Portada Antonio Morales


La gestión del monte apaga incendios

Estamos metidos de lleno en la celebración de Noviembre Forestal, una iniciativa que nació con el objetivo de acercar los bosques y su importancia a la sociedad. El próximo año se conmemora el 75 aniversario de las primeras repoblaciones de pinar en las cumbres de la isla, promovidas por el Cabildo de Gran Canaria. Esta efeméride señala el comienzo de un cambio de modelo de gestión del monte en nuestro territorio. Hasta ese momento, la desaparición de la masa forestal de pinar, laurisilva y termófilo, había alcanzado proporciones alarmantes. Se había convertido en un paisaje asolado que sufría una rápida desertización por la erosión del suelo desprotegido. Hoy, afortunadamente, la imagen es diferente. Disponemos de grandes pinares jóvenes de menos de 75 años junto a zonas con ejemplares que han sobrevivido varios siglos. Aun así, sólo el 15% de la superficie con capacidad forestal de la isla – 20.000 hectáreas- se encuentra arbolada, lo que supone que aún se puede incrementar la envoltura vegetal de Gran Canaria.

La iniciativa de reverdecer las cumbres partió del Cabildo de Gran Canaria, que encargó a su director de Vías y Obras de aquel entonces, Simón Benítez Padilla, el primer Plan Hidrológico. Lo culminó en 1946 y fue aprobado al año siguiente. Presas, granjas agrícolas experimentales, canales, viveros y consorcios de fincas se han ido haciendo realidad en la isla. 75 años de compromiso del Cabildo con la gestión del monte que, a medida que crecía en altura y extensión, presentaba nuevos retos de gestión que durante todos estos años ha ido afrontando esta institución.

Hoy el reto es muy complejo, ya que debemos proteger nuestra biodiversidad de la erosión, las sequías y los fenómenos meteorológicos extremos derivados del cambio climático. Una de las principales amenazas son los grandes incendios forestales. Este riesgo no existía hace 75 años, cuando los bosques se habían reducido a la mínima expresión y las zonas de cumbre abastecían con sus escasos recursos a una población menguante que luchaba por su supervivencia.

La repoblación forestal iniciada hace 75 años dio lugar a una gran ‘familia forestal’ que surgió por la camaradería entre el personal del Cabildo y la sociedad civil que participaba en las campañas del Día del Árbol. Pero estas actuaciones originaron poco después, paralelamente al crecimiento de los bosques y la consecuente acumulación desmesurada de biomasa, la amenaza de los grandes incendios forestales,  por lo que tuvo que dotarse a la isla de los medios necesarios para prevenir y extinguir los fuegos.

Hoy día Gran Canaria ha sido testigo de incendios de ‘quinta generación’ y nos preparamos para un nuevo escenario de mayores amenazas ante el cambio climático. De una cuadrilla de peones para cuidar nuestros montes, liderada por el ingeniero Juan Hidalgo, hemos pasado a un amplio operativo de equipos de bomberos forestales, investigadores, personal técnico, helicópteros, tecnología punta y un dispositivo de equipos de Protección Civil en cada uno de los municipios. Pero no es suficiente. El fuego no responde a la lógica de los recursos que puedan destinarse a su extinción. Ningún servicio de extinción del mundo puede ya contener a los grandes incendios forestales de quinta y sexta generación que quedan fuera de la capacidad de extinción humana. Con unas llamas de decenas de metros de altura y unas velocidades de propagación nunca vistas, calcinan todo lo que se cruza en su camino, ya sean bosques o poblaciones.

La extendida expresión que afirma que los incendios se apagan en invierno no deja de ser cierta, aunque insuficiente. Por un lado, refleja la necesidad de realizar una permanente actuación sobre el monte para gestionarlo adecuadamente. Por el otro, la ‘eterna primavera’ de la que gozábamos está viéndose alterada por olas de calor cada vez más frecuentes y prolongadas. Ante este escenario, seguimos padeciendo largos ciclos de sequía que desecan nuestra tierra y la hacen más vulnerable al fuego. Es por esta razón por la que se mantienen los dispositivos contra incendios durante todo el año, reforzados durante la campaña de verano y equipados de medios de transporte y extinción, sistemas avanzados de vídeo vigilancia y otros recursos tecnológicos.

Estas medidas son fruto de la experiencia y de la estrategia que se desarrolla ante el fuego. Han sido varios incendios los que en los últimos años nos han demostrado nuestra vulnerabilidad y han causado un profundo dolor colectivo. Pero también hemos aprendido. Hemos adoptado  un vocabulario específico, una lengua que es cotidiana en los medios de comunicación con palabras como ‘Presa’, ‘Bravo’, ‘Delta’, ‘Intensidad’, ‘Severidad’, ‘Superficie’, ‘Potencial’… todas ellas aplicadas a los incendios.

También estamos aprendiendo a tratar el fuego y a controlarlo antes de que se origine. Los últimos incendios que hemos sufrido se han encontrado con infraestructuras de prevención previamente ejecutadas. En el de Tejeda, el pasado 2023, la superficie afectada fue de 431 hectáreas, pero su potencial era infinitamente mayor. En esta ocasión, las actuaciones de cortafuegos (quemas prescritas, rebaños bombero, retirada de vegetación…) permitieron ‘conducir’ las llamas hacia su extinción al no encontrar exceso de combustible para extenderse.

El pasado mes de agosto tuvimos el único incendio reseñable de esta temporada. Su rápida propagación hizo temer lo peor, pero pudo ser controlado de manera eficaz, por lo que afectó únicamente a 18 hectáreas de palmeral y cañaveral, así como a algunas instalaciones agrícolas y turísticas. En este caso, la limpieza que se había realizado previamente de hojas de palmera secas y retirada de cañas, supuso la diferencia entre el control del incendio y el riesgo real de que llegara a la zona de Tunte y desde allí se pudiera propagar por las montañas y provocar un desastre de miles de hectáreas de bosque quemado. A la prevención se une la rápida respuesta y eficiencia de todos los agentes y servicios implicados en su extinción. La cooperación institucional, de las empresas y los cuerpos de voluntarios ha ido perfeccionándose para mejorar su eficacia.

A pesar de todos estos avances, no debemos perder de vista el contexto general. Gran Canaria se encuentra ante un escenario de grandes incendios forestales. Corremos el riesgo de sufrirlos en cualquier momento. En los últimos 24 años, nueve grandes incendios forestales han afectado gravemente a nuestra isla, lo que da una media de un gran incendio forestal cada 2 o 3 años.

La estrategia convencional de prevención basada casi exclusivamente en la extinción de incendios ha llegado a su límite de efectividad. Por eso, la era de la extinción va dejando paso a la era de la gestión del paisaje, que es algo tan simple como la necesidad de dar al territorio usos que garantizan la convivencia entre espacios naturales, productivos o habitacionales que actúan como cortafuegos, como se ha demostrado en diferentes incendios. La recuperación del suelo agrícola forma parte de una de las líneas de actuación del Cabildo en su objetivo de lograr la soberanía alimentaria y la protección ante los grandes incendios forestales.

Para ello se ha impulsado la estrategia Gran Canaria Mosaico, que promueve la recuperación de paisajes mosaicos basados en el equilibrio entre los espacios naturales y las actividades rurales tradicionales, así como la adaptación de la sociedad para convivir con el fuego. Son territorios donde conviven diferentes tipos de bosques con sembrados o pastos y donde cada una de estas piezas pone obstáculos al fuego, que se propaga más lento y hace posible sofocarlo. Se realiza un amplio abanico de actuaciones de prevención mediante la gestión del paisaje, que se desarrollan durante todo el año: quemas prescritas, rebaños bombero, tratamientos forestales, limpieza de palmerales y cañaverales, fomento de la silvicultura con la apertura de la primera fábrica de pelets, apoyo a los pinocheros, a los pastores, al carboneo tradicional y un largo etcétera. Son medidas que nos convierten en referencia en toda España y que atraen también el interés de bomberos forestales de otros países que acuden a Gran Canaria para aprender nuestras tácticas.

Se trabaja durante todo el año en mejorar la formación, los equipamientos y la dotación de nuestro cuerpo de bomberos forestales y de las agrupaciones de Proteccion Civil de los municipios. En los municipios se realizan varios Programas de Formación en Alternancia con el Empleo (PFAES) que preparan a los futuros bomberos forestales y profesionales silvicultores.

A los recursos de personal cualificado, hay que sumar la constante mejora de infraestructuras hidráulicas, desalación, depuración, reutilización y almacenamiento de agua con la red que unirá las ocho grandes presas del Cabildo que rodean la caldera de Tejeda. Estas actuaciones nos devuelven al pasado, a aquel Plan Hidrológico de 1946 y a la posterior construcción de las grandes presas que se desarrolló paralelamente a las labores de reforestación. También hemos innovado y sorprendido a muchos con la creación e instalación de los captadores de niebla que actúan como esponjas del alisio, como forma de recuperar la función que realizaban los bosques que cubrieron la isla hasta la conquista y la posterior puesta en explotación de los recursos naturales para la industria azucarera, la construcción o los astilleros.

Desde lo privado también se puede colaborar. Es vital su actuación para evitar que los incendios afecten a las propiedades y a las personas. El cuidado del entorno inmediato de las viviendas particulares y el cumplimiento de las instrucciones de los profesionales y cuerpos de seguridad delimita la diferencia entre la tragedia o el éxito en la lucha por la supervivencia en caso de un gran incendio forestal. Todas las personas que participan en esta responsabilidad compartida tienen un denominador común: aman a su isla, la cuidan, la disfrutan porque forma parte de su vida. Conocer la isla nos ayuda a curar sus heridas, a atender sus necesidades. La isla es nuestro hogar y la tenemos que cuidar.

                                                                               

Una planta de gas innecesaria

Muchos de ustedes, en especial lo que residen en Las Palmas de Gran Canaria, ya habrán oído hablar del proyecto de Totisa Holdings  que consiste en la construcción de una planta de almacenamiento de gas natural licuado (GNL), con capacidad de regasificación y producción de energía eléctrica de 70 megavatios (MW), en el puesto de Las Palmas

Cuando se presentó el proyecto, su objetivo era proporcionar suministro de GNL a buques, permitiendo que estos apaguen sus motores cuando están atracados y se conecten a la red eléctrica portuaria. Esto ayudaría a reducir tanto la contaminación atmosférica como el ruido generado por los motores de los barcos. A primera vista, se presentaba como una iniciativa cuya intención era reducir las emisiones contaminantes y contribuir a la descarbonización del puerto, pero cuando se analizan los detalles de la propuesta y las respuestas institucionales y sociales, parece más un engaño para introducir más energías fósiles en el sistema energético insular, en concreto 70MW. Una pretensión de plantear, por la puerta de atrás, una  alternativa a la regasificadora que quisieron implantar en su día en Arinaga. O al gas ciudad que nos quisieron imponer hace apenas tres años.

Esta iniciativa se contrapone al contexto actual de búsqueda de sostenibilidad, regeneración urbana y renaturalización, evocando más ciertas imágenes distópicas inspiradas en películas como Blade Runner. Mientras ciudades como Nueva York, Vitoria, Seúl o Barcelona apuestan por espacios urbanos saludables, esta planta de generación nos proyectaría hacia un urbanismo industrializado que prioriza los combustibles fósiles sobre la armonía ecológica y la calidad ambiental.

Queda claro que este proyecto no solo es innecesario, sino también potencialmente perjudicial para la salud de las personas y contraproducente para la descarbonización del sistema energético insular, tal como demuestran informes técnicos emitidos por  el Consejo Insular de la Energía de Gran Canaria (CIEGC).

Así lo entendemos, además, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y el Cabildo de Gran Canaria que el pasado lunes día 11 presentamos públicamente una moción-proposición de rechazo a esta iniciativa a aprobar en el pleno de las dos instituciones de este mes de noviembre.

Esta planta no le interesa a la isla ni a su capital. No satisface ninguna necesidad de las personas ni del puerto, que tiene otras alternativas, no contribuye a la descarbonización, aumenta el riesgo de enfermedades de la ciudadanía y frena las políticas públicas insulares y locales de generar espacios verdes y sostenibles.

En el primer informe del CIEGC, publicado en octubre de 2023, se subraya que la necesidad de una central eléctrica de estas características no está debidamente justificada. Aunque reconoce que es necesario dotar al puerto de infraestructuras para suministrar GNL como combustible marino, no encuentra motivos sólidos para la inclusión de una planta de 70 megavatios (MW). Más allá del suministro a los buques, el 94% de la energía generada por la central se destinaría a la venta en la red eléctrica, lo que sugiere que el objetivo real del proyecto no es la descarbonización, sino la generación y comercialización de energía fósil.

Uno de los puntos más críticos de la propuesta de Totisa es el impacto que la planta podría tener en la salud de los habitantes de Las Palmas de Gran Canaria. La central estaría ubicada a apenas 1.100 metros de zonas residenciales, incluyendo barrios vulnerables como La Isleta. La combustión de gas natural emite gases contaminantes como el metano, óxidos de nitrógeno y monóxido de carbono, todos ellos nocivos para la salud humana. Estos contaminantes pueden agravar afecciones respiratorias y cardiovasculares, como el asma y las enfermedades cardíacas, lo que representa un peligro significativo para la población.

El Servicio Canario de la Salud, a través de la Dirección General de Salud Pública, ha expresado su preocupación por la cercanía de la planta a zonas habitadas y por la falta de información detallada sobre las emisiones que producirá. Además, el promotor del proyecto no ha presentado un modelo adecuado de dispersión de contaminantes, lo que hace imposible evaluar con precisión el impacto sobre la salud pública. En una ciudad ya afectada por altos niveles de contaminación debido al tráfico y a otras actividades industriales, añadir una nueva fuente de emisiones constantes podría tener consecuencias devastadoras.

Uno de los pilares de la estrategia energética de Gran Canaria es la descarbonización del sistema energético insular, en línea con los objetivos de sostenibilidad globales y la Agenda de Transición Energética de Gran Canaria. Sin embargo, la instalación de una central eléctrica alimentada por gas natural en el puerto iría en contra de este objetivo.

El segundo informe del CIEGC, emitido en febrero de 2024, es claro al afirmar que la planta de Totisa aumentaría significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero en la isla. Se estima que las emisiones de CO2 se multiplicarían por 12, pasando de las 25.884 toneladas actuales a más de 304.780 toneladas anuales. Además, se advierte que las fugas de metano, un gas con un efecto invernadero mucho mayor que el CO2, podrían anular cualquier posible beneficio ambiental que la planta pudiera aportar.

Es importante resaltar que el gas natural, aunque menos contaminante que otros combustibles fósiles a la hora de producir energía, sigue siendo una fuente de energía que emite carbono. Y no solo eso, desde su extracción libera metano, uno de los mayores inductores del calentamiento global. Además, devolver la mirada al gas a través de una regasificadora insular en las entrañas de una ciudad de casi cuatrocientos mil habitantes pone en riesgo la seguridad del puerto y La Isleta y nos hace depender de lugares inseguros.

Gran Canaria ha hecho importantes avances en la integración de energías renovables, como la solar y la eólica, en su mix energético. Lidera la penetración de las energías limpias en las islas, encabeza las cifras de autoconsumo, la eólica marina está a punto de hacerse realidad y seremos los primeros en implantarla, disponemos de Salto de Chira para el almacenamiento imprescindible y estamos tocando con la punta de los dedos la geotermia. Introducir una nueva planta de combustión fósil no solo retrasaría la transición hacia un sistema energético más limpio, sino que podría desplazar tecnologías más limpias que ya están contribuyendo a la reducción de las emisiones.

Una de las principales críticas al proyecto de Totisa es que no se han explorado suficientemente alternativas más limpias y menos perjudiciales para el medio ambiente. El CIEGC ha propuesto mejorar la red de distribución eléctrica existente para abastecer a los buques que atraquen en el puerto, lo que permitiría reducir las emisiones sin necesidad de construir una nueva central.

Además, en Gran Canaria y el conjunto de Canarias debemos enfocar nuestros esfuerzos en la adopción de energías renovables y en la electrificación del puerto con fuentes limpias, en lugar de depender del gas natural. La Agenda de Transición Energética de Gran Canaria ya contempla la implementación de tecnologías como el hidrógeno verde, el amoníaco y el metanol para el transporte marítimo, y se están promoviendo iniciativas globales de descarbonización del transporte, como los corredores verdes marítimos. Estas alternativas no solo son más sostenibles, sino que también están alineadas con los objetivos de reducción de emisiones de la Unión Europea.

En resumen,  proyecto de Totisa Holdings en el Puerto de Las Palmas no solo es innecesario, sino también contraproducente. Su instalación aumentaría las emisiones contaminantes, pondría en riesgo la salud de los habitantes de Las Palmas de Gran Canaria y no contribuiría a la descarbonización del sistema energético insular. En lugar de invertir en una nueva central de gas, Gran Canaria debe apostar por mejorar la red eléctrica existente y acelerar la transición hacia energías renovables, que son el futuro de un sistema energético verdaderamente sostenible.

Nuestro proyecto de ecoísla opta por un modelo que promueve las energías renovables, la infraestructura verde y la calidad ambiental. Existen puertos en Europa que han conseguido este equilibrio, apostando por proyectos verdes sin dejar de lado las necesidades de los residentes y el medio ambiente. El futuro desarrollo del puerto debería responder no solo a metas económicas, sino a objetivos sostenibles y sociales de largo plazo, evitando crear una realidad en la que el desarrollo desmedido termine sacrificando la calidad de vida de sus habitantes.

Tal y como estamos demostrando desde el Cabildo de Gran Canaria, este es el camino que debe seguirse para asegurar una Gran Canaria más limpia, saludable y comprometida con los desafíos climáticos globales.

Jaque a la democracia

A finales de la primera década de este siglo el pensador y politólogo  francés Guy  Hermet, en su libro “ El invierno de la democracia: auge y decadencia del gobierno del pueblo”, nos decía que “ la democracia está llegando a su invierno, aunque no hay por qué temer un infarto aun inminente. Estamos entrando en la estación invernal de la democracia tardía, en la estación de la vejez (?). El pueblo apenas simpatiza ya con la ficción del gobierno de todos y para todos en la que se apoya cada vez más débilmente nuestra democracia. Aunque todavía no tiene etiqueta, la posdemocracia ya está aquí, de incógnito. Estamos entrando en otra era política”.

Todo parece darle la razón. El avance en todo el planeta de los totalitarismos, de las antidemocracias, de los populismos y de los movimientos neonazis y neofascistas es una terrible realidad. El capitalismo salvaje, que denuncia el jurista italiano Luigi Ferrajoli, alienta la antipolítica, las desigualdades, la carrera armamentística ligada a conflictos geoestratégico y la quiebra del Derecho Internacional y los Derechos Humanos.

La victoria de Donald Trump el pasado miércoles en las elecciones de EEUU supone un paso de gigante en esta deriva. La victoria del populismo “trampista” frente al elitismo demócrata adelanta este retroceso profundo para la democracia, los equilibrios internacionales y los derechos fundamentales. La lucha contra el cambio climático, los derechos de la mujer, la comunidad LGTBI o las personas migrantes van a ser atacados de manera frontal. La política de aranceles, la desprotección de Ucrania frente a Rusia, el abrazo a Putin, Orbán o Netanyahu van a hacer un daño profundo al proyecto de unidad europea. El aliento a la ultraderecha internacional nos hará caminar hacia un mundo autoritario.  ¿Pero está todo perdido?

También ese miércoles tuve ocasión de participar en la presentación del libro  “Jaque a la democracia: España ante la amenaza de la deriva autoritaria mundial”, del magistrado Joaquim Bosch. En el acto, organizado por Canarias Ahora en el Patio del Cabildo, el autor analiza en profundidad las causas que están poniendo en riesgo un sistema imperfecto, frágil y necesitado de cuidados, pero absolutamente necesario. Un sistema en crisis que ve cuestionada la capacidad y el crédito de sus instituciones, su capacidad para proteger a los más débiles,  para controlar la corrupción, para dar respuestas a las necesidades de la población…

Creo que es importante proponer a la opinión pública, como hace Joaquín Bosch,  un ejercicio mental para dejar de pensar en la democracia como si se tratara de un ente abstracto. O de una presencia inmaterial, etérea, que forma parte de nuestra existencia, independientemente de lo que hagamos y digamos, o de cómo nos relacionemos con los demás. Porque la democracia es justamente lo contrario. Es una construcción diaria por parte de sociedades que, como la nuestra, han decidido vivir abrazadas a valores que fomentan la integración, la solidaridad, el diálogo y la igualdad social.

La democracia es una escultura que hemos tardado mucho tiempo en esculpir y levantar. Y, en estos momentos, se ve sometida a la erosión de determinados elementos. Susan George nos dice que “en Europa se ha dado un desmantelamiento de las estructuras democráticas en base a tres principios: sigiloso, secreto y súbito (SSS). La pérdida de los valores democráticos europeos está dando paso a numerosos partidos populistas o de extrema derecha en distintos rincones del continente que no dejan de subir en estimación de voto y aceptación popular”.

Hablamos de movimientos retrógrados que soplan y socavan el terreno bajo sus pies en todo momento para derribar la convivencia y los principios democráticos allá donde se encuentren, en España, en Europa o en cualquier lugar del mundo. Lo sabemos y vemos cómo lo hacen cada vez con más medios, con más bulos y mentiras. Utilizan el miedo y la mentira, venenos con los que enturbian las aguas de nuestra sociedad en beneficio del auge de las fuerzas extremistas y autoritarias. Resulta evidente que vivimos un ataque directo a la democracia.

Han atado cuerdas al mármol que la representa e intentan derribarlo. Si dudamos de que esto está pasando, habremos perdido la primera de las batallas, pues habremos caído en la amnesia. O, aún peor, en la ceguera frente a la que nos advirtió José Saramago. Contra esta marea antidemocrática que amenaza con convertir en arenisca la sólida roca que deben ser nuestros sistemas constitucionales, solo cabe aplicar la receta del periodista y ensayista Henry Mencken, quien nos recordó que “la cura de los males de la democracia es más democracia”.

Las instituciones públicas y las personas que tenemos la responsabilidad de encarnar el mandato democrático popular debemos esculpir a diario la democracia, dando respuesta a las necesidades y esperanzas de la ciudadanía en un entorno cambiante y marcado por incertidumbres de distinto signo.

Para la profesora Susana Corzo Fernández, “la desconfianza de los ciudadanos hacia las instituciones públicas pudiera ser un estadio previo al fortalecimiento de un Estado débil, pero el descrédito continuo de las instituciones llegará a ser la consecuencia de un Estado enfermo, si la clase política no lucha por devolverle, desde la racionalidad y la mesura que conllevan la práctica de la responsabilidad política, el valor que tiene y la función que presta de servicio a la  ciudadanía”.  No es eso lo que explicita en estos momentos el enfrentamiento de los socios del gobierno de España, precisamente. Tampoco la polarización, la crispación, los enfrentamientos y la falta de entendimiento entre el Gobierno y la oposición.

Pero contamos también, por fortuna, con ejemplos de valentía y de denuncia pública que nos ponen en alerta ante el avance de las derivas autoritarias y los retrocesos democráticos, como es el caso del magistrado Joaquim Bosch y de su libro ‘Jaque a la democracia’.  Su testimonio y su visión surgen de una de las galerías del Estado donde debe fraguarse una parte importante de la solidez del engranaje democrático.

La democracia se sustenta sobre diversos pilares. Y cada uno de ellos es fundamental. Pero es incuestionable que el sistema judicial es una clave de bóveda. Por ello, resulta prioritario actuar con unidad en la defensa de su credibilidad, impidiendo el uso espurio o interesado de uno de los principales instrumentos para aportar verdad y legitimidad. Lo que nació para depurar y garantizar sociedades más justas jamás debería servir para embarrar.  

Bosch contribuye a mantenernos despiertos y despiertas. Nos arma con argumentos. Y nos ofrece un ancla intelectual en medio de este temporal negacionista y excluyente, que agita el odio y el enfrentamiento frente a la empatía y la concordia, precisamente el espíritu del sentimiento democrático. Este griterío ensordecedor, diseñado para confundir, incluye además discursos que tratan de deslegitimar a las instituciones públicas que representan la voluntad colectiva y sobre las que recae el peso del Estado de Derecho. Por eso necesitamos reforzar sus estructuras, además de extender la educación y la difusión de los valores basados en los derechos humanos y las libertades.

El aliento de la extrema derecha y del resto de tiranías se percibe de múltiples maneras, porque la intolerancia posee múltiples rostros, como una hidra moderna y mutante. La combatiremos con auténtica justicia, con la Historia en la mano, con una ciudadanía formada e informada, y no manipulada.

Aquí, en Canarias, esa hidra se manifiesta y multiplica sus cabezas, por ejemplo, al calor de la inmigración. Este monstruo carece de escrúpulos. Su lengua solo escupe mentiras pensadas para que un sector de la población asuma que sus problemas guardan alguna relación con quienes huyen del horror o la miseria, junto a otros mensajes igual de falsos y aberrantes en otros ámbitos. 

Tenemos que seguir combatiendo con datos, también con periodismo objetivo y riguroso. Y con memoria, como estamos haciendo en el Cabildo de Gran Canaria con el trabajo arqueológico en curso en la Sima de Jinámar, terrible escenario de los crímenes del franquismo.

Quiero subrayar, finalmente, que el autor nos llama a la obligación de mantener una voz firme; y también coral, sin disensos de fondo entre quienes estamos de acuerdo en la peligrosidad de estos intentos por abrir vías de agua en el casco de la nave común de la democracia.  No es preciso estar de acuerdo en todo. Tan solo en lo esencial: en mantener el tablero sobre la mesa y defender las reglas de juego que en el caso de España y de otros tantos lugares han hecho posible el progreso así como dejar atrás décadas de oscuridad. 

Estoy convencido de que encuentros como el que celebramos esta semana en el Cabildo de Gran Canaria o libros como el de Joaquín Bosch son sumamente útiles y nos espolean en este ejercicio de fortalecimiento y resistencia.

                                                                                               

Sima Jinámar: minar la tierra hasta encontrarte

El pasado jueves convocamos a los medios de comunicación para trasladar a la sociedad grancanaria un triste y a la vez esperado descubrimiento que nos va a permitir dar un paso más que posibilitará que entre todos y todas levantemos una de las losas de olvido que pesan sobre la memoria democrática de esta comunidad insular. El Cabildo de Gran Canaria ha tenido que sumergirse, literalmente, en las entrañas de la isla, en un lugar donde se entrelazan el origen mismo de la tierra que pisamos y el terrible escenario de los acontecimientos más oscuros y cobardes de nuestra historia reciente. Para “minar la tierra hasta encontrarte”, como canta Miguel Hernández a Ramon Sijé.

Quisieron borrar las huellas de sus crímenes. Y durante demasiado tiempo se permitió que el silencio se impusiera al sonoro eco del terror que ejercieron. Sin embargo, este Cabildo ha querido contribuir a seguir rasgando el velo de la desmemoria. En la mañana del 31 de octubre, día oficial del recuerdo de las víctimas del franquismo según la Ley de Memoria Democrática, quisimos desvelar los resultados iniciales de la primera intervención arqueológica, todavía en curso, en el interior de la Sima de Jinámar, trabajo a cargo del Servicio de Patrimonio Histórico de la Consejería de Presidencia de esta institución insular. 

Gran Canaria nació de los volcanes. Trágicamente, también hubo personas que eligieron un alejado emplazamiento volcánico para transformarlo en un escenario de horror y represión. Cualquiera que se acerque hasta el borde de la Sima de Jinámar puede comprobar que la cavidad se asemeja a una gran boca abierta, muda, aunque parece querer contar a gritos el relato de trágicos episodios escritos a sangre y fuego.

Con estas investigaciones, el Cabildo desea otorgar voz eterna a las personas represaliadas, a sus familias y al recuerdo de una sociedad sometida. Respaldamos también la construcción de una sociedad basada en la paz y los valores democráticos. Sobre todo ahora, cuando se eleva a nuestro alrededor el rumor de quienes parecen anhelar lo peor de nuestro pasado y hacen sonar sin descanso campanas que nos traen el sonido de tiempos que no deben repetirse. Debemos levantar diques para evitarlo. Y uno de los más importantes es la lucha contra la amnesia. Por eso, quiero pedirles que hagamos nuestros los versos de Octavio Paz, para que cualquier atisbo de duda en esta senda se vea cegado y deslumbrado por el hueso, por la lívida centella entre simas y golfos de tiniebla.

La Sima de Jinámar fue declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Sitio Histórico por su importancia para la memoria colectiva de Gran Canaria y de Canarias. En este enclave, donde yacen el polvo y las piedras de este ayer que no olvidamos, ha intervenido el Cabildo – desde el área de Patrimonio Histórico, que coordina el Vicepresidente Segundo, Teodoro Sosa-  con actuaciones directas que comenzaron en 2021, con la inspección del fondo de la Sima, en colaboración con el Consorcio de Emergencias de Gran Canaria a los que agradezco su enorme aportación. Estos trabajos prosiguieron en 2023 con la prospección exterior y han desembocado en esta primera intervención arqueológica.

Con su descenso, el personal técnico – los arqueólogos insulares Xabi Velasco y José Guillén, con su equipo y el apoyo logístico de Tagorock- ha llevado a más de ochenta metros bajo tierra la mirada y el sentimiento de Gran Canaria. Los resultados de esta iniciativa aún deben ser sometidos a análisis más minuciosos, además de que se llevarán a cabo nuevos descensos. Sin embargo, ya podemos decir que se ha arrojado más luz donde hace casi noventa años se volcara tanta oscuridad.

Los primeros resultados corroboran el hallazgo de restos óseos pertenecientes a 3 ó 4 adultos varones. Se trata de restos inconexos, removidos por los aportes sedimentarios, la acción del agua y otros agentes naturales, pero que desvelan, por ejemplo, el impacto en la cabeza de las balas mortales.

Hay brillos que hielan. Es el caso de dos casquillos, probablemente pertenecientes a un fusil Mauser usado por los verdugos e idénticos a los encontrados en el Pozo de Tenoya. Resulta elocuente que en los rastreos en el exterior de la chimenea volcánica con un detector de metales no se encontraron evidencias de los fusilamientos, una prueba más de la voluntad de ocultar el rastro de los asesinatos.

Se han hallado igualmente objetos y pertenencias cotidianas, íntimas, que hablan por sí mismas y  que nos hacen enmudecer de rabia y emoción. Les hablo de suelas y otras partes del calzado que usaron las víctimas en su último camino por este mundo. También un peine, botones, una cartera, una peseta.

Les quitaron la vida y, de paso, la paz y la dignidad de toda una isla. Estos vestigios ayudan a certificar que los crímenes tuvieron lugar durante la guerra civil y los años posteriores.

Por el momento, desconocemos las identidades. No obstante, la labor del Cabildo permite contar con nuevos elementos de identificación. Al respecto, y para añadir todos los esfuerzos posibles a esta tarea de restitución, resultaría de gran utilidad la base de datos genética, herramienta contemplada en la Ley Canaria de Memoria Histórica, por lo que hacemos una petición al Gobierno de Canarias para que trabaje en su desarrollo.

Podemos imaginar el dolor infligido. Ponernos en la piel de hijos e hijas, de aquellas mujeres que, a veces, incluso rehusaban hacer uso del luto acostumbrado en la época para evitar más pesares y castigos. Es fácil empatizar con aquellos hogares que sentían los pasos fúnebres, la llamada en la puerta, los gritos rabiosos de brigadas del amanecer que conducían en realidad a la noche final.

Se estima que cerca de 500 personas se adentraron en esa noche por unas ideas, por defender derechos laborales, por un chivatazo o por una enemistad con alguien cercano al nuevo régimen del pavor. Lograron tender una densa capa de miedo. Acabaron con centenares de vidas, pero querían exterminar las libertades, que también acabaron sepultadas en el fondo de simas, pozos y costas.  Una metáfora de la muerte en el más amplio sentido de la palabra.

Esta acción no es un hecho aislado. Forma parte del compromiso del Cabildo con la causa. Tanto en la Sima como en el Pozo del Barranco de Arucas se han dignificado estos espacios con la instalación de paneles informativos y esculturas conmemorativas para convertirlos en ámbitos de divulgación, conciliación y homenaje. La intervención del Cabildo en el Pozo de Tenoya logró recuperar 14 hombres con claros signos  de muerte violenta, siete de los cuales pudieron ser identificados, emergiendo historias sobre las que pesaba un manto de postergación.

El Cabildo coeditó junto al Ayuntamiento de Arucas el libro sobre los represaliados del franquismo en este municipio, el primer trabajo monográfico sobre una exhumación en el archipiélago. Como dijo Eduardo Galeano con palabras que parecían dictadas para aquella publicación, fue un texto “escrito para que no se vayan”. Creo que este mismo ánimo llena hoy  esta casa común de los grancanarios y grancanarias.

Este mismo esfuerzo del Cabildo cristalizó en las investigaciones realizadas en el Cementerio de Vegueta, que permitieron recabar una importante e inédita información histórica sobre el yugo de la dictadura en la isla; o en la producción del documental ‘Simiente sobre tierra’ y el posterior ciclo de proyecciones y conferencias.

Quiero terminar subrayando que las actuaciones en materia de memoria histórica persiguen la verdad, la justicia, la reparación y, sobre todo, las garantías de no repetición. Sí, la verdad a base de un trabajo exhaustivo y sistemático de recuperación de evidencias como las que se presentan y que proyectan claridad sobre unos hechos que fueron una evidente violación de los derechos humanos.

Estos datos abren la puerta a la justicia y a la reparación de las víctimas, en particular si se consigue su identificación y la recuperación de su memoria para las personas a las que se les ocultaron estos asesinatos, poniendo límites así a la impunidad a través de las políticas públicas, como hace este Cabildo. 

Cualquier vía en esta dirección nos ha sido y nos será válida en el futuro con el fin de  llegar hasta el fondo de aquellos lugares donde reinaron las sombras. Lo haremos con una antorcha moderna, solidaria y democrática; para quemar el olvido, mantener a raya a los lobos del pasado y alumbrar un amplio espacio de convivencia.