LA FALSEDAD DEL GAS LIMPIO, BARATO Y DE TRANSICIÓN

La semana pasada escribí un articulo en este medio (Un gas inviable) en el que analizaba el submundo del gas en España al hilo de un informe de la CNMC rechazando la construcción de una regasificadora en Granadilla (Tenerife). Describía en el texto el enorme poder de las gasistas y su influencia sobre la política para hacer valer sus criterios-imposiciones -derivados de unas inversiones multimillonarias en infraestructuras de gas en desuso- para imponer este combustible fósil frente a las renovables.

El informe de la CNMC cuestionaba radicalmente el proyecto, pero los gobiernos de España y Canarias acudieron con agilidad a trasladar  a la población que el informe de la CNMC no era vinculante y que la decisión de construir una regasificadora en Tenerife seguiría adelante. Más de  lo mismo.

El Gobierno de España, que nos dice una y otra vez que está a favor de las renovables, sigue con su política real –frente a la palabrería huera- de frenar la implantación de las energías limpias para dar satisfacción a las patronales del petróleo y el gas. Las últimas decisiones del Ministerio de Energía no hacen más que confirmarlo: hace unas semanas Álvaro Nadal comunicó a los grandes bancos de inversión que se proponía alargar la vida de las centrales nucleares españolas en diez años y apoyar el carbón como “tecnología capital” del sistema eléctrico español al tratarse de uno de los pocos recursos endógenos del país (como si el viento y el sol no lo fueran).

Paralelamente se nos informaba que Energía ponía toda la carne en el asador para impulsar el uso de las regasificadoras construidas en los últimos años y que permanecen en su mayor parte cerradas o a muy bajo rendimiento por su incapacidad para competir con las renovables, después de que las eléctricas invirtieran más de 25.000 millones de euros en ellas creando una auténtica burbuja.

Obviamente esta política no se puede hacer sino a costa de seguir poniendo trabas a la penetración de las renovables en España y para eso, además de la eliminación de las primas a las instalaciones eólicas y fotovoltaicas con carácter retroactivo y a las de nueva implantación, el Gobierno español se ha sacado de la chistera hace unos días una nueva medida encaminada a que la rentabilidad razonable de las instalaciones del sector renovable baje al 4% desde enero de 2020, lo que obligará a las plantas ya ejecutadas a la refinanciación de sus proyectos, asumiendo mayores costes financieros.  Blanco y en botella: el gas tiene que entrar sí o sí y las nucleares y el carbón tienen que seguir y para eso hay que frenar a las renovables. Aunque hace unos días hayamos vuelto a sufrir un pico altísimo en el precio de la electricidad debido precisamente al descenso de la producción de renovables en ese periodo.

Pormar que está a favor de las renovables (a pesar de que en   Y saca a la luz un informe de la ULL que dice que el uso del gas supondría una reducción anual de 640.000 toneladas de  emisiones de CO2 a la atmósfera y un ahorro de entre 65 y 100 millones de euros anuales (en la actualidad más de la mitad de lo que se decía que se ahorraba en el 2013, y seguirá bajando y bajando porque la energía producida por el viento y el sol es cada día más barata -aunque estemos en Canarias en apenas un 8 %- y porque los precios del gas y el petróleo están cada vez más igualados).

Unos y otros no hacen sino trasladarnos medias verdades. Dicen estar por las renovables, pero no cejan en poner en marcha la implantación de las distintas energías fósiles (fuel, gas, carbón…). España invierte cada año más de 42.000 millones euros en comprar combustibles fósiles a países conflictivos en su mayor parte ( Argelia (55 %), Noruega (12 %), Qatar (9 %), Nigeria (8 %), Trinidad y Tobago (6 %)… y desequilibra la balanza comercial cuando hay disponibilidad de viento y sol para generar energía limpia e inagotable, además de más barata. Está claro que la apuesta por frenar el calentamiento global pasa porque los gobiernos se independicen de los poderosos lobbies que controlan la energía.

Y luego está la otra cantinela respecto al gas, la del ahorro de emisiones de CO2 a la vez que encubren el resto de componentes que lo hacen sumamente peligroso. Desde hace mucho tiempo vengo insistiendo en los riesgos de la utilización del gas para la salud de los ciudadanos y para el medio ambiente. En distintas ocasiones he trasladado en diferentes textos la opinión de expertos mundiales sobre la alta contaminación de un gas natural que si bien es cierto que produce menos dióxido de carbono no lo es menos que libera importantísimas cantidades de metano, el mayor causante del calentamiento global, desde el momento mismo de su extracción y transporte, aunque no en su combustión.

Entre otras tesis, he reproducido hasta la saciedad las investigaciones de Lovelock que concluyen que el gas natural es más potente veinticuatro veces como gas de efecto invernadero que el CO2, y he compartido un estudio de la Universidad de Puebla en México que resalta que «si tomamos en cuenta que el uso del gas eleva las concentraciones de NOx en la atmósfera hasta en un 63%, siendo éste precursor del ozono y que el gas natural no es  un combustible limpio ya que su uso incrementa, entre otros, las concentraciones de gases de efecto invernadero, entonces podremos concluir que el uso del gas como alternativa para disminuir la contaminación atmosférica, no es del todo viable». La comunidad científica coincide en que el metano es un gas con un potencial de calentamiento muy superior al CO2 y en que para un periodo integrado de 20 años el metano es 86 veces más potente que el CO2.  Y también una investigación (Enfermedades asociadas a la polución atmosférica por combustibles fósiles. Aspectos pediátricos) realizada por expertos en oncología pediátrica, anatomía patológica, neumología, pediatría, biología y química de la Universidad de Valencia y de los hospitales de Sagunt e Infantil Universitario La Fe y EAP de Algemesí, todos de la Comunidad valenciana, donde dejan expresamente claro que «las enfermedades asociadas a los contaminantes medioambientales generados por los combustibles fósiles abarcan un amplio abanico de patologías que oscilan desde banales (conjuntivitis, sinusitis, faringitis, cefaleas, etc.) hasta graves y potencialmente mortales (bronquitis asmática severa, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, insuficiencia cardíaca, renal o hepática e incremento del riesgo de cáncer)».

Según este estudio, los principales contaminantes químicos generados por la combustión de gas natural son en forma de gases y partículas (SO2, CO2, NOx y CO); inorgánicos (arsénico, cadmio, cromo, cobalto, plomo, manganeso, mercurio, níquel y fósforo) y orgánicos (benceno, formaldehído, naftaleno, tolueno, metilnaftaleno, fluoranteno, fluoreno, senantreno y pireno). Como podrán comprobar, cada uno de ellos es digno de figurar en un altar en homenaje a la salud, pero de eso no se nos dice nada. Por tanto no les debe extrañar que estos expertos concluyan su trabajo de la siguiente manera: «Para la prevención, los profesionales sanitarios en general y los pediatras en particular, deben conocer y exigir que el desarrollo industrial y tecnológico debe ser compatible con la mejora de la calidad de vida y respetuoso con el medio ambiente. Es el desarrollo sostenible. Ello se puede conseguir con el fomento y desarrollo de las energías alternativas, renovables, ecológicas o menos contaminantes como la eólica y la solar».

En definitiva. Seguimos a la cola en renovables en Canarias y el gas no puede ser un elemento de transición porque, como está sucediendo en España, si penetraran las renovables no se amortizarían las plantas en las que van a invertir una millonada; la contaminación con las regasificadoras sigue siendo muy alta y peligrosa; el precio del fuel y el gas se equipara cada vez más; no existe un estudio de viabilidad económica; no se dispone de un compromiso de compra del gas que se producirá en la regasificadora (Enel ha anunciado, además que va a cerrar todas sus plantas termoeléctricas para 2035)… pero todos están seguros de que el Ministerio autorizará la planta de gas en Tenerife. Y puede ser que sea así, aunque el regulador y el sentido común opinen lo contrario.

UN GAS INVIABLE

El pasado viernes 13 de octubre ABC.es hizo pública en Canarias la información, que ya había adelantado el día anterior El Economista, según la cual la CNMC negaba el permiso a Enagás para la construcción de una regasificadora en Granadilla (Tenerife). Efectivamente, en una crónica firmada por Ramón Esteller, el diario especializado en economía y finanzas afirmaba que la Comisión Nacional de Mercados y Competencia había decidido negar la autorización a Enagás, a través de su sociedad Gascan, para poner en marcha las obras de la regasificadora de Granadilla, en las Islas Canarias. La CNMC indica, según El Economista, que «no se considera conveniente tomar, en estos momentos, la decisión de autorizar la construcción de la Planta de GNL de Granadilla (Tenerife), hasta que no se disponga de las mencionadas garantías de uso de la planta, y de los correspondientes estudios económicos que comprueben la sostenibilidad económica del sector del gas natural, tras la gasificación de las Islas Canarias”.

En concreto, el consejo de la CNMC considera necesario realizar una actualización del documento de Planificación de los Sectores de Electricidad y Gas 2008-2016, recogiendo un análisis de la demanda de gas prevista, las características de dicho mercado y la viabilidad económica de las inversiones a realizar. Dado el tiempo transcurrido, es posible en opinión del supervisor «que hayan podido quedar desfasados en relación con las necesidades y los planteamientos actuales sobre la energía en las Islas Canarias, sobre todo teniendo en cuenta que en dicho periodo ha habido cambios muy sustanciales en la economía y en el sector energético en general». El informe de la CNMC sostiene –aquí está la clave- por un lado, que no existe un compromiso de la compañía suministradora de energía a las islas (Endesa-Unelco) de que va a consumir el gas que producirá la gasificadora y, por otro,  que no se dispone de un estudio económico real sobre la propuesta.

El Gobierno ha salido al paso manteniendo el despropósito con afirmaciones cuando menos singulares: se trata de meras correcciones a los documentos presentados que se aportarán de inmediato. Como si no hubiesen tenido tiempo durante los 20 años transcurridos desde la presentación del proyecto de penetración del gas en Canarias. Y es que no nos están diciendo la verdad. No puede haber documento que lo justifique porque producir energía con gas en nuestro archipiélago nos cuesta unos 190 euros el MW/h mientras con las renovables es de unos 80 euros el MW/h y no puede haber un compromiso de compra del gas producido porque sería de tontos comprometerse a comprar el gas de por vida cuando cada vez es más barata y mayor la producción de renovable. Gas Natural lo ha visto más claro y ha retirado los fondos destinados a comenzar las obras.

Es lo que vengo sosteniendo desde hace muchos años. Es lo que venimos afirmando los que apostamos por otro modelo energético. Pero el gobierno se mantiene en sus trece. Insistirán en el gas como elemento de transición aunque después tengamos que cubrir entre todos los costes del despropósito. Como está pasando en el sistema peninsular: Gas Natural ha presentado una demanda contra el Estado español en la Audiencia Nacional reclamando nada más y nada menos que  400 millones de euros por responsabilidad patrimonial a causa, dicen,  del impacto que ha tenido en su cuenta de resultados la paralización de sus centrales térmicas de gas desde el año 2009 debido a que se sobreincentivó a las renovables. Es algo parecido a lo que hizo Iberdrola cuando se le impidió que cerrara la planta de Arcos de la Frontera que pidió entonces una indemnización de 900 millones. O lo que ha sucedido con Castor, el cementerio de gas de Castellón, que fue paralizado al provocar 500 seísmos y por el que estamos pagando a Florentino Pérez 1.700 millones de euros. O lo que está sucediendo con las autopistas de peaje. Y es que los beneficios son para unos pocos y las pérdidas se socializan.

La realidad es que las presiones de las petroleras y las grandes empresas de generación energética –hasta que consigan hacerse con el mercado de las renovables, claro- no cejan en su intento de vendernos la idea de que el gas es un elemento de transición cuando en realidad lo que está haciendo es competir directamente con las energías limpias en el mundo, afortunadamente cada vez con menos éxito, a pesar de la complicidad de distintos gobiernos de turno. La lucha por seguir instalando plantas de regasificación, ciclos combinados y el resto de infraestructuras (redes, gaseoductos, depósitos, puertos, etc.) se recrudece en Europa, en España (con más virulencia) y nos lo pretenden introducir en Canarias con la misma dinámica, aún sabiendo que es imposible que se pueda después suspender su consumo mientras no se agoten los largos plazos de amortización de las inversiones.

Las grandes productoras de petróleo y gas no escatiman esfuerzos una y otra vez para impedir que se incentive la producción de renovables y el aumento de la eficiencia energética. Y es en España donde mejor apoyo han encontrado sin ninguna duda. Y eso a pesar de que su implantación está siendo ruinosa. Desde 2002 hasta 2011 en España se instalaron 67 plantas de ciclo combinado con una inversión de más de 13.000 millones de euros. Hoy superan los 25.000 millones de euros. En los últimos años su producción ha caído en un 72%. En la actualidad distintas plantas instaladas por toda la geografía peninsular se han tenido que parar (Huelva, Castellón,… ). Red Eléctrica plantea que se deberían cerrar al menos diez ciclos combinados nuevos. Que sobran 6.000 MW de gas. La planta regasificadora de El Musel, en Gijón, se inauguró y ni siquiera se ha puesto en funcionamiento… Según la CNMC se deberían cerrar distintas plantas de ciclo combinado porque muchas de ellas no han funcionado ni al 10% de su capacidad y porque sería más rentable sustituirlas por renovables. Según un informe de UBS, Europa podría cerrar en los próximos dos o tres años un total de 127 gigavatios de carbón y gas.

Y entonces, ¿por qué tanto interés por el gas? La realidad es que en torno a su implantación se han movido, desde siempre, intereses opacos. La creación de Gascan –empresa encargada de su introducción- insistía en profundizar inicialmente en el monopolio de Endesa en Canarias y en favorecer, a dedo,  la participación en el negocio a los diez más importantes empresarios de Tenerife y Gran Canaria. Posteriormente se decidió que fuera Enagás la compañía que se hiciera con el proyecto negociando con los empresarios y Endesa su salida. La gasista transportadora española por excelencia se encuentra en estos momentos, casualmente, controlada por los partidos políticos más influyentes. De los quince miembros de su consejo de administración nueve son y han sido militantes y cargos públicos significados de estos partidos políticos. El presidente, Antonio Llardén, fue subsecretario de Obras Públicas con el ministro socialista  Josep Borrell  y Ramón Pérez Simarro, miembro también largo tiempo, ha sido exdirector general de Energía, exsecretario general de Energía y exsecretario general técnico de Industria con el PSOE. Fue, paradójicamente, el encargado en su día de negociar el suministro de gas a España para los ciclos combinados a instalar. Los siete restantes pertenecen al PP: Marcelino Oreja (hijo), exdiputado europeo, es el consejero delegado; Antonio Hernández Mancha, exsecretario general del partido; Ana Palacio, exministra; Isabel Tocino, exministra; Gonzalo Solana, expresidente del Tribunal de Defensa de la Competencia; Luis Valero, exsecretario general del ministerio de Industria, Energía y Turismo y Rosa Rodríguez, exviceconsejera del Gobierno canario y exvicepresidenta del Cabildo grancanario… Y han transitado otros por ahí como José Luis Olivas, mano derecha de Zaplana y detenido por corrupción o José Manuel Fernández Norniella, relacionado con la financiación ilegal del PP en Madrid. Es, por cierto, más o menos parecido a lo que pasa en las otras eléctricas del oligopolio energético de este país.

El trasfondo es muy poco transparente. Oscuro. Roberto Centeno habla claramente de la corrupción política del gas. En los últimos años se han invertido en la construcción de instalaciones de regasificación y de ciclos combinados más de 25.000 millones de euros. Se han beneficiado de primas para incentivar las inversiones y para garantizar la continuidad del suministro, con cargo a la factura de la luz, (mientras pagaban campañas mediáticas para denunciar torticeramente las primas a las renovables), pero apenas están funcionando en estos momentos en torno a un 10% o un 15% de su capacidad.

La gran burbuja del gas se inicia en la época de Felipe González y avanza a piñón fijo durante los mandatos de Aznar, Zapatero y Rajoy. Las inversiones y las plantas e infraestructuras construidas o por instalar en España es tres veces superior a la necesaria y España tiene en estos momentos una tercera parte de la capacidad de regasificación de toda Europa. En fin, la cosa tiene más enjundia y seguiré hablando de ello la próxima semana.

Insisto, lo he escrito otras veces. Tenemos que hacer posible otra política energética. Tenemos que obligar a que se implante un nuevo modelo energético. En Canarias es factible y necesario. Solo hay que ponerse. Haciendo lo que nos corresponde y exigiéndolo a los gobiernos de turno. De la mano de la ciudadanía, como con el petróleo. Porque dependemos en un 92% del exterior y de lugares inseguros; porque tenemos recursos naturales suficientes; porque nos sale muchísimo más barato producir energía con renovables que con fósiles; porque nos amenaza el cambio climático… Y no es tan difícil. Solo hay que aplicarse a trabajar -con firmeza, sin circunloquios y sin condicionantes externos- por la eficiencia y el ahorro, por favorecer el autoconsumo en los comercios, industrias y hogares,  por despejar todos los obstáculos que atenazan a la energía eólica, por implantar millones de metros cuadrados de fotovoltaicas en edificios públicos e industriales, por potenciar la geotermia como energía limpia e inagotable, por forjar un mix de biomasa endógena, aerotermia, energía mareomotriz…, por sustituir las grandes centrales térmicas por plantas de generación más cercanas y permeables, por favorecer la implantación de las hidroeléctricas donde fuera necesario, por establecer industrias, por fomentar la I+D+i, por crear  miles de empleos verdes alrededor de las energías limpias… Ese y no otro es el camino a transitar.

SOBRE LA TIRANÍA

He escrito en los últimos tiempos distintos artículos expresando mi preocupación por el auge –el aumento significativo- de los populismos y los nacionalismos excluyentes, racistas y xenófobos. Se extienden como una plaga,  dominan el escenario político en países como Rusia, Polonia y Turquía y en otros lugares como Francia, Austria, Reino Unido, Países Bajos o Suecia o recientemente Alemania,  juegan un papel determinante  y tienen una presencia activa en la mayoría de los parlamentos. Y no digamos de cómo ha calado en las entrañas del imperio norteamericano. Decenas de millones de estadounidenses han elegido y apoyan a un presidente que está alimentando en su país y en el mundo lo peor del supremacismo y la xenofobia. Se ha convertido en el nuevo referente de los neonazis yanquis y del Ku Klux Klan. Paul Auster lo acaba de describir a la perfección en una entrevista reciente: “Trump es una fuerza maligna, no solo para América, sino para el mundo entero. Sigo sin comprender cómo 60 millones de personas lo votaron.”

No se me quita de la cabeza y pensando en ello cayó en mis manos un libro sencillo, de lectura muy fácil, pero especialmente lúcido, certero e instructivo: “Sobre la tiranía. Veinte lecciones que aprender del siglo XX ”.  Está editado por Galaxia Gutenberg y escrito por Timothy Snyder, catedrático de Historia de Yale y miembro del Instituto de Ciencias Humanas de Viena. Es autor de diversas publicaciones y colaboró con Tony Judt en el extraordinario ensayo “Pensar el siglo XX.”

El autor, de manera sencilla, nos regala una primera cartilla para entender los problemas de la democracia en la actualidad y defenderla con determinación. En apenas 150 páginas desgrana veinte lecciones aparentemente, solo aparentemente, obvias. Deja muy claro – voy a hacer uso casi todo el tiempo de la literalidad- que la democracia fracasó en Europa en las décadas de 1920, 1930 y 1940, y hoy en día está fracasando no solo en gran parte de Europa sino en muchos otros lugares del mundo y nos advierte que esa historia y esa experiencia son las que nos revelan el sombrío aspecto de nuestros posibles futuros. Y señala que es preciso combatirlo desde el patriotismo que debe hacernos exigir que nuestro país esté a la altura de nuestros ideales, que seamos la mejor versión de nosotros mismos, que nos preocupemos por lo que está pasando a nuestro alrededor, que defendamos valores universales… Afirma que la historia europea del siglo XX – que vio quebrarse sus expectativas de progreso, puestas en entredicho por nuevas visiones de la política de masas en las que el líder o un partido afirmaban representar directamente a la voluntad del pueblo-, nos enseña que las sociedades pueden quebrarse, las democracias pueden caer, la ética puede venirse abajo, y un hombre cualquiera puede acabar plantado al lado de una fosa de la muerte con una pistola en la mano.

Snyder nos advierte de que no obedezcamos por anticipado. Tras las elecciones de 1932 en Alemania ganadas por los nazis, las de Checoslovaquia en 1946 ganadas por los comunistas, la anexión de Austria por Hitler, la invasión de Alemania a la Unión Soviétiva, la adaptación instintiva, sin reflexionar, a una nueva situación, obedeciendo y actuando anticipadamente a los postulados emergentes, se hizo patente. El profesor Stanley Migran demostró lo dispuesto que está el ser humano en muchas ocasiones a hacer daño o a matar a otros en aras de algún nuevo cometido si así se lo ordena una nueva autoridad. Por eso manifiesta que tenemos que defender las instituciones en las que creemos, las que nos ayudan a conservar la decencia, porque es un error presuponer que los gobernantes que han accedido al poder a través de las instituciones no pueden modificarlas ni destruirlas, aunque eso sea exactamente lo que han anunciado hacer. Y eso nos debe obligar a participar siempre. A votar siempre. A considerar la posibilidad de ser candidato. A no renunciar a defender la democracia, porque las mínimas decisiones que tomamos son en sí una especie de voto y hacen más o  menos probable que se celebren elecciones libres y justas en el futuro. Y se pregunta si al echar la vista atrás ¿acabaremos viendo las elecciones de 2016 en, EEUU, de forma muy parecida a como los rusos ven las elecciones de 1990, o los checos las elecciones de 1946, o los alemanes las elecciones de 1932 ?

El autor intenta llegar a todos los sectores con sus advertencias premonitorias. Insisto en que las estoy resumiendo casi al pie de la letra, para evitarme llenar el texto de comillas. Se dirige a los profesionales a los que indica que la ética debe guiar sus pasos precisamente cuando nos dicen que la situación es excepcional. Que no pueden “limitarse a recibir órdenes” ni confundirlas con las emociones del momento porque pueden terminar haciendo y diciendo cosas que anteriormente tal vez les habrían parecido inimaginables. Y se refiere especialmente a los que portan armas porque los males del pasado tuvieron mucho que ver con que los policías y los soldados acabaron, un buen día, haciendo cosas inadmisibles: nos recuerda que en todas las matanzas a tiros y a gran escala en el Holocausto (el asesinato de más de treinta mil judíos a las afueras de Kiev, de más de veintiocho mil a las afueras de Riga, etcétera, etcétera) participó la policía regular de Alemania. En total, dice, los policía regulares asesinaron a más judíos que los Einsatzgruppen. Sin los conformistas, las grandes atrocidades habrían sido imposibles. Es preciso entonces desmarcarse del resto porque alguien tiene que hacerlo, porque lo fácil es hacer lo que todo el mundo. Puede resultar incómodo pero sin esa incomodidad no hay libertad.

El autor nos pone los pelos de punta cuando nos llama a desconfiar de las fuerzas paramilitares. Nos dice que se utilizan para degradar un orden político y después transformarlo y compara a las tropas de asalto nazis, que empezaron siendo un destacamento de seguridad que expulsaba de los auditorios a los opositores de Hitler, con los destacamentos de seguridad privada que utilizó Trump en la campaña electoral para controlar y echar a los que manifestaban opiniones distintas al candidato.

Resulta muy ilustrativo cuando nos conmina a que tratemos bien nuestra lengua. Que evitemos las frases que utiliza todo el mundo. Que inventemos nuestra forma de hablar, aunque solo sea para expresar eso que creemos que está diciendo todo el mundo. Que hagamos un esfuerzo por distanciarnos de internet, porque una parte de lo que está ahí es para perjudicarnos. Que leamos libros. Que ya hace más de cincuenta años los textos clásicos sobre el totalitarismo nos prevenían contra la hegemonía de las pantallas, contra la eliminación de los libros, el empobrecimiento del vocabulario y las dificultades para pensar que eso conlleva. Y, por supuesto, que debemos preocuparnos por saber lo que es verdad y lo que es mentira.

Nos anima a creer en la verdad, porque renunciar a los hechos es renunciar a la libertad. Si nada es verdad, todo es espectáculo. La billetera más grande paga las luces más deslumbrantes. Afirma que nos sometemos a la tiranía cuando renunciamos a la diferencia entre lo que queremos oír y lo que somos realmente. Habla de que la posverdad es el fascismo, de que la verdad muere de cuatro maneras: por la hostilidad declarada a la realidad verificable, asumiendo invenciones y mentiras como hechos; por el encanto chamánico del estilo fascista de la “repetición constante” diseñada para hacer plausible lo ficticio y deseable lo criminal; por la aceptación descarada de las contradicciones en los mensajes; por depositar ciegamente la fe en quien no se lo merece. Y dice que ahora resulta que estamos muy preocupados por algo que denominamos “posverdad”, y tendemos a creer que su desprecio por los hechos cotidianos y su construcción de realidades alternativas es algo nuevo o posmoderno, pero los fascistas despreciaban las pequeñas verdades de la experiencia cotidiana, adoraban todas las consignas que resonaran como una nueva religión y preferían los mitos creativos antes que la historia o el periodismo. Y escribe con contundencia que ahora, igual que entonces, mucha gente ha confundido la fe en un líder con enormes defectos con la verdad sobre el mundo en que vivimos todos.

Insiste en decirnos que tenemos que comprender las cosas por nosotros mismos. Es curioso, hay muchas personas que me dicen que mis artículos son largos, pero Snyder nos pide que dediquemos más tiempo a los artículos largos. Que ayudemos al periodismo de investigación. Que asumamos la responsabilidad de la información que intercambiemos con los demás. Que lo que nos hace individuos es nuestra capacidad de discernir los hechos, que un individuo que investiga es un ciudadano que construye. Y anima expresamente a que intentemos escribir un artículo de verdad por nuestros propios medios, que implique trabajar en el mundo real: viajar, mantener relaciones con la fuente, investigar en los archivos escritos, verificar cada cosa, redactar y revisar los borradores, todo ello en un plazo ajustado e improrrogable. Y si descubrimos que nos gusta hacerlo, que montemos un blog. Nos alienta a mirar los ojos a los demás, a ser miembros responsables de la sociedad, a salir a la calle, porque el poder quiere que nuestro cuerpo se ablande en un sillón y que nuestras emociones se disipen en la pantalla. Que ayudemos a construir sociedad civil y que nos sumemos a participar en organizaciones no gubernamentales, porque durante todo el siglo XX, al igual que los autoritarios de hoy, todos los grandes enemigos de la libertad fueron hostiles a las onegés. Que tengamos muchísimo cuidado con las redes y con su capacidad de manipulación y control porque los gobernantes más canallas utilizan lo que saben de cada persona para manipularla.

Y termina diciéndonos que tenemos que ser todo lo valiente que podamos. Que prestemos atención a las palabras peligrosas que son utilizadas muchas veces para afirmar la tiranía. Que tenemos que ponernos en guardia cuando nos hablan de sacrificar la libertad por la seguridad, cuando los recortes de derechos se amparan en lo excepcional para convertirse en una emergencia permanente y que tengamos muchísimo cuidado con permitir que un momento de conmoción haga posible una eternidad de sumisión (el incendio del Reichstag fue el momento en el que el Gobierno de Hitler se convirtió en el régimen nazi. Es el arquetipo de la gestión del terror). ¡Ojo, por tanto a lo que está pasando estos días en España! De verdad, una joyita este texto.  No hacen falta mil páginas para decir tanto.

ENERGÍA LIMPIA PARA LAS ISLAS

A mitad de mayo pasado, la Comisión Europea y 14 países miembro firmaron en Valetta, Malta, una declaración oficial de apoyo a las energías renovables en las 2.700 islas de la comunidad europea. En el manifiesto “Energía Limpia para las Islas” hacen especial hincapié en señalar que su especial situación geográfica las hace idóneas para soluciones innovadoras y atractivas para la producción de energía endógena, respetuosa con el medio y sostenible; que reúnen las mejores condiciones para ser arquitectas de su propia transición energética; que la insularidad las hace casi absolutamente dependiente de los combustibles fósiles; que el turismo, clave para muchas de sus economías, ejerce por su fuerte demanda de energía, una presión sobre los recursos naturales y sus infraestructuras; que hay que tener muy en cuenta su vulnerabilidad frente al cambio climático… Y declaran la determinación conjunta de promover y apoyar más las transiciones de energía limpia a medida para las islas y actuar sobre el terreno para aunar esfuerzos públicos y privados y esforzarse para acelerar la transición a la energía limpia.


No es la primera vez que se establecen marcos para la promoción de las energías limpias en los territorios insulares. Me he hecho eco de ello en algunas ocasiones y ya he contado que en 2014 la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), organización intergubernamental que tiene como cometido principal colaborar con los países para facilitar la penetración de las energías no fósiles, y la Organización Mundial del Turismo, expresaron su voluntad de sumar voluntades para incitar al uso de las energías renovable en las islas. En una declaración conjunta, que fue hecha pública en la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID) y que titularon como “Las energías renovables y el turismo en las islas”, las dos organizaciones se comprometen  a fomentar las inversiones en soluciones rentables de eficiencia energética y renovables para reducir su dependencia de los combustibles fósiles y sus emisiones de carbono a la atmósfera.

El manifiesto de IRENA y la OMT apunta que las islas soportan un gran costo energético debido a su dependencia de un gasóleo costosamente importado y causante del calentamiento global. A pesar de sus esfuerzos por mejorar la eficiencia energética, más del 90% del consumo energético de los PEID corresponde a importaciones de petróleo, lo que representa hasta el 20% de sus importaciones anuales. Puesto que el turismo es un pilar económico de muchas de esas islas, la inversión de los hoteles en ese tipo de opciones es clave para alcanzar estos objetivos. Las energías renovables utilizadas para calentar el agua, alimentar el aire acondicionado y generar electricidad pueden reducir los gastos de explotación de los hoteles, mejorar su sostenibilidad y a la vez hacerlos más atractivos para los turistas. Y recuerda que una mayor inversión en eficiencia energética y energías renovables es fundamental para construir un sector turístico más sostenible, competitivo y resistente en todo el mundo, y en particular en las islas.

Según elEconomista.es, tras la firma de la Declaración, el director general de IRENA, Adnan Z. Amin, y el secretario general de la OMT, Taleb Rifai, apostaron por la cooperación con los hoteles y las autoridades turísticas en la persecución de estos objetivos. Los dos incidieron en que, «la inversión de los hoteles insulares es vital para demostrar las ventajas empresariales de las energías renovables y hacer frente a la carga impuesta por los costosos combustibles fósiles que inhibe el desarrollo económico y social de las islas» y que «el turismo es un sector económico primordial para muchos PEID y un vector fundamental para el crecimiento socioeconómico inclusivo. Sin embargo, el desarrollo del turismo sostenible en las islas sigue afrontando numerosos desafíos, entre los que destaca el de su elevada dependencia de los combustibles fósiles. La sinergia del turismo y las energías renovables representa una poderosa fuerza que allanará el camino hacia soluciones en las que todos ganen, con el fin de llevar adelante la agenda de sostenibilidad en las islas».

La UE también coincide con este planteamiento y por eso ya en 2013 puso en marcha la iniciativa neZEH (nearly Zero Energy Hotels), que pretende convertir los hoteles existentes en edificios de consumo casi nulo. Se persigue reducir la dependencia energética y sobre todo las emisiones de gases de efecto invernadero en este sector, dado que actualmente los edificios consumen casi el 40% de toda la energía en Europa y emiten el 36% de los gases de efecto invernadero. Un grupo de expertos reunidos el pasado mes de marzo en el Centro Demostrador TIC para la Innovación Turística del Cabildo en la jornada de Arquitectura Sostenible del Cabildo de Gran Canaria coincidieron en que Gran Canaria reúne las condiciones no solo necesarias, sino idóneas, para construir casas y hoteles de consumo casi nulo, una apuesta totalmente alineada con el proyecto de ecoisla de la institución en la que tienen una gran responsabilidad arquitectos, ingenieros y aparejadores.

Para el Parlamento Europeo, las fuentes renovables de energía —eólica, solar, hidroeléctrica, oceánica, geotérmica, de la biomasa y de los biocarburantes— constituyen alternativas a los combustibles fósiles que contribuyen a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, diversificar el suministro energético y disminuir la dependencia respecto de los mercados —volátiles y poco fiables— de combustibles fósiles (en particular, el petróleo y el gas). La legislación europea relativa a la promoción de las energías renovables ha evolucionado notablemente en los últimos años. El futuro marco de actuación para el periodo posterior a 2020 está en proceso de debate. La Unión ya ha comenzado a prepararse para el periodo posterior a 2020, con vistas a ofrecer a los inversores una visión clara y temprana del régimen aplicable en dicho periodo. La energía renovable desempeña un papel fundamental en la estrategia de la Comisión a largo plazo esbozada en su «Hoja de Ruta de la Energía para 2050». Las hipótesis de descarbonización propuestas en dicha Hoja de Ruta para el sector de la energía apuntan a una cuota de energías renovables de, al menos, el 30 % para 2030.

El pasado 6 de julio, la CEOE de Tenerife publicó un comunicado llamando a la urgente necesidad de apostar por las energías renovables –más baratas, dicen- para disminuir la preocupante dependencia energética y tratar de nivelar la balanza comercial. Y demandan una regulación específica para Canarias. Ya no son solo los ilusos ecologistas los que defienden su necesidad.

No hay otro camino y además no es compatible con el gas que nos quieren imponer siguiendo distintos intereses, algunos con un buen componente torticero. A modo de referencia y aunque ya he hecho alusión a este tema en otras ocasiones, el diario digital El Independiente ha puesto el dedo en la llaga el pasado día 10 de julio. Para este medio de comunicación los hogares españoles pagan en el recibo de la luz 700 millones por centrales que no se usan. Y relata que en 2001 el Gobierno temió que se produjeran apagones dada la alta demanda de energía y porque desde 1987 no se habían ejecutado nuevas infraestructuras. Propiciado por el Gobierno de Aznar se produce entonces un boom de construcciones de nuevas plantas de ciclo combinado, que utilizan el gas para generar electricidad. Sin apenas informes rigurosos se alentó a que se construyeran alrededor de setentas nuevas centrales de gas con una potencia de 25.000 nuevos megavatios y con una inversión de más 13.000 millones de euros.  Se hicieron y resultó un fiasco. La crisis y el auge de las renovables las ha dejado casi sin uso (la de El Musel en Gijón ni siquiera ha entrado en funcionamiento). No les salía a cuenta y el Gobierno de turno les creó ad hoc un incentivo que les sirviera de compensación y se les empezó a pagar para que estuvieran siempre disponibles para atender los picos de demanda. Como dice el diario un “por si acaso” que ya va por 700 millones de euros. Las eléctricas han intentado cerrar algunas centrales de gas por ruinosas pero el Gobierno no lo admite y ya Iberdrola y Gas Natural andan pidiendo indemnizaciones por más de mil millones de euros. Mientras la UE ha abierto una investigación por si se tratara de ayudas del Estado encubiertas a las eléctricas.

Un caos, un pufo y  una irresponsabilidad que quieren repetir ahora en Canarias. En vez de acelerar las renovables sin condiciones y seguir los postulados europeos de descarbonización sustituyendo los fósiles por renovables, se retrasa una y otra vez la transición con excusas pueriles. Morgan Stanley acaba de aportar un informe en el que dice que las renovables se van a convertir en 2020 en las energías más baratas del mundo. Seb Henbest, autor principal del informe Bloomberg New Energy Finance, ha declarado recientemente que duda que el gas pueda jugar el papel de energía de transición ya que “las energías eólica y solar se están volviendo demasiado baratas demasiado rápido”. En el diario elEconomista.es, el consejero delegado y director general de la energética italiana Enel, Francesco Starace, ha afirmado que el grupo prevé cerrar todas sus instalaciones termoeléctricas en menos de 20 años, en torno a 2035. Starace reconoce que el objetivo de cerrar el parque termoeléctrico del grupo responde a motivos medioambientales pero también económicos: «Está empezando a ser más conveniente construir nuevas instalaciones que utilicen energías renovables que mantener en activo plantas termoeléctricas cuya inversión ya ha sido amortizada». El directivo considera que el mundo globalizado camina hacia «un horizonte de sustitución de la energía convencional por la renovable», un escenario positivo que permitirá «reducir las emisiones» contaminantes a la atmósfera. Ámsterdam prescindirá del gas natural desde ya escalonadamente para combatir el cambio climático. Noruega ha decidido prohibir usar el gas natural  para calefacción a partir de 2020…y nosotros remando contracorriente. Y por aquí ahora andan intentando introducir el gas propanado, ruinoso si se destina  solo para las industrias. El objetivo es abrir las puertas al gas ciudad. Otra trampa. Y Fernando Clavijo se extraña de que Greenpeace lo señale  como “villano del clima”.