resolver los problemas de infraestructuras de riego, de abasto de agua pública o de carreteras. Esta actuación supone una primera contribución económica de diez millones de euros, de los que casi cuatro serán aportados por el Cabildo grancanario, que también ha manifestado al Cabildo de La Palma su disposición a colaborar con él en acciones que soliciten, “de restauración de las condiciones de vida, de desarrollo económico, de construcción de viviendas, de reparación de infraestructuras, de recuperación del paisaje de acuerdo con las autoridades insulares y locales”. En esta  semana que entra visitaremos la Isla Bonita para celebrar  una reunión de la Fecai y expresar in situ el apoyo de todas las islas al Cabildo, a los ayuntamientos afectados y a la ciudadanía palmera. El Gobierno de España y el de Canarias han destinado partidas importantes para resarcir los daños y Europa no debe permanecer al margen.

El sistema económico y político imperante en el planeta arrastra al ser humano hacia el  individualismo y el materialismo, pero nuestra condición humana no es esa, los desastres naturales y las catástrofes despiertan en las personas la necesidad de sentirse protegidas por el grupo, por la comunidad a la que pertenecen.

La toma de conciencia de nuestra vulnerabilidad ante estos fenómenos naturales adversos e incontrolados no debemos asumirla como una debilidad si somos capaces de aceptar que la única manera de hacer frente a sus consecuencias es promoviendo la cohesión social y el sentido de pertenencia a una colectividad que sustenta nuestra necesidad de sentirnos acompañados y protegidos.

Para Juan Pablo II, “la solidaridad no es un sentimiento superficial, es la determinación firme y permanente de empeñarse por el bien común, es decir por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos realmente responsables de todos”.

Este Archipiélago, que conforma diversas realidades insulares, sabe unirse  con fuerza ante las adversidades y un volcán de solidaridad está  pugnando por superar al fuego emitido desde las entrañas de la tierra. La naturaleza impone sus reglas, pero desde todos los rincones de Canarias vamos contribuir a que La Palma vuelva a renacer, a consolidarse como isla verde, atalaya espacial, como primera isla que tuvo una central hidroeléctrica. El volcán ha actuado imponiéndose sobre un amplio territorio, pero la isla en su conjunto sigue intacta. Con sus extraordinarios recursos naturales, sus pueblos y ciudades, con sus esperanzas de un futuro de oportunidades.

Tenderete, el volcán y la televisión pública

La tecnología audiovisual hizo posible que las siete islas cantaran y se escucharan a la vez. Que sonaran al mismo tiempo las chácaras gomeras, las flautas y los  tambores herreños, la sabanda, el gofión, la sombrera, Taburiente… Y el pueblo canario de cada isla, de cada caserío recóndito, comprobó cómo todas esas piezas encajaban en sonidos familiares y emotivos, en recuerdos inolvidables de encuentros entre amigos, vecinos, parientes. Tiempos en los que en cada rincón se animaban los grupos de jóvenes y adultos, donde cantaban nuestro folclore y  descubrían los sonidos de ida y vuelta de nuestra emigración americana.

Este mundo de ‘canariedad’ posee un mismo idioma, la música, y su mensaje entró en nuestros hogares gracias a la pequeña pantalla. Fue coincidiendo con las fiestas del Pino en Teror. Nanino Díaz Cutillas presentaba la primera emisión de Tenderete, un 7 de septiembre de 1971, hace ahora 50 años. Un formato que ya es historia al crear el programa no informativo que hoy es el más longevo de la memoria de Televisión Española. Un legado musical y etnográfico sin precedentes y con una proyección internacional extraordinaria. Un fondo documental que pocas tradiciones populares en el mundo poseen. Un programa que es seguido y querido en numerosos países latinoamericanos.

Tenderete fue considerado inicialmente por las autoridades franquistas (en especial por la censura previa que habían impuesto y que obligó a cancelar el programa en 1973) como un programa folclórico, en una España que solo reconocía la música popular en los Coros y Danzas (organización nacional fundada en 1939, dentro de la Sección Femenina). Pero Tenderete era y es mucho más original, único, festivo y emotivo. Es parranda,  enyesque,  socarronería y también momentos para la emoción colectiva de la audiencia, con la misma intensidad en vivo, en los estudios de TV, en los pueblos y en el hogar. Todo gracias a un sencillo hilo conductor, un repertorio musical en el que -tras medio siglo de programas- se ha producido un enorme desarrollo de la calidad y perfección en el  sonido y la imagen. Cada programa es un nuevo documento en la historia de nuestra música, de nuestra cultura, de nuestra identidad. Un espacio que abre puertas a la palabra y a otras tradiciones y personajes que forman parte de nuestra cultura isleña y universal.

Este programa hace historia porque ha llevado la música canaria a todo el planeta, al permitir descubrirla y conocerla profundamente, con seguidores en numerosos países gracias a la pequeña pantalla. Como también fue historia aquella noche en los años 50, en un céntrico piso en Madrid, cuando nuestro Alfredo Kraus y sus amistades entonaron el ‘Roque Nublo’ y un vecino tocó a la puerta para pedir que lo interpretaran nuevamente con las ventanas abiertas. Así lo contaba Pancho Guerra, que era uno de los comensales, al recordar la ovación de aquel ‘auditorio’ que se formó con toda la vecindad del edificio.

Tenderete es esa ventana que a lo largo de medio siglo ha permitido que nuestra música sea nuestra primera carta de presentación en el mundo. Y el Cabildo ha colaborado durante estos años en muchas ocasiones con sus emisiones. Una labor que es paralela a nuestra apuesta por la Fundación Nanino Díaz Cutillas, el Instituto Canario de las Tradiciones de Los Gofiones o la Escuela de Verseadores de Gran Canaria, Ochosílabas, impulsada por Yeray Rodríguez; y así podría citar otras fundaciones y entidades con las que colabora la Corporación Insular en el ámbito de la cultura y las tradiciones.

Nuestro apoyo a estas iniciativas es sincero. Pero hemos de reconocer que, sin una difusión adecuada, el esfuerzo no es suficiente para reducir el impacto de la aculturización que implantan los modelos de televisión establecidos en España, empresas de la comunicación que buscan la rentabilidad, usando estereotipos y un lenguaje que se extiende, en detrimento del habla canaria, en la propia comunicación en las familias. ¡Cuántos “vosotros” y “podéis” se escuchan en estos días en las aulas, en los medios y en las calles de Canarias!

La creación de un Centro de Producción de Televisión en Canarias transformó profundamente la sociedad isleña. Comenzamos a conocer la geografía de todas las islas, sus actividades y personajes. Ya no estábamos aislados en nuestro territorio, éramos Archipiélago. Fue en 1960 cuando se creó el primer centro territorial que comenzaría a emitir en febrero de 1964. La tecnología era muy cara y la conexión por satélite tardaría en llegar por lo que la primera emisión constó de unos dibujos animados, un telediario y un partido de fútbol que llegaron en avión y se emitieron al día siguiente de su visionado en la España peninsular. Por ello, la realidad física insular impuso la necesidad de incorporar programas propios. Emisores, repetidores y antenas permitieron una programación más económica que el satélite. Así fue durante siete años, cuando comenzamos a reconocer aquellos/as excelentes profesionales que transmitían desde todas las islas para una sociedad que había vivido aislada en cada terruño del archipiélago.

El mismo año en que entra en funcionamiento el satélite Intelsat IV, Canarias comienza a recibir de forma simultánea al resto de España la programación de la televisión pública estatal. Y, a pesar de superar las barreras del tiempo y el espacio con la tecnología, se apostó por la producción local, su éxito fue inmediato y generó un nuevo sentir en la población isleña.

Y recordando esos 50 años de Tenderete, el programa más longevo de TVE, es momento de reconocer que hizo más por la unidad de Canarias el Centro de Producción que ninguna otra actuación pública o privada. Nos permitió comunicarnos entre isleños (informativos regionales, La luchada, El pueblo canta, Canarias viva, Perfiles isleños y otros), porque por primera vez Canarias tenía una plataforma de comunicación del archipiélago. Las televisiones de las islas fueron un freno a la estandarización y a la pérdida de la identidad y del habla canaria, en estos momentos en horas bajas. 

La creación de la Televisión Pública Canaria y la proliferación de televisiones locales dieron lugar a una etapa de gran actividad en la comunicación cercana. Pero en los últimos 15 años ha ido reduciéndose el número de emisoras locales y las televisiones de ámbito nacional han reducido a la mínima expresión la producción regional. También TVEC cuenta ya con muy pocos espacios de producción canaria, a pesar de evitar su cierre en 2006. La corporación RTVE redujo la plantilla y las franjas de emisión de programación regional. Una actividad casi testimonial.

Y en este nubarrón televisivo nos encontrábamos cuando la erupción del volcán de La Palma ha demostrado la necesidad de ese servicio público en un territorio como Canarias. Una atención a la ciudadanía como la que de manera ejemplar ha realizado RTVC, que ha cubierto con profesionalidad y detalle la primera erupción en superficie en décadas en España (la anterior fue en el Teneguía hace también 50 años, a los pocos días de nacer Tenderete).

Los servicios públicos se muestran en estos tiempos como una garantía en lo sanitario, la seguridad, la educación, la atención social… y no menos importante en la comunicación.