Migraciones

Durante las últimas semanas el debate de la inmigración en Canarias vuelve a ocupar el protagonismo de  la información en los medios de comunicación y vemos como se repiten situaciones vividas hace una década. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, estuvo la semana pasada en Canarias en una cumbre bilateral entre las islas y el Gobierno de España para hablar sobre inmigración y más concretamente sobre el repunte en la llegada de personas migrantes a las islas en los últimos meses. Pero se fue y no aportó ninguna solución más allá de decir con claridad que la responsabilidad es de Europa. Que Europa obliga a la devolución en caliente a las personas que tocan en nuestras puertas pidiendo asilo. Pero el futuro no parece muy halagüeño si esperamos que sea la misma Unión Europea que tiene a 15.000 personas hacinadas en el campo de refugiados de Moria, en la isla griega de Lesbos -en un espacio preparado para 2.800, en tiendas de campaña y en condiciones insalubres e infrahumanas- la que ofrezca soluciones. Porque además la ausencia de una política común de migración y asilo siempre ha sido una de la principales carencias de la UE.

El principal problema con el que nos encontramos cuando hablamos de migraciones es que gran parte de lo que se dice o se piensa sobre el tema son mitos sin sustento real. Para empezar, la migración (la emigración y la inmigración) no es un problema, sino un fenómeno natural, consustancial a toda la historia de la humanidad. En otras palabras, migraciones ha habido, hay y seguirá habiendo. Y Canarias y España son el mejor ejemplo de esto. Entre 1882 y 1935 entre 3,5 y 4,7 millones de españoles emigraron a América Latina. Recientemente la periodista Almudena Ariza recordaba en twitter que en los años 60 unos 2 millones de españoles emigraron a países del norte de Europa. Por su parte Canarias ha sido durante casi toda su historia un pueblo de emigrantes. Tan solo en los primeros 20 años del siglo XX se vieron obligados a salir del Archipiélago en una situación irregular más de 180.000 personas con destino a Cuba, Venezuela y África.

Ahora bien, se trata de un fenómeno complejo, multifactorial y en constante evolución, que si se gestiona mal (como se está haciendo) puede generar serios problemas. Desde vulneración de derechos a las personas migrantes, situaciones de exclusión en los países de llegada, conflictos sociales por la ausencia de políticas de integración y gestión de la pluralidad religiosa y cultural, etc. No obstante, una política migratoria adecuada puede suponer un gran beneficio tanto para las personas migrantes como para sus países de origen y para quienes las recibimos.

Los inmigrantes ingresan a las arcas públicas más de lo que gastan. Según datos de la Oficina Económica de Presidencia del Gobierno, a través de un informe de La Caixa, publicado por la Cadena Ser,  el 30% del crecimiento del PIB entre mediados de los años noventa y la primera década de este siglo fue consecuencia de la llegada de inmigrantes. Un efecto positivo que se elevó hasta el 50% en el período 2000-2005. Sobre los beneficios para los países emisores baste señalar que en 2018 las remesas (el dinero que las personas migrantes envían a sus familias en los países de origen) multiplicaron por dos toda la ayuda destinada por los países ricos al África subsahariana.

Otra de las ideas que se ha repetido insistentemente en estos días es que hay que apostar por la cooperación al desarrollo con los países de origen para “evitar que emigren”. La cooperación al desarrollo es conveniente y necesaria por razones de justicia y para afrontar retos globales como la pobreza o la lucha contra el cambio climático, pero no solo no va a evitar las migraciones sino que a corto plazo hasta puede contribuir a aumentarlas. Porque la evidencia de las investigaciones en esta materia nos dice que no emigra quien quiere, sino quien puede, porque es un proceso caro  que implica un cierto nivel de acceso a la información, ambas cosas inalcanzables para personas en extrema pobreza. El investigador holandés Hein de Haas ha demostrado que los países en los que la diferencia entre inmigrantes y emigrantes es más alta (es decir aquellos en los que emigran muchas más personas de las que llegan al país) son los países con un índice de desarrollo humano medio, en los que el porcentaje de la población que sale del país es del 13%. Obviamente hay circunstancias sobrevenidas por conflictos bélicos, étnicos, políticos, etc, que pueden forzar otra realidad.

Si vemos la procedencia de los inmigrantes que residen en España comprobaremos que las 5 primeras nacionalidades son Marruecos, Rumanía, Ecuador, Colombia y Venezuela. Es decir, son todos países de renta media en lugar de países más pobres como Sudán, Chad, Níger o Haití por poner algunos ejemplos. Lo que vendría a reafirmar esta idea: no son las personas en pobreza extrema las que migran. Porque además otra de las evidencias de la investigación en esta materia es que hay tantas razones y estrategias para migrar como personas que lo hacen y que se trata de un fenómeno muy complejo que no se puede reducir exclusivamente a la variante económica.  Lo peor es que entre 2014 y 2016 la Unión Europea se ha gastado 15.300 millones de euros en este tipo de políticas fallidas que solo incrementan la inmigración irregular.

El propio Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, Antonio Guterres, afirmaba en 2018 que “las autoridades que levantan grandes obstáculos a la migración o imponen graves restricciones a las oportunidades de trabajo de los migrantes, infligen un daño económico innecesario a sus propios intereses, ya que imponen barreras que impiden que sus necesidades laborales se cubran de forma legal y ordenada. Lo que es aún peor, esas autoridades involuntariamente alientan la migración ilegal”.

Pero no sólo es que los migrantes contribuyan al desarrollo tanto de sus países de origen como de acogida, sino que además, por cuestiones demográficas, Europa y España (el segundo país más envejecido del mundo solo por detrás de Japón) necesitarán de un flujo constante de personas migrantes. Y para comprobarlo no hay que recurrir a los datos de ninguna ONG, sino a un informe elaborado en 2019 por el actual ministro de Seguridad Social, Inclusión y Migraciones, José Luis Escrivá,  cuando era presidente de Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF). Dicho informe prevé un flujo de entradas netas para el promedio de 2018-50 de 270.000 personas por año lo que significaría que la población migrante alcanzaría en 2050 entre el 13,2% y 16,7% de la población, en línea con el nivel actual en países de nuestro entorno. Una evolución, a juicio de la AIREF que sería coherente con las tendencias a nivel mundial, puesto que se espera un flujo creciente de trabajadores de los países más jóvenes a los más envejecidos así como de los más pobres a los más ricos. La AIREF recalca asimismo que estos flujos migratorios pueden tener un impacto económico positivo más allá de la sostenibilidad del sistema de pensiones.

No estoy proponiendo, como suele manipular la derecha y la ultraderecha, una política de fronteras abiertas e inmigración sin control. Más bien al contrario, lo que provoca una emigración descontrolada, causante de sufrimiento humano, y que dificulta que sea beneficiosa para todos, son las actuales políticas y la construcción de una “Europa fortaleza” a la que hoy por hoy, es muy difícil migrar de manera legal. Es más, una alianza global para gestionar las migraciones de otra manera ayudará a los gobiernos a predecir los flujos por lo que podrán tomar decisiones sobre las cuotas adaptándolas a las necesidades del mercado de trabajo mejorando los beneficios para la economía y pudiendo implementar políticas de acogida e integración.

En lo que respecta a Canarias, a pesar de que hace casi 26 años que llegó la primera patera a nuestras costas, aún no contamos con un sistema de primera acogida y buena parte de los dispositivos dependen de ONG. Pero también es cierto que Canarias, al ser una de las puertas de entrada a Europa necesita de fondos estructurales por parte de la UE y del Estado para poder atender en condiciones a las personas que llegan, que no son ni una invasión ni una avalancha. Aunque en 2019 se produjo un repunte y llegaron por vía marítima 2.000 personas, en 2016 fueron 671, en 2017, 421 y en 2018, 1.307, un número gestionable si existieran recursos y un sistema de acogida.

La única competencia sobre inmigración que tiene el Cabildo de Gran Canaria es la tutela y acogida de los menores no acompañados. En estos momentos la institución insular tiene acogida 175 menores en sus centros, más 83 en otros tres centros gestionados por el Gobierno de Canarias, 258 en total cuando el compromiso adquirido por la FECAI fue el de acoger a 140. Además, el retraso en la realización de las pruebas óseas para determinar la edad implica que hay 61 menores pendientes de resolución, lo que supone saturación de los centros,  además del riesgo de que compartan un mismo espacio personas menores de edad, que gozan de una protección determinada, con otras personas mayores. Es necesario, por lo tanto, abrir un dispositivo de emergencia para solucionar la acogida inmediata. Pero estos centros son transitorios y solo se puede estar en ellos un tiempo limitado. Después de ello tienen que entrar en la red insular, en un hogar. El Cabildo ha abierto 4 hogares por la situación actual pero ya están saturados y un informe técnico dice que son necesarios 12 más, algo inasumible con fondos propios. Necesitamos por lo tanto más financiación estatal y europea, más dispositivos y recursos y más movilidad en el Estado para evitar la concentración de estos menores en determinadas zonas, lo que a la larga es perjudicial para todas las partes.

En 2018 todos los Estados miembros de la ONU menos EE.UU. acordaron el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, que debe ser el documento que guíe las políticas migratorias a nivel mundial y que marque una senda contraria a la que están siguiendo España y la UE. El primer paso para conseguir una migración que beneficie a todos es abandonar los mitos e ideas preconcebidas sobre las migraciones que está llevando a la UE a malgastar ingentes cantidades de dinero (15.300 millones en dos años en países de origen para frenar las salidas y 17.000 millones en control de fronteras) sin obtener ningún resultado.

Canarias es un pueblo que históricamente ha sido migrante y que gracias a ello ha prosperado y tejido vínculos de amistad con otras naciones. Por eso debemos abogar por una política migratoria que fomente los derechos humanos, el bienestar y el beneficio mutuo. Yo quiero acabar el artículo remitiéndome nuevamente a las palabras del Secretario General de la ONU, Antonio Guterres: “La migración no debería significar sufrimiento. Debemos tratar de lograr un mundo en el que podamos celebrar la contribución de la migración a la prosperidad, el desarrollo y la unidad internacional. En nuestro poder está alcanzar este objetivo colectivamente. (…) El Pacto Mundial puede ser un hito en el camino para conseguir que la migración realmente beneficie a todos”.

Una alianza de progreso para la ecoisla

Cuando en junio de 2019 renovamos el compromiso de gobierno en el Cabildo de Gran Canaria ratificamos el ambicioso proyecto de transformación del modelo productivo de la isla que habíamos iniciado en el mandato anterior. Somos conscientes de que una forma de crecimiento arraigada durante décadas no se cambia en uno o dos mandatos. Sabemos también que una institución como el Cabildo no es suficiente para implementar cambios profundos y que el sector privado y el resto de instituciones públicas son imprescindibles para que modifiquemos el modelo. Pero desde la humildad y el realismo queremos que los más de 800 millones de presupuesto que gestiona la corporación insular sirvan como principal motor para avanzar hacia la sostenibilidad, la justicia social y la igualdad.

En los artículos de los últimos años he ido desgranando las principales medidas que hemos ido ejecutando para alcanzar ese proyecto que denominamos ecoisla. La reducción de los efectos y adaptación al cambio climático, la transición hacia un sistema energético basado en energías renovables, el fomento de la economía azul y circular, la gestión integral de los residuos, el transporte público y la movilidad sostenible, la soberanía alimentaria con el aumento del consumo de productos de kilómetro 0, la innovación y el conocimiento, la mejora de los servicios sociales, la transición del modelo turístico hacia la sostenibilidad y la gestión inteligente, la igualdad y la erradicación de la violencia contra las mujeres y el colectivo LGTBIQ+… Y por supuesto todo ello orientado a la lucha contra el principal problema de Canarias, el desempleo.

Los cabildos insulares y en especial el de Gran Canaria, han ido ganando una importancia creciente, sobre todo en obras públicas, políticas sociales, cultura, planificación territorial y medio ambiente, y contamos con un presupuesto considerable. Ahora bien, también es cierto que legalmente son considerados como instituciones locales, lo que restringe su capacidad de acción, y lo más importante, tienen una capacidad legislativa muy limitada, reduciéndose casi exclusivamente a la propuesta de leyes al Parlamento de Canarias.

Es fundamental, por lo tanto, que exista una coincidencia entre el proyecto del Cabildo Insular y el del Gobierno de Canarias, o por lo menos que si no se da esa sintonía el ejecutivo autonómico respete la lealtad institucional y no ponga “palos en las ruedas”. Y fue justamente esto lo que ocurrió en la pasada legislatura, en la que el ejecutivo presidido por Fernando Clavijo intentó torpedear, en múltiples ocasiones, el proyecto de desarrollo sostenible del Cabildo de Gran Canaria, ya fuera intentando introducir el gas en la isla, retrasando inversiones estratégicas, frenando propuestas innovadoras o perjudicando a Gran Canaria en el presupuesto autonómico.

Con estos antecedentes, es muy gratificante comprobar la sintonía existente con el nuevo consejero José Antonio Valbuena, consejero de Transición Ecológica, Lucha contra el Cambio Climático y Planificación Territorial del Gobierno de Canarias, en la reunión que mantuvimos en Gran Canaria la semana pasada. En el encuentro de todas las consejerías del Cabildo relacionadas con la transición ecológica y el equipo autonómico se constató un compromiso firme por dar un impulso a los proyectos clave en materia de sostenibilidad, cambio climático y energía.

La primera conclusión del encuentro, y el titular que transcendió en todos los medios de comunicación, fue el compromiso del consejero de que el informe ambiental del proyecto de la Central Hidroeléctrica de Chira-Soria esté elaborado en seis meses. Es el último paso antes de que Red Eléctrica Española pueda licitar y empezar una obra cuyo plazo de ejecución se estima en unos cinco años. Como el propio Valbuena reconoció, esta central es un proyecto estratégico no solo para Gran Canaria sino para el conjunto del archipiélago, ya que supondrá un salto en la penetración de las energías renovables en las islas.

Se trata de una obra que supone una inversión de 400 millones de euros y que tendrá una potencia equivalente al 36% de la punta máxima de demanda actual en la isla de Gran Canaria. Es decir, una infraestructura imprescindible si queremos alcanzar el mínimo del 32% de cuota de energías renovable para 2030, que es el objetivo marcado por el Marco sobre Clima y Energía aprobado por la Comisión Europea y que es la ruta a seguir por todos los países de la Unión Europea. Aunque Canarias, por su posición estratégica (la “Arabia Saudí de las energías renovables” en palabras de Jeremy Rifkins) debería aspirar a superar esa meta. En realidad esta central hará posible la penetración real de las renovables en más de un 65%.

Otro de los proyectos estratégicos insulares que la consejería canaria se comprometió a agilizar (aunque en este caso aún sin un plazo definido) es el estudio de impacto ambiental del Tren de Gran Canaria, que lleva pendiente desde 2014. El derrumbe del muro de contención de la GC-1 a la altura del Tívoli en el mes de diciembre y las frecuentes retenciones en esta vía que concentra en torno al 80% del tráfico insular y que es la única vía de entrada desde el sur a la capital, han puesto una vez más de manifiesto la necesidad de dotarse de infraestructuras de transporte público sostenible y de gran capacidad. Además, en este caso se trata de un tren eléctrico, soterrado como un metro, autoabastecido de energía renovable a través de un parque eólico, por lo que supondría un enorme ahorro de emisiones de CO2 y un salto de gigante en la electrificación del transporte.

Una de las leyes que el actual gobierno espera aprobar es la de Cambio Climático, que viene e revertir el vergonzoso atraso de Canarias, que a pesar de ser una de las regiones más afectadas por este fenómeno no cuenta con legislación al respecto. El Cabildo de Gran Canaria aportará su experiencia en la implementación de la estrategia de mitigación y adaptación al cambio climático, acumulada durante estos cuatro años, a una de las leyes más importantes de la legislatura. En este sentido es igualmente relevante la modificación de la actual Ley del Suelo, que va en la dirección contraria a la que debería ir la ordenación territorial tanto para ayudar a mitigar como para adaptarse a consecuencias del cambio climático como son las inundaciones,  las sequías prolongadas etc.

Serían necesarios varios artículos para abordar en profundidad las materias que fueron tratadas en la reunión por los equipos de ambas instituciones, ya que se trata de materias que forman parte de los pilares de nuestro proyecto. En relación al cambio climático también trabajamos el impulso definitivo al Pacto de los Alcaldes por el Clima y la Energía, que el Cabildo coordina a nivel insular desde el Consejo Insular de la Energía proporcionando recursos  y asesoramiento técnico a los municipios para la elaboración de sus planes y al que se han suscrito o están en proceso la totalidad de las instituciones locales de la isla.

Sobre la protección de los espacios naturales tratamos la futura financiación del Gobierno para la elaboración de los Planes de Ordenación de los Recursos Naturales de los espacios protegidos de Gran Canaria, una herramienta indispensable para la gestión medioambiental y la protección de nuestra biodiversidad. En este sentido también avanzamos en la futura firma del convenio para oficializar los bancos de semillas, ADN y saberes tradicionales sobre flora canaria que mantiene el Jardín Botánico Viera y Clavijo, otra herramienta única de protección medioambiental resultado de un enorme trabajo de investigación puntera.

Tengo que agradecer, además de la importancia de la reunión, de la relevancia de los temas tratados, y de los compromisos asumidos, el reconocimiento que el consejero hizo del trabajo realizado por el Cabildo de Gran Canaria hasta la fecha y que creo que nos sitúa a la cabeza de Canarias en materia de cambio climático, sostenibilidad y fomento de las energías renovables. Es especialmente gratificante si lo comparamos con hace apenas unos meses, antes de las elecciones autonómicas, cuando el Gobierno de Canarias se dedicaba a hacer electoralismo con el dinero de toda la ciudadanía y a atacar permanentemente al Cabildo de Gran Canaria.

Por ello, al margen del importante contenido de la reunión, quiero destacar la  constatación de que existe un proyecto compartido de transformación económica y social y una voluntad de progresar de manera conjunta en los proyectos estratégicos para Gran Canaria y el conjunto del archipiélago. Esto nos permitirá avanzar mucho más rápido en la consecución de nuestros objetivos y sobre todo permite abrir una nueva época de colaboración y lealtad institucional que estoy seguro de que se va traducir en la mejora de la condiciones de vida de la mayoría de la población, algo que siempre fue objetivo prioritario del gobierno del Cabildo de Gran Canaria.

Por un crecimiento azul

El Consejo de la Unión Europea adoptó el pasado 19 de noviembre, unos días antes de la Cumbre del Clima celebrada en Madrid, las Conclusiones sobre los Océanos y los Mares, en las que destaca “que el cambio climático es una amenaza directa y existencial para la vida en los océanos y los mares de todo el mundo”. El Consejo también insta a “que se refuercen las medidas estratégicas en todos los niveles de gobernanza con el fin de proteger los ecosistemas marinos y costeros”.

El organismo comunitario observa con preocupación las crecientes amenazas que afectan al medio marino y a las zonas costeras, así como el calentamiento de los mares regionales europeos, que se está produciendo a un ritmo superior a la media. Son datos especialmente graves si tenemos en cuenta que el océano genera el 50% del oxígeno de la Tierra y absorbe el 25% de todas las emisiones de CO2 y es el sumidero de carbono más grande del planeta. Estas conclusiones están extraídas del Informe especial sobre el océano y la criosfera en un clima cambiante, elaborado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

En consonancia con estas conclusiones, el Consejo pide a la Comisión Europea que elabore un plan estratégico de acción a este respecto que debería incluir la utilización sostenible de los recursos marinos, el desarrollo de una economía azul sostenible así como de los sectores relacionados con los océanos (como transporte marítimo, etc.). También debe mejorar la coordinación en seguridad marítima, reducir los desechos marinos, en particular, los residuos plásticos y microplásticos, garantizar la salud y la resiliencia de los océanos y proteger la biodiversidad de los ecosistemas marinos y costeros vulnerables. En esa importante estrategia se deben fortalecer la investigación y las ciencias oceánicas y proteger el Ártico y las regiones ultraperiféricas y los países y territorios de ultramar, dado que estos son especialmente vulnerables al cambio climático.

Tenemos que actuar decididamente y este archipiélago anclado en medio del Atlántico debe ponerse a la vanguardia de estas acciones para proteger el mar, para garantizar nuestro futuro. Pero hoy me interesa especialmente reflexionar sobre la última recomendación, que afecta directamente a Canarias. Somos un territorio archipielágico cuyas costas tienen una longitud total de 1.583 kilómetros. Para nosotros el mar es una cuestión fundamental de supervivencia, tanto desde el punto de vista medioambiental como económico e incluso de seguridad ciudadana. A lo largo de los últimos años he venido explicando las diferentes acciones que el actual gobierno del Cabildo de Gran Canaria está realizando dentro de su estrategia de mitigación y adaptación al cambio climático, en especial aquellas referidas a la transición energética, el ahorro y la eficiencia, la reducción en la generación de residuos y su gestión integral, la movilidad sostenible o las reforestaciones. Pero contamos asimismo con una estrategia para el fomento de la economía azul que se enmarca dentro de la estrategia climática pero que también busca diversificar la economía de la isla en uno de los sectores con más potencial de desarrollo futuro.

El impulso de una economía azul sostenible es vital para el desarrollo de nuestro planeta y de nuestras islas. Para hacernos una idea de su importancia, en el año 2017 generó en la UE más de 4 millones de empleos y 658 mil millones de euros de facturación. Además, en Canarias tenemos potencial para implantar casi todos los sectores innovadores de este tipo de economía, como son la energía eólica marina, energía oceánica (olas y mareas), la bioeconomía azul y biotecnología, la pesca sostenible  y la desalinización.

En la iniciativa Bioasis hemos aglutinado un conjunto de acciones orientadas al desarrollo de la Biotecnología Marina y la Acuicultura promoviendo la investigación experimental y el desarrollo  de empresas relacionadas con este sector en la isla de Gran Canaria. Este proyecto es impulsado por el Cabildo de Gran Canaria a través de la Sociedad de Promoción Económica de Gran Canaria y también cuenta con la colaboración del Instituto Tecnológico de Canarias (ITC), la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, a través del Banco Español de Algas y el Instituto Universitario ECOAGUA, y la Fundación Parque Científico Tecnológico de la ULPGC, es decir, las principales instituciones científicas de la isla.

Los primeros pasos de esta iniciativa se han centrado en la acuicultura y en la biotecnología de algas. La acuicultura sostenible es un complemento a la pesca tradicional, que nos permite dotarnos de pescado de calidad y de kilómetro 0 sin sobreexplotar los recursos pesqueros. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), reconoce su contribución a la seguridad alimentaria. A través del Instituto Universitario de Acuicultura Sostenible y Ecosistemas Marinos de la ULPGC se realiza la I+D y la formación centrándose en la alimentación, la mejora genética y la diversificación de especies de interés.

Pero la acuicultura no se reduce a la producción de alimentos, sino que el cultivo de algas tiene un amplísimo rango de aplicaciones como materia prima en las industrias cosmética, farmacéutica e incluso como fertilizantes del suelo. La biotecnología de algas tiene potencial para crear en Canarias una industria innovadora. Por el momento el Banco Español de Algas tiene en la isla la principal colección nacional de microalgas y cianobacterias, además de ofrecer servicios de catalogación de cepas de algas con alto valor comercial.

Para favorecer la generación de esta industria, el Cabildo de Gran Canaria, en colaboración con el ITC, cuenta con instalaciones para investigar y optimizar el cultivo industrial de microalgas, que están optimizadas para empresas. En esta línea daremos un salto de gigante cuando esté en marcha el área experimental de Arinaga, que incluye la incubadora de alta tecnología y biotecnología azul, una infraestructura pionera en Europa con gran potencial para atraer nuevas iniciativas empresariales. A esta se sumaría el Área Experimental de Gáldar, que además de en la acuicultura y biotecnología marina estaría focalizada en la economía circular.

Desde el punto de vista económico estamos hablando de una importantísima inversión que parte de los 10,5 millones de euros que el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades ha transferido al Cabildo para impulsar el desarrollo de la economía azul en la Isla. El área de Arinaga lleva aparejada una inversión de 4,5 millones de euros y la de Gáldar unos 3 millones contando las diferentes partidas. A esto habría que sumar con 2,1 millones de euros de subvención a la ULPGC para invertir en infraestructuras, equipamiento y proyectos estratégicos y 1,8 millones de euros al ITC para infraestructuras, equipamiento y contratación de tres investigadores vinculados a su Departamento de Biotecnología.

De momento esto ha supuesto la contratación de 34 personas entre personal investigador y técnicos altamente cualificados, además del empleo que se genere en la construcción de ambas áreas y las posibilidades de desarrollo futuro de una industria innovadora y altamente competitiva, así como de captación de inversiones privadas y de los fondos europeos destinados a la transición ecológica e infraestructuras verdes. También apoyaremos la creación en el Polo Marino de Taliarte de un Grado Dual (FP +Universidad) en Productos de la Acuicultura para preparar a nuestros jóvenes para las ofertas de empleo futuras.

Otro de los sectores en auge dentro de la economía azul son las energías marinas, tanto la mareomotriz como la energía eólica “off-shore” que permite generar más energía a costes inferiores en que en tierra. Para ello hemos firmado un convenio con la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN), un consorcio público de investigación puntero cuya plataforma de investigación pueden observar fondeada a escasos metros de la costa de Telde. Esta colaboración tiene como objetivo potenciar la economía azul para duplicar su aportación al PIB canario del 6% al 12%.  Y es que el Cabildo quiere estar más cerca de la PLOCAN, un banco de ensayos para tecnología oceánica avanzada único en el mundo.

Pero para que el desarrollo sostenible de la economía azul sea posible tenemos que proteger nuestro litoral, y una de sus principales amenazas son los vertidos incontrolados de aguas sin depurar. En ese sentido tenemos que decir que Gran Canaria ha hecho su trabajo, que depura el 99% de sus vertidos. Además con los casi 17 millones de euros destinados a las obras de ampliación y renovación de la planta depuradora y el emisario submarino de Bocabarranco, en el municipio de Gáldar, vamos a dar solución a uno de los principales problemas a este respecto, que además permitirá reabrir la playa para disfrute ciudadano.

Desde el Cabildo estamos potenciando, de forma estructurada, el crecimiento azul con una gobernanza inteligente, centrada en la sostenibilidad y basada en el conocimiento y la innovación. La promoción y defensa de un uso sostenible del océano es una prioridad para Gran Canaria. La gestión del océano significa administrar sus recursos conservándolos, y al mismo tiempo logrando que sean productivos, seguros y limpios, como un activo ambiental y económico fundamental. Constituye uno de los pilares fundamentales del proyecto de ecoisla, esto es, la transformación paulatina del actual modelo de desarrollo insular, excesivamente dependiente del turismo y los servicios hacia otro más autocentrado, sostenible, innovador y generador de empleo de calidad.

El Parque Tony Gallardo, arte y naturaleza

Desde el pasado jueves el Parque Tony Gallardo, situado junto a las dunas y la charca de Maspalomas, ha vuelto a abrir sus puertas tras la restauración realizada por el Cabildo de Gran Canaria. La reapertura del parque encierra un enorme significado. Ha sido un momento muy esperado y recoge múltiples simbolismos que, estoy seguro, hoy  alegran a los hombres y mujeres de esta isla.

Esta reinauguración expresa la prioridad que el Cabildo de Gran Canaria ha concedido en los últimos cuatro años a la conservación de nuestro medio natural. Supone también el homenaje y el reconocimiento a Tony Gallardo, uno de los artistas canarios más destacados del último siglo y uno de los  más apreciados por materializar con elementos a la vez naturales, modernos y originales la identidad creativa de nuestra cultura. No olvidamos que lideró el decisivo manifiesto de El Hierro en 1976.

Contamos con un parque en el corazón de la zona turística más importante de Canarias y probablemente de España y queremos confirmar con ello que nuestro modelo turístico quiere ser sostenible, en el que la visita de millones de turistas sea compatible con la conservación cuidadosa de nuestras riquezas naturales y culturales. Y podemos celebrarlo gracias a una gestión rigurosa de la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria, desde que asumimos el gobierno en 2015 y con la dirección de los consejeros Juan Manuel Brito, Miguel Ángel Rodríguez e Inés Jiménez en la actualidad. Pero necesitábamos la colaboración de la corporación municipal y la hemos encontrado en el actual grupo de gobierno y quiero destacarlo públicamente.

Hace 24 años que nos dejó el escultor Tony Gallardo. Formó parte de la diáspora artística canaria, que llevó a algunos de nuestros mejores creadores, vanguardia internacional, a establecerse fuera de Canarias para buscar las oportunidades de desarrollo artístico y personal que no encontraban en su tierra natal. Fue además un referente de compromiso político con su tierra y, gracias a ello, hoy la geografía de Gran Canaria está jalonada de su obra escultórica,  un “diálogo con el paisaje amado” en palabras del propio Gallardo.

Y fue su genio creativo el que por primera vez vislumbró el espacio que inauguramos el jueves como un parque abierto al público, una frase más de ese diálogo con el paisaje que amamos y nos identifica, una reconciliación con la naturaleza que nos conecta, a través de un río de piedra y lava, con el territorio que nos legaron nuestros ancestros indígenas.

Es gratificante disfrutar de nuevo del parque que lleva su nombre, el parque que soñó y diseñó, enclavado en uno de los parajes de más valor medioambiental de toda Europa. Un concepto innovador que aúna los dos elementos que más y mejor nos identifican como pueblo, la  cultura y el  paisaje, con la piedra como nexo de unión ancestral, testigo y garante de nuestra historia.

Hace apenas cinco años ese espacio se encontraba en un estado de serio deterioro, con un vallado perimetral en mal estado, ausencia de áreas de estancia adecuadas, deficiencias en el circuito de agua, presencia de escombros y de residuos orgánicos, así como grandes daños en las palmeras ocasionados por la diocalandra. Su rehabilitación paisajística, su reforma y la inclusión del legado de su creador era uno de los proyectos prioritarios  para el Cabildo de Gran Canaria.

Ha sido un camino que no ha estado exento de dificultades. De la misma manera que este Parque representa lo mejor de nuestra identidad canaria e isleña, lamentablemente el proyecto de reforma también sacó a relucir algunos de los peores ejemplos de un modelo político de confrontación que debemos superar y desterrar. 

Pero las dificultades encontradas hacen si cabe aún más gratificante el acto del pasado jueves. Porque demuestra que cuando se combina el genio creativo, el trabajo técnico, la voluntad política, la colaboración con la sociedad civil y la coordinación entre administraciones podemos conseguir resultados extraordinarios de mejora de nuestro territorio.

El Parque Tony Gallardo se encuentra en la Reserva Natural Especial de las Dunas de Maspalomas, compuesta por el Dunar, el Oasis y la Charca y constituyen un entorno natural único en el mundo. Un “punto caliente” de biodiversidad mundial, zona de paso de diversas aves migratorias y de endemismos como la palmera canaria, el Lagarto Gigante de Gran Canaria y diversas especies de insectos que solo se localizan en este ecosistema.

Pero la importancia del lugar no es sólo medioambiental y paisajística. El Oasis que se encuentra a escasos metros es Bien de Interés Cultural en su categoría de Sitio Histórico, ya que existen sobradas evidencias de que fue desde ese punto desde el que Cristóbal Colón zarpó, tras haberse abastecido de agua de la charca y leña de tarajal, con rumbo a las islas del Caribe, siendo parte relevante de uno de los acontecimientos más importantes de la historia universal.

El Parque Tony Gallardo viene por lo tanto a completar esta excepcional combinación de valores ambientales, culturales e históricos situada en el corazón de Gran Canaria. Sus nueve hectáreas componen un jardín de interés botánico de sitio y recrean la secuencia entre el bosque termófilo de fondo de barranco y la vegetación propia del litoral y servirá como área de refugio para aves. Pero quienes lo visiten también podrán conocer, contemplar y profundizar en la obra Tony Gallardo, y disfrutar en el interior del recinto de cinco de sus esculturas, cedidas por su familia en un enorme acto de generosidad y compromiso con su tierra.

Los más de dos millones de euros que el Cabildo de Gran Canaria ha invertido en la rehabilitación del Parque Tony Gallardo pueden hacer que este espacio se  convierta en un referente, un ejemplo del nuevo tiempo que debemos inaugurar en el modelo turístico de Gran Canaria. Una etapa en la que esta actividad sirva para reafirmar nuestros valores, cultura e identidad y darlos a conocer al mundo. En la que el turismo sea el aliado de la conservación de nuestro medio y no un depredador del territorio.

El parque se encuentra en el municipio más turístico de uno de los países más turísticos del mundo. La influencia de lo que aquí hacemos no se circunscribe solo a nosotros, sino que tenemos la potencialidad de convertirnos en un ejemplo, en una voz con un modelo propio que sea reconocido, admirado y adaptado en otras partes del mundo. Desde la humildad, pero también desde la ambición que debe guiarnos hacia un futuro mejor, quiero pensar que  estamos reafirmando una alianza de progreso entre cultura y naturaleza.

Un proyecto de estas características no sería posible sin el esfuerzo de muchas personas e instituciones. En primer lugar me gustaría agradecer la implicación de la familia de Tony Gallardo,  su viuda, Mela Campos y sus hijos Tony, Germán y Marcos Gallardo, no solo por la cesión de las cinco esculturas, sino por la excelente labor que realizan para conservar y divulgar el enorme legado del artista. Si la inauguración del parque fue tan especial es porque estamos seguros de que, de estar entre nosotros ahora, Tony estaría muy orgulloso. 

Por supuesto hay que reconocer el trabajo del área del medio ambiente del Cabildo de Gran Canaria, y del personal que ha estado implicado en este proyecto en concreto pero que también del que día a día se esfuerza en la conservación de la Reserva Natural, sin la que esta actuación carecería de sentido. Igualmente a la actual consejera del área y a los dos consejeros anteriores cuyo trabajo y tesón nos han permitido estar llegar hasta aquí. 

Mi agradecimiento a los arquitectos Pedro Romera, Ángela Ruiz y a todo su equipo, que han sabido entender e interpretar como nadie la mirada de Tony Gallardo sobre este espacio, complementándola con el concepto de sostenibilidad que está siempre presente en los trabajos de este estudio. Igualmente a la empresa TRAGSA que ejecutó la obra. Y por último al grupo de gobierno del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, que será el encargado de la gestión diaria del Parque Tony Gallardo –con una aportación anual de 100.000 euros del Cabildo- y  que desde un primer momento mostró toda su predisposición a colaborar para conseguir inaugurarlo  y concluir el proyecto ideado a finales de los años 90 por el autor.

Decía Tony Gallardo que “el hombre se reconoce, se reencuentra por y en sus huellas”. Yo estoy seguro de que todas las personas de Gran Canaria se reconocen en este parque, ejemplo de la profunda huella que la obra y el pensamiento del escultor dejó en la isla. Esperemos que actuaciones como esta nos sirvan para reencontrarnos con la senda de sostenibilidad, conocimiento y amor por la tierra que nos enseñan las huellas que están inscritas en toda la cultura canaria.