Protejamos nuestra isla

El 21 de junio dimos a conocer la campaña de extinción de incendios que la Consejería de Medio Ambiente y la Unidad Operativa de Fuegos Forestales (UOFF) ha elaborado para este año. Un acto en el que nos acompañó una llovizna que impidió realizar una demostración con fuego real. Aunque inusuales, en pleno junio, aquellas gotas demostraron que la naturaleza impone sus leyes, para evitar o -en el peor de los casos- para propagar las llamas. Como cada año, la presentación de la campaña de extinción de incendios tiene por objeto dar la máxima difusión a una realidad ante la que nos enfrentamos cada año y que tiene una premisa fundamental: concienciar a la población de que estamos ante una amenaza gravísima y que no hay mejor extinción que evitar que se produzca el fuego. La naturaleza impone sus normas y nuestra capacidad de respuesta ante el fuego es muy limitada, por lo que la actuación preventiva es fundamental.

Estaban presentes nuestros agentes forestales  con sus Equipos de Protección Individual (EPI), sus vehículos, motobombas, mangueras, incluso su vehículo de transmisiones que facilita la comunicación de los diferentes equipos para que puedan coordinarse con los mandos. Personas, vehículos, tecnología. Recursos que el Cabildo Insular tiene para defender el patrimonio forestal de todos y todas. Pero hagamos un esfuerzo de imaginación y ubiquemos a estas personas frente a kilómetros de llamas, con alturas que pueden llegar a 50 metros. Piensen en los equipos Bravo o Presa, intentando evitar la destrucción de viviendas o garajes, donde puede estallar una bombona, donde puede haber animales abandonados tras la huida precipitada o, incluso, personas que se resisten a perder todo lo que poseen.

La escena es dantesca, lo ha sido y es, en cada incendio, pero hay más. Recuerden las imágenes de lenguas de fuego eruptivo extendiéndose por los barrancos. La sequedad del aire, la velocidad del viento y las altas temperaturas son los factores ambientales que influyen en la magnitud de un incendio. Si a ello se suma una gran cantidad de vegetación seca, la capacidad de actuación para frenar su avance es mínima. Ahí está el resultado de los Grandes Incendios Forestales: una oscura mancha sobre nuestros paisajes naturales de gran belleza y valor sentimental, calcinados, destruidos y condenados a ser recuperados con un esfuerzo humano y una enorme inversión durante décadas.

Por ello, el Cabildo centra sus esfuerzos en la prevención y la intervención rápida como premisa fundamental de nuestras campañas contra los incendios forestales. Para hacerlo posible contamos con una Unidad dotada de 242 personas con formación y experiencia, equipos, vehículos terrestres y aéreos, servicios de telecomunicaciones y técnicos especialistas. Por cierto, en breve se incorporarán 21 nuevos vehículos (todoterrenos y motobomba) con una inversión de 1,2 millones de euros. Y todo en estrecha colaboración con otros cuerpos como policías locales y fuerzas de seguridad, la UME, bomberos municipales… Y el Consorcio de Emergencias de Gran Canaria (también en el proceso de modernización de sus equipamientos), con la incorporación de nuevos medios humanos: se han sumado 14 nuevos agentes en 2020, y en 2021 se prevé finalizar la oferta de empleo público correspondiente al puesto de cabo-jefe de turno, incorporando 10 efectivos adicionales para esa categoría. Estamos al 95% de cobertura de la plantilla de bomberos. También vamos a invertir en el Consorcio 1,5 millones de euros en dos bombas urbanas pesadas, tres ‘pickup’ de rescate y dos vehículos de mando para emergencias extraordinarias, junto a nuevos EPI.

Pero no están solos. Quiero citar especialmente a los voluntarios y voluntarias de Protección Civil en los distintos municipios: son clave. Dan la cara desde el primer momento, como ha sucedido hace unos días en Mogán, donde su rápida actuación permitió extinguir un conato potencialmente peligroso. Por ello, pido a los ayuntamientos todo el apoyo para estos hombres y mujeres. El plan de Cooperación del Cabildo destina partidas económicas para estos grupos. Hay que hacerlas efectivas. Hay que dotarlos de más medios. Su papel es vital para evitar en el instante que un fuego se extienda y se transforme en un incendio.

También es importante el trabajo de las poblaciones de montaña, su ganadería, sus tierras cultivadas, sus productos… cada saco de papas, cesta de uvas o kilo de cereales que se produce en nuestros campos, es un agente forestal que contribuye a frenar el fuego y posibilitar su control y extinción. Porque la tierra que se cuida es el principal enemigo del fuego.

Nuestra geografía es una sucesión de bosques, tierras de cultivo -en gran parte abandonadas- y zonas urbanas, por lo que hemos de estar preparados para actuar frente a los incendios con nuestros recursos, destinados a la prevención, a la intervención inmediata y a la protección de los montes. La prioridad es salvar vidas humanas y  bienes, para lo que contamos con 10 brigadas terrestres, 6 equipos PRESA y 5 patrullas que están operativas desde el 1 de abril al 31 de diciembre, lo que supone una novedad este año ya que se aumenta el periodo de contratación a 9 meses porque los incendios  ya no se limitan al verano, sino que se extienden a otros meses en el calendario. Por ello llegamos al tope que establece la Ley para la contratación del personal. El Cecopin (Centro de Coordinación Operativa Insular) también se mantiene con un refuerzo de 2 gestores. Otra novedad es la incorporación de un técnico como Director de Extinción (ahora suman 6 en total); 2 técnicos de refuerzo en tareas de apoyo y 10 operarios de vigilancia.

Con los dos helicópteros contratados para la extinción de incendios, podremos actuar rápidamente y con mayor precisión. Uno de ellos permanecerá durante todo el año en la isla, por primera vez en la historia, con el personal para su mantenimiento y para actuar inmediatamente en los inicios de los incendios. Este equipamiento es fruto de un nuevo contrato que entra en vigor en este año y que garantiza el servicio durante cuatro años, prorrogables otros dos.

Pero volvemos a insistir: no hay otra solución menos dañina para nuestra naturaleza y menos peligrosa para la población y sus bienes que evitar el fuego. Sin embargo somos plenamente conscientes de la importancia de la investigación, el establecimiento de planes, la sensibilización, la prevención, las labores de desbroce y limpieza (más de tres millones de inversión en actuaciones en barrancos y lugares estratégicos, financiadas por la Consejería de Medio Ambiente y el Consejo Insular de Aguas). También el uso de tecnologías y equipos innovadores, como los drones y los nuevos usos de las tecnologías de la información a través del proyecto de Isla Inteligente ‘Alertagran’ (más de 3 millones de euros de inversión). A todo ello, sumamos la confianza en nuestros pastores (estamos trabajando con más de 60), en los agricultores (subvencionando la limpieza de las fincas) y en la apuesta  por la recuperación agrícola de las zonas del interior, dentro del proyecto La Cumbre Vive y el Fondo Verde Forestal.

Ya saben que Gran Canaria es conocida como el ‘continente en miniatura’. Yo me atrevería a decir que es un paraíso en miniatura y nuestro empeño se centra en cuidarlo, en mejorar la sostenibilidad, en incrementar el agua en las zonas cumbreras y en consolidar el proyecto de ecoísla.  Necesitamos iniciativas enmarcadas en este proyecto que garanticen la recuperación y conservación de uno de nuestros mayores valores naturales: los bosques, que nos protegen de la erosión, la desertización y que aportan oxígeno como sumideros de carbono. Por eso este Cabildo lleva este proyecto como seña de identidad para recuperar, entre otras cosas, su corona forestal, y para actuar frente a la situación de emergencia climática.

Por esta razón, por todo lo que está en riesgo, quiero hacer también un llamamiento a la ciudadanía: tenemos que colaborar, tenemos que extremar las precauciones, tenemos que seguir las indicaciones que se nos dan en cada momento por los especialistas, tenemos que limpiar los alrededores de las viviendas… En casi todos los fuegos interviene el factor humano y casi siempre se debe a la imprudencia, como ha demostrado nuestra excelente Brigada de Investigación de los Fuegos Forestales.

Quiero agradecer también en este punto la tarea realizada desde hace varios años por nuestro Gabinete de Comunicación, particularmente por Fátima Martín, para convertir la información en un elemento clave en la divulgación, la prevención y la colaboración ciudadana así como para dar a conocer  el papel de los hombres y mujeres que combaten el fuego. Y la complicidad e interés de los medios de comunicación, imprescindibles en una propuesta integral de formación, concienciación y prevención.

Me gustaría terminar manifestando que este personal -cuya durísima labor en el monte apenas podemos imaginarla, lejos de la población y en la soledad del sofocante calor del incendio-  es merecedor de todo el apoyo y reconocimiento social. Por ello, el Cabildo de Gran Canaria va a instaurar un día al año de homenaje y difusión de la labor del personal de extinción de incendios del Cabildo, voluntarios y cuerpos colaboradores de toda la isla. Gran Canaria va a sumarse a la celebración, cada 4 de mayo, del Día Internacional del Bombero Forestal. Lo haremos dentro de las actividades de la iniciativa ‘Mayo: mes de la prevención de incendios forestales’, que potenciaremos de acuerdo con este colectivo, para que toda la población pueda conocer y aplaudir la labor de los profesionales y  el voluntariado, acompañado de un amplio programa divulgativo para llegar a todos los municipios.

Y quiero también anunciar que el parlamentario de Nueva Canarias, Luis Campos,  trabaja en estos momentos en el Parlamento de Canarias con representantes sindicales, en una iniciativa para avanzar en la consecución de una vieja demanda del colectivo: su consideración como Bomberos Forestales por parte del Gobierno central. Muchas son las tareas en marcha, y contamos con  medios humanos y materiales para actuar, pero debemos tener el máximo cuidado y  la colaboración de todos y todas para superar esta campaña sin víctimas mortales y sin incendios que puedan oscurecer  nuestra tierra y nuestros corazones.

Un Parque Nacional que ilusiona

Nunca la compra de un terreno por parte del Cabildo Insular de Gran Canaria generó tanta ilusión y unanimidad en la sociedad grancanaria. La reacción fue inmediata y rotunda. El anuncio de la adquisición de las parcelas que décadas atrás fueron vendidas a compradores desconocidos con domicilio social en un paraíso fiscal, creó también incertidumbres acerca del futuro de aquellos terrenos que formaban parte de la leyenda del paraíso perdido, del territorio menos conocido de Gran Canaria por tratarse de un lugar recóndito y solo accesible para los senderistas o las personas que alcanzaban sus playas por mar, con una travesía de incierta calma por La Aldea o por la costa moganera.

Sin embargo, el anuncio hace unos días de la adquisición de aquellos polémicos terrenos por parte del Cabildo Insular de Gran Canaria que presido y avanzar en la propuesta de un Parque Nacional, ha provocado una rápida reacción en forma de pregunta: ¿Será posible crear el Parque Nacional de Gran Canaria en aquellos terrenos? Y así lo han planteado los medios de comunicación de inmediato. Una pregunta que se ha repetido hasta la saciedad y que también han formulado numerosos grancanarios y grancanarias como si fuera un acto reflejo. Y no nos sorprende, porque esta es una aspiración largamente sentida por nuestra población. El Archipiélago Canario es la región española con mayor número de Parques Nacionales, con algunos de los iconos mundiales de la naturaleza como Timanfaya (1974), el Teide (1954), Garajonay (1981) y Taburiente (1954). Reductos de ecosistemas únicos en el mundo que, además, confirman la singularidad y el valor ecológico de nuestro archipiélago macaronésico.

Pero en Gran Canaria y Fuerteventura siempre  hemos tenido conciencia de la importancia de nuestras riquezas naturales, de nuestra singularidad y originalidad, con territorios con características únicas para merecer el reconocimiento más importante que otorga el Estado a un ecosistema, como son los Parques Nacionales. En el caso de Gran Canaria, podría haber varias propuestas, pero la más sólida es la del cardonal-tabaibal con la extraordinaria representación de este ecosistema que se extiende por todo el Macizo del Suroeste, particularmente en el Macizo de Guguy; mientras en Fuerteventura siguen aspirando a su Parque Nacional de Zonas Áridas.

Una de las razones de la ilusión que ha despertado esta acción del Cabildo Insular, es que más de dos tercios de los terrenos del Macizo de Guguy –los de mayor uso social e interés natural- ya son de titularidad pública,  del Ayuntamiento de La Aldea y del Cabildo grancanario. Precisamente, el problema es que en cada ocasión en la que se ha planteado la posibilidad de promover un Parque Nacional en la isla se ha topado con la negativa de colectivos sociales que verían sus propiedades afectadas por la declaración, si bien el concepto de estos espacios no impide ni persigue la presencia y las actividades humanas, tradicionales o de nueva implantación y sólo los limita si comprometen los valores ecológicos del mismo.

A pesar de la unanimidad en la sociedad grancanaria por la apuesta para alcanzar un espacio con la mayor protección y proyección de nuestra naturaleza, hay todavía alguna persona que se pregunta por qué queremos que Guguy sea Parque Nacional si ya es Reserva Natural Especial, una de las zonas núcleo de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria y objeto de un proyecto Life de la Unión Europea que, por cierto, ha permitido recuperar el bosque de cedros en la montaña del mismo nombre pasando de treinta ejemplares iniciales a más de mil en la actualidad.

Pues ante esa pregunta la respuesta es fácil. En un territorio un poco más pequeño que el de Garajonay, el Parque Nacional canario más reducido, nos encontramos con tres ecosistemas importantes -una diversidad que no se da en ninguno de los otros cuatro Parques Nacionales- entre los que destaca el cardonal-tabaibal más importante del mundo. Además, comparativamente, encontramos más endemismos insulares propios en Guguy que en ningún otro Parque Nacional. Solo por estos motivos, sería suficiente justificación para lograr la declaración de Parque Nacional.

Pero ¿qué aportaría a Gran Canaria declarar con dicha figura de protección ese territorio que ya está  protegido? Probablemente una cuestión de prestigio, de reconocimiento máximo, de promoción de un modelo de turismo muy específico y de gran calidad que se mueve por el conocimiento y por el respeto a la naturaleza. Porque, no olvidemos que el Parque Nacional del Teide ya estaba protegido cuando lo declararon, además, Patrimonio Natural de la Humanidad de la Unesco. ¿Una redundancia? No, una cuestión de prestigio y un reconocimiento más a los valores de este espacio único. Y lo mismo sucede con otros Parques Nacionales en Canarias. Una realidad que nos sitúa, por méritos propios de nuestra naturaleza, entre las regiones geográficas con mayor biodiversidad del planeta.

Además, estamos ante una declaración que obligaría a desarrollar un Plan de Ordenación de Recursos Naturales (PORN) propio para este Parque y que incluiría el desarrollo de actuaciones en el entorno que beneficiarían a una población, especialmente dañada por las sucesivas crisis, como es La Aldea. Estamos hablando de inversiones en infraestructuras para el Parque Nacional, equipamientos y servicios para atender a visitantes y personal del Parque, captación de fondos de los diferentes programas para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, diversificación del modelo turístico con nuevos perfiles de visitantes más sensibles con la naturaleza y todo ello perfectamente integrado en nuestro proyecto de ecoísla.

Para este Cabildo Insular, como para la gran mayoría de la población de la isla, todos los reconocimientos nacionales o internacionales contribuyen a mejorar la imagen  de nuestro territorio ante el mundo. De ahí que en Gran Canaria dispongamos de los diferentes espacios naturales protegidos por la legislación: Reserva de la Biosfera, Patrimonio de la Humanidad, Reserva Starlight… Una realidad que enorgullece e ilusiona, que contribuye a crear comunidad y a valorar nuestro entorno, porque pocas personas pueden presumir de vivir en un territorio tan especial. Por ello, se ha puesto en marcha, desde el Gobierno de la isla, un equipo de trabajo para determinar los pasos, procedimientos y recursos necesarios para promover cuanto antes la declaración del Parque Nacional de Guguy, en un momento en el que las competencias para la tramitación y aprobación las tiene el Gobierno autonómico, por lo que sería el primer Parque Nacional declarado por el Gobierno de Canarias. Invitaremos también a sumarse al equipo de trabajo al ayuntamiento de La Aldea. Ya hemos concertado también una reunión de trabajo con el Consejero de  Transición Ecológica del Gobierno canario.

Estamos ante un proyecto que debe contar con el máximo apoyo social y creemos que lo vamos a conseguir, porque hemos escuchado el mensaje de ilusión que nos ha transmitido la población y esperamos dar respuesta muy pronto a este sueño tantas veces frustrado.

Renovables sin dilaciones

El pasado 30 de mayo escribí un artículo, titulado “Renovables imprescindibles”, en el que defendía la necesidad de impulsar la penetración de las energías renovables en el planeta. Y, por supuesto, en este archipiélago anclado en medio del Atlántico. Insistía en ese texto en que se trata de una necesidad imperiosa. Que no caben dilaciones para hacer frente al cambio climático y al calentamiento global, producido en gran medida por la quema de combustibles fósiles  que provoca las millones de muertes que se producen cada año en el mundo a causa de la contaminación y el aumento de las temperaturas. No podemos mirar para otro lado, o para nuestro ombligo, y hacer oídos sordos ante los desastres naturales, las migraciones climáticas, la pobreza, la desaparición en unos pocos años de un 58% de la población mundial de peces, aves, anfibios, mamíferos y reptiles o la pérdida irreparable de biodiversidad.

Citaba, en aquella reflexión semanal que comparto con ustedes, a científicos y organizaciones internacionales que claman una y otra vez por la descarbonización y el cese del uso del petróleo, el gas o el carbón. La UE, el acuerdo de París, la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la Agencia Internacional de la Energía Renovable ( IRENA)… No existen discrepancias entre todos los organismos al afirmar que solo la eficiencia, el ahorro y las renovables pueden conseguir frenar la deriva peligrosa y suicida a la que está abocado el planeta.

Y hacía esta reflexión pública, hace apenas trece días, porque me preocupan enormemente las posiciones que se están adoptando en el conjunto del estado por distintas organizaciones ecologistas, defendiendo una moratoria ante la penetración de las renovables,  lo que en realidad supondría una paralización en toda regla, para la que se recurre a argumentos como los de la falta de planificación y participación ciudadana, la afección a la flora y la fauna, la intervención negativa en el paisaje, la privatización de los recursos naturales y la necesidad de nacionalizar la energía, o la sustitución por alternativas como el autoconsumo…

Defendía -y defiendo- que me parece una enorme irresponsabilidad parar ahora la penetración de las renovables. Proponer una moratoria para repensar el modelo y abrir un debate sobre la planificación, las normativas para la gestión del territorio, la participación ciudadana, la nacionalización de la energía…supondría una paralización sine die en la penetración de las renovables y una continuidad en el uso de los combustibles fósiles de forma irresponsable y peligrosa.

Para explicar esta tesis recurrí a un artículo de Xavier Pastor, ex director de Greenpeace, publicado en El País (“En defensa de las renovables”) en el que mantenía que no se puede en estos momentos parar la penetración de las energías limpias a gran escala, y que los parques eólicos y fotovoltaicos son instalaciones temporales para los que se cede durante un tiempo limitado pequeños fragmentos de nuestra tierra y nuestro mar con el fin, absolutamente legítimo, de protegernos de la grave amenaza que vive el planeta. Citaba también a Andreu Escrivá que escribió en Muy Interesante que “Hemos pasado del negacionismo del cambio climático al negacionismo de las soluciones”. Y al filósofo Ramón del Castillo: “La derecha está cada día más encantada con una izquierda que transige con la ecología espiritualista, porque así ella puede reivindicar la ecología realista”.

Nada más publicar mi artículo, recibí un tweet, muy respetuoso y dialogante, de Alianza Energía y Territorio (ALIENTE), que aglutina a organizaciones de distintos lugares del estado que exigen la moratoria a las renovables, derivándome a un artículo (“La irresponsabilidad de imponer un modelo de renovables a gran escala”) que  habían publicado en El País, el 26 de mayo pasado, en el que defienden ir más despacio con la planificación de los proyectos eólicos y fotovoltaicos “para evitar que el rechazo social haga fracasar la necesaria transición energética”. Proponen un debate sereno, pero no comparto que eso pase por parar la implantación de las energías limpias. Porque lo que plantean nos llevaría a años de suspensión en la penetración de las renovables y, por tanto, a seguir quemando combustibles fósiles. Seguir matando al planeta, a su gente, a su biodiversidad.

En Gran Canaria las formas son bien distintas. Algunos de los colectivos que participan de la idea de proponer una moratoria a la penetración de las renovables, y de oposición a la propuesta del Cabildo de Gran Canaria y REE de propiciar un sistema de almacenamiento hidroeléctrico apoyado en las dos grandes presas de Chira y Soria, han elegido un tono de enfrentamiento y de descalificaciones visceral e injurioso. Se está propiciando así una brecha significativa en el movimiento ecologista y una radicalización en el discurso y en el desprestigio de las personas y las instituciones que defendemos posiciones diferentes.

Después de más de una década de debate sobre el Salto de Chira, después de años de lucha para evitar la penetración del gas -porque habría supuesto la paralización de las energías renovables- después de pelear año tras año contra la corrupción ligada a los concursos de distribución de MW, contra la falta de planificación y de incentivos y de trabajar por  la creación de marcos legales para hacer posible la introducción de las energías limpias, ahora resulta que hay que pararlo todo y dejar que se sigan quemando fósiles  en las centrales térmicas de la isla. Pararlo todo, frenar el proceso iniciado y abrir un debate de años y años, dicen, para ver qué desarrollo económico queremos para Canarias, qué modelo energético, qué modelo de generación y de almacenamiento, qué propuesta de lucha contra el cambio climático, qué modelo de ordenación del territorio, cómo hacerlo de manera más democrática… Como si estuviéramos en un sistema no democrático, como si no tuviéramos leyes para la protección de nuestro territorio, como si no lleváramos años debatiendo y peleando para conseguir lo alcanzado, como si algunos partidos políticos no lo tuvieran integrado en sus programas y la gente no los hubiese votado… Como si en el Cabildo de Gran Canaria no estuviésemos defendiendo un modelo de desarrollo ecosocial, de ecoísla, que profundiza en todo eso. Como si no fuéramos conscientes y sensibles con nuestra isla y sus hombres y mujeres.

La totalidad de los partidos políticos presentes en el Parlamento de Canarias, junto a científicos, profesorado de la ULPGC, organizaciones sociales, ecologistas canarios con una trayectoria impoluta o personas que hemos estado trabajando desde las instituciones o en movimientos ciudadanos como la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético y hemos sido sometidas a campañas brutales –empresariales y mediáticas- por nuestra negativa a permitir la instalación de una regasificadora en la isla o a la implantación del gas ciudad y por defender un futuro renovable, estamos ahora sufriendo ataques sistemáticos en las redes y en algún que otro medio que da pábulo a difamaciones y cábalas.

Ahora, el discurso conspiranoico y la campaña de bulos se dirigen a las instituciones gobernadas por el PSOE, Podemos y Nueva Canarias, o a responsables políticos como el Presidente del Cabildo, señalándonos como supuestos ejecutores de políticas al servicio de los fondos buitres y de las eléctricas multinacionales, convirtiéndonos así en destructores del territorio, el paisaje y la diversidad. Y me imagino que pensarán entonces lo mismo de Xavier Pastor, o de Eva Saldaña, directora ejecutiva de Greenpeace España que, el sábado 21, declaraba en El País que en España “no puede haber ahora moratorias a las energías renovables”. O de Lluis Serra, rector de la ULPGC, que planteaba hace unos días que “es curioso cómo algunos movimientos ecologistas locales entran a menudo en contradicción con el ecologismo global internacional. ¿Qué preferimos: mantener un microsistema local intacto o contribuir a frenar el calentamiento global y el cambio climático?”. O de Joan Herrera, ex director del IDAE y ex diputado de Izquierda Verde IU-ICV, que escribió en La Vanguardia el pasado 13 de mayo un artículo titulado “Renovables: avanzar, condicionar, nunca paralizar”, donde afirma que ¨paralizar los proyectos de energías renovables es dar un aval a los ciclos combinados, a una mayor contaminación, al bloqueo de la electrificación de la movilidad y al continuismo de las nucleares”.

Soy absolutamente partidario de extremar las medidas de control de los parques instalados, de garantizar la protección de nuestra biodiversidad con las medidas correctoras y medioambientales que se precisen, de avanzar hacia la democratización de la energía impulsando el autoconsumo y la propiedad pública de la producción, de incentivar la eficiencia y el ahorro, de agilizar un modelo de generación distribuida  y más flexible, de  separar los aerogeneradores de las viviendas… pero todos aquellos parques eólicos y fotovoltaicos o centrales de almacenamiento como el Salto de Chira que cumplan con las leyes y los planes con los que nos hemos dotado para gestionar el territorio y con los estudios de impacto medioambientales que establece nuestro marco jurídico, no deben ser paralizados. A no ser que queramos aplazarlo todo sine die para abrir un debate de incierto final o volver al modelo que nos querían imponer, y que se ha votado favorablemente en el Cabildo de Tenerife el pasado 30 de mayo: reclamar el gas como alternativa energética. O la aberración que propone VOX. Según ellos, se están implantando de manera “descontrolada” las renovables, que son además “muy caras” lo que ha encarecido la electricidad en Alemania,  por lo que la alternativa solo pasa por las nucleares, mucho más baratas.

Y mientras tanto, crece la confusión y las dudas ante esta campaña que no da respuestas a la emergencia climática ni a las directrices del acuerdo de París para frenar el calentamiento global. En realidad, solo beneficia a las petroleras mientras ponemos en riesgo nuestra supervivencia.

Guguy y el sueño del Parque Nacional de Gran Canaria

El Cabildo de Gran Canaria ha adquirido el 15% de la superficie del Macizo de Guguy. Estos terrenos, junto a los del Ayuntamiento de La Aldea, hacen posible que el pueblo aldeano y el de toda la isla disponga de la titularidad del 75% de este paraíso insular. Con esta compra hemos incorporado al patrimonio de nuestra isla el espacio de uso social de aquel lugar, que también ofrece las mejores condiciones para la reforestación. El Cabildo mantiene su histórico compromiso con la conservación natural de Gran Canaria, con la recuperación de la corona forestal en las cumbres y la red de fincas singulares que han sido adquiridas a lo largo de la historia de esta institución, con casos de especial relevancia como las de Tirma, Osorio, Juncalillo del Sur… Son sitios simbólicos para Gran Canaria, pero la adquisición de Guguy presenta unas particularidades que hacen de este hecho un acontecimiento que puede cambiar la historia de la isla como referente mundial medioambiental.

Durante la visita que realizamos a Guguy para informar sobre los pormenores de la compra, me preguntaban por el futuro de esta zona. Una lógica y previsible preocupación y expectación de las grancanarias y grancanarios porque el anhelo de un Parque Nacional para la isla no es una novedad. En concreto, esa esperanza comenzó con el botánico Gunther Kunkell, cuando planteó que Gran Canaria podía aspirar a disponer de un territorio natural con la máxima categoría de protección: el Parque Nacional, que señaló para la zona de Pilancones. Fue en 1974 cuando la Asociación Canaria de Defensa de la Naturaleza y el científico alemán elaboraron el “Inventario de los recursos naturales de las islas de Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote”, para la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el World Wildlife Found (WWF) y los cabildos insulares.

Kunkell sabía de lo que hablaba y de la importancia que tendría tal declaración para concienciar a la isla, ya que significaría un nuevo y trascendental aporte a sus valores y atractivos, e impulsar un modelo de desarrollo sostenible, con la mirada centrada en el paisaje y la riqueza de la naturaleza. Con ese espíritu promovió los Parques Nacionales de Garajonay (La Gomera) en 1981 y Timanfaya (Lanzarote) en 1974, así como la Ley de Espacios Naturales de 1987, a lo que hay que añadir las declaraciones de Reservas de la Unesco. Imaginen lo que pensaría en este momento si supiera que el Cabildo ha adquirido este territorio que forma parte del núcleo de la Reserva de la Biosfera, está dentro de la red de espacios protegidos de Canarias y, además, podría ser un firme candidato para su declaración como Parque Nacional.

Vista aérea de Guguy

Y éste es el nuevo escenario en el que nos encontramos, dispuestos a tomar las decisiones más adecuadas para esta importante zona de la isla que tiene todos los reconocimientos ambientales, al ser un espacio protegido con la categoría de Reserva Natural Especial y estando además integrado en la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria, reconocida por la Unesco. Y no menos importante, recientemente se ha constituido el Instituto para la gestión integral del Patrimonio de la Humanidad y la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria, el órgano que cuidará y dinamizará una extensa superficie terrestre y marítima de la isla que, además, es la que menos transformación ha sufrido y que acoge varios de los ecosistemas más singulares.

A esta realidad se suma un nuevo hito. En esta ocasión, la sociedad grancanaria ha reaccionado con satisfacción tras conocer el final de la odisea de los tres millones de metros cuadrados que, finalmente, ha comprado el Cabildo al precio de tres millones de euros a través de una subasta pública realizada por la Agencia Tributaria. Una superficie significativa unida a la que dispone el principal propietario del Macizo, el Ayuntamiento de La Aldea. Atrás quedan los novelescos episodios del torero que vendió a una promotora turística que luego quebraría, o la entidad que vendió los millones de metros cuadrados por un precio irrisorio en una operación que llevó la propiedad a un paraíso fiscal; o la más rocambolesca y reciente historia de la subasta en un portal chino de internet, que se transformaría en una subasta por un embargo del órgano tributario. La población de Gran Canaria ha visto el punto y final de la aventura y el inicio de una etapa ilusionante al asegurar la titularidad pública de casi todo el macizo, quedando algunas zonas -prácticamente inaccesibles- en manos privadas. Muy cerca se encuentra el Macizo de Inagua, separados por la degollada de Tasartico con una diferencia de altitud de entre 200 y 400 metros en una pequeña distancia. Todas las miradas se centran ahora en estos dos espacios que, además, son los dos núcleos de la Reserva de la Biosfera, ambos propiedad pública en su (casi) totalidad. Deben ser la base más sólida del futuro Parque Nacional.

Una satisfacción popular que también se produjo cuando el Cabildo adquirió la finca de Osorio, un lugar que es ya referencia insular –y cinematográfica- de Gran Canaria. Esta finca juega un papel fundamental en la recuperación de la laurisilva a través del proyecto de corredores que vuelvan a unir la antigua Selva de Doramas, como parte del proyecto diseñado por José Miguel Fernández-Aceituno para el Cabildo.

Guguy va a ser otra gran referencia internacional. Ya lo es, porque forma parte del núcleo de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria, y porque se trata del territorio con la mayor biodiversidad de Canarias en manos públicas, incluidos los cuatro Parques Nacionales del Archipiélago. Desde que Guguy fuera declarado Parque Natural en 1987, la presión social para conservar ese paraje provocó que, en 1994, el Gobierno de Canarias cambiara su calificación incrementando su protección con la categoría de Reserva Natural Especial. Y muy especial porque en ella se encuentran tres ecosistemas diferentes, en apenas 30 millones de metros cuadrados. Sus dos cimas en la Montaña de Los Hogarzos (1060 m.) y El Cedro (1006 m.), están a mayor altura  que el pico de Osorio o el pueblo de Valleseco, lo que da una idea de la vertiginosa altura de sus barrancos, de pino a costa en tan sólo 5 kilómetros de distancia. De ahí que podamos diferenciar tres ecosistemas en una misma zona, desde el pinar al bosque termófilo de sur y uno de los enclaves más importantes de cardonal-tabaibal del mundo.

Sin duda, esta compra y sus implicaciones van a suponer un gran impulso a nuestro proyecto de Ecoísla, porque representa la preocupación de nuestra sociedad por tratar con el máximo cuidado nuestros recursos naturales, por la restauración del territorio y por la recuperación de ecosistemas, de los que Gran Canaria es una referencia indiscutible al ser reconocida como  “Continente en miniatura”.

Con ese interés y apoyo social, ahora pondremos nuestro esfuerzo en planificar el futuro de este territorio con la creación de los equipamientos y servicios necesarios, la mejora de la seguridad, la accesibilidad y con la determinación de garantizar la igualdad en el disfrute de un paraíso, el corazón de uno de los símbolos de Gran Canaria. La población de La Aldea y de Gran Canaria es propietaria, ahora, de Guguy. Ya no hay otro interés sobre Guguy que el que determine nuestra comunidad.

Es el momento de mostrar el valor de esta joya natural como eje de nuestro proyecto de Parque Nacional de Gran Canaria.