Portada Antonio Morales


El siglo de luz y aire de Alonso Quesada

El 4 de noviembre de 1925 se detuvo de pronto el aire en Santa Brígida. Aquella noche, la luna mantuvo su curso menguante. Incluso podría decirse que todo siguió igual. Pero no fue así. Aquel día se apagaron los pulmones y el corazón de Alonso Quesada. Y en el mismo instante comenzó a respirar la eternidad de su legado humano y literario. El rastro de ese aliento sobre el cristal de la memoria es precisamente el que nos convocó entre los libros de la Librería del Cabildo para anunciar los actos que,  con motivo del centenario de su marcha,  promovemos desde el Gobierno de la isla.  

No se vieron alterados los acontecimientos cotidianos e íntimos como los que retrató en sus magistrales ‘Crónicas de la ciudad y de la noche’, habitadas por noctámbulos, panaderos, seres envueltos en el misterio que desaparecen entre las sombras y farolitos de luces anémicas, en irónico contraste con el resplandor creciente en el que se ha convertido la obra del escritor grancanario un siglo después de su muerte.

Es quizás la paradoja que aguarda a las personas destinadas a permanecer en el tiempo, incluso aunque abandonen la vida demasiado pronto.

No tuvo Alonso Quesada, seudónimo de Rafael Romero Quesada, una vida fácil. La temprana muerte de su padre hizo recaer sobre él el peso de sacar adelante a la familia. Desarrolló su vida en su ciudad de nacimiento, Las Palmas de Gran Canaria, donde fue, en palabras de la catedrática Yolanda Arencibia, un “eterno disidente”, con una combinación de actitud crítica y compromiso que es, igualmente, un faro que haríamos bien en no perder de vista en estos tiempos de tormenta, pero donde también nos acechan la inacción y la amnesia social. Precisamente por eso necesitamos mantener a flote el mensaje de autores y autoras capaces de agitar conciencias.

En este sentido, Alonso Quesada es uno de los escritores más importantes de la literatura canaria, como mostró en sus facetas de poeta, narrador, dramaturgo y periodista, con su estilo a la vez existencial e irónico. Era capaz de navegar con soltura por las aguas más profundas, remando entre los acontecimientos cotidianos, donde encontraba la verdad que continúa revelando su obra.

Su extraordinaria sensibilidad, su vocación universal, su amplia cultura, su aguda mirada de cernícalo sobre la realidad -desde el amplio cielo de su universo literario- y su conocimiento de las intimidades del paisaje humano hicieron posible que levantara todas las anclas. De este modo, ni tan siquiera las dificultades ni las amarguras pudieron impedir que Alonso Quesada se convirtiera en uno de los grandes renovadores de las letras en el archipiélago.

Un siglo después de que se fuera el hombre y ocupara su lugar la eternidad del poeta, el Cabildo de Gran Canaria, a través de la Consejería de Cultura, impulsa un amplio programa de actividades que se desarrollará en los diferentes equipamientos culturales de la institución insular con el objetivo de reivindicar el valor de la palabra y su poder transformador. El programa involucra a la Biblioteca Insular de Gran Canaria, a la Casa-Museo Tomás Morales, al Centro de Cultura Audiovisual, al Servicio de Ediciones, a la Sala Insular de Teatro,  a la Librería del Cabildo y al Teatro Cuyás.

Desde hace medio siglo, la institución insular ha difundido el legado del escritor de diversas formas, adquiriendo también  su biblioteca y archivo personal, que se conservan en la Biblioteca Insular. Y esta labor abarca, por supuesto, la publicación del patrimonio bibliográfico a través del departamento de Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, una editorial pública que presentó la primera edición facsímil de su obra teatral ‘La umbría’ en 1974 y, posteriormente, publicó sus ‘Obras Completas’ (en 1976 y 1986) así como la Biblioteca Alonso Quesada (2012) y los nuevos facsímiles de ‘El lino de los sueños’ (2015) y ‘La umbría’ (2022).

En el marco de este centenario, y con el mismo objetivo de preservar la memoria de Quesada y mantenernos fieles al compromiso en la difusión de su obra, presentaremos nuevas ediciones de sus textos, incluyendo material inédito, como es el caso de la pieza teatral ‘Doña Juana y sus hijos’. Quiero destacar también la instauración del premio de teatro que llevará su nombre. 

Este gran árbol creativo a partir de las inspiradoras raíces de Quesada se ramificará también en exposiciones, documentales, rutas urbanas, representaciones teatrales, conciertos, talleres de rap, o actividades divulgativas, algunas de ellas dirigidas de manera especial al público más joven. Porque todo lo abarca y todo lo permite el infinito Alonso.  

Todo ello, sin duda, obedece a una de las principales líneas de actuación del Cabildo por medio de su Consejería de Cultura: la transmisión de la centralidad de la lectura, la escritura y el uso de la palabra en la formación de una ciudadanía libre. Esta programación, a la altura de la importancia de un escritor sobresaliente, desea ser también un espacio abierto para la colaboración con otras instituciones, y con otros actores de la vida cultural del archipiélago, a quienes animamos a mostrar sus propuestas e iniciativas que proyecten  al futuro el legado de Quesada y contribuyan al esfuerzo solidario para crear una ciudadanía libre.

Y precisamente en estos momentos, cuando una tecnocracia de tintes autoritarios aspira a gobernarnos con algoritmos que dejan de lado el respeto a la verdad o a  los valores que enaltecen a las sociedades basadas en los principios democráticos, necesitamos mirarnos en espejos que nos reflejen tal y como somos, mostrando a la vez las luces y los rincones oscuros del alma, en lugar de idiotizarnos y distorsionar la realidad de manera intencionada.

Sumamos con estos argumentos nuevas y sobradas razones para declarar Hijo Predilecto de Gran Canaria a Alonso Quesada y, también, como Hija Predilecta a Pino Ojeda, como anunciamos el pasado viernes y como haremos oficial en el acto que tendrá lugar el próximo 14 de marzo con motivo del 112 aniversario del Cabildo. La elección de Alonso Quesada como protagonista del Día de las Letras Canarias es, desde luego, una decisión que avalamos y que nos alegra.

Será lo justo y lo necesario, porque las palabras de Alonso y de Pino fueron escritas en otra época. Sin embargo, nunca fueron pasado, porque nacieron para sonar siempre actuales, para emocionarnos y mantenernos alerta en el presente, como se demuestra cuando leemos sus textos. Ocurre lo mismo con Tomás Morales, cuya herencia cuidamos, estudiamos y difundimos en la casa-museo. O con Saulo Torón, del que conmemoramos el pasado año el 50 aniversario de su adiós con la edición de las ‘Conversaciones noveladas’.

Y así es. Mantenemos vivo el diálogo con quienes ensancharon los límites de nuestras reflexiones y sentimientos. Lo hacemos con la fe depositada en el verbo, agarrados a los restos del naufragio, los mismos a los que se aferró el propio Quesada en ‘El lino de los sueños’, cuando dejó que un rayo luminoso encendiera las aguas de su agitado océano para proclamar que su alma tendía sobre el mar dorado una esperanza de mejores tiempos. Reviviendo sus versos, obramos el milagro y retoma el aire su movimiento, batiendo con un viento a la vez pretérito y fresco la arboleda del pensamiento.

60 años de Ecca: Educación y compromiso

ECCA, una institución emblemática en el ámbito de la educación popular en Canarias, ha sido desde
su fundación en 1965 un faro de esperanza y progreso para miles de personas. Su labor ha
quebrado las barreras geográficas, sociales y económicas para llevar la educación a los rincones
más apartados del archipiélago y democratizar así el acceso a la educación. A lo largo de su historia,
ECCA ha demostrado un compromiso inquebrantable con la innovación educativa y la inclusión
social, adaptándose a los cambios tecnológicos y sociales sin perder de vista su misión original:
formar personas libres, críticas y comprometidas con su entorno.
Nació en un contexto en el que la educación formal era un privilegio al que pocas personas podían
acceder, especialmente en las zonas rurales y entre los sectores más desfavorecidos de la población.
Su fundador, el jesuita Francisco Villén Lucena, entendió que la radio, un medio de comunicación
masivo y accesible, podía ser una herramienta poderosa para llevar la educación a quienes más lo
necesitaban. Así, desarrolló un sistema educativo único, basado en la combinación de clases
radiofónicas, materiales impresos y tutorías presenciales, que permitía a los estudiantes aprender a
su propio ritmo y desde sus hogares.
Debemos recordar que la educación canaria sufrió un retraso doloroso durante la dictadura y al
iniciarse la transición democrática las cifras de escolarización, de abandono escolar, de oferta
educativa nos situaban con un retraso de décadas en comparación con las comunidades españolas
más avanzadas. Radio ECCA vino a compensar aquel abandono y ha cumplido un papel
amortiguador de la desigualdad de oportunidades de enorme importancia.
Este modelo, conocido como el Sistema ECCA, revolucionó la educación a distancia en España y se
convirtió en un referente internacional. No solo facilitó el acceso a la educación básica y profesional
a los adultos, sino que también promovió la alfabetización y la formación en valores cívicos y
sociales. A través de sus programas, Radio ECCA ha contribuido a reducir las tasas de analfabetismo
en Canarias y ha empoderado a miles de personas, especialmente mujeres, que encontraron en la
educación una vía para mejorar sus condiciones de vida y participar activamente en la sociedad.
Uno de los aspectos más destacables de ECCA ha sido su capacidad para reinventarse y adaptarse a
los cambios tecnológicos y sociales. En sus inicios, la radio fue el medio principal para difundir sus
programas educativos, pero con el paso del tiempo, la institución ha incorporado nuevas
tecnologías para ampliar su alcance y mejorar la calidad de su oferta formativa. Con la introducción
de cassettes y vídeos en los años 80 hasta llegar a la creación de plataformas digitales y
aplicaciones móviles en la actualidad, ha sabido mantenerse a la vanguardia de la innovación
tecnológica.
En los últimos años, la institución ha dado un salto cualitativo con la implementación de
metodologías de aprendizaje en línea y blended learning, que combinan lo mejor de la educación
presencial y a distancia. Esto ha permitido a la actual ecca.edu llegar a un público más amplio y
diverso, incluyendo a jóvenes que buscan una formación profesional y a personas mayores que
quieren mantenerse activas y seguir aprendiendo. Además, ha desarrollado programas específicos
para colectivos vulnerables como inmigrantes, personas con discapacidad y desempleados,
demostrando una vez más su compromiso con la inclusión y la justicia social.
En 2023 dio un paso más en su proceso de transformación con la creación de dos fundaciones
independientes: la Fundación Radio ECCA, dedicada a la acción social, y la Fundación Canaria

Educación y Cultura, enfocada en la actividad educativa. Esta reconversión responde a la necesidad
de especializar y optimizar sus recursos para afrontar los retos del siglo XXI, sin perder de vista su
misión fundacional.
La separación de lo social y lo educativo permite a ambas fundaciones centrarse en sus respectivos
ámbitos de actuación y desarrollar estrategias más eficaces para cumplir sus objetivos. Por un lado,
la Fundación Canaria Educación y Cultura se encargará de seguir innovando en el campo de la
educación a distancia, adaptando sus programas a las demandas del mercado laboral y las
necesidades de la sociedad canaria. Por otro lado, la Fundación Radio ECCA continuará trabajando
en proyectos de acción social, promoviendo la igualdad de oportunidades y la cohesión social en las
islas.
Esta reconversión no supone una ruptura con el pasado, sino una evolución natural de una
institución que siempre ha estado atenta a las necesidades de su entorno. Refuerza el compromiso
de ECCA con la educación y el bienestar de las personas, garantizando que su legado perdure en el
tiempo y siga siendo un referente en el ámbito de la educación popular.
Su aportación a la educación popular en Canarias es incalculable. A lo largo de casi seis décadas, ha
formado a más de dos millones de personas, contribuyendo a su desarrollo personal y profesional
y, por ende, al progreso de la sociedad canaria en su conjunto. Su modelo educativo ha sido
replicado en otros países de América Latina y África, demostrando que la educación es una
herramienta poderosa para transformar vidas y construir un mundo más justo y equitativo.
El Cabildo de Gran Canaria ha valorado permanentemente su proyección socioeducativa y ha
estado siempre a su lado aportando recursos y apoyo institucional para que los objetivos decisivos
que promueve lleguen a cada una de las grancanarias y grancanarios que lo solicitan.
Pero más allá de los números, lo que realmente define a ecca.edu es su espíritu de servicio y su
capacidad para conectar con las personas. Detrás de cada programa, de cada clase radiofónica, de
cada tutoría, hay historias de superación, de esfuerzo y de esperanza. Historias de personas que,
gracias a Radio ECCA, han podido cumplir sus sueños y mejorar sus condiciones de vida.
En un mundo cada vez más globalizado y tecnológico, el papel de instituciones como ECCA es más
importante que nunca. La brecha digital, la exclusión social y las desigualdades educativas siguen
siendo desafíos urgentes que requieren soluciones innovadoras y comprometidas. Ecca.edu con su
larga trayectoria y su capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos, está llamada a seguir
liderando este esfuerzo.
En un momento en el que la sociedad canaria se enfrenta a múltiples desafíos, desde el desempleo
juvenil hasta la crisis climática, ecca.edu sigue siendo un faro de esperanza y un motor de cambio.
En definitiva, es mucho más que una institución educativa: es un símbolo de resistencia, de
innovación, de compromiso y de solidaridad.

Un Estadio, un Coliseo del siglo XXI

Gran Canaria vibra con el deporte. La mayoría de nuestra gente se identifica con unos colores y apoya a equipos que representan a nuestra tierra, practica deporte aprovechando nuestras condiciones naturales y disfruta de eventos de carácter local, estatal o internacional que visibilizan la isla y sus valores. El deporte se convierte, además, en atractivo turístico y económico y convoca a miles de visitantes que encuentran en nuestra isla un espacio permanente en el que desarrollar cualquiera de las modalidades que se practican en tierra, en el mar o en las  instalaciones punteras que nos hacen isla del deporte.

Con el fin de afianzar nuestro proyecto deportivo y cultural, el Cabildo de Gran Canaria se comprometió a transformar el Estadio de Gran Canaria para adaptarlo a las nuevas exigencias deportivas, técnicas y medioambientales que los nuevos tiempos y sus circunstancias requieren. Un paso más en la ejecución de infraestructuras fundamentales para la práctica deportiva  como el antiguo estadio Insular, el Centro Insular de Deportes, el Gran Canaria Arena y tantas y tantas instalaciones de propiedad o de iniciativa insular. Afortunadamente, desde el pasado viernes tenemos ya la idea base del nuevo Estadio Gran Canaria seleccionado por un jurado profesional y cualificado. Estoy seguro de que será un nuevo icono de la isla y de la capital.

Gran Canaria tendrá un estadio preparado para ganar nuevos retos,  símbolo del nuevo tiempo que queremos ganar para el deporte, para la cultura, para los festivales y celebraciones que, cada vez con mayor impacto, se convocan en nuestra isla y que necesitan un recinto de referencia, moderno, con todos los adelantos tecnológicos y medioambientales de los grandes coliseos internacionales.

Sintonizando con esa vocación y ese sentimiento, el Cabildo de Gran Canaria ha intensificado su apuesta por el deporte y la consecución de la sede del Mundial de 2030 para Gran Canaria y Las Palmas de Gran Canaria ratifica nuestra fortaleza y nuestra capacidad como sociedad y como gobierno insular.

Una de las primeras funciones del nuevo Estadio será ser sede del Mundial 2030, nada menos que para que Gran Canaria entre en la historia de las sedes mundialistas. No hay otro evento que pueda proyectar más nuestra isla, su actividad deportiva, económica, social y cultural, con un nuevo referente  arquitectónico en Siete Palmas. Dicen los técnicos de la FIFA que no hay duda de que el paso de un mundial tiene un efecto transformador del lugar donde se ubican las sedes. Un antes y un después. La nominación está suponiendo una alegría colectiva que se exterioriza en múltiples manifestaciones populares, sirviendo así para aumentar la confianza y nuestra autoestima como pueblo.

Hace dos días el jurado encargado de seleccionar los distintos proyectos arquitectónicos eligió el que consideraron que reunía las mejores condiciones para que Gran Canaria disponga de una nueva imagen que sirva para identificar la isla y la capital como expresión de innovación, vanguardia, armonía, creatividad y canariedad. Estamos ante un proyecto hermanado con la isla, con sus condiciones naturales, con nuestra historia.

La decisión debía ser preferentemente técnica y por eso se conformó un jurado con representación de colegios profesionales, arquitectos e ingenieros especializados en grandes instalaciones. Es tiempo de agradecer su trabajo y ratificar la confianza en su profesionalidad. Y también la dedicación del Instituto Insular de Deportes que ha realizado la coordinación.

Desde el inicio del proceso para la construcción del nuevo Estadio Gran Canaria hemos sentido una responsabilidad guiada por el pasado y orientada hacia el futuro. Será  una de las sedes del Mundial 2030, pero va mucho más allá. Siempre dijimos que esta profunda transformación se haría en cualquier caso porque Gran Canaria lo necesita. Nuestra isla está siendo atractiva porque dispone de instalaciones de vanguardia que garantizan los acontecimientos más importantes y exigentes en todas las áreas. Necesitamos dar un salto inteligente y verde para colocarnos en la vanguardia de infraestructuras del siglo XXI. Este  recinto  dará una nueva dimensión a la isla.

El nuevo Estadio que financia e impulsa el Cabildo de Gran Canaria cerrará la herida del Insular. Una herida que pasó de un Estadio que era un hervidero a otro que enfrió a la afición. Acoge la demanda de la ciudadanía que pedía un Estadio que volviera a tener el calor y la proximidad. Y al mismo tiempo generar una infraestructura polivalente abierta a toda la ciudadanía y a todas las celebraciones que la sociedad requiera.

Conformará junto al Gran Canaria Arena, el nuevo pabellón de Infecar y los platós de cine, un conjunto de instalaciones deportivas y de grandes actividades, sostenibles, modernas, de gran capacidad y dignas para una isla que mira al futuro con necesidad y confianza en la diversificación y la calidad. Y este proyecto también permitirá culminar una zona de la capital y una instalación que estaba inacabada.

Lo prometimos en su momento y hoy tenemos proyecto de nuevo estadio, su financiación presupuestada y  la candidatura mundialista confirmada. Hay motivos para que la sociedad grancanaria se sienta satisfecha con las capacidades que la enriquecen.

Los acontecimientos se multiplican. La proyección internacional de nuestra isla en la dimensión deportiva se consolida con la celebración de grandes espectáculos. La celebración de la 89.ª edición de la Copa del Rey de Baloncesto, en el Gran Canaria Arena del 13 al 16 de febrero, hará de la isla un lugar de encuentro de aficiones y un escaparate mediático de lo que determina nuestra manera de ser.  Días después, otra gran prueba mundial, The North Face Transgrancanaria, una de las competiciones más importantes del calendario de las carreras de montaña. Y en abril el Mundial de Rallies que por primera vez se celebrará en una isla canaria  al menos por dos años consecutivos. El Mundial de Windsurf en Pozo Izquierdo en julio, el Frontón King en octubre… y así un programa anual rico en grandes eventos deportivos que demuestran las excelencias de nuestra naturaleza para la práctica del deporte y nuestra capacidad de organización. Queremos ganar en calidad no en cantidad.

Hoy recogemos los frutos del entusiasmo de generaciones que han contagiado al conjunto de la población isleña el interés por los deportes. Y aprovechamos la oportunidad -reconocida por los auditores de la FIFA- de un Estadio inacabado para convertirlo en uno de los grandes recintos futbolísticos del mundo.

Contamos con los recursos económicos suficientes. El proyecto ganador ya no es un misterio. Se trata de una propuesta elegante, sofisticada, emblemática en su definición arquitectónica, deportiva, cultural y medioambiental, sensible con la ciudad, la isla y el espacio donde está situado. Que habla al mundo desde lo local, desde lo que nos identifica, que se apoya en la descarbonización, las energías limpias y la economía circular, que incorpora la innovación y la digitalización y que da respuesta a las demandas de siempre de la afición grancanaria.

Se adapta a la trama urbana ya existente y muestra el deseo de ser más que nuestro estadio, desea ser nuestro coliseo del siglo XXI, con grandes espacios libres, áreas de servicios y zonas comerciales, de restauración, de ocio, etc. Dispondría igualmente de mas de cuarenta y cuatro mil plazas ampliando y acercando las gradas norte y sur con un cerramiento envolvente y translucido y un techado que cubre la totalidad de las gradas.

Ahora toca ejecutar las obras y dejar a Gran Canaria un equipamiento público que será admirado en todo el mundo, que disfrutaremos intensamente y que nos abre posibilidades inmensas. Es un orgullo que Gran Canaria pueda contar con una infraestructura de la que pocos lugares disponen, un enorme coliseo como el Estadio de Gran Canaria.

Estoy convencido de que estamos viviendo momentos en los que construimos la Gran Canaria que queremos dejar en herencia a nuestras hijas e hijos. Esa isla de nuestra vida que garantice la cohesión social, la sostenibilidad, el desarrollo socioeconómico y la identidad cultural que nos singulariza como pueblo. El nuevo Estadio de Gran Canaria formará parte de esa imagen ilusionante, hermosa y vanguardista que se abraza con la forma de ser de nuestra sociedad.

                                                                                         Antonio Morales Méndez

                                                                          Presidente del Cabildo de Gran Canaria

La palabra firme de Gran Canaria en FITUR

Este año llegamos a FITUR con las lluvias que dejó en Madrid la borrasca Garoé, la primera bautizada con un nombre aborigen canario. Dentro de los pabellones de IFEMA se movía un río de miles de personas, integrantes de delegaciones llegadas de todos los rincones del mundo para participar en las sesiones profesionales. Resulta difícil no dejarse arrastrar por la inercia de una cita que históricamente desemboca en otra lluvia, en este caso de cifras. Expectativas de más visitantes, beneficios, macroresultados económicos, conexiones aéreas, plazas alojativas…

Me ha llamado la atención el auge de discursos vinculados a la importancia de que el turismo se dirija hacia su propia sostenibilidad. Lo he escuchado por boca de representantes públicos de destinos internacionales y nacionales, y también dentro de nuestro archipiélago. Quiero pensar que estas declaraciones suponen el indicio de un cambio de rumbo. Aunque tengo mis reservas, además del temor de que en ciertos casos se trate de una variante más de lo que ahora conocemos, según su popularizada denominación en inglés, como greenwashing, es decir, la falsa promesa de un compromiso medioambiental y social envuelta en buenas palabras. El gato por la liebre del refranero de siempre.

Por sí mismas, a las palabras se las lleva el viento. Solo mantienen su sentido cuando van de la mano de hechos y estrategias encauzadas a modificar la realidad. De lo contrario, se abre un abismo entre lo que se dice y lo que se hace por el que desaparecen la coherencia y la esperanza de un cambio real. Y, sinceramente, entre lo que he oído, visto y leído estos días, pasada una semana del cierre de FITUR 2025, compruebo la existencia de profundas lagunas entre lo que se pregona y lo que se lleva a la práctica, como pantanos que desprenden el aroma del oportunismo.

No es el caso de las líneas de acción en las que lleva embarcado una década el Cabildo, que engloban un golpe de timón turístico para mejorar la travesía de quienes comparten proyectos e ilusiones en Gran Canaria. Por eso quise aprovechar mi presencia en FITUR para que la firmeza de la voz de la isla se escuchara con claridad dentro del gigantesco coro, como una contribución al debate y aunque a alguien le pudiera resultar disonante. De hecho, ahí reside su valor. Sé que existen muchas sensibilidades, pero es necesario que las discutamos y busquemos fórmulas para aproximarnos, huyendo del cortoplacismo y la negación de que estamos ante un cambio de paradigma.

Hemos vivido procesos parecidos con el cambio de modelo energético o con la necesidad de hacer frente al calentamiento global. Afortunadamente, las posiciones se han ido aproximando, aunque siempre nos encontraremos con negacionistas, retardadores que priorizan aspectos menos significativos y dilatan las soluciones o los catastrofistas que aseguran que ya nada se puede cambiar. En este lado están los que dicen que nada se debe cambiar y se instalan en el inmovilismo y los que señalan que nada se puede cambiar y se anclan en la turismofobia.

Las macrocifras del turismo son contundentes. Estamos ante una actividad que mueve el 9% del PIB mundial (en España un 13% y en Canarias un 35%) y del que depende uno de cada doce empleos en el planeta, principalmente ocupados por mujeres. Además, se trata de un sector económico que impulsa el desarrollo de países menos avanzados y favorece el diálogo y la cooperación entre culturas. Asimismo, el derecho a las vacaciones anuales retribuidas está regulado en diversas normas internacionales. También a moverse libremente.

Existen múltiples modalidades de turismo, pero, entre otras razones, con el auge de los vuelos y servicios de bajo costo, y las ansias de romper con el aislamiento que supuso la pandemia, ha surgido el fenómeno de la masificación. Incluso en los lugares más sorprendentes o peligrosos podemos encontrar colas de personas. Y Canarias figura entre los destinos líderes del turismo en el mundo y eso es debido a una gran cantidad de personas, empresas y organismos que hacen posible la excelencia de nuestra oferta. Pero no nos podemos dormir en los laureles.

El turismo hunde sus raíces en nuestra historia y es parte de nuestra identidad. Y a partir de esa realidad, hemos de esforzarnos por conseguir que responda a nuestras necesidades y no profundice en las desigualdades, la animadversión social o en el impacto negativo en los recursos naturales o de servicios, porque determina nuestras vidas. Este año se cumple medio siglo desde la creación del Patronato de Turismo. Durante cinco décadas, el Cabildo ha servido de soporte a la promoción de la isla y a las empresas del sector. Hoy la gobernanza de los destinos está en cuestión. El pacto social está en crisis y no podemos dejar que se deteriore más.

En estos cincuenta años, el turismo se ha profesionalizado y estructurado de manera considerable. Pero también hemos visto crecer el descontento de sectores de la población que lo culpan de déficits sociales y medioambientales y plantean cambios. Por ello, debemos recuperar la implicación de la sociedad para consolidar un modelo de turismo más sostenible y rentable, que contribuya al progreso, a la diversificación de la economía, a una mayor igualdad social, a la protección del medio natural y sus recursos y a una mayor distribución de sus beneficios.

Tenemos que reflexionar sobre la calidad de los empleos y sobre la adecuación de los salarios a los beneficios. Le correspomde, nos corresponde, a instituciones públicas, operadores turísticos y sus organizaciones representativas, sindicatos y sociedad civil organizada, representante de distintas sensibilidades. Y sería un error hacerlo desde el enfrentamiento aunque tengamos posiciones distintas. Lo cierto es que existe un malestar, aunque no se manifiesta igual en todas las islas. En realidad, estamos ante dos situaciones bien distintas, con un crecimiento desorbitado de la población en cuatro islas y un decrecimiento o estacionamiento en las restantes.

Y es que la imposibilidad de poder acceder a una vivienda asequible, la gentrificación, las molestias por la saturación de servicios e infraestructuras, las restricciones de agua o la preocupación por el deterioro de espacios naturales y playas por un afán expansionista sin control que se está dando en algunas islas, son cuestiones que afectan a una mayoría social al margen de ideologías. Y lo más importante, y que creo que está en el núcleo central de las movilizaciones, es que se ha dejado de percibir que el crecimiento turístico sin límite sea la vía para aumentar los ingresos y el bienestar de la sociedad canaria en su sentido más amplio. En realidad, tal y como señalaba la ZEC hace unos días, el 55% de la renta turística acaba escapando a terceros países, se va de las islas.

Y los datos parecen señalar que existen razones para ello. En el año 2000 llegaron a las islas Canarias 9.975.977 turistas, 14,6 millones en 2022, 15 millones en 2023 y en 2024 casi 18 millones. Pues bien, en el año 2000 la renta per cápita en Canarias era de 20.703 euros y en 2021 fue de 18.990 euros y, según datos de Eurostat, este año ha vuelto a bajar.  Es decir, en estas dos décadas hemos visto incrementarse la llegada de visitantes en un 50% y aun así hemos perdido 1.700 euros de renta per cápita. Somos la segunda comunidad española con más pobreza pese a que la evolución del PIB canario ha sido similar a la del conjunto de España. Sin embargo, el aumento desproporcionado de población -ligada al desarrollo turístico- ha provocado el brusco descenso del PIB per cápita.

Ahora bien, dicho esto creo que para afrontar los problemas adecuadamente debemos tener en cuenta dos cuestiones: no todos los problemas que se señalan son consecuencia directa del modelo turístico (aunque tenga influencia), y existen, insisto, importantes contrastes.

La demografía no opera al margen de la estructura socioeconómica. Sin las oportunidades económicas vinculadas al turismo sería muy difícil que se hubiera producido este aumento poblacional, pero también es verdad que no todo el incremento poblacional se debe al turismo. Pertenecemos a un territorio con unas condiciones privilegiadas que lo hacen atractivo para muchos europeos que tienen libertad de circulación. En los últimos 25 años, el crecimiento en Tenerife ha sido de un 31%, de un 70% en Lanzarote, casi de un 100% en Fuerteventura y en Gran Canaria de un 15%. De ahí la necesidad imperiosa de buscar vías para frenar la llegada de nuevos residentes. Hablo de una Ley de Residencia.

Hay muchos aspectos de nuestro modelo de desarrollo, que tiene al turismo en el centro, que necesitan ser revisados. Hoy somos más pobres que hace dos décadas, a pesar de haber doblado el número de turistas, y el incremento de la población está situando al límite nuestra capacidad para proveer servicios esenciales a la ciudadanía. Urge mejorar la calidad del destino, haciéndolo más sostenible y generando servicios de alto valor añadido vinculados a la cultura, la gastronomía, al sector primario y al medio ambiente que puedan ser provistos por actores locales. 

La regulación de los usos de la vivienda -especialmente la de uso vacacional de grandes tenedores en el conjunto del territorio- se hacía altamente necesaria y se están dando los pasos para ello. Pero ahora mismo el impacto es brutal. Es preciso también limitar la compra de viviendas por personas extranjeras, poner barreras al crecimiento incontrolado y arbitrario de los precios del alquiler, poner en uso las más de 200.000 viviendas vacías en Canarias  y construir vivienda pública, porque no se ha hecho en décadas. También regular el encarecimiento del coste de la vivienda e impedir la turistificación de barrios enteros que echa a las familias de sus casas de siempre. Defiendo igualmente una Ecotasa finalista que ayude a corregir y paliar estos efectos. Y debe plantearse una propuesta homogénea para toda la Comunidad canaria. Al margen de que cada isla administre su realidad concreta.

El turismo debe contribuir en mayor medida a romper desigualdades. La dignificación, la cualificación, la mejora de las condiciones de trabajo y el aumento de los salarios harían posible una mayor integración de los hombres y mujeres de nuestra tierra en la industria turística y harían menos necesaria la incorporación de personal foráneo. Somos también la segunda comunidad con los salarios más bajos. Estoy convencido de que esta es la mejor manera de mejorar la productividad de la que siempre se culpa al trabajador. Igualmente, el sector también debe integrarse de una manera efectiva en la sociedad adquiriendo un mayor compromiso de responsabilidad empresarial, social y económica.

En Gran Canaria avanzamos con el modelo de Ecoísla. Con él ofrecemos verdad, resultado y compromiso. Esta sostenibilidad integral supone también un atractivo para visitantes con mayor conciencia medioambiental. En cualquier caso, se trata de repensar estructuras e ideas preconcebidas para afrontar nuevos retos y nuevos tiempos, cuando ya no existen árboles sagrados como el Garoé pero crece la necesidad de que germine y se expanda el cambio.