Sí existe, corta

En varias ocasiones, tanto a través de artículos como en intervenciones públicas, he  comentado que desde que se inició esta crisis sanitaria y llegó el confinamiento se ha producido un aumento de la violencia de género  debido, entre otras cosas,  a que muchas mujeres se vieron obligadas a estar confinadas con sus agresores 24 horas al día.

Los datos de la violencia de género en nuestra isla son estremecedores. Durante el pasado año, la Red Insular de Gran Canaria de Atención a Víctimas de Violencia de Género atendió a un total de 5.440 personas, 4.857 mujeres y 583 menores. Una vez más confirmamos que la Covid19 ha supuesto un retroceso en la lucha contra las violencias machistas, ya que el incremento de casos en comparación al año 2019 asciende a 588 personas.

El Dispositivo de Emergencias de Mujeres Agredidas (DEMA) atendió a 630 mujeres, mayoritariamente por agresiones físicas y psicológicas, así como por agresiones sexuales o amenazas de muerte. El 90,16% de las mujeres atendidas en este servicio eran pareja o expareja de sus agresores.

Desde el Cabildo de Gran Canaria hemos apostado por una cada vez mayor especialización de los servicios de atención integral y acogida que ofrecemos a las mujeres y a menores. Por ello, desde 2019 hemos puesto en marcha nuevos servicios especializados como el Servicio de Atención a Víctimas de Violencia Sexual y el Servicio de Atención Psico-Educativa a Menores que son víctimas directas de la violencia de género; ambos servicios gestionados por Cruz Roja. A ellos se le suma la  Casa Maday de acogida terapéutica para mujeres víctimas de violencia de género con problemas de adicciones que inauguramos recientemente con la Fundación Yrichen.

Pero mientras los datos no dejan lugar a la más mínima duda sobre la gravedad y persistencia de este problema, en la sociedad crece de manera alarmante el número de personas que considera que la violencia machista no existe. Es el resultado del auge de los discursos de odio y  del crecimiento de una extrema derecha negacionista que amenaza con hacer retroceder gran parte del camino andado hasta la fecha.

Según una reciente encuesta realizada por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), un 20% de los chicos jóvenes (hombres) de entre 15 y 29 años niega que la violencia de género exista hoy en día, creen que es “un invento ideológico” y uno de cada diez incluso niega la existencia de desigualdades de género de cualquier tipo. Para hacernos una idea de la velocidad del incremento de estas posturas, en 2019, tan solo el 12% de estos mismos jóvenes negaba la violencia machista.

Es evidente que esto es el resultado del consumo de mensajes negacionistas de la violencia machista extendidos a través de las redes sociales por parte de los partidos de extrema derecha, de youtubers y generadores de contenido a través de diversas plataformas, con discursos abiertamente machistas (cuando no abiertamente misóginos)  cuyo público mayoritario son chicos muy jóvenes. También un falso espejismo en los últimos años que nos ha hecho creer que la igualdad estaba conseguida y que habíamos superado esta terrible lacra. Esto, junto a la crisis económica brutal que hemos padecido, ha provocado, entre otras cosas,  una reducción de los recursos para la educación afectivo-sexual y para la formación en sexualidad, en igualdad y contra la violencia machista a los menores en los centros educativos. Ahora estamos padeciendo las consecuencias.

Estos datos tienen que ponernos en alerta sobre la necesidad de seguir avanzando en campañas y acciones de sensibilización, de ser muy didácticos explicando las causas y consecuencias de este tipo de violencia, así como de desarrollar estrategias que permitan la prevención de estos comportamientos, especialmente entre los y las jóvenes. 

Por todo ello, este año presentamos la primera campaña conjunta del Cabildo de Gran Canaria con los ayuntamientos de la isla por el Día Internacional contra la Violencia de Género. Esta campaña es el resultado de un trabajo coordinado de la Consejería de Igualdad con todas las concejalías de Igualdad de Gran Canaria que comenzó el pasado mes de julio con la firma del compromiso del Marco Estratégico por la Igualdad – Gran Canaria Infinita,  entre el Cabildo y los 21 ayuntamientos grancanarios.

Y el lema de la acción diseñada es contundente, “Sí existe, corta”. Es una medida destinada a visibilizar los diferentes tipos de violencias machistas que mediante mensajes muy directos y explicativos busca combatir los discursos que niegan esta realidad y señalar la necesidad de la implicación de toda la sociedad para cortar de raíz un fenómeno que atenta contra los derechos más fundamentales de millones de mujeres.

Además, en el programa de actividades de este año por el 25 de noviembre entendíamos que era fundamental incorporar una acción formativa especializada en la materia y tuvimos la oportunidad de contar con las expertas Nerea Barjola y Nira Santana en la jornada  ‘Desmontando las violencias machistas: narrativas y constructos de la violencia sexual’, que tuvo lugar recientemente en el Teatro Cuyás.

El 14 de noviembre, después de una serie de talleres por los diferentes municipios de la isla, tuvo lugar el final del proyecto  ‘Hombres de Gran Canaria por una isla libre de machismos’, que culminó el pasado sábado en un encuentro en el Jardín Canario.

El lunes 15 celebramos un acto institucional en el que inauguramos una exposición con el resultado de los talleres de collages feministas de la artista Elia Verona, realizados también por los municipios, en donde, al igual que en el anterior, hemos contado con la colaboración de los ayuntamientos de la isla.

Porque en las políticas de igualdad y de lucha contra las violencias machistas es fundamental que todas las instituciones permanezcamos unidas y desde el Cabildo tenemos la obligación de llegar a todas las partes del  territorio insular. Juntas, juntos, llegamos mejor a todos los rincones de Gran Canaria para conseguir una isla libre de violencia.

Gran Canaria, cosmopolita y vaciada

En menos de 60 km en línea recta, desde el faro de La Isleta hasta Tasartico, hay un territorio muy diverso que se muestra superpoblado en las zonas costeras, poblado en medianías, vaciado en las cumbres y vacío en la Isla Vieja, en Guguy. Así es Gran Canaria, el «continente en miniatura», como dice acertadamente el lema acuñado por Domingo Doreste, ‘Fray Lesco’, hace un siglo. Y sigue siendo así esta isla, a la vez cosmopolita y deshabitada.

Pero esta realidad preocupa a su población y así lo reflejan los datos presentados en la V Feria Nacional para la Repoblación de la España Rural ‘Presura21’, celebrada en Soria la primera semana de noviembre. La comunidad de nuestras cumbres es menguante aunque, afortunadamente, todavía hay ganaderos, agricultores o cocineros de máximo nivel que han apostado por seguir allí ayudando de esta forma a mantener viva la cumbre.  No podemos olvidar algunos de sus hijos ilustres como Abraham Cárdenes, José Domingo Hernández Guerra, Pancho Guerra, Siona García o el  timplista José Antonio Ramos, quien ha recibido uno de los mejores tributos, de manos de Germán López, que interpreta parte de su obra como solemne canto final de la película ‘Aborixen’, presentada el pasado 11 de noviembre y que se emitirá para el mundo en la serie ‘Table Chef’, en plataformas de televisión en streaming. En Aborixen, el chef de Tejeda Borja Marrero invita a reflexionar sobre la oportunidad y la necesidad de habitar y cuidar las zonas agrícolas y forestales de nuestras cumbres. Nuestra isla contiene una extraordinaria variedad de paisajes y Borja Marrero extrae de ellos los sabores de cada espacio, demostrando su creatividad culinaria con productos del lugar, la Texeda de sus orígenes. Así lo describe en este documental que lo situará entre los más famosos maestros de la cocina y al tiempo dará una proyección internacional de la imagen menos conocida de la isla, de sus espectaculares vistas, del respeto a la naturaleza y  de unos productos que se recogen directamente del huerto para crear menús que van desde lo más sencillo, incluso silvestre, a lo más sofisticado. Con los productos de la finca, del barranco o del arroyo.

En las Montañas Sagradas de la isla vaciada, que ha vivido el éxodo del campo a la costa y la ciudad desde los años 50 del siglo pasado, el pueblo de la cumbre supo del espanto y del aislamiento absoluto en los grandes incendios. Pero ha renacido otra vez, como el pinar. Y Borja Marrero lo explica nítidamente, con sus palabras y a través de la felicidad y el dolor que cicatriza con sus aromas y sabores, reflejado de forma impactante en la película de Adolfo Peña y Noelia Ortiz (‘Clayton’).

La realidad de la Gran Canaria vaciada es un grito, un llamamiento para preservar el territorio frente los fenómenos climáticos extremos, mediante el apoyo a actuaciones para frenar la erosión, prevenir los incendios, fomentar el sector primario y procurar una vida digna en un entorno único, pero no aislado

La particularidad de este territorio quedó reflejada también en los datos expuestos por el concejal de Medianías del Ayuntamiento de Gáldar, Carlos Ruiz (ex consejero del Cabildo), cuando expuso en el espacio Ágora de Presura21 -ante la sorpresa de los asistentes- que el problema de la despoblación también afecta a la Canarias de interior,  a sus zonas rurales. Por primera vez, un representante del Archipiélago Canario exponía en este foro nuestra realidad, presentada con datos alarmantes de la transformación social de los territorios de cumbres de un municipio, Gáldar, que contando con una población de 25.400 habitantes, tiene empadronados entre las medianías (300 metros sobre el nivel del mar) y las cumbres (1.800 metros), sólo 700 personas (el 3% de la población), con el agravante de que la mayoría de ellas sólo utiliza sus viviendas como segunda residencia para fines de semana o temporadas. En 1900, la población del municipio vivía repartida a medias, entre la costa y el interior, hasta que en los años 50, con el boom del turismo, se produjo un éxodo masivo hacia otras zonas del territorio insular en busca de trabajo en el sector servicios. De siete escuelas rurales sólo quedan tres, y todos los años vuelve el temor a que, por falta de un niño/a, se pueda cerrar alguna de ellas y las aulas se contagien del silencio que se extiende por medianías y cumbres. Igualmente sucede con la atención sanitaria: de tres consultorios solo queda uno, y con muchísimos problemas porque no se sustituyen las bajas médicas a pesar de que hablamos de un territorio mayoritariamente poblado por personas de la tercera edad.

Respecto a la actividad agrícola del interior, las industrias más conocidas en la zona son las queserías (en estos días las de Gáldar han obtenido dos medallas de plata, en la World Cheese Awards), pero ya sólo quedan siete y no tienen relevo generacional. En la actualidad hay casas rurales, antiguas escuelas reconvertidas en hotelitos, una tienda, una ferretería y acaban de retirar el único cajero automático, quedando el más próximo a 20 kilómetros de esta comarca.

La zona alta de Gáldar forma parte, junto a otros cuatro municipios, del Paisaje Cultural Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria, Patrimonio Mundial de la Unesco. Pero la Gran Canaria vaciada es más extensa y se extiende por casi la totalidad de la Reserva de la Biosfera.

Ante esta realidad, no podemos quedarnos de brazos cruzados. Por ello, el Cabildo promueve diversas actuaciones para revertir la situación, incluidas en el plan ‘La Cumbre Vive’, que coordina y potencia las iniciativas de las instituciones ciudadanas y del sector privado para el desarrollo sostenible de medianías y cumbres de la isla, lo que también implica un re-equilibrio del modelo insular y un avance del conjunto de Gran Canaria. La isla necesita cuidar ese territorio. Y eso no es posible sin personas, sin las actividades que forman parte del paisaje. No cayendo en modelos ya superados sino promoviendo la innovación como han demostrado  tantos hombres y mujeres que se han quedado, que han mantenido actividades tradicionales o se han arriesgado a innovar y a poner en marcha iniciativas ligadas a la restauración, el turismo rural, el comercio o la actividad agropecuaria.

Por eso, este plan de reactivación económica y medioambiental de la cumbre y medianías impulsa medidas e inversiones para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la ONU. Están estructuradas en torno al medio natural para conservar y restaurar los espacios naturales y el equilibrio de los ecosistemas de la cumbre, recuperar la vitalidad y el protagonismo de la economía y la sociedad rural  y fijar la población al territorio generando rentas y empleo. Conservar y difundir los bienes culturales materiales e inmateriales que atesora esta zona, en especial los comprendidos dentro del Patrimonio Mundial, es otra de las medidas fundamentales. Un territorio agreste al que las telecomunicaciones han marginado por lo costoso de su infraestructura pero que próximamente contará con la máxima conectividad por vía satélite.

El Cabildo de Gran Canaria trabaja en estos momentos de manera coordinada y transversal con todas las áreas del Gobierno de Canarias y con las demás instituciones, con inversiones productivas para ‘La Cumbre Vive’. Acabamos de presentar el plan para distribuir agua a toda la cumbre, desde Soria hasta Acusa. Un agua que se suma a la que aporte la lluvia o las depuradoras naturales que se crearán. Asimismo, se potenciarán las energías renovables, la gestión del ciclo integral del agua, la mejora de las infraestructuras hidráulicas y la protección contra incendios, la gestión de residuos, la mejora de senderos, la promoción del comercio y del producto local… Es una apuesta firme por la cohesión social, por un modelo de crecimiento autocentrado, respetuoso con nuestro patrimonio y nuestro medio natural. En definitiva, combatir la despoblación es una apuesta por la construcción de la ecoisla.

Migración: Canarias o el olvido

Tras haber permanecido casi un año ocupando junto a la pandemia la mayor parte de la actualidad informativa en Canarias, la cuestión migratoria ha ido desapareciendo poco a poco de las portadas, creando la sensación de que  ya acabó, de que ya es pasado. Pero lo cierto es que muchas personas siguen arribando a nuestras costas y, en demasiados casos, muriendo en un conteo casi diario. No desaparecen, en cambio, las vergonzosas e impactantes imágenes de seres humanos alojados en espacios que no cumplen las mínimas condiciones de dignidad. Y es que sigue sin impulsarse la acogida solidaria de los menores no acompañados entre las distintas comunidades y cada vez es más evidente que todo forma parte de los planes para convertir a las islas en un espacio de retención y detención de personas migrantes.

El escenario se ha trasladado estos días a Lanzarote, donde encontramos la que ya es conocida como “nave de la vergüenza”. Se trata de una nave industrial destinada a hacer la filiación, es decir, la identificación, de las personas que llegan en patera, para incluirlas en una base de datos. Se supone que no deberían pasar más de 72 horas en ese recinto, pero la llegada de muchas embarcaciones a la vez y los problemas derivados de la realización de las pruebas PCR para detectar casos de coronavirus, provoca que en ocasiones tengan que permanecer en ella mucho más tiempo. Y también la desidia, la falta de respeto por las personas migrantes…

A finales de septiembre se difundió un vídeo de unos pocos segundos pero en el que se apreciaba el nivel de hacinamiento e insalubridad de este espacio. Cientos de personas tiradas en el suelo en colchones o esterillas, pegadas unas a otras, con unos pocos baños químicos, sin agua corriente, sin duchas o lavabos, en una nave industrial insuficientemente ventilada y prácticamente sin luz natural. La imagen real de ‘la Europa de acogida y refugio’.

De hecho, este mismo establecimiento ya fue cerrado tras un informe del Defensor del Pueblo, pero en apenas unos meses el Ministerio del Interior volvió a reabrirlo para realizar las labores de filiación anteriormente explicadas. ¿Cómo es posible que después de tanto tiempo se siga sin contar con una infraestructura digna en la que poder realizar esta labor? ¿Piensa el Ministerio del Interior seguir vulnerando los derechos humanos de estas personas? Pero, insisto, ese es el plan: lo sucedido en Moria (Lesbos) o Lampedusa, se está aplicado a Canarias.

Otro caso similar fue la llamada “Nave del Queso” en Fuerteventura: unas instalaciones cedidas para que las personas llegadas en patera pudieran pasar la obligada cuarentena por motivo de la COVID. Pero la edificación no cumplía con las mínimas condiciones sanitarias, lo que unido al hacinamiento y la falta de ventilación provocaba los contagios de las personas internas, forzadas a pasar varias semanas encerradas sin poder salir, en un espacio no apto ni pensado para alojar personas, en el que no veían ni la luz del sol.

En este caso, además del Defensor del Pueblo, el inhumano estado de este dispositivo de acogida mereció también el reproche de la organización Amnistía Internacional. Y estamos hablando de un espacio que llegó a albergar a casi 240 personas juntas, hacinadas. La nave tuvo que ser desalojada, pero, al igual que ocurrió en Lanzarote, recientemente  se ha vuelto a reabrir para su uso como Centro de Acogida Temporal de Extranjeros (CATE). La pregunta es si el Ministerio de Migraciones piensa volver a repetir las atrocidades en la acogida que ya se cometieron en esa misma nave.

Cito dos casos recientes y muy similares para destacar que lejos de mejorar, la situación de la acogida de personas migrantes en nuestras islas sigue siendo dramática. En lugar de utilizar las cientos de plazas que siguen disponibles en el conjunto del Estado español y presionar a la Unión Europea para implicar a otros países en la acogida, el Gobierno español prefiere seguir amontonando a seres humanos en condiciones infrahumanas en espacios improvisados. Por cierto, en Gran Canaria han reabierto el CIE, en el que se encuentran 15 personas procedentes de Senegal en las mismas condiciones indeseables que ha denunciado repetidamente el magistrado responsable de su control.

Y, mientras tanto, delante de nuestras costas continúa el peor de los dramas, que nos ha convertido en la ruta migratoria más mortífera del mundo. El día 2 de éste mismo mes, Salvamento Marítimo rescataba a 178 personas en el mar, repartidas en 4 embarcaciones, una de las cuales llevaba cinco días a la deriva. En esta operación apareció, en estado de descomposición, el cadáver de una mujer que llevaba varios días muerta.

Poco después, el 4 de noviembre, distintos medios y el periodista Txema Santana informaban de una nueva tragedia cerca de nuestras costas. Entre 30 y 34 personas habrían muerto cerca de Cabo Verde, tras naufragar su embarcación. Según estas informaciones la patera salió de Dajla (Sáhara Occidental) el 23 de septiembre y llegó a Cabo Verde, a la isla de Sāo Nicolau, con 3 personas muertas a bordo. Los familiares de estas personas afirmaron que en esta tragedia murieron al menos 10 niños, uno de ellos de 3 años.  Otra historia desgarradora que viene a demostrar que las políticas de estricto control migratorio de la UE (conocidas como la “Europa Fortaleza”) no funcionan y solo generan muerte y sufrimiento.

Las migraciones han existido a lo largo de toda la historia y van a seguir existiendo, por lo que debe haber una gestión adecuada para que sea un factor de desarrollo y bienestar para las personas que migran, así como para los países de acogida y origen. Pero mal gestionadas generan un sinfín de problemas sociales, vulneración de derechos humanos y aumento de la xenofobia, de lo que se aprovechan organizaciones populistas y extremistas, como ha hecho VOX hace unos días y como están haciendo en nuestra isla, para no quedarse atrás y perder votos reaccionarios,  otras organizaciones de derechas que han acudido a los medios de comunicación a relacionar la migración con la inseguridad, el paro y la pobreza.

Desde el Cabildo de Gran Canaria no vamos a parar de exigir una gestión integral del fenómeno migratorio, que incluya la existencia de dispositivos de primera acogida dignos y seguros, un reparto solidario y estructurado de estas personas, con especial hincapié en los menores, políticas que promuevan la integración y la convivencia intercultural así como de lucha contra el racismo y la xenofobia y que España defienda la apertura paulatina de vías legales y seguras que permitan a las personas migrar sin jugarse la vida o tener que recurrir a mafias. Y sobre todo no vamos a consentir que nos conviertan en islas cárceles de personas migrantes.

La amenaza de Marruecos

La reciente concesión por parte de Marruecos de una licencia exclusiva a una empresa israelí para explorar yacimientos de gas y petróleo al sureste de Canarias, en las costas del Sáhara Occidental, añade una gran preocupación para los ciudadanos y las instituciones españolas, y en particular para los hombres y mujeres de Canarias, a la que no se puede dar la espalda. No es un hecho aislado; la operación se enmarca en los intensos esfuerzos del régimen de Marruecos por consolidar una posición de hegemonía en la región del Atlántico Oriental. Esa dinámica está en el origen de la cadena de conflictos que impiden el desarrollo equilibrado y sostenible de la región africana más próxima al Archipiélago y se consolida como una seria amenaza para la integridad de Canarias, en la medida en que desprecia la política de buena vecindad y hace peligrar la gestión de los recursos naturales del Archipiélago y de sus aguas. Tenemos además muy presente la experiencia de la pérdida del banco de pesca canario-sahariano.

La monarquía y el Gobierno marroquí mantienen una posición desafiante en la región que enturbia cualquier posibilidad de convivencia serena, al violentar los derechos de Canarias como pueblo y al generar una amenaza constante en muy diversos escenarios, que alteran la paz en nuestra tierra y en su entorno. Por ello, el Gobierno de España debe abandonar de forma urgente la pasividad aplicada en las últimas décadas. La extrema debilidad que sufre Canarias tiene una de sus raíces en la ausencia de alternativas estratégicas en la política exterior del Estado, que impide una defensa más activa y contundente de los derechos humanos y de la identidad de los pueblos de la zona.

Los episodios de tensión se suceden a un ritmo de aceleración creciente. El incremento de la inmigración desde las costas africanas hacia el Archipiélago canario no es ajeno a la ausencia de controles de las fuerzas que Marruecos tiene desplegadas en los territorios de origen de las pateras. Una buena parte de las personas que se juegan la vida cruzando el mar sin garantías de supervivencia son de procedencia marroquí, a pesar de las enormes ayudas que desde la Unión Europea se aportan cada año al Gobierno de Marruecos para mitigar este fenómeno. Las vidas de muchos migrantes se han convertido en moneda de cambio de esta dinámica de tensiones, como ha quedado en evidencia en los recientes acontecimientos sufridos en Ceuta y como, desde mucho antes, viene sucediendo en las costas de Canarias cada vez que surge alguna dificultad en otros escenarios. En este contexto, España no puede dar respuestas distintas al fenómeno de la inmigración en función de la cercanía a la península de los puertos de llegada y es por eso mismo que Canarias no puede convertirse en el patio trasero – cuando no cárcel- donde se acumulan las víctimas de este trato inhumano, ni los canarios vamos a permitirlo. La prioridad de la diplomacia española debe dirigirse a exigir el cumplimiento de los objetivos de la cooperación entre Europa y Marruecos no sólo en la aplicación de medidas de seguridad fronteriza sino en el desarrollo de políticas activas de protección de los migrantes, que acaben con la aportación de recursos a fondo perdido.

El conflicto sobre la soberanía del Sáhara Occidental está en la raíz de esta dinámica de pulsos que el régimen político de Marruecos aplica a sus vecinos. Canarias no sólo es testigo directo de la tensión acumulada en la región desde que España abandonó el Sáhara en 1975; es también víctima directa de los distintos fracasos de la comunidad internacional en la búsqueda de una solución pacífica y duradera para este conflicto.

La responsabilidad de España no es sólo la que se deriva de las convulsiones históricas sufridas por el pueblo saharaui, cuyo derecho a la autodeterminación mantiene plena vigencia ante la comunidad internacional. Es también la que implica a Canarias en la configuración de un modelo de convivencia en la región impulsor del respeto a los derechos humanos y al pleno reconocimiento de la identidad de los pueblos. No puede ser que la diplomacia española se conforme con auspiciar de forma cada vez más elocuente una solución que consolide la ocupación marroquí del Sáhara, como vienen pregonando sin pudor los distintos grupos de presión afines a los intereses de la potencia invasora. Antes debe evidenciarse el esfuerzo por cumplir con los mandatos de la Organización de Naciones Unidas, y completar el proceso del referéndum de autodeterminación como la solución que permita superar el actual estado de las cosas en la región.

El Gobierno español tiene una gran oportunidad de contribuir a esta solución aportando toda la colaboración posible al nuevo enviado especial de la ONU para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, que desde el pasado 1 de noviembre ejerce el papel de mediador en el conflicto por mandato del Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres. La reciente ruptura del alto el fuego y los distintos incidentes que se vienen registrando desde hace meses en zonas como el paso de Guerguerat, en la frontera con Mauritania, obligan a redoblar los esfuerzos para imponer la paz en la región, frente a los muchos intereses partidarios de mantener el actual status quo. A nadie se le esconde que los distintos fracasos de los anteriores mediadores y la tensión acumulada en la zona pueden provocar en cualquier momento un proceso incontrolable, que deje la región a merced de la ley del más fuerte. Y puede pasar en estos días con el ataque mortal del ejercito marroquí a tres ciudadanos argelinos en el Sáhara.  

Este escenario resultaría del todo inaceptable para Canarias, por el dolor y la dinámica de violencia que impondría a sus habitantes. Y es por eso que los gobiernos y las instituciones canarias, españolas y europeas no pueden renunciar a sus obligaciones en defensa de un modelo de convivencia basado en el respeto a los derechos humanos y la convivencia pacífica. No es el momento de callarse, sino de redoblar los esfuerzos en esta dirección. Por eso invito a todas las entidades públicas y privadas de Canarias a reafirmar públicamente el compromiso del Archipiélago con la paz en la región.

La explotación de los recursos naturales en los territorios y las aguas del Sáhara Occidental está condicionada a la solución definitiva de la soberanía del pueblo saharaui. De forma reiterada lo han sentenciado todos los organismos internacionales consultados, como recientemente ha expuesto el Tribunal General de la Unión Europea con sede en Luxemburgo.  Ese contrato suscrito por Marruecos con una compañía israelí constituye un desafío, otro más, en contra de los esfuerzos por alcanzar una solución justa y duradera en la región, y aunque sólo fuese por eso, merece el rechazo frontal de todos los demócratas. El régimen marroquí trata de aprovechar la ventaja de los acuerdos con Israel apadrinados el año pasado por el anterior Gobierno de Estados Unidos, que fuerzan un escenario de mayores conflictos en la región, en cuanto afectan a las políticas de sostenibilidad ambiental y de generación, comercio y consumo de energías fósiles.

Ese contrato prevé prospecciones petrolíferas y de gas en las aguas del Sáhara Occidental que lindan o invaden las aguas canarias, y por eso ya está tardando en conocerse algún pronunciamiento del Gobierno español que advierta de las injerencias que acarrea esa actividad. La inmensa mayoría del pueblo canario ya mostró con contundencia su rechazo a la pretensión de la industria petrolera de explorar los yacimientos marinos en las aguas canarias cuando el gobierno del Partido Popular, animado por el ministro José Manuel Soria, consintió las perforaciones al noreste del Archipiélago. El nuevo planteamiento no es distinto; la misma industria, con actores diferentes, tratando de forzar la voluntad de los canarios en un escenario internacional  de agotamiento de los combustibles fósiles. Ya está tardando el Gobierno de España en  definir una estrategia ante las actuaciones que violentan la voluntad de los canarios, que debe incluir el tratamiento sobre las tierras raras situadas en aguas de jurisdicción española.

Otra decisión marroquí que no ha sido contestada es la aprobación por su Cámara Alta de la ampliación a 200 millas de su zona económica exclusiva y la plataforma continental la extiende a 350 millas, lo que supone asignarse, además, las aguas del Sáhara Occidental. Esta ampliación afecta directamente a aguas canarias y se hace para la explotación del subsuelo rico en telurio, cobalto y tierras raras y como medio de presión, de nuevo, al gobierno español y canario. Como se puede deducir sin dificultad, las decisiones marroquíes son de todo menos amistosas y propias de un país amigo. Por el contrario, mantiene una posición de extorsión y de hechos consumados – como la marcha verde, coincidiendo con un gobierno débil, el último de la dictadura- que necesitan una respuesta contundente y unánime de la sociedad canaria y del gobierno de España.  Las razones de Estado no pueden estar por encima de las razones de Canarias. Desde el Cabildo de Gran Canaria apoyaremos todas las medidas que nos hagan avanzar en la dirección de ser contundentes en la defensa de los derechos de Canarias.

Una isla de vinos

En estos momentos de crisis climática global se hace más apremiante y necesario avanzar hacia la soberanía alimentaria a través del  impulso y la promoción de la producción y el consumo local de alimentos. Es una de las líneas estratégicas de trabajo del Cabildo de Gran Canaria. Dentro de este ámbito ha cobrado especial importancia el vino, uno de los productos estrella de nuestro sector primario y gastronómico que lleva años viviendo un proceso continuado de mejora y crecimiento.

El Cabildo ejecuta con este fin el Programa Insular de Desarrollo de la Viticultura, que tiene como principal objetivo el fomento de este sector en la isla, a través del aumento de la superficie cultivada, la mejora en las prácticas culturales y la valorización de sus vinos, no solo como pilar fundamental para el aumento de la producción local sino como factor trascendental para la protección del paisaje rural, para la prevención de los incendios y para frenar la desertización del suelo.

Un ejemplo del valor medioambiental y paisajístico del desarrollo de esta actividad es que durante el incendio de 2019 las parcelas de viñas de cumbres y medianías se comportaron como auténticos ‘cortafuegos’, evitando su propagación o, en algunos casos, la llegada del fuego a las viviendas. Cada copa, cada botella de vino producido en Gran Canaria es un pedazo de terreno más protegido contra el fuego, conservando nuestro paisaje y biodiversidad, junto a variedades de uva únicas en el mundo.

Aunque en estos momentos estamos realizando un diagnóstico actualizado de la situación del sector vitivinícola en Gran Canaria, tenemos constancia de que en la isla dedicamos, en 2020, 250 hectáreas al cultivo de la vid, habiéndose incrementado en unas 10 ha en los 2 últimos años, lo que da trabajo a 291 viticultores, quienes vendimiaron 332.695 Kg para elaborar 231.000 litros de vino. Esto ha permitido la creación de 350 puestos de empleo directos y 875 indirectos.

Dentro del Programa Insular de Desarrollo de la Viticultura, desde el Cabildo de Gran Canaria hemos puesto en marcha el vivero oficial de viña, el único vivero oficial de Canarias con viñas no viróticas (es decir, no vulnerables a los virus actualmente presentes en Canarias), lo que va a mejorar, sin duda, la rentabilidad de los viticultores al partir la producción de plantas libres de virus. Esta acción nos permite llevar a cabo la campaña de reparto de cepas, que en 2021 ya ha distribuido más de 17.000 plantas entre asociaciones y viticultores de la isla, haciendo un total de 57.740  desde 2015. Este vivero trabaja también en la caracterización varietal, en la valoración sanitaria del material vegetal y en  la búsqueda de variedades mejorantes demandadas por los viticultores.

En esta misma línea de mejora de la calidad en los cultivos avanza el proyecto de crear un banco de germoplasma de variedades locales. Esta acción se va a desarrollar en el año 2022 y en la Finca del Gamonal de Santa Brígida, propiedad del Ayuntamiento de Santa Brígida, con el material que esté libre de virosis. Se creará una colección de 180 variedades de uva.

También se han aprobado distintas líneas de subvenciones para nuevas plantaciones y recuperación de viñedos y se están realizando inversiones importantes para la mejora y la creación de nuevas infraestructuras hidráulicas (red de riego de Camaretas, Monte Lentiscal, etc). Igualmente se está rehabilitando la Casa del Vino, en Santa Brígida, para convertirla en un referente de la interpretación y la divulgación del patrimonio y la producción vitícola de la isla.

Pero si queremos asegurar el futuro del sector, el elemento clave es la formación de profesionales cualificados que sigan impulsando la modernización, la innovación y la calidad en el sector. Por ello, en colaboración con la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, el IES Vega de San Mateo y la Federación Insular de Asociaciones del Sector Vitivinícola de Gran Canaria (VINIGRAN), se ha puesto en marcha el Curso oficial de Técnico de Grado Superior en Vitivinicultura, en el que ya hay 20 personas formándose para ser profesionales de excelencia.

El Cabildo ha cedido las estancias necesarias para el desarrollo de la actividad docente del ciclo formativo en la Bodega Insular de Gran Canaria, en San Mateo, que cuenta con un aula, despacho, servicios, laboratorio y sala de procesado. Asimismo ha adquirido los equipos de laboratorio para las prácticas del  alumnado y, además, realiza el mantenimiento anual de las instalaciones. El Gobierno de la isla ha invertido en el último año 800.000 euros en rehabilitar y poner a punto esta Bodega Insular, que se inauguró en 2005 y se cerró dos años después. Hoy está en uso, prestando servicios de formación y dispuesta a acoger las uvas que se precisen a partir de estos momentos.

Fruto de todo este trabajo y el esfuerzo conjunto de la Consejería de Sector Primario y Soberanía Alimentaria del Cabildo de Gran Canaria, la Sociedad de Promoción Económica de Gran Canaria (SPEGC),  la Denominación de Origen ‘Vinos de Gran Canaria’ y la Asociación Insular de Desarrollo Rural de Gran Canaria ‘AIDER’, Gran Canaria consiguió recientemente la certificación oficial de su ‘Ruta del Vino’ la primera que se certifica fuera de territorio peninsular.

La reciente acreditación otorgada por la Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN), de la que el Cabildo es socio desde hace más de 2 años, incluye a 52 establecimientos, de los cuales 13 son bodegas o explotaciones agroganaderas, 13 restaurantes y bochinches, 6 tiendas especializadas y enotecas, y el resto son alojamientos rurales y operadores turísticos. No obstante, aquellas bodegas y explotaciones agrarias que no se han acreditado hasta ahora, se están adaptando a los criterios exigibles por Rutas del Vino de España, con la ayuda y el apoyo del Cabildo de Gran Canaria.

La ‘Ruta del Vino de Gran Canaria’ es un producto cultural de alto interés turístico que se basa en el sector primario, en la soberanía alimentaria y que tiene su hilo conductor en la cultura del vino y su historia, la calidad y diversidad enológica que ofrecen las bodegas y el paisaje de viñedos de Gran Canaria. Esta propuesta permitirá a la isla mostrar al mundo su cara enológica, su patrimonio varietal y su  belleza paisajística como parte del destino turístico. De hecho, el lema de La Ruta del Vino de Gran Canaria “hacemos vinos y embotellamos paisajes”, resume perfectamente la filosofía que ha guiado esta propuesta.

En El Patio del Cabildo podemos ver en estos días la exposición que sobre el lagar comunal de las Casas de Bandama y los viñedos del Monte Lentiscal ha montado la Asociación Sociocultural de Amigos de Bandama, un complejo y rico paisaje grancanario que desde finales del siglo XVIII comenzó un rápido proceso de transformación que lo llevó a convertirse a lo largo del siglo XIX y hasta la actualidad en el paisaje del vino por excelencia de Gran Canaria. Un paisaje de vides, viñedos, bodegas y lagares creciendo sobre el negro picón del más sobresaliente de los volcanes jóvenes de la geografía insular y que más pronto que tarde tendrá que tener su Centro de Interpretación.

En definitiva, la estrategia de promoción del sector vitivinícola en Gran Canaria es un ejemplo de éxito para el impulso de la soberanía alimentaria en Canarias. Se hace posible con el apoyo, el impulso y la inversión pública para la mejora y la innovación, con el compromiso y el trabajo del sector privado, con la colaboración entre administraciones, con la  formación y la proyección fuera de Canarias… lo que lo convierte también en un producto turístico excelente. Son las claves que nos están permitiendo hacer de Gran Canaria  una referencia vinícola, con premios internacionales y comercialización en diferentes lugares del mundo, recuperando así aquella fama que nos hizo alcanzar las obras de Shakespeare cuando escribía en » Enrique IV» (acto II, escena IV): «…por mi fe, habéis bebido demasiado ‘canarias’; es un vino maravillosamente penetrante y que perfuma la sangre…». Contribuyeron a ello también otros grandes escritores como Edgar Rice Burroughs, Robert Louis Stevenson, Herman Melville, Schiller,  Keats, Lord Byron, Ben Jonson, Walter Scott, Casanova, Kant, Góngora…