Portada Antonio Morales


35 años de la ULPGC

Celebrar la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria es una oportunidad para compartir alegrías, generar confianzas y recordar compromisos de futuro. Los pueblos que recuerdan sus avances renuevan su energía colectiva y amplían sus horizontes. Es lo que hacemos al cumplirse el aniversario de aquella acertada y justa decisión. 

Treinta y cinco años después del nacimiento de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la nuestra, podemos sentirnos orgullosas y orgullosos al comprobar que este proyecto, que emergió de la firme voluntad de toda una isla, ha cumplido con su cometido de contribuir de manera decisiva al proceso de transformación social a través de la aportación de conocimiento e innovación. 

Miles de estudiantes que nunca hubieran alcanzado la educación superior han podido graduarse en ella. La vida económica, social y cultural de la isla y del archipiélago ha ganado talento y creatividad. Los valores universitarios de libertad y racionalidad han mejorado   nuestra convivencia.

La ULPGC forma parte de la identidad de Gran Canaria – yo diría que de toda Canarias-  y lleva impresa el ADN de una sociedad que ha demostrado que es capaz de organizarse y alzar una voz clara y única cuando resulta necesario defender sus legítimas aspiraciones. 

La movilización por la consecución de esta universidad encerró muchos anhelos y obligó a cambiar alianzas y hasta gobiernos. Los abuelos que no habían tenido educación clamaban por los derechos de sus nietos y nietas. Fue una acción llena de responsabilidad, compromiso y afán de liberación de tantas injusticias y abandonos sufridos. 

El movimiento cívico que propició su origen desató un viento ciudadano que involucró a todos los sectores de la isla, hasta tumbar un muro de obstáculos, negaciones y resistencias. Reconforta que en la historia quedara registrado que la mayor manifestación ciudadana que se ha producido en la isla estuviera motivada por una reivindicación educativa. Y al mismo tiempo cuesta entender que los gobernantes mantuvieran durante siglos a la población de nuestra isla en situación de indigencia educativa. Tampoco se entiende que no hubiéramos reaccionado antes.

En el acto institucional celebrado en el Paraninfo de la Universidad el pasado viernes, fueron justamente distinguidas personas que supieron canalizar la enorme energía social de aquella reivindicación. Otras no pudieron estar porque nos han dejado, es el caso de Lorenzo Olarte Cullen que, como presidente del Gobierno de Canarias, impulsó la ley que creó de hecho la Universidad. En la vida política hay momentos en los que no cabe mirar hacia otro lado. Y en aquel momento hubo personas e instituciones, entre las que estuvo el Cabildo de Gran Canaria, que nos supieron representar.

Cuatro décadas después, aquella histórica corriente ciudadana nos sirve de ejemplo de la capacidad de Gran Canaria para conseguir sus objetivos, aunque también es un recordatorio de que como isleños y como grancanarios nos cuesta demasiado tiempo y esfuerzo materializar y consolidar derechos  imprescindibles. Aquel éxito debe darnos confianza para ganar los nuevos retos sociales, medioambientales, culturales y económicos que tenemos la obligación de alcanzar..

Nuestra historia educativa desde el siglo XIX es la crónica de la exclusión y el abandono neocolonial. No tuvimos el primer instituto de secundaria hasta la segunda década del siglo XX. Probablemente fuimos de las últimas capitales de provincia en tenerlo. Al comienzo de la transición democrática el porcentaje de población analfabeta rozaba el 30% y hasta principios de los años 80 del siglo pasado la mitad de niñas y niños de las zonas urbanas de Las Palmas de Gran Canaria y Telde tenían que compartir su plaza escolar con otros alumnos en horario de tarde. Mucho de este abandono todavía condiciona nuestro presente educativo.

Con esos antecedentes se comprende mejor que la creación de la ULPGC supusiera un acontecimiento especialmente significativo en la historia de Gran Canaria y de Canarias, para contrapesar los condicionantes históricos, nuestra situación geográfica y la fragmentación territorial. 

La propia creación de los cabildos, la división provincial o la defensa de nuestros fueros son manifestaciones del empuje insular para contar con una estructura administrativa a la altura de sus necesidades y de una realidad legalmente reconocida.  

Universidad y Cabildo son de algún modo entidades hermanadas, pues compartieron la misma cuna, mecida por la mano del mandato popular. Igualmente, la extensión de la educación fue desde sus inicios, hace 111 años, uno de los elementos fundamentales de la acción del Gobierno de la isla. 

Siguiendo el precepto marcado por Benito Pérez Galdós cuando afirmó que “la mayor miseria es la ignorancia”, esta institución hizo posible la apertura del primer instituto de la isla en 1916, inicio de una larga serie de actuaciones en el ámbito educativo a lo largo de décadas que incluyó la creación del Colegio Universitario de Las Palmas. 

En esta celebración gozosa quiero renovar solemnemente compromisos y demandas. La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria cuenta y contará  con el impulso institucional, económico y social del Cabildo de Gran Canaria para ganar los retos de la nueva sociedad del conocimiento que estamos alumbrando. Sabemos que el nuevo tiempo debe ser sostenible y equilibrado socialmente y debemos construirlo con el rigor académico universitario.

Por eso solicito a la comunidad universitaria, profesorado, alumnado y personal, que intensifique su proyección social y nos ayude a garantizar una isla con derechos e igualdad social y con un desarrollo económico autocentrado que aproveche el talento de nuestra gente joven.

En coherencia con esta visión de la Universidad, el Cabildo de Gran Canaria ha afianzado una estrecha relación estratégica con el incremento de programas, convenios y líneas de apoyo para contar con la insustituible mirada de expertos y expertas del mundo universitario en asuntos primordiales para nuestro presente y futuro. Por cierto, nuestros remanentes de este año contemplarán una partida económica de cuatro millones de euros para hacer frente a sus necesidades de infraestructura y equipamientos.

El abanico de iniciativas en las que vamos de la mano para impulsar y orientar sectores decisivos en el desarrollo de nuestra isla abarca desde la adaptación al cambio climático, la descarbonización y la soberanía energética, la gestión del agua y el territorio, las economías azul y circular, los proyectos de I+D+i, la soberanía alimentaria, la generación de empleo y la modernización turística hasta la memoria histórica o la solidaridad internacional. 

Estamos recorriendo juntas un camino de progreso. Caminos que me conducen,/sombreados de esperanza,/a roques que no se nublan/, como nos canta Pedro García Cabrera.

Nos toca la apasionante tarea de construir el futuro. Pero en esta segunda década del siglo XXI tenemos recursos  de los que hasta ahora no disponíamos. La potencialidad de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria es uno de ellos. La suma de esfuerzos con instituciones como el Cabildo de Gran Canaria, comprometido con la transformación de la isla, es importante. Y lo es, desde luego, la capacidad y el dinamismo de una sociedad como la grancanaria que confirma cada día los valores que la han llevado a los niveles de progreso que hoy tenemos.

Sabemos de dónde venimos y a dónde queremos ir. Deseo que en esta andadura participemos tantas y tantos como los que entonces estuvimos en la calle hace 35 años para hacer posible la ULPGC que hoy celebramos. Enhorabuena y muchas felicidades.

¿Un punto de inflexión en el modelo turístico?

El sábado se produjeron movilizaciones en las 7 islas bajo el lema “Canarias tiene un límite”. A la hora de escribir este texto desconozco el resultado. Al margen de la guerra de cifras, habitual en todas las manifestaciones, creo que es evidente señalar que han conseguido abrir un amplio debate social y que han sido simultáneas en las 7 islas (algo que si no me equivoco no ocurre desde las protestas contra las prospecciones petrolíferas).

Como ya se ha expuesto en multitud de artículos e intervenciones públicas, este movimiento condensa amplios malestares sociales – en unas islas más compartidos y justificados que en otras- que han encontrado en el rechazo al modelo turístico de crecimiento infinito su forma de expresión. A pesar de que la convocatoria parte de colectivos ecologistas y ambientalistas, las reivindicaciones han tenido la capacidad de conectar de manera transversal con amplios sectores sociales que van más allá de la base social tradicional de este tipo de organizaciones. 

Y es que la imposibilidad de poder acceder a una vivienda asequible en los principales núcleos urbanos del territorio, las molestias por la saturación de servicios e infraestructuras, las restricciones de agua o la preocupación por el deterioro de espacios naturales y playas por un afán expansionista sin control que se están dando en algunas islas, son cuestiones que afectan a una mayoría social al margen de ideologías. 

Y lo más importante, y que creo que está en el núcleo central de las movilizaciones, es que se ha dejado de percibir que el crecimiento turístico sea la vía para aumentar los ingresos y el bienestar de la sociedad canaria en su sentido más amplio.  Y los datos parecen señalar que existen razones para ello. En el año 2000 llegaron a las islas Canarias 9.975.977 turistas, en 2022 14,6 millones y en 2023 15 millones, una cifra que es prácticamente seguro que se superará este año (la llegada de turistas hasta agosto había aumentado en un 16%) y que llegaremos a alcanzar los 16 millones. Pues bien, en el año 2000 la renta per cápita en Canarias era de 20.703 euros y en 2021 fue de 18.990 € euros y según datos de Eurostat este año ha vuelto a bajar. Es decir, en estas dos décadas hemos visto incrementarse la llegada de visitantes en un 50% y aún así hemos perdido 1.700 euros de renta per cápita. 

Vemos, por lo tanto, que el aumento en la llegada de turistas no se traduce en un mayor bienestar para una parte importante de la población canaria y que la estrategia de “contar turistas”, es decir, centrar nuestros esfuerzos en aumentar la llegada de visitantes, ha fracasado. Por cierto, desde que llegamos al Cabildo grancanario hemos defendido la propuesta de no basar el éxito turístico en un crecimiento continuo, no sin recibir críticas por ello, aunque ahora desde el ámbito político y empresarial muchos la abrazan.

Pero el descenso del PIB per cápita está directamente relacionado con lo que denominamos “Reto demográfico” es decir, la particular demografía de Canarias que por un lado tiene municipios con densidades de población similares a los lugares más poblados del mundo (Las Palmas de Gran Canaria tiene una densidad poblacional, sin contar a los turistas de casi 3.800 personas por km2) y por otra parte tenemos islas y las zonas de medianías y cumbres perdiendo población de manera ininterrumpida. De hecho la evolución del PIB canario ha sido similar al del conjunto de España, pero el aumento desproporcionado de población es lo que ha provocado el brusco descenso del PIB per cápita. 

Ahora bien, dicho esto creo que para afrontar los problemas adecuadamente debemos tener en cuenta dos cuestiones: no todos los problemas que se señalan son consecuencia directa del modelo turístico (aunque tenga influencia), ni la situación es igual en todas las islas, existiendo, de hecho, importantes contrastes.

La demografía no opera al margen de la estructura socioeconómica. Sin las oportunidades económicas vinculadas al turismo (trabajo, inversión, etc.) sería muy difícil que se hubiera producido este aumento poblacional, pero no todo el incremento poblacional se debe al turismo. Pertenecemos a un territorio con unas condiciones privilegiadas (buen clima durante todo el año, uno de los territorios más seguros de Europa, buenas comunicaciones con el continente, etc.) que lo hacen atractivo para muchos europeos y que tienen libertad de circulación. Por eso tenemos que plantearnos la necesidad imperiosa de buscar vías para frenar la llegada de nuevos residentes.  

Pero he de decir que en los últimos 25 años el crecimiento en Tenerife ha sido de un 31%, de un 70% en Lanzarote y casi de un 100% en Fuerteventura y en Gran Canaria de un 15%. En los últimos 10 años Gran Canaria solo ha crecido en 9.341 habitantes (un 1,10%).

Asimismo, el número de turistas por habitantes no es el mismo en todas las islas, ni los problemas ambientales son los mismos. Al contrario de lo que ocurre en otras islas, Gran Canaria lleva prácticamente 20 años sin un macroproyecto turístico (el último gran hotel se inauguró en esta isla en 2015) y ha perdido más de veinte mil camas turísticas en los último años. Y sin embargo, los grandes proyectos que tenemos en marcha o planificados están vinculados a la transición energética y ecológica y algunos los han intentado meter en el mismo saco (Salto de Chira, la próxima convocatoria para la energía eólica offshore,  la reforma de la red de puntos limpios, los platós cinematográficos, el nuevo edificio de Infecar, el transporte guiado, etc.) o con los servicios públicos (la red de centros sociosanitarios, el Museo de Bellas Artes ,etc.). 

También se está haciendo mucho hincapié en la cuestión del agua, tanto de vertidos de aguas residuales como de restricciones, cuestiones ambas que no tienen incidencia significativa en Gran Canaria. Estamos aumentando la reutilización de agua y no estamos vertiendo aguas residuales al mar. De hecho esta misma semana inauguramos la nueva estación depuradora de Guía y Gáldar, una de las principales reivindicaciones del norte en lo que a tratamiento de aguas se refiere. 

En definitiva, hay muchos aspectos de nuestro modelo de desarrollo, que tiene la actividad turística en el centro, que necesitan ser revisados. Hoy somos más pobres que hace dos décadas, a pesar de haber doblado el número de turistas, y el incremento poblacional está situando al límite nuestra capacidad para proveer servicios esenciales (agua, carreteras, sanidad, centros sociosanitarios, transporte público, etc.) a la población. 

Tenemos que trabajar para mejorar la calidad del destino, haciéndolo más sostenible y generando servicios de alto valor añadido vinculados a la cultura, la gastronomía y el sector primario y el medio ambiente que puedan ser provistos por actores  locales.  

Que los turistas que elijan nuestras islas para descansar estén más tiempo entre nosotros, generen más gasto en su estancia y contribuyan a afianzar sectores como la agricultura y la ganadería o el comercio local.

La regulación de los usos de la vivienda -especialmente la de uso vacacional de grandes tenedores en el conjunto del territorio- se hace  altamente necesaria. Es preciso también limitar la compra de viviendas por personas extrajeras de alto poder adquisitivo, poner barreras al crecimiento incontrolado y arbitrario de los precios del alquiler y construir vivienda pública.

Hay que adecuar los equipamientos y las infraestructuras viarias, socio-sanitarias, hídricas o de tratamientos de los residuos y depuración de aguas, al crecimiento poblacional.

Es esencial implementar políticas que regulen el crecimiento poblacional ligado al sistema económico. La planificación urbana debe priorizar la conservación de espacios naturales y limitar la expansión urbana descontrolada.

Defiendo igualmente una Ecotasa finalista que ayude a corregir y paliar estos efectos. Además, la experiencia de su aplicación en otros puntos de nuestro contexto europeo – o en lugares del Estado español como Baleares- indica que no supone ningún impacto en el volumen de negocio.

Un turismo que contribuya en mayor medida a romper desigualdades mejorando las condiciones de su trabajadores y trabajadoras, subiendo los salarios, dignificando la prestación de servicios profesionales al sector con la cualificación y formación necesaria y produciendo mayores beneficios colectivos. La dignificación, la cualificación, la mejora de las condiciones de trabajo y el aumento de los salarios haría posible una mayor integración de  los hombres y mujeres de nuestra tierra en la industria turística y haría menos necesaria la incorporación de personal foráneo.

El sector también debe integrarse de una manera efectiva en la sociedad adquiriendo un mayor compromiso de responsabilidad empresarial social y económica participando activamente en el desarrollo de políticas de bienestar social, culturales, deportivas, medioambientales, etc. 

La rapidez con la que se extendió la convocatoria de la manifestación y el cambio en muchos discursos públicos parecen señalar que probablemente el 20 de abril ha sido un punto de inflexión a la hora de reorientar el  modelo en muchos territorios insulares. No sé si servirá para que cambien las políticas. En Gran canaria tenemos claro el modelo de Ecoísla por el que hemos avanzado, por el que tenemos que seguir transitando. 

La potenciación del producto local

Es sobradamente conocido que una de las prioridades del programa del gobierno progresista del Cabildo de Gran Canaria es la soberanía alimentaria. Este es un concepto establecido en 1996 en la cumbre de la Organización Mundial de la Alimentación (FAO) que se define como el derecho de los pueblos a implementar sus propias políticas y estrategias sostenibles de producción, distribución y consumo de alimentos con base en la pequeña y mediana producción. 

Esto es fundamental en un territorio archipielágico como Canarias, tanto para frenar la dependencia del exterior, como para reducir las tremendas emisiones que suponen la importación de alimentos e insumos. También por las externalidades positivas que tiene el sector primario en la fijación de población en el entorno rural, en la creación de empleo, en la prevención de incendios, en el cuidado del paisaje, en la preservación de tradiciones o en proporcionar alimentos de calidad. 

Una parte importante de las políticas de soberanía alimentaria pasan por el apoyo directo al sector, mejorar su competitividad y aumentar las rentas del mundo rural. Esto lo hace el Gobierno de la isla a través de subvenciones, ayudas, formación, capacitación o acompañamiento para afrontar la transición energética e integrar las energías renovables en las explotaciones, lo que redunda además en una disminución no solo de las emisiones, sino de los costes  del aumento y volatilidad de los precios de la energía. 

Pero además de todo esto, hay una línea de trabajo que se ha demostrado imprescindible para conseguir aumentar la producción y el consumo de nuestros productos locales: su promoción, que tanto la población local como los millones de visitantes que recibimos cada año conozcan nuestros productos y valoren su extraordinaria calidad. 

Con ese objetivo se puso en marcha el programa “Gran Canaria Me Gusta”, para la mejora del posicionamiento del sector agroalimentario de la isla, que no solo se reduce al sector primario, sino al agroindustrial y por supuesto a la gastronomía, que sin duda está en el mejor momento de su historia, con una consolidada presencia de nuestros establecimientos y chefs en todas las guías de prestigio. 

En este sentido, Gran Canaria va a ser la sede, en apenas unas semanas, de una serie de eventos nacionales e internacionales de referencia para el sector agroalimentario. El pasado lunes se inauguró el III Foro Internacional del Queso, un encuentro bienal que convierte a la isla por dos días en la capital mundial del queso artesanal. Se trata de una ocasión para dar a conocer el trabajo realizado durante décadas por ganaderos y ganaderas  y maestros y maestras queseras que, con su esfuerzo, dedicación y pasión, han logrado potenciar el sector primario, mejorar la economía de las zonas rurales y proteger el entorno natural, así como hacer de Gran Canaria un gran destino turístico en el ámbito gastronómico. Este destino se ha ido potenciando en los últimos años y ha hecho que hoy ocupemos un lugar de liderazgo en el conjunto del territorio español. 

Y es que Gran Canaria es uno de los territorios insulares del mundo que produce una mayor cantidad de quesos distintos, un activo tan potente y diferenciador en un mundo en el que los destinos turísticos están cada vez más estandarizados y compitiendo cada vez más entre ellos. Y es muy importante, por lo tanto, que nos singularice, que busquemos aquello que nos identifique, aquello que nos distingue y yo creo que el queso es uno de esos elementos diferenciadores, extraordinarios, que tenemos que potenciar y diferenciar.

A finales de mes tendrá lugar la primera edición de TERRAE Gran Canaria, un encuentro internacional de gastronomía rural que reunirá en la isla a 20 periodistas especializados y casi 40 chefs locales, nacionales e internacionales. Está organizada por la misma empresa encargada de Madrid Fusión y San Sebastián Gastronómico, los dos congresos gastronómicos más influyentes del mundo. 

Más de 40 cocineros rurales de diferentes países, la mayoría con estrellas Michelin, se reunirán en Gáldar, Arucas, Agaete y Guía para compartir inquietudes, proyectos y experiencias. Asimismo chefs de la península y de la isla cocinarán diferentes elaboraciones para abrir el Congreso en una jornada popular el 28 de abril en la Plaza de Santiago de Gáldar, una manera de trascender el ámbito estrictamente profesional e involucrar a la población en general en la importancia de la gastronomía como motor de desarrollo e incluso de transformación de los entorno rurales. 

TERRAE es un paso importante en el objetivo de posicionar a Gran Canaria como un territorio netamente gastronómico, así como un avance para el programa Gran Canaria Me Gusta que ya cuenta con una inversión superior a los 2 millones de euros. Este programa es uno de los mayores ejemplos de éxito, ya que habiendo partido de cero, hoy Gran Canaria tiene 23 restaurantes con reconocimientos en las dos guías gastronómicas y 6 estrellas Michelin.

El objetivo es que Gran Canaria se convierta poco a poco en el epicentro del movimiento global que defiende el territorio, la identidad y la sostenibilidad, a la vez que aumenta la conciencia profesional y apertura de miras de los cocineros y cocineras de Gran Canaria a través del conocimiento de experiencias en otras partes del mundo. 

Y por supuesto del 19 al 21 de abril tendrá lugar el evento estrella de este programa, la Feria Gran Canaria Me Gusta, que cumplirá 11 ediciones en su mejor momento. La edición del año pasado cerró con el récord de 10.000 visitantes y casi 60 expositores, todos ellos ofreciendo productos de nuestra isla. Este año participarán 81 empresas y 19 municipios de Gran Canaria.

Como vemos, la promoción de nuestros productos locales es una estrategia exitosa para fomentar el desarrollo sostenible de los entornos rurales y de la isla en su conjunto, con múltiples beneficios económicos, medioambientales y sociales. Además su ámbito trasciende al sector primario y se extiende a la agroindustria y la gastronomía, generando un ecosistema con gran capacidad de generación de empleo, de innovación y de bienestar. 

Protegiendo el legado

Gran Canaria no puede ser comprendida sin la extraordinaria dimensión de su legado aborigen. Tampoco sin los rasgos distintivos de su naturaleza y de sus manifestaciones culturales que traen hasta nuestra época el eco de tradiciones centenarias e incluso milenarias. 

El mundo, a través de la UNESCO, ha sabido reconocer el carácter singular de nuestra Historia y nuestro territorio con la declaración en 2005 de la Reserva de la Biosfera y, en 2019, con la designación como Patrimonio Mundial del Paisaje Cultural de Risco Caído y Las Montañas Sagradas de Gran Canaria. Ambas figuras coinciden en buena medida sobre el mapa de la isla. Pero, sobre todo, lo hacen a la hora de ser una profunda expresión de nuestra identidad. 

Generación tras generación, los hombres y mujeres de esta tierra han sabido adaptarse a este hábitat tan particular y limitado. Este hecho entraña una lección de cara a nuestro desarrollo sostenible y convierten al pasado, y a las tradiciones ancestrales que se mantienen vivas en campos y costas, en claves para nuestro futuro. 

Todo este caudal de patrimonio y sabiduría necesita, no obstante, de medios para ser canalizados a través de una gestión moderna y eficaz. Este es precisamente el papel que desempeña el Instituto Insular para la Gestión Integrada del Patrimonio Mundial y la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria. 

El espíritu y el equipo humano que sustentan la actividad del Instituto han encontrado un hogar apropiado -compartido con el Centro de Gestión de Tejeda- en el edificio que inauguramos el pasado jueves, que se integra en el conjunto histórico del Barrio de Triana, declarado Bien de Interés Cultural. 

Construido en 1914 y adquirido un siglo después por el Cabildo, el fiel rescate de su estructura original supone en sí mismo una operación ejemplar de salvaguarda del patrimonio arquitectónico, con un especial acento en la accesibilidad y la eficiencia energética. Los más de 900 metros cuadrados de superficie están desde ahora adaptados a las necesidades del personal técnico y administrativo adscrito al Instituto y a su potencial relación con la ciudadanía, instituciones, colaboradores y proveedores. 

La apuesta por la recuperación del inmueble habla de un edificio vivo y de lo que esto representa en la implicación de la sociedad, en la proyección social del Instituto y en el desarrollo de sus objetivos. 

A partir de este momento, entre sus muros se gestarán y se seguirán desarrollando iniciativas destinadas a la conservación, protección, estudio, gobernanza, gestión participativa, revalorización cultural, desarrollo sostenible, promoción y difusión para la salvaguarda y proyección social de los bienes que atesora el territorio insular que ha recibido sendas declaraciones internacionales y que abarca prácticamente la mitad de la superficie de la isla.  

Esta infraestructura se suma a la labor de difusión, de implantación en el territorio y de dinamización socioeconómica que se lleva a cabo en los centros de interpretación de Artenara y del Bentayga; además de en el Centro de Gestión e Información de Tejeda, sometido actualmente a una intervención de mejora; y en el de Caserones en La Aldea. Y dentro de poco Degollada de Becerra. Esta red nos permite honrar nuestro pasado y preservar los múltiples rostros de nuestra biodiversidad y etnografía. 

Han sido dos pilares innegociables de la acción de gobierno del Cabildo y sobre ellos hemos levantado ambiciosos programas de actuación. Uno de ellos es el Plan Integral de Gestión del Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria, que programa la inversión de casi 34 millones y más de 150 acciones que canalizan iniciativas transversales para garantizar su conservación y divulgación.

Contribuye además al desarrollo socioeconómico de las 18.000 hectáreas de este territorio con una visión panorámica basada en la coordinación de instituciones y otras entidades del ámbito, la sostenibilidad y la participación pública. A esto se suma el Plan de Gestión de la Reserva de la Biosfera, que programa acciones por valor de otros 12 millones, los mismos que contempla el Plan de Sostenibilidad Turística. 

Este gran tronco central se ramifica en múltiples medidas que no solo tienden un manto protector sobre nuestro patrimonio arqueológico o natural, sino que lo difunden entre nuestra población y contribuyen a la mejora de las comunidades rurales bajo criterios sostenibles. 

El Instituto está arrojando luz sobre nuestro pasado con el convenio para el estudio del origen y evolución del poblamiento humano del Paisaje Cultural, la investigación del patrimonio amazig o con intervenciones arqueológicas como la adjudicada en Tirma y Alta Vista, entre otras. 

En este punto, quiero destacar que se ultima el contenido del portal web para que toda la ciudadanía pueda contar con información actualizada de lo que se investigue y descubra, esfuerzo tecnológico al que se añadirá una aplicación móvil. Se están sembrando también semillas de conocimiento por medio de las Ecoescuelas de la Biosfera, los espectáculos familiares y con las rutas y actividades culturales del programa Vive Unesco Gran Canaria. 

Asimismo, el Instituto fomenta el tejido social y colaborativo con encuentros participativos e impulsa diversas actividades vinculadas a los valores de ambas declaraciones con la línea de ayudas a los ayuntamientos y entidades sin ánimo de lucro.  

El acondicionamiento de los senderos de gran recorrido y de otras rutas de alto valor natural y cultural, la adecuación en curso del yacimiento y el entorno de Risco Caído o los tres millones de euros que se destinan a las obras de rehabilitación y mejora paisajística son muestras de la férrea estrategia de conservación de este cofre. Hemos tenido la suerte de heredar un tesoro de tiempo.

También el legado de quienes habitaron el corazón mismo de las Montañas Sagradas, en diálogo constante con la tierra que pisaban y con los astros. Además, somos depositarios de una naturaleza sorprendente, que muda de apariencia a la vuelta de cada barranco, y, por supuesto, de los saberes de hombres y mujeres que han escrito sus biografías sobre el territorio con la misma precisión que los grabados que contemplamos en cuevas y santuarios. 

Hoy en día, incluso desde el mismo centro de la capital de la isla, son sus huellas las que nos indican el camino.