Por un nuevo modelo turístico

Todos somos conscientes de que el turismo es el principal motor económico de Canarias. El archipiélago recibió el año pasado 15,6 millones de turistas que, según el Instituto Canario de Estadística generaron una facturación de unos 15.590 millones de euros. En 2017 supuso el 35,2% de nuestro Producto Interior Bruto, lo que nos sitúa como la segunda comunidad autónoma del Estado Español más dependiente de esta actividad económica, solo por detrás de Baleares. En lo que se refiere al empleo, casi el 40% de los puestos de trabajo de las islas dependen de esta actividad, ya sea directa o indirectamente.

Si nos centramos en la isla de Gran Canaria, el número de visitantes se situó el año pasado en poco más de 4 millones y medio que gastaron más de 4.700 millones de euros, es decir, unos 143 euros por persona y noche. Estos datos ejemplifican la importancia capital que tiene la actividad turística en las islas, un sector que condiciona la economía, la estructura social, la utilización y ocupación del territorio y de los recursos o la distribución de la población en los núcleos urbanos. En definitiva, la realidad de Canarias contemporánea no puede entenderse sin el turismo.

Esta semana comenzó con la noticia de la quiebra de Thomas Cook, el principal touroperador del mundo. La empresa británica trae a Canarias en torno al 30% de los turistas que nos visitan cada año (más de 4 millones en 2018), y su caída repentina ha dejado a unas 25.000 personas atrapadas en hoteles de las islas, con sus vuelos cancelados a la espera de que Reino Unido y otros países acometieran la mayor operación de repatriación desde la Segunda Guerra Mundial en Europa. Aún es pronto para evaluar el efecto que la caída del gigante británico puede tener sobre el mercado canario, pero es evidente que la situación es grave.

Thomas Cook contaba con aviones con los que operaba sus propios vuelos, por lo que la primera consecuencia de su desaparición es una merma grave en la conectividad de las islas ya que se calcula que Canarias podría perder 745.150 plazas aéreas hasta agosto de 2020. Además, debido al elevado volumen de visitantes que gestionaba, hay alojamientos turísticos en Gran Canaria que trabajaban en exclusividad con esta compañía, y que han visto como de repente todas sus reservas para este invierno eran canceladas. Aunque a medio plazo estas plazas serán absorbidas por otros operadores se genera la duda de qué va a pasar a corto plazo.

Si la empresa entra en suspensión de pagos definitivamente, se quedará pendiente una deuda de unos 150 millones de euros contraída con hoteles canarios por las pernoctaciones ya efectuadas y que no habían sido abonadas todavía. Además, esta noticia se produce después de los años en los que las crisis de las “low cost” ha supuesto el cierre de las compañías aéreas Air Berlin, Germania, Niki, Small Planet o Monarch, lastrando la conectividad de las islas con los principales destinos de emisión de turistas y en medio de los temores sobre los efectos en la oferta de vuelos que tendrá el cierre de las bases de Ryanair en Canarias.

Por otra parte estamos a un mes de que, si no hay novedad, se produzca un “Brexit duro” es decir, la salida de Reino Unido de la Unión Europea sin acuerdo que regule las nuevas relaciones. Esto supone un escenario de máxima incertidumbre, dado que el Reino Unido pasaría a ser un tercer país y sus nacionales tendrían que pedir un visado para entrar en España y Canarias dado que no estaría respaldado por los acuerdos comunitarios que permiten la  libertad de circulación de personas, mercancías y capitales. Además, la más que previsible caída de la libra encarecería Canarias como destino para los ciudadanos ingleses.

No obstante, no podemos caer en el catastrofismo ni podemos negar las incertidumbres a las que se enfrenta el principal motor económico de Canarias. Son muchas las actividades económicas en las que el turismo ejerce un gran impacto: en la construcción y rehabilitación de alojamientos, en el sector primario, en el transporte, en el tratamiento de residuos, en la generación de energía, en el comercio, en la hostelería y hasta en la sanidad, ya que una parte de los que nos visitan son personas jubiladas que demandan un gran número se servicios sanitarios. Se produce por lo tanto una paradoja: Canarias debe diversificar su economía para no depender tanto del turismo, pero sin el turismo será muy difícil hacerlo.

Dada la gravedad de la situación ya nos hemos puesto a trabajar. El mismo lunes presidí la reunión de la Federación Canaria de Islas (FECAI), que contó con la presencia del presidente del Gobierno de Canarias Ángel Víctor Torres, en la que abordamos la cuestión y decidimos actuar desde la unidad de todas las instituciones. Acordamos, entre otras cosas, reclamar al Estado la exención de las tasas aeroportuarias, la disminución de las tasas de combustible y la quinta libertad aérea (que garantiza a las aerolíneas de un Estado con destino a otro territorio realizar escalas en el aeropuerto de un tercero para carga y descarga de pasajeros y mercancías).

En la reunión de la Fecai planteamos aplicar también en Canarias las medidas estatales para la desestacionalización del turismo que ya se llevan a cabo en otros destinos españoles o la agilización del plazo para la concesión de la autorización administrativa para la entrada de nuevas aerolíneas que en la actualidad está establecida en dos años.

Estas medidas son necesarias y urgentes como plan de contingencia para paliar las consecuencias de la quiebra de Thomas Cook, pero es evidente que debemos ir más allá. Nuestro modelo turístico no puede ser tan dependiente de unos pocos touroperadores del exterior, y no es la primera vez que da serios síntomas de fragilidad ante circunstancias negativas sobrevenidas. Por eso  decidimos crear un grupo de trabajo para tratar el modelo de turismo de futuro para Canarias, una tarea cada vez más urgente. Debemos aumentar la autonomía de la contratación y de la conectividad para reducir la dependencia de grandes empresas externas que acabamos de comprobar la fragilidad que entrañan en un mundo globalizado.

Y es que nuestro modelo no puede centrarse única y exclusivamente en “contar turistas”, ni las altísimas tasas de rotación actuales son sostenibles en el tiempo, dado que implican el transporte de decenas de miles de personas cada semana. La media de noches por visitante es de 8, en el caso de los visitantes extranjeros y 4 en el caso de los peninsulares. Tampoco podemos ser tan dependientes de multinacionales con un enorme poder de negociación que presionan los precios a la baja y provocan que la mayor parte del gasto turístico se haga en el país de origen, mientras que los beneficios para las islas son cada vez menores.

Y no debemos olvidar que el turismo es una actividad de un altísimo impacto ambiental. No solo por las emisiones que suponen los vuelos, sino porque el consumo energético y de agua de un turista o su generación de residuos duplican y hasta triplican las de un residente. Y esas externalidades negativas las tenemos que asumir todos los canarios y canarias no solo en forma de contaminación sino a través de servicios (como recogida y tratamiento de residuos) que tienen que cubrir las administraciones públicas.

Es urgente, por lo tanto, avanzar hacia la sostenibilidad de la actividad turística y ello pasa por varios frentes. En primer lugar hay que diversificar la oferta, yendo más allá del turismo de sol y playa en favor otras modalidades (turismo cultural, gastronómico, de naturaleza, de congresos, de las estrellas, deportivo, etc.), que suponen un mayor gasto en destino y que son menos intensivas en el consumo de recursos. El turismo puede convertirse en uno de los principales motores de desarrollo del sector primario canario, aumentando tanto el número de visitantes extranjeros en las zonas rurales como el consumo de productos locales en las zonas turísticas. Los establecimientos turísticos (hoteleros y extrahoteleros) tienen que transitar hacia la sostenibilidad con el consumo y autoconsumo de energía renovable (instalación de placas solares, calderas de biomasa para calentar el agua etc.) y la adopción de sistemas de gestión integral de residuos.

Por supuesto, se trata de un tema complejo que no tiene soluciones fáciles y a corto plazo. Además de la reconversión del sector hacia la sostenibilidad también habría que estudiar fórmulas para repartir más equitativamente los beneficios del turismo, con una mayor participación de los pequeños y medianos empresarios y propietarios, o como dotarnos de herramientas propias que nos permitan capacidad de decisión e intervención más allá de la promoción del destino.

No quiero caer en el manido tópico de que toda crisis es una oportunidad, porque lo cierto es que la caída de Thomas Cook presenta muchísimos riesgos inmediatos para nuestra economía. Pero sí es un importante toque de atención sobre la impostergable necesidad de transformar un modelo turístico tan frágil que entra en crisis con la quiebra de una sola empresa. Y esta tarea, unida a la coincidencia de gobiernos progresistas en la mayoría de los cabildos y en el gobierno autonómico, sí supone una nueva oportunidad que no se había dado en los últimos 25 años. Es el momento de no dejarla pasar. 

Gran Canaria y el cambio climático

El próximo viernes 27 de septiembre la ciudadanía de todo el planeta está convocada a la Huelga Mundial por el Clima, que solo en España es apoyada por más de 300 organizaciones. Se trata de un acontecimiento sin precedentes que no tiene parangón en la historia de la humanidad. El cambio climático nos obliga a replantearnos las bases de nuestro modo de vida, una transformación a gran escala que, sin embargo, debemos comenzar desde lo más cotidiano.

Llevo defendiendo desde hace muchos años un nuevo modelo energético para esta tierra, basado en las renovables, como principal estrategia para luchar contra el cambio climático. Mis reflexiones han quedado plasmadas con mayor profundidad en los libros “Nos faltan luces. Reflexiones sobre un nuevo modelo energético” y “Energía, poder y clima”. Es más, mi oposición frontal al gas como enemigo de la transición para la penetración de las renovables me ha supuesto numerosos embates de los poderes fácticos.

He manifestado también desde hace mucho tiempo la necesidad de afrontar un nuevo modelo económico sostenible para plantar cara a los peligros del cambio climático, sobre cuyos riesgos y afecciones a las islas he escrito y advertido también desde siempre. El proyecto de trabajo con el que me presenté al Cabildo de Gran Canaria está sustentado en un nuevo concepto global de ecoisla, que contempla el desarrollo sostenible y la lucha contra el calentamiento global.

En estos cuatro años hemos avanzado en Gran Canaria a través de políticas destinadas a la consecución de la soberanía energética y alimentaria, en relanzar la reforestación de la isla, la protección medio ambiental, la economía circular y el reciclaje, los sectores económicos vinculados al mar (la llamada economía azul), la soberanía hídrica y el ciclo integral del agua y la innovación aplicada a la lucha contra el cambio climático. Además, hemos elaborado una estrategia en esta materia.

Y no son promesas ni palabras vacías, sino hechos contrastables. La Audiencia de Cuentas acaba de publicar un Informe de Fiscalización de la Adaptación de los Cabildos Insulares al Cambio Climático en el que se refleja que el Cabildo de Gran Canaria es el que mejor ha hecho esta tarea. De las cinco “actuaciones preparatorias” para la adaptación al cambio climático auditadas, el Cabildo de Gran Canaria es la única que ya ha puesto en marcha 3 y tiene otras 2 en proceso de ejecución.

El informe también afirma que Gran Canaria y Tenerife son los únicos que están coordinando a los ayuntamientos para la aplicación del Pacto de los Alcaldes para el Clima y la Energía de la Unión Europea, y que somos la única institución insular que ha considerado los efectos del cambio climático en su plan de ordenación insular. Por supuesto tenemos mucho que mejorar y avanzar, pero nadie puede negar que estamos avanzando y somos la vanguardia de estas políticas en las islas.

Ahora sin embargo parece que algunos han “inventado la pólvora”: miran al mundo rural, a las renovables, a la soberanía alimentaria y dicen que hay que empezar a hacer lo que venimos aplicando desde hace tiempo. Incluso reconocidos “depredadores del territorio” han intentado dar lecciones sobre estos temas en las últimas semanas. Por supuesto es un éxito que ahora formen parte del debate público y político, y casi todos los partidos asuman postulados que defendemos desde hace décadas. Sean bienvenidos y bienvenidas, aunque también pienso que tendrían que haberse sumado mucho antes.

Hay una conocida máxima ecologista (“Piensa globalmente, actúa localmente”) que nos anima a tomar medidas en nuestro entorno más inmediato como vía para solucionar los problemas globales. Es una filosofía que encaja perfectamente en la política que estamos siguiendo en el Cabildo de Gran Canaria. Somos conscientes, con toda la humildad, de nuestra realidad de pequeño territorio insular de menos de 900.000 habitantes, pero tenemos las potencialidades para convertirnos en un ejemplo de sostenibilidad y lucha contra el cambio climático y estamos actuando para ello.

Como expliqué al inicio del artículo, el objetivo prioritario es cambiar nuestro modelo energético transitando hacia uno basado en renovables, dado que el uso de energías fósiles es la principal fuente de emisiones. Para ello hemos impulsado el proyecto de la central hidroeléctrica de Gran Canaria Chira-Soria con todas las garantías ambientales y paisajísticas necesarias. La potencia instalada renovable actual alcanza los 150 MW y con la nueva central, se alcanzarán los 350 MW (aproximadamente el 60% de la demanda punta de la isla), permitiendo una reducción considerable de las emisiones. Además, se podrán desmantelar los grupos diésel que son la mayor fuente de contaminación energética por las emisiones de CO2.

Vamos a potenciar las líneas de subvenciones para promover el autoconsumo de fotovoltaica en viviendas, comunidades de vecinos y pymes que ya pusimos en marcha en el pasado mandato con el objetivo de llegar allí donde haya una cubierta, techo o espacio idóneo para la instalación de energía fotovoltaica. Porque el cambio de modelo energético también tiene que llevar aparejado la democratización de la producción de energía. Pero el Cabildo también debe dar ejemplo y por eso nos comprometemos a impulsar la energía fotovoltaica de manera significativa en las cubiertas y techos del Cabildo durante este mandato. E igualmente le daremos continuidad a los estudios de potencial geotérmico de la isla.

La coordinación del Pacto de los Alcaldes seguirá siendo una prioridad, para elaborar a través del Consejo Insular de la Energía un Plan de Acción por el Clima y la Energía Sostenible del Cabildo para alcanzar lo antes posible el objetivo 27-40-27, es decir, un 27% menos de consumo energético, 40% menos de emisiones de CO2 y un 27% más de energías renovables establecido para el 2030 por la UE. También estamos apoyando a las corporaciones locales, poniendo los recursos humanos y presupuestarios para que los ayuntamientos junto al Gobierno de Canarias y otras instituciones estatales y europeas puedan llevar a la práctica las actuaciones previstas en los Planes de Acción por el Clima.

El desarrollo de un Plan Insular de Adaptación al Cambio Climático incluirá el análisis de los riesgos de incendios forestales o inundaciones, las infraestructuras críticas y su posible afectación por los efectos del cambio climático y la planificación de las medidas oportunas para minimizar o eliminar los riesgos. En este sentido ya estamos en el periodo de información pública del plan de inundaciones.

Como ya he explicado en otras ocasiones, el cambio climático también es una oportunidad para convertir a Canarias en un centro de innovación y en este sentido es importante la constitución de un organismo denominado Canary Islands Centre of Excellence on Climate Change, participado por la Secretaría Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático, el Ministerio para la Transición Ecológica, Gobierno de Canarias, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y el propio Cabildo. El centro diseñará y desarrollará acciones de adaptación y mitigación en materia de cambio climático sobre territorios insulares y costeros de la región macaronésica y asesorará en la transición hacia una sociedad baja en carbono.

Pero no debemos olvidar que la lucha contra el cambio climático también es una tarea colectiva. El ahorro y la eficiencia energética, el autoconsumo de los productos locales, consumir solo lo que necesitamos, reciclar, ensuciar menos nuestro entorno, hacer un uso menos intensivo del coche, etc. son cuestiones cotidianas en las que cualquier persona puede colaborar y que son fundamentales para avanzar hacia la sostenibilidad y luchar contra las consecuencias del calentamiento global.

Decía la influyente intelectual Naomi Klein en su libro sobre el cambio climático “Esto lo cambia todo” que “hay formas de evitar este desalentador futuro o, cuando menos, de hacerlo mucho menos aciago. El problema es que todas ellas implican también cambiarlo todo. Para nosotros, grandes consumidores, implica cambiar cómo vivimos y cómo funcionan nuestras economías, e incluso cambiar las historias que contamos para justificar nuestro lugar en la Tierra. La buena noticia es que muchos de esos cambios no tienen nada de catastróficos. Todo lo contrario: buena parte de ellos son simplemente emocionantes”.

Por todo ello animo a la ciudadanía de Gran Canaria a participar en la Huelga Mundial por el Clima y en las movilizaciones que tendrán lugar durante toda la semana y en particular el viernes 27 de septiembre. También quiero felicitar a las organizaciones convocantes y colaboradoras y al tremendo impulso que ha dado la juventud, en su mayoría estudiantes que llevan meses movilizándose. Nos muestran la posibilidad de un futuro de esperanza que como decía Klein, transformará el catastrofismo en emoción. En Gran Canaria estamos en ese camino y deseo que lo recorramos juntos.

Para reactivar nuestra cumbre

Gran Canaria es un territorio extraordinariamente resistente. Las medianías y su cumbre lo son por su vegetación, con una capacidad de regeneración que ha llegado a sorprender a los propios especialistas, pero también por los saberes y modos de vida transmitidos de generación en generación por unas gentes acostumbradas a sacar el máximo provecho de su medio en condiciones de mucha escasez. Son estos saberes y tradiciones los que configuran el paisaje cultural que ha sido reconocido como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Esta vitalidad, ese modo de vida capaz de compaginar en armonía el territorio y la vida humana se ha ido apagando a lo largo de las últimas décadas como consecuencia del abandono del campo. La despoblación rural no es un fenómeno singular o exclusivo de Gran Canaria o de Canarias, sino que ha ocurrido en prácticamente todas las sociedades volcadas al sector servicios. El desarrollo de la industria y los servicios vinculados al turismo y otros sectores, unido a la dureza del trabajo en el sector primario, generaron nuevas oportunidades laborales que provocaron que nuestra población se desplazase a la costa en busca de empleo y de mejores condiciones de vida.

 Este verano hemos padecido tres incendios que han tenido un impacto muy fuerte en el medioambiente, en la agricultura y la ganadería, en el comercio y en el alma de las personas que habitan la cumbre. Se han dañado ecosistemas frágiles, patrimonio natural acumulado durante décadas, explotaciones agrícolas, pastos para el ganado, infraestructuras hidraúlicas, viviendas, queserías, etc. Por ese motivo desde el Cabildo de Gran Canaria hemos denominado al conjunto de medidas de carácter extraordinario que estamos adoptando para paliar las consecuencias del incendio Plan de Reactivación Económica y Medioambiental de la Cumbre de Gran Canaria.

Como expliqué en mis dos anteriores artículos, el actual gobierno del Cabildo de Gran Canaria tiene un proyecto para la isla que creemos que ya está dando resultados y que está encaminado a resolver y mitigar muchas de las circunstancias que han provocado el abandono del sector primario. Pero es evidente que la gravedad de los incendios sufridos este verano requiere de una actuación coordinada, diligente y extraordinaria, que, en coherencia con el trabajo que se viene realizando en los últimos 4 años, suponga un punto de inflexión y permita que la cumbre de Gran Canaria recupere su esplendor y vitalidad.

El Plan de Reactivación Económica y Medioambiental de la Cumbre de Gran Canaria supone la inversión, inicialmente y de manera inmediata, de 20 millones de euros de los fondos del Cabildo de Gran Canaria para acciones en los próximos meses. Estamos haciendo un trabajo desde las distintas áreas del Cabildo en coordinación con las alcaldías y concejalías de los municipios afectados. El excelente ejemplo de colaboración entre instituciones que se dio durante la extinción del incendio va a continuar con la adopción de las medidas necesarias para paliar sus efectos y atender a las personas damnificadas.

 Como hicimos público la semana pasada, de esos 20 millones de euros, 5 millones se van a destinar a las ayudas e indemnizaciones de las personas afectadas. Estas cantidades serán canalizadas a través de los ayuntamientos, que son los mejores conocedores del territorio, para agilizar su concesión y evitar retrasos. Las peticiones y valoraciones se están realizando por los técnicos y ya se han recibido más de 430 solicitudes.

Hemos empezado a repartir las ayudas para la comida de los animales que no pueden alimentarse pastando en la cumbre, aportando pienso, alfalfa, millo, agua… Asimismo habilitamos la granja del Cabildo para el ganado que tuvo que abandonar su espacio habitual. Hemos iniciado también algunas acciones puntuales para reponer de manera urgente algunas infraestructuras imprescindibles para el sector primario. El objetivo es que los agricultores y ganaderos puedan seguir con su actividad habitual y que no se frene la incipiente recuperación de la producción y consumo local que se ha incrementado estos años.

Al margen de las medidas más urgentes, nuestro compromiso con la soberanía alimentaria es de largo alcance. Ya disponemos de un Plan de Dinamización Agrícola y Ganadero para ir ejecutando en la cumbre. Daremos continuidad al trabajo con los pastores de Gran Canaria en la línea que ya iniciamos en el pasado mandato, con iniciativas como el pago por limpieza de bosque que realiza el ganado que pasta en monte público, con la escuela de ganadería y pastoreo para dar continuidad al oficio, el fomento de la calidad de los quesos, la mejora genética de la raza, el plan forrajero o el foro internacional del queso.

 Hace semanas que los técnicos de la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria están realizando un estudio sobre los daños medioambientales. Es un trabajo científico meticuloso, que requiere el reconocimiento del terreno. Una vez esté finalizado será la base para elaborar un plan de restauración, que ya cuenta con algunos antecedentes como la recuperación de Inagua, después del incendio de 2007. No obstante, estamos inspeccionando los cauces de barrancos y escorrentías para evitar que las precipitaciones intensas produzcan arrastres de suelo y restos de ramas y otros materiales, agravando la erosión y generando problemas de seguridad.

Otra de las líneas de actuación prioritarias de este plan es la restauración de la red viaria, que se calcula que ha sufrido daños por un mínimo de 8 millones de euros, aunque afortunadamente la práctica totalidad de las vías cerradas durante la emergencia ya han sido reabiertas. Vamos a devolver a las carreteras insulares a las condiciones necesarias para garantizar la seguridad de las personas que circulan por ellas y la conectividad del territorio reponiendo vallas protectoras, firmes, señales etc.

Si la búsqueda de oportunidades laborales es una de las principales causas del abandono del campo, parece evidente que el empleo es uno de los elementos imprescindibles para fijar la población al territorio. Las actuaciones en esta materia para la cumbre incluyen un plan de garantía juvenil de 4.824.402 euros que nos va a permitir contratar a 520 jóvenes de la isla. Incorporaremos otro plan especial de empleo para otros sectores de la población de 640.000 euros que beneficiará a 110 trabajadores. De la mano de Foresta invertiremos un millón de euros en empleo forestal. En total estamos hablando de acciones con un presupuesto de 6,2 millones de euros y de las que se van a beneficiar más de 700 personas. No descartamos anunciar en los próximos días una nueva propuesta en este sentido.

Pese al papel central del sector primario en los entornos rurales, la economía de estas zonas también debe diversificarse y no depender exclusivamente de una sola actividad. En este sentido, estamos trabajando en una campaña de dinamización del turismo rural, turismo de la naturaleza y turismo cultural. Hemos iniciado ya, con 200.000 euros, un plan de dinamización comercial de la zona afectada. También estamos limpiando caminos y senderos para recuperar la actividad del senderismo y el turismo activo. La Fundación para la Gestión del Patrimonio Mundial y la Reserva de la Biosfera, que se está creando para la gestión integral de ambas figuras, va a ser central en la dinamización económica y patrimonial de este espacio.

Impulsaremos que Gran Canaria genere una industria local dedicada a la producción de biomasa endógena o “km 0” destinada al sector hotelero o a la calefacción de los hogares utilizando pinocha, leña, etc. Tendría un enorme impacto positivo en la eliminación del exceso de vegetación seca en las zonas de alto riesgo de incendio así como en las economías de las zonas rurales. La lucha contra el cambio climático, con iniciativas que ya tenemos en marcha como el Centro de la ONU para la Macaronesia no son solo políticas medioambientales sino que también generan oportunidades económicas en sectores innovadores y vinculados al territorio.

Es evidente que debemos mejorar y prepararnos como sociedad para la gestión de las emergencias en un escenario de nuevos riesgos. No solo grandes incendios, sino inundaciones, nevadas imprevistas como las que tuvimos hace unos años, tormentas, etc. vamos a iniciar los trámites para elaborar un plan territorial de riesgos naturales para toda la isla. Es necesario que todos los planeamientos vayan incorporando instrumentos de adaptación frente al cambio climático. Otro de los aspectos en los que vamos a mejorar es en la evacuación de animales en zonas afectadas por los incendios y otras catástrofes y coordinar con los municipios la elaboración de planes locales de prevención y adaptación frente a fenómenos adversos naturales.

Exigiremos que se adecúe la legislación a la necesidad de un paisaje y una actividad rural abandonada, para poder actuar por interés general en espacios privados para la realización de cortafuegos, quemas preventivas y otras acciones. También solicitaremos al Gobierno de España una base permanente con dos helicópteros Kamov y una base permanente de hidroaviones para Canarias. Desde el Cabildo hemos presupuestado cerca de 2 millones de euros para acciones de prevención en las zonas de alto riesgo de incendios forestales (ZARIs) en Gran Canaria en el periodo 2019-2022. Ejecutaremos la 2ª fase proyecto Alertagran con un presupuesto total de 2 millones de euros que incluye sistemas de defensa de incendios forestales para la población, un sistema aéreo de vigilancia forestal, sensores hidrográficos portables y otras actuaciones que van a suponer un salto cualitativo en la gestión insular de las emergencias y en la estrategia de “isla inteligente” (la inversión total será de cinco millones).

Este conjunto de medidas, unido a las líneas de trabajo que están en marcha desde hace años, constituyen un esfuerzo de inversión, dinamización y mejora de las zonas rurales que creo que no tiene parangón en la historia reciente de Gran Canaria. Este plan, además, se une a la enorme solidaridad generada en las últimas semanas y a una concienciación creciente sobre la necesidad de actuar contra el cambio climático y conservar nuestro territorio. Todo ello hace que nos encontremos en un momento crucial que puede modificar de manera sustancial el modelo de crecimiento insular de las últimas décadas y nuestra relación con nuestro entorno natural. Esa es precisamente la resiliencia con la que comenzaba este artículo y que nos va a permitir no solo recuperarnos del incendio, sino salir fortalecidos.

Para recuperar nuestra isla (y II)

Los tres incendios que hemos sufrido durante el mes de agosto han producido mucho dolor, pero al mismo tiempo han movilizado los mejores sentimientos de solidaridad, entereza y determinación de nuestra gente y de las instituciones y organizaciones sociales. La sociedad grancanaria se está poniendo en pie y está reponiendo gran parte de lo dañado o proyectando su revitalización.

En el artículo de la semana pasada abordé las causas socioeconómicas estructurales que han provocado que los grandes incendios forestales se hayan convertido en uno de los principales riesgos para Canarias y las dificultades para hacerles frente debido al desequilibrio ecológico que caracteriza el modelo económico que se ha venido configurando y consolidando  en los últimos 50 años. También expliqué de manera sucinta la estrategia que hemos seguido  para abordar este problema.

No obstante, ahora que la catástrofe ha sucedido y que una parte muy importante de nuestra cumbre ha sido afectada por el fuego, nos encontramos ante el reto de recuperar todo lo que se ha llevado el incendio. Casas, explotaciones agrícolas y ganaderas, animales, negocios y, por supuesto algunas de las zonas de mayor valor ecológico y paisajístico de Gran Canaria. Pero creo que debemos ser ambiciosos y no pensar solo en restituir la situación anterior al incendio, sino aprovechar la crisis como un punto de inflexión que nos permita dar varios pasos en la dirección adecuada.

Desde hace 4 años, hemos acuñado el término “ecoisla” para referirnos al proyecto que defendemos para Gran Canaria, cuyo objetivo fundamental es comenzar a revertir el desequilibrio ecológico y sentar las bases de un nuevo modelo centrado en la soberanía energética y alimentaria y en la economía circular. Somos conscientes de que supone un reto mayúsculo, una transformación de largo alcance, pero creo que debemos ser innovadores y constructivos, y creo asimismo que los primeros pasos de esa idea están siendo fructíferos y que hoy se han asumido conceptos  que hace cuatro años no estaban en el debate político (aunque sí entre las reivindicaciones de los movimientos ecologistas o los agricultores y ganaderos).

En este sentido, el necesario plan de recuperación nos lo planteamos como un esfuerzo por acelerar la extensión de la ecoisla, que en este caso el Cabildo de Gran Canaria va a liderar a través de la implementación de un Plan de Revitalización Económica y Medioambiental de las zonas afectadas por el incendio que combinará medidas inmediatas para atender a la emergencia con otras a largo plazo y con la continuidad de las líneas de actuación ya iniciadas en el anterior mandato.

Por supuesto, como ya expliqué, la prioridad absoluta tiene que ser responder de la manera más diligente posible a las víctimas del incendio. Vamos a destinar 5 millones de euros de los presupuestos insulares para atender a los damnificados. Ya se está haciendo un estudio sobre los daños en viviendas, cultivos infraestructuras y animales, hemos creado una mesa de trabajo con ayuntamientos afectados y las distintas áreas del Cabildo que participan en el proceso. Además ya se han abierto las oficinas para que las personas puedan registrar las pérdidas, paso previo para poder acceder a las ayudas. En breve plazo de tiempo esas cantidades se transferirán a los ayuntamientos para cubrir esas necesidades.

Desde el sector primario ya se están asignando ayudas para la alimentación (alfalfa, millo, agua etc.) de los animales que no pueden alimentarse de los pastos de la cumbre debido a que han sido quemados y se ha habilitado un espacio en la Granja Agrícola del Cabildo para albergar a los animales que tuvieron que abandonar su espacio habitual al haber quedado destruido por el fuego. Son medidas urgentes para paliar las consecuencias más graves del incendio y que permitirán ganar el tiempo suficiente para poner en marcha otras actuaciones de largo alcance.

Las situaciones post-incendio son una oportunidad única para hacer llegar a la ciudadanía mensajes que en otros momentos son mucho más complicados. En las dos semanas que han pasado creo que ha aumentado muchísimo la conciencia de la necesidad de consumir productos locales para frenar el abandono el campo y conseguir un paisaje mosaico, mucho más resistente a los incendios forestales, la desertización o la erosión. No partimos de cero ya que desde hace cuatro años contamos con una Consejería de Soberanía Alimentaria, que a través del plan de revitalización agrícola y ganadero, consiguió aumentar la superficie cultivada en 260 hectáreas gracias a un banco de tierras en desuso y a la promoción del cultivo forrajero (para dar de comer a los animales) y la cultivable en 30.000 hectáreas gracias a un plan territorial.

La estrategia de promoción del producto local “Gran Canaria Me Gusta” además de una feria que sirve como escaparate, también es una marca que identifica los quesos, vinos, mieles, frutas o verduras de Gran Canaria en los supermercados. Pero tenemos que redoblar esfuerzos para acercar toda esta riqueza gastronómica a la población de los grandes núcleos urbanos, a través de los mercados agrícolas y de las grandes superficies. Para esto imprescindible la colaboración del sector privado que debe comprometerse. Las y los canarios gastamos anualmente 3.000 millones de euros en la cesta de la compra, una cantidad con un enorme potencial transformador.

Medio Ambiente es la consejería que tiene las competencias en prevención y extinción de incendios y en conservación del territorio. Va a jugar un papel crucial en la recuperación de la zona afectada. El personal técnico lleva semanas trabajando para evaluar las consecuencias medioambientales del incendio sobre los ecosistemas y a partir de ahí establecer un plan de restauración ambiental. No solo reforestación (que también) sino acciones que fomenten y ayuden a la regeneración natural como ya se hizo en Inagua. Y para ello contaremos con la ayuda de toda la ciudadanía de Gran Canaria que ha mostrado su solidaridad. Esta misma semana los responsables de la Consejería mantuvieron la primera reunión con las entidades de voluntariado de Gran Canaria interesadas en colaborar para ir coordinando las acciones.

Vamos a continuar con la política de reforestación y conservación que se viene realizando estos años. En el presupuesto de 2019 hay contemplados más de 3 millones de euros en acciones de reforestación, de conservación y mantenimiento preventivo de bosques, restauración de hábitats degradados, tratamientos silvícolas y restauración hidrológica. A esto hay que sumar cerca de un millón de euros en acciones de conservación y recuperación de fauna endémica y lucha contra especies invasoras y unos dos millones de euros para el periodo 2019-2022 para acciones de prevención en las zonas de alto riesgo de incendios forestales (ZARIs) en Gran Canaria. No estamos hablando de promesas, sino de acciones contempladas en el actual presupuesto y muchas de ellas en ejecución a las que se sumaran todas las que los técnicos estimen oportunas para reforzar las actuaciones en las zonas más castigadas por el fuego. Se trata de un esfuerzo de conservación y restauración de la diversidad sin precedentes en Gran Canaria.

Las primeras estimaciones apuntan que los daños provocados por el incendio a la red viaria ascienden a más de 8 millones de euros. Las carreteras son fundamentales para articular un territorio poco poblado y disperso y para permitir una buena conectividad entre las zonas rurales (en las que se concentra el sector agropecuario) y las urbanas (en las que se consumen estos productos). Por eso vamos a realizar las inversiones necesarias para devolver las carreteras insulares a las condiciones previas al incendio.

Pero un cambio de modelo necesita de un enfoque transversal en el que todas las áreas se encaminen hacia un mismo objetivo. Gran Canaria recibió en el año 2018 casi 4,5 millones de turistas. Estamos hablando de personas con un importante nivel adquisitivo y que vienen básicamente a consumir. Es imprescindible hacer un esfuerzo por vincular turismo y sector primario, conectando el consumo de los que nos visitan con la producción local y conseguir que un mayor número de turistas dinamicen la economía de la cumbre y las medianías de Gran Canaria. De esta manera también conseguiremos una experiencia turística más genuina y diferenciada en un entorno cada vez más competitivo. Estamos junto a los comercios y las empresas turísticas y de restauración que dan vida los pueblos de la cumbre para su normalización y la conservación del atractivo que aportan.

En la presentación del programa de gobierno 2019-2022 aseguramos que el empleo iba a ser nuestra prioridad y tiene que serlo en municipios rurales muy afectados por el paro. Ejecutaremos un Plan de Garantía Juvenil destinado a 520 personas y que contempla a los jóvenes de las zonas afectadas, así como un plan especial para la cumbre de Gran Canaria que junto con otras acciones destinadas al fomento del empleo puede suponer un montante de otros 5 millones de euros para promoción de oportunidades laborales en las zonas en las que se produjo el incendio.

Aunque el fuego no afectó a la cueva de Risco Caído y sus aledaños sí afectó al conjunto del Paisaje Cultural que fue merecedor del reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad. La buena noticia es que contamos con un nuevo instrumento de gestión, la fundación, que nos permitirá desarrollar toda una serie de acciones cruciales para conservar y recuperar muchos de los saberes ancestrales que conforman este lugar único en el mundo y que en parte han permitido que las consecuencias del incendio hayan sido mucho menores de lo que podrían ser. La cultura va a ser un elemento clave en la revitalización de la cumbre.

Todas estas acciones ya las estamos ejecutando de la mano de los ayuntamientos, las instituciones más cercanas a la ciudadanía y al territorio que además dieron un ejemplo en la gestión de la emergencia. A través del área de Cooperación Institucional del Cabildo de Gran Canaria canalizaremos todas aquellas obras que consideren oportunas no solo para revertir las consecuencias de la tragedia, sino para prevenir futuros incendios y construir territorios más resistentes y seguros para las gentes que los habitan.

Como ya he reiterado a lo largo de los dos artículos, afrontamos un reto mayúsculo, recuperar la “isla de nuestra vida”. Pero la buena noticia es que contamos con el conocimiento y los recursos humanos y técnicos necesarios para llevar a cabo la tarea, así como un Cabildo orientado en esa dirección desde hace cuatro años. Es evidente que tendremos que acelerar y hacer un esfuerzo extraordinario. Pero también tenemos algo de un valor incalculable: un pueblo emprendedor, maduro y comprometido, que quiere a su tierra y que este verano ha dado un auténtico ejemplo de solidaridad. El Cabildo de Gran Canaria va a liderar todo ese capital colectivo, no solo para recuperar, sino para transformar Gran Canaria en la isla que queremos.

La historia que distingue a Gran Canaria

La declaración de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria como Patrimonio Mundial de la Unesco ha generado en Gran Canaria, y en Canarias entera, un sentimiento colectivo de satisfacción, de orgullo, de pertenencia y de compromiso que consolida el aprecio de nuestra gente por la tierra, el paisaje y el patrimonio cultural que atesora nuestra isla. Pero además, nos ha unido en un proyecto común del que nos sentimos partícipes quienes gozamos al caminar por la Cumbre o nos maravillamos al redescubrir la cultura de los primeros canarios.

La vida de nuestro pueblo no es una sucesión de hechos económicos, sociales o laborales, en los que participamos de forma anónima, sin que afloren los sentimientos o las emociones compartidas. Al contrario, los grandes avances o las grandes derrotas colectivas se producen por ideas, impulsos y convicciones que movilizan a la mayoría de una sociedad.

Así ha ocurrido históricamente con la ley de puertos francos, la aprobación de los cabildos, la división provincial o la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. En todos esos casos se produjo la coincidencia de una necesidad evidente, una convocatoria masiva y una implicación de la mayoría de la población haciendo suya la reivindicación primero y el éxito después. En este sentido, la relevancia y el reconocimiento del  paisaje cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria puede convertirse en una experiencia de referencia que inaugure un nuevo ciclo para nuestra isla.

La enorme inyección de autoestima colectiva para la isla se ha alcanzado como resultado de un trabajo conjunto, en la misma dirección, por parte de todas las personas participantes. En este momento hemos vuelto a ser conscientes de las enormes potencialidades de nuestro territorio cuando hay instituciones con sensibilidad, un proyecto claro compartido por la mayoría social y un trabajo leal en equipo. Hemos conseguido en 4 años lo que en otros lugares se tarda 10 años de media en lograrlo.

La colaboración entre instituciones ha sido realmente ejemplar pese a que se trataba de un proyecto complejo. Además del Cabildo, institución promotora de la iniciativa, han estado comprometidos cuatro ayuntamientos (Artenara, Tejeda, Gáldar y Agaete), el Gobierno de Canarias y el Gobierno de España. Instituciones con gobiernos de distintos signos políticos que fueron capaces de aparcar las diferencias políticas para priorizar el interés general de un proyecto estratégico tanto para Gran Canaria como para Canarias. Pero es que incluso en el propio Cabildo estaban responsabilizadas la práctica totalidad de las áreas, porque un paisaje cultural, incluye, además de los valores de patrimonio arqueológico, los de turismo, medio ambiente, participación ciudadana, sector primario, transportes, igualdad, paisaje y política territorial…

La comisión del Cabildo de Gran Canaria que integraba a todos los sectores, se ha reunido una vez al mes durante estos 4 años, en más de 30 ocasiones, en un trabajo transversal sin precedentes que señala el camino de lo que tiene que ser un Cabildo moderno e innovador, capaz de hacer frente a los retos que afronta la gestión pública y más específicamente la gestión de un territorio insular como Gran Canaria, único en el mundo,  complejo, frágil y con problemas interdependientes.

Mención especial merece la participación de la población en el proyecto. En el territorio  que comprende Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria viven unas 20.000 personas. Poca población en un terreno extenso, accidentado, alejado de los grandes núcleos urbanos y económicos de la isla en el que las condiciones de vida no han sido fáciles y que aún hoy sufre muchas carencias. Unas gentes cuyas demandas no siempre han sido atendidas por las instituciones que sin embargo comprendieron desde un primer momento la importancia del reto que afrontábamos y se comprometieron hasta ser una parte indispensable de la declaración. El cuidado y la preservación de formas de vida ancestrales, su resiliencia, su amor por el territorio y toda la sabiduría acumulada durante años fue puesta, generosamente, al servicio del proyecto, encandilando a los evaluadores de la UNESCO.

Pero no solo los habitantes de la cumbre fueron importantes para hacer posible este éxito colectivo. Cuando salimos a recabar apoyos individuales de la población de Gran Canaria, la respuesta fue masiva. Cientos y hasta miles de apoyos diarios se recogían en el portal de participación del Cabildo de Gran Canaria. Y lo cierto es que la ciudadanía siempre responde ante retos decisivos que transforman nuestra realidad o nuestra consideración. Ya sea abarrotando todas las ediciones de la Feria “Gran Canaria me gusta”, las ferias de ganado y ecológicas para comprar productos de la tierra, asistiendo a los eventos culturales como conciertos, celebraciones del día de Canarias,  exposiciones (la de César Manrique en el CAAM está batiendo todos los récords de asistencia) o participando en las campañas de reforestación o de limpieza de playas. Tenemos una ciudadanía activa, comprometida e identificada con nuestras señas de identidad. Está siempre dispuesta a arrimar el hombro cuando se la convoca para cualquier actividad que vaya encaminada a construir un mejor futuro para nuestra sociedad.

En mi artículo de la semana pasada citaba los nombres de algunos de los técnicos y especialistas que tuvieron un papel protagonista en el éxito de Risco Caído. Es solo una pequeña muestra de que el Cabildo de Gran Canaria y el resto de instituciones públicas cuentan con un inmenso capital en sus recursos humanos cuyo compromiso con lo público en ocasiones va más allá de lo profesional.  Una administración y un gobierno eficientes tienen que ser capaces de aunar los criterios políticos con los técnicos para aprovechar todas las capacidades de un personal que cuenta con una excelente formación. En Canarias hemos vivido demasiados casos de megaproyectos innecesarios que no solo se hacían en contra de la opinión de la población sino también en contra del criterio técnico. La colaboración estrecha entre  personal técnico y político asegura asimismo la continuidad y sostenibilidad de los proyectos.

Hoy Gran Canaria puede decir que tiene un modelo de isla defendido por la mayoría de la población, su Cabildo y la mayoría de los ayuntamientos. Un modelo que cuenta con el apoyo inequívoco de una amplia mayoría social que lejos de la retórica se sustenta en un enorme trabajo cotidiano. Importantes proyectos concretos como el de Risco Caído que se van haciendo realidad con la participación de todas y de todos y que están trazando una nueva senda que es ejemplo también para el resto de Canarias. El nuevo gobierno progresista, que garantiza un trato justo y equilibrado a Gran Canaria es una oportunidad histórica para inaugurar una nueva cultura política que nos permita seguir avanzando en la articulación de grandes consensos para mejorar las condiciones de vida de nuestra gente.

Pocas cosas me han hecho sentir tan satisfecho durante los cuatro años de presidencia  en el Cabildo de Gran Canaria como las expresiones de orgullo, emoción, incredulidad, agradecimiento y compromiso que miles de grancanarias y grancanarios han manifestado a partir de la declaración de la Unesco. Son la expresión de una sociedad vertebrada, cohesionada, con un proyecto común que confía en alcanzar metas aún más exigentes en desarrollo sostenible, justicia social, desarrollo tecnológico y educativo y en la defensa de los derechos de Gran Canaria.

La declaración de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria como Patrimonio Mundial puede inaugurar un nuevo tiempo político y social en Gran Canaria y, a la vez,  trazar un camino que podamos transitar conjuntamente todos los que estamos convencidos de que podemos alcanzar un futuro de bienestar y sostenibilidad. Los países reunidos en Azerbaiyán aplaudieron y elogiaron una candidatura que refleja una realidad singular y extraordinaria. Nuestra gente lo merece y juntos vamos a acometer los grandes retos de una sociedad moderna del siglo XXI anclada en el Atlántico.

Cumbre de mi Gran Canaria

Lo conseguimos. El pasado domingo día 7 de julio, la UNESCO, después un intenso trabajo de más de cuatro años ha declarado a Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria como Patrimonio Mundial. Ya ustedes conocen sobradamente la noticia, pero no quiero dejar de compartir una reflexión más amplia sobre este hecho histórico.

Es el momento de agradecer el trabajo realizado por José de León, Julio Cuenca, Cipriano Marín, Carlos Ruiz, Oswaldo Guerra y tantísima gente que, desde el área de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo, han liderado un proyecto que nos ha llevado hasta este reconocimiento.  Y no puedo olvidar que esta ha sido una propuesta transversal en la que han participado el anterior gobierno insular (Larry Álvarez escuchó la idea por primera vez con mucha sensibilidad) y distintas consejerías insulares y para la que también hemos tenido siempre el apoyo de decenas de expertos, de los ayuntamientos de Gáldar, Agaete, Tejeda y Artenara, de la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias y del Gobierno de España.

Sin la menor duda, estamos ante un hecho histórico, de especial trascendencia para el futuro de Gran Canaria. Vivimos en una isla singular que atrae por su situación geográfica, por su biodiversidad, por sus condiciones naturales, por su vanguardismo y cada vez más, por su riqueza patrimonial. El gobierno de la isla de Gran Canaria quiere asentarse en la modernidad, valorando la herencia que tenemos el orgullo y el deber de reconocer, de conservar, de difundir y de proteger. Soy consciente del enorme poder social que supone tener un proyecto realista de transformación, sustentado en un legado riquísimo que explica en parte quiénes somos,  qué rasgos culturales aportamos al mundo. Los grancanarios y grancanarias sabemos que tenemos una gran responsabilidad por la enorme riqueza patrimonial que hemos heredado.

Desde ahora compartimos con la humanidad un conjunto excepcional de sitios arqueológicos y paisajes culturales bien conservados, pertenecientes a una cultura insular que evolucionó de forma aislada tras la llegada de los primeros amazighs del norte de África a principios del siglo I d.C. hasta los siglos XIII y XIV, cuando los marineros del sur de Europa arribaron a las islas en busca de nuevas rutas de especias y para la trata de esclavos. Se trata, pues, de un legado admirable que expresa un proceso cultural único e irrepetible.

Ante Risco Caído  y las Montañas Sagradas de Gran Canaria se tiene la impresión de estar participando de una experiencia casi mágica. Su declaración como Patrimonio Mundial nos ha supuesto una enorme alegría, un sentimiento de orgullo, de identidad y pertenencia, pero también una enorme responsabilidad. Tenemos la obligación de garantizar la conservación de un sitio como este y continuar apoyando la investigación que nos permite conocer más de la arquitectura en la época de los antiguos canarios, la astronomía cultural, las manifestaciones rupestres, la alimentación, los cultos y expresiones religiosas, el mundo funerario… Tenemos que  apostar por la investigación y por la difusión del conocimiento.

Este legado nos tiene que llevar necesariamente en volandas a un mundo de posibilidades para las generaciones venideras. Para eso ya inauguramos el Centro de Interpretación de Risco Caído y los Espacios Sagrados de Montaña de Gran Canaria, el Centro de Gestión se pondrá en marchas en breves fechas, y la neocueva antes de final de año. Pero tenemos que seguir trabajando para disponer cuanto antes de una Fundación que nos permita agilizar y coordinar el espacio (compatibilizándolo con nuestra Reserva de la Biosfera), diseñar un centro de visitantes para el futuro, realizar un inventario patrimonial general y también de los yacimientos arqueológicos, estudiar su capacidad de carga para hacerlo compatible con un turismo cultural y sostenible, proponer acciones frente al cambio climático, incentivar la economía local para fijar la población al territorio, crear un plan específico para  la prevención de incendios, planificar una estrategia que garantice los recursos hídricos que se necesitan, seguir avanzando en la participación ciudadana y en la implicación de la sociedad civil… Para profundizar en nuestro pasado, pero también para conseguir que genere atractivos económicos sostenibles ligados al paisaje, el patrimonio cultural, los usos y actividades tradicionales, los celajes de nuestras cumbres que ofrecen posibilidades enormes para el turismo de las estrellas…

El sitio está concebido y solo puede entenderse en términos de su visión cosmológica. Este carácter singular determina la configuración de un hábitat troglodita único y de sitios ceremoniales presididos por impresionantes sucesos geológicos naturales, cuyos elementos más básicos se han conservado intactos hasta nuestros días. El carácter complejo de los marcadores astronómicos, en particular Risco Caído y Roque Bentayga, constituyen un hito sin precedentes en las antiguas culturas insulares. Su excepcional valor radica en cómo una sociedad proto-estatal, aislada y con tecnología muy limitada, pudo alcanzar un conocimiento tan avanzado de la astronomía como el expresado en su calendario y en cómo trataba con conceptos astronómicos abstractos como  son los equinoccios. El santuario y marcador astronómico de Risco Caído representa una obra maestra arquitectónica. Única, tanto por su diseño como por su operatividad. Los elementos  estructurales y simbólicos que  contiene son originales. Este sitio puede y debe ser visto como un fenómeno exclusivo y extraordinario en la evolución de la arquitectura de roca de los primeros habitantes de la isla y como un innovador marcador que encarna la cosmología antigua y el simbolismo sagrado en el contexto de las antiguas culturas insulares de nuestro planeta.

Estoy seguro de que entienden ahora mejor la importancia del papel que juega nuestro bagaje cultural en la consideración y la autoestima de un pueblo atlántico y tricontinental como el nuestro, que quiere ganar el siglo XXI. Vivimos Risco Caído y nuestras montañas sagradas como una joya que tenemos la obligación de preservar y ofrecer a la Humanidad para que investigue, conozca y disfrute con estas señas únicas de la evolución de esta misma Humanidad. Gran Canaria abierta y solidaria con la historia de la civilización.

Estas maravillas no son una mercancía. Son rastros de nuestro ADN que el esfuerzo de algunos investigadores, el respeto de sus vecinos y la confluencia de los astros nos han permitido rescatar y llegar a tiempo de sellar el compromiso de que lo valore y proteja la humanidad. Deseamos contribuir humilde, pero firmemente, a que la cultura de los antiguos canarios de Gran Canaria y, por extensión, de Canarias se afiance como nuevo paradigma mundial de las culturas del pasado en el planeta. Por su excepcionalidad y por el papel que tuvo en alguno de los grandes contextos de la historia mundial como en la expansión de las grandes civilizaciones mediterráneas y en la expansión europea con la conquista de las islas.

La economía internacional se diversifica, eso es un hecho, y los sectores se van especializando. Por este motivo Gran Canaria debe ir más allá del tradicional turismo de masas que busca sol y playa, la base de nuestra industria turística, y proponer alternativas basadas en un turismo ecológico, el turismo verde, el turismo cultural, el deportivo, el gastronómico, el agroturismo, el arqueoturismo, el astroturismo y muchas otras variables sostenibles que deben ser un reclamo para un público potencial, cada vez más exigente con la preservación del medio. Sin renunciar, por supuesto, al atractivo de nuestras playas, de nuestro sol, de nuestro clima, de nuestra experiencia en el sector… Ese es el modelo de ecoísla que defendemos.

Esta isla nuestra posee espacios privilegiados que nos permiten ofrecer alternativas desde imponentes escenarios naturales y culturales como los que jalonan la Reserva de la Biosfera (el 46% del territorio insular, más de 100.000 hectáreas protegidas, 65.000 terrestres y 35.000 marinas) y los entornos de la Caldera de Tejeda. Gran Canaria dispone de unas condiciones extraordinarias para hacer valer unas características ambientales únicas. Y las tiene que hacer valer. En muy pocos lugares del planeta encontramos tal conjunción de excepcionales recursos naturales y culturales. Estos factores refuerzan, sin duda, las cualidades y oportunidades para el desarrollo de nuevas formas de turismo del conocimiento, respetuoso con la cultura y el territorio.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Generaciones Futuras afirma que las personas pertenecientes a las generaciones venideras tienen derecho a una tierra indemne y no contaminada y a disfrutar de esta Tierra que es el soporte de la historia de la humanidad, de la cultura y de los lazos sociales, lo que asegura a cada generación y a cada persona su pertenencia a la gran familia humana. Estamos pues, ante el desafío de conservar el legado de los primeros pobladores isleños para las generaciones presentes y futuras y ante el apasionante reto de abrir nuevas e imaginativas vías de desarrollo local basadas en el turismo sostenible. Los territorios insulares, espacios atrapados entre el cielo y el mar, han sido siempre, desde la más remota antigüedad, lugares de encuentro entre culturas, crisoles de diálogo y espacios de paz.

Los antiguos grancanarios y grancanarias parecían ser conscientes de ello y de que algún día su presencia y su obra se iban a convertir en un extraordinario legado de futuro. Nos han hecho un precioso regalo.

Para recuperar nuestra isla (I)

Gran Canaria ha vuelto a ser duramente golpeada por el fuego. Cuando ya cicatrizaban las heridas del gran incendio de 2007, hemos visto cómo en diez días ardían más de 9.200 hectáreas en tres incendios. Estamos conmocionados después de dos semanas de sufrimiento, en las que hemos visto cómo eran dañadas por el fuego algunas zonas de gran valor ecológico de Gran Canaria, así como casas, campos de cultivo y animales. Más de un millar de profesionales de los distintos cuerpos de extinción y seguridad han hecho un trabajo heroico que ha permitido contener los efectos del siniestro.

Pese a la enorme gravedad de los dos incendios, ha destacado la profesionalidad y la efectividad de todos los cuerpos de extinción y de seguridad que intervinieron, así como la colaboración y solidaridad ciudadanas, cuya acción ha conseguido que, pese a la magnitud de la emergencia, hoy no tengamos que lamentar la pérdida de vidas humanas y que la afección a viviendas, cultivos y animales haya sido mucho menor de lo que se podría esperar. Quiero agradecer a todas las instituciones la excelente coordinación y colaboración que ha hecho capaz una respuesta ejemplar ante la catástrofe. También es necesario destacar y reconocer el increíble esfuerzo de los y las profesionales de los medios de comunicación que nos ha permitido y facilitado transmitir toda la información, de forma transparente, tanto a los afectados como al conjunto de la población. Mención especial merece la implicación de los ayuntamientos que ha sido decisiva para la atención a las personas y la extinción del incendio.

Después del impacto emocional de unos días tan duros, la ciudadanía de Gran Canaria se pregunta cómo es posible que esto haya vuelto a suceder y, como es lógico, exige respuestas. Los grandes incendios forestales son un fenómeno moderno en constante evolución. En Gran Canaria en particular, durante la segunda mitad del siglo XX, el extinto ICONA y el Cabildo de Gran Canaria iniciaron un plan de reforestación para recuperar parte de la masa forestal de la isla que, a partir de la conquista, había sido arrasada a lo largo de cinco siglos. Ese plan fue un rotundo éxito y se consiguió alcanzar las 20.000 hectáreas arboladas que tenemos en la actualidad. Pero, mientras se iba reforestando la cumbre, el desarrollo del turismo provocó que descendiera drásticamente la población rural y, con ella, los aprovechamientos del medio rural (cultivo, pastoreo, forraje, leña, etc.), que actuaban como preventivos naturales de incendios forestales.

El considerable aumento de la superficie arbolada coincidió con la transformación socioeconómica  de Gran Canaria, que pasó de ser una sociedad rural dedicada a un sector primario en muchas ocasiones de subsistencia (que aprovechaba al máximo los recursos) a una población volcada en el sector servicios y concentrada en los grandes núcleos urbanos de la costa. Esto provocó que se acumularan en las cumbres millones de toneladas cúbicas de “combustible” (pinocha, matorral seco, etc.) y que nos encontráramos con un nuevo fenómeno, los grandes incendios forestales, que hasta entonces eran escasos y de baja intensidad. El posterior desarrollo de unidades altamente especializadas en la extinción de incendios generó la llamada “paradoja de la extinción de incendios”: cuanto mejores son los servicios de extinción, más potentes y resistentes se vuelven los incendios, de la misma manera que las plagas se hacen más resistentes a los insecticidas. De este modo, nos encontramos casos como el de Valleseco, en el que el incendio se encontró durante muchas horas “fuera de capacidad de extinción”. Es decir, el humo, las cenizas proyectadas y la altura e intensidad de las llamas hacían imposible controlarlo con medios humanos y su extinción dependía de las condiciones climatológicas o de que encontrara zonas sin combustible para arder. Las consecuencias del cambio climático (aumento de las sequías y de las temperaturas) agravan hasta el extremo el estrés hídrico de nuestra vegetación y con ello la probabilidad y los efectos de los fuegos. De hecho, ni el mayor despliegue aéreo y terrestre de la historia de Canarias y uno de los mayores que se ha hecho en el Estado conseguía contener las llamas.

Dada la gravedad del problema, Canarias decidió protegerse y, a día de hoy, es la comunidad mejor dotada de España para la extinción y prevención de incendios. Cuenta con 1.064 efectivos profesionales y seis helicópteros por cada 100.000 hectáreas de superficie arbolada. Gran Canaria es el territorio con más medios al contar con un trabajador de extinción por cada 4,62 km2 de superficie forestal. El siguiente es la Comunidad de Madrid que dispone de un trabajador por cada 8,87 km2. También en medios aéreos, al disponer de uno por cada 550 kilómetros cuadrados de superficie forestal.  Además de cuantitativamente, cualitativamente tenemos a algunos de los técnicos más y mejor formados. A Gran Canaria vienen a instruirse equipos de toda España en la técnica conocida como “fuego técnico” o “quemas prescritas”, una de las maneras más efectivas de luchar contra el fuego en la que nuestros profesionales son punteros. Por supuesto, al final de esta campaña, como cada año habrá que evaluar el conjunto del dispositivo de extinción y, si es necesario, serán reforzados, pero contamos con los mejores recursos técnicos y humanos de España.

Entonces, se seguirán preguntando: ¿por qué ha ocurrido esto? ¿No se ha podido prevenir? Lo cierto es que el Cabildo de Gran Canaria viene desarrollando una política de prevención ambiciosa e integral, pero debemos tener claro que los incendios forestales en Canarias son consecuencia de nuestro desequilibrio ecológico. Precisamente, cuando hablo de ecoisla, me refiero a la generación de un modelo ecológicamente más equilibrado. Pero, de la misma manera que un campo de cultivo bien cuidado es el mejor cortafuego posible (limpio de maleza y hierba seca, bien regado, con bancales de piedra que frenan el fuego, etc.), los terrenos abandonados, cubiertos de vegetación seca, arden con facilidad. Mientras que el pastoreo controlado es una de las mejores formas de “limpiar” de pasto amplias extensiones de terreno, el ganado asilvestrado, fruto del abandono, destroza hábitats y endemismos, contribuye a la desertificación y hace al terreno más vulnerable.

Por eso, desde el Cabildo de Gran Canaria, tenemos muy claro que la mejor forma de prevenir incendios forestales es la recuperación de nuestro sector primario y sus usos tradicionales en medianías y cumbres. Estamos trabajando codo con codo con 54 pastores, que tienen más de 7.000 cabras y ovejas, para fomentar el pastoreo para la prevención de incendios, los aprovechamientos tradicionales (pinocha, matorral y eucalipto), los carboneros de la cumbre, y la recuperación de los terrenos de cultivo a través del aumento de consumo de productos locales (soberanía alimentaria). También llevamos a cabo un intenso trabajo de reforestación y rehabilitación de hábitats degradados a través de proyectos LIFE, como el Guguy, el Pinzón o el Rabiche, que cuentan con financiación europea e implican en conjunto la plantación de entre medio millón y un millón de árboles. Además, participamos, desde hace dos años, en el Life Cocoon, que implementa un nuevo sistema para reforestar zonas áridas a través de una palangana de material biodegradable que aporta agua al árbol recién plantado en los primeros momentos y que mejora la supervivencia de las plantaciones en zonas áridas hasta en un 35%.

En la página web de la consejería de medio ambiente del Cabildo de Gran Canaria podrán acceder fácilmente a todas las autorizaciones para estos usos. Se puede solicitar el pastoreo en monte público (en una iniciativa que coloquialmente denominamos las “ovejas bombero”), la autorización para la recogida de pinocha, poda de matorral, aprovechamiento de eucaliptos, etc. Estamos desarrollando una aplicación para facilitar el acceso a esta información y estos trámites tanto a agricultores y a ganaderos como al personal de las oficinas de extensión agraria a las que acuden a informarse. Ferias como “Gran Canaria Me Gusta” y el resto de eventos de promoción del producto local, que recorren los municipios de la isla impulsados por el Cabildo, también forman parte de la política de prevención de incendios, así como los esfuerzos por adaptarnos al cambio climático.

Asimismo, el Cabildo de Gran Canaria ha sido pionero en la implantación del “céntimo verde”, equivalente a gravar con un céntimo cada litro de gasolina (o detraer un céntimo de los impuestos ya existentes) para destinarlo a labores de reforestación, trabajos silvícolas, recuperación de hábitats degradados o pago por servicios ambientales (remunerar a las personas que, en cumbre y medianías, tienen terrenos bien cuidados y contribuyen al paisaje y a la lucha contra los incendios). Ha transcurrido apenas un año desde su implantación pero tiene potencial, sobre todo si se implanta a nivel archipielágico, para duplicar nuestra superficie forestal en unas décadas y de hacer más resistentes nuestra cumbre y nuestros bosques.

Muchos ciudadanos y ciudadanas de buena voluntad se preguntan por qué no se contratan retenes de personas para “limpiar” los montes y evitar que prendan. Lo cierto es que esa propuesta es completamente inviable desde un punto de vista técnico. El técnico analista de incendios forestales del Cabildo de Gran Canaria, Federico Grillo, explicaba recientemente que, según los cálculos realizados por los técnicos, si se invirtiera la totalidad del presupuesto del Cabildo (más de 900 millones de euros) en limpiar los montes, solo se conseguiría llegar al 30% de la superficie arbolada de la isla. Habría que contratar unas 20.000 personas, con los consiguientes recursos técnicos (herramientas, sierras eléctricas, todoterrenos para el transporte, etc.), para limpiar el 30% ya reseñado y, una vez finalizado, habría que volver a empezar, porque los cañaverales, los helechos y los matorrales que se secan y se queman vuelven a rebrotar cuando son cortados. Además el “sotobosque” el manto formado por la pinocha, la hojarasca, el matorral seco etc., no es suciedad sino una parte del bosque fundamental para su supervivencia, ya que es el hábitat de muchas especies, retiene la humedad, fertiliza el suelo, ayuda a la generación de un banco de semillas imprescindibles para la regeneración natural etc. Aunque sea necesario eliminar el exceso de vegetación seca en determinadas zonas estratégicas con un alto riesgo de incendio, utilizar a cientos o miles de personas para retirar pinocha y matorral tendría unas consecuencias muy graves sobre nuestra masa forestal.

El Cabildo tiene la obligación, en el marco de sus competencias, de prevenir y extinguir los incendios forestales. Es una tarea que lleva años tomándose muy en serio y, en estos momentos, estamos desarrollando un programa que nos permite afrontar el problema de manera global y transversal. Pero la grancanaria es una sociedad madura que debe comprender que los incendios forestales son un problema complejo, en permanente evolución, consecuencia del desequilibrio ecológico y que su prevención, a pesar de los esfuerzos en todas las áreas y las ambiciosas políticas llevadas a cabo tanto por el actual gobierno como por los anteriores, supera no solo las competencias y capacidades del Cabildo de Gran Canaria sino del conjunto de las administraciones públicas. La catástrofe recientemente vivida nos obliga a redoblar esfuerzos para avanzar en la dirección en la que ya estábamos, pero supone un reto colectivo que debe implicar a ayuntamientos, Cabildo, Gobierno de Canarias, Gobierno de España, sociedad civil (en especial, a la población de las zonas rurales, que más sufre las consecuencias de los incendios y que conoce, quiere y cuida su territorio), y también al sector privado, que debe invertir y promover iniciativas económicas innovadoras que mejoren las condiciones de vida y las rentas de las personas de la cumbre y las medianías.

El reto colectivo que afrontamos es mayúsculo, pero va a determinar nuestro futuro. Hemos sufrido un daño medioambiental muy importante. Pero estoy seguro de que la sociedad de Gran Canaria responderá y estará a la altura como lo ha estado siempre. La enorme ola de solidaridad generada por el incendio es una muestra de una ciudadanía comprometida con su tierra. Nos toca, desde el Cabildo de Gran Canaria, canalizar toda esa energía en un plan de recuperación de las superficies afectadas arrasadas por el fuego. Podemos convertir algunos de los días más duros de nuestra vida en un punto de inflexión para avanzar conjuntamente hacia la isla que queremos. Y estoy seguro de que lo conseguiremos.