Portada Antonio Morales


20 años de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria

Necesitamos que la reflexión y la pausa se impongan a las prisas. Cerrar por un instante los ojos e imaginar el vuelo del pinzón azul entre los pinares de Inagua. Es una imagen casi onírica y sin embargo obstinadamente real que invita a fusionar ensueños y objetivos tangibles. Por eso, cuando la ciudad corría y consumía la mañana, quisimos, hace unos días, detener el tiempo para que se escuchara en el mismo centro de la capital insular el latido de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria en su vigésimo aniversario. Lo hicimos a través de una muestra de paneles informativos y fotografías que a partir de ahora recorrerá distintos puntos de la isla para divulgar su significado. La efeméride supone también un recordatorio, porque la preservación de los valores naturales y humanos que atesora esta figura UNESCO es una responsabilidad colectiva. Y es preciso poner la máxima atención en su cuidado, porque contiene las llaves del futuro.

La Reserva de la Biosfera de Gran Canaria funciona como un incansable laboratorio de evolución de la vida ya que existe tal concentración de endemismos que está catalogada como ‘punto caliente de la biodiversidad’ en el mundo. De hecho, la información del Banco de Datos de Biodiversidad de Canarias (BIOTA) indica que en el territorio de la RBGC se han registrado 6.084 especies. Un total de 4.170 son nativas, 1.024 de ellas endémicas. Se distribuyen por el amplio espacio declarado Reserva de la Biosfera el 29 de junio de 2005. Hablamos de más de 103.000 hectáreas, casi 66.000 de ellas terrestres, que abarcan el 42% del territorio insular  y de una franja marina de otras 37.000 hectáreas.

No obstante, las claves que citaba anteriormente están custodiadas en la memoria y el conocimiento de la realidad que pisan las personas que habitan este espacio de la declaración, alrededor de 16.000 habitantes que suponen menos del 2% de la población total de Gran Canaria. Sin embargo, su importancia para el modelo sostenible que defendemos para la isla es incuantificable, sobre todo cuando los desafíos guardan relación directa con el despoblamiento, la adaptación al cambio climático, la vivienda, la mejora de la calidad de vida o la gestión del uso público en iconos naturales.

Este llamamiento al equilibrio cobra una dimensión especial en un momento histórico en el que  nuestra isla avanza en conservación y preservación y, a la vez,  proliferan a nuestro alrededor movimientos que aspiran a pasar por encima de la naturaleza y de los rasgos de identidad de los pueblos, subidos al carro del capitalismo desaforado y la uniformidad global. Crecen como la maleza. Pero en Gran Canaria estamos preparados y preparadas para frenarlos. Y la Reserva de la Biosfera es una de nuestras herramientas más valiosas.

Esta figura de la UNESCO, como bien sabemos, supone un reconocimiento internacional a la histórica y particular simbiosis entre la naturaleza y las personas que han habitado y habitan este territorio. Pero entraña sobre todo la responsabilidad de mantener un legado que nos brinda además la oportunidad de extraer conclusiones valiosas en este contexto de retos sociales y ambientales.

El acento debe ser puesto sobre la sostenibilidad y sobre las personas que habitan la Reserva de la Biosfera. Porque ellas son el rostro del paisaje. Y también el rastro, el surco correcto a seguir. Hacia ese lugar ha dirigido el foco en la última década la gestión del Gobierno insular, que además ha reforzado los recursos disponibles a través de la estructura que conforma el Instituto para la Gestión Integrada de la Reserva de la Biosfera y el Patrimonio Mundial.

Este instituto responde a la necesidad de gestionar de forma integrada un territorio que ha sido distinguido por la UNESCO con dos reconocimientos internacionales simultáneos: la Reserva de la Biosfera y el Patrimonio Mundial al Paisaje Cultural de Risco Caído y las  Montañas Sagradas de Gran Canaria, este último desde 2019. La experiencia de Gran Canaria es única en España y excepcional a nivel internacional, donde apenas existen precedentes comparables. Uno de los más reconocidos es el caso de la isla de Jeju (Corea del Sur). Esta singularidad sitúa al instituto, y con ello a la isla, en la vanguardia de la gobernanza territorial mundial, como referente en la gestión coordinada de figuras UNESCO.

La gestión de una Reserva de la Biosfera requiere armonizar ámbitos tan diversos como el medio ambiente, el turismo, la agricultura, el patrimonio, la cultura, la igualdad o el desarrollo rural. El instituto responde a esta necesidad mediante una estructura institucional anclada en el centro neurálgico del gobierno insular, que articula políticas públicas desde una visión ecosocial, alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el modelo de Ecoísla y la Agenda 2030.

El salto presupuestario es uno de los hitos más notables: en 2015 la gestión de la RBGC contaba con apenas unos 100.000 euros. En 2025, el presupuesto asignado supera los 9,6 millones de euros, y ya se han ejecutado más de 5 millones en el primer semestre del año. Este crecimiento (superior al 7.700%) ha sido clave para profesionalizar la gestión, escalar proyectos y ampliar su alcance territorial y social.

Este impulso económico se ha traducido en un fortalecimiento organizativo. El instituto cuenta con un equipo técnico multidisciplinar integrado por 22 biólogas, geógrafos, juristas, economistas, arqueólogos o arquitectos, entre otros perfiles, y una dotación administrativa estable. Esta estructura permite afrontar con solvencia los retos de planificación, ejecución de fondos europeos, cooperación interinstitucional y atención directa a la ciudadanía.

También posibilita una Reserva de la Biosfera viva con la reactivación del Consejo Rector, el Consejo Científico y el Consejo de Participación Pública. A ello se suma el apoyo directo a la sociedad civil con líneas específicas de subvenciones a entidades sin ánimo de lucro, dirigidas a colectivos locales en ámbitos como la educación ambiental, cultura, agroecología, restauración patrimonial o innovación social. Estas ayudas consolidan un ecosistema cívico comprometido con el territorio. Y vemos signos claros de que esa sintonía se ensancha. Hace un mes, por ejemplo, el Cabildo amplió la convocatoria de ayudas a proyectos en la Reserva de la Biosfera y el Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria para dar respuesta a más de 40 iniciativas de gran interés para los objetivos comunes que perseguimos.

En el terreno de la sensibilización, las ecoescuelas están haciendo posible que la población infantil tome contacto con las raíces y se involucre lo antes posible con modelos de relación respetuosos con el medio ambiente. Lo mismo sucede con iniciativas como ‘Creando Comunidad Biosfera en Gran Canaria’, que renuevan y extienden la savia de este gran árbol colectivo.

Al mismo tiempo, hemos vivido acontecimientos que apuntalan la divulgación y el disfrute sostenible del territorio a través de los Senderos de Gran Recorrido o de la apertura del Centro de Interpretación de Degollada de Becerra, una nueva ventana a la historia escrita en paisaje. Porque primero fue el fuego que rasgó el océano, allí donde no había nada. Luego la roca, el paisaje. Y luego la aventura humana sobre el Atlántico. 

Me gustaría recalcar el trabajo de las y los profesionales que hacen realidad las propuestas de acción.  Porque sabemos que tienen muy en cuenta el sentimiento de los hombres y mujeres de esta tierra y la supervivencia de testimonios de resiliencia que nos sirven de inspiración. De hecho, el refuerzo de las acciones en los últimos años nos ha permitido estrechar los vínculos con la realidad rural y costera; colaborar con los municipios y, sobre todo, escuchar a quienes saben y viven el territorio en la búsqueda de oportunidades de desarrollo compatibles con la conservación. 

El vigésimo aniversario invita a celebrar el camino recorrido y señala el horizonte. Hoy, en definitiva, festejamos y nos comprometemos a insistir en el trabajo, porque la isla y el futuro así lo demandan. Quiero hacer un llamamiento al conjunto de la ciudadanía para que camine, sienta, respire y se sumerja en la Reserva de la Biosfera que con tanto orgullo y cuidado festejamos. Será una manera de adentrarse en nuestro propio interior, de conocernos mejor y de contribuir a mantener con vida todo aquello que nos da sentido y perspectiva. Como un espejo, y no como un espejismo. Con el aleteo capaz de frenar el tiempo e inspirar al mundo con la grandeza de lo aparentemente frágil. Así debe seguir volando el pinzón azul por el pinar. También nuestros fundados sueños de un mañana mejor.

Una herida abierta y la insolidaridad de España

Las Islas Canarias  conforman  un archipiélago situado a poco más de 100 kilómetros de la costa africana.  Aquí habita una sociedad acostumbrada a los flujos migratorios. En algunos momentos de su historia la  situación económica y política ha obligado a parte de su población a migrar en busca de nuevas oportunidades. En las últimas décadas hemos sido tierra de oportunidad para personas de diferentes latitudes que han encontrado aquí un lugar para vivir. En concreto, en las tres últimas décadas se ha sumado una circunstancia que nos tiene en constante alerta y alarma: el intento por llegar a Europa y sobrevivir de personas que salen en cayuco, pateras o neumáticas de los diferentes países vecinos de las islas, principalmente Marruecos, el Sahara Occidental, Mauritania y Senegal. 

El Estado español gestiona, con negligencia sostenida en el tiempo, esta frontera de su territorio y, además, toma decisiones sobre ella de espaldas a las instituciones que democráticamente hemos elegido las personas que aquí vivimos. El artículo 144 de nuestro Estatuto de Autonomía, aprobado en el Parlamento de Canarias y refrendado en el Congreso de los Diputados, dice: La Comunidad Autónoma de Canarias participará en las decisiones del Estado sobre inmigración con especial trascendencia para Canarias, dada su situación geográfica, a través de los órganos de coordinación previstos en la legislación sectorial y, en particular, la participación preceptiva previa en la determinación del contingente de trabajadores extranjeros a través de los mecanismos previstos en el presente Estatuto. Y lo cierto es que se han tomado decisiones que afectan directamente a esta ruta migratoria o se ha llegado a acuerdos con países terceros en los que la voz de Canarias no ha sido tenida en cuenta y ni siquiera hemos sido consultados. No hablamos de insolidaridad, sino del fino retrato de la percepción colonial por parte del Estado de un territorio de ultramar como  Canarias.

Mientras, la Unión Europea ha levantado muros y externalizado fronteras sin que este archipiélago anclado en medio del Atlántico reciba el apoyo necesario para atender a quiénes huyen de la pobreza, de la violencia o el cambio climático. Tampoco se ha aprobado la inversión necesaria en origen para facilitar su desarrollo y  revertir una situación que mata e invisibiliza a miles de personas en un Océano Atlántico  convertido en una desgraciada fosa común. 

La irresponsabilidad del Gobierno de España, el desprecio del PP a su participación en la búsqueda de soluciones, el portazo de todas las comunidades (salvo Cataluña y País Vasco) a compartir la acogida de menores y la percepción de que en esta materia desde la UE se trata a Canarias como un territorio de segunda, está generando enormes frustraciones en la ciudadanía. 

No estamos ante algo atribuible a una emergencia transitoria, a un momento puntual. Por esta frontera sangra la humanidad desde hace décadas y la intensidad de la herida ha aumentado en los últimos años. Según datos de ACNUR, en 2023 arribaron a las islas más de 39.000 personas. Para el Ministerio del Interior del Gobierno de España en 2024 arribaron 46.483 personas. La respuesta del Estado sigue anclada en una óptica de emergencia. Y esa óptica condiciona el desarrollo sostenible de los flujos migratorios y es culpable de que la reacción haya sido lenta, improvisada y, en no pocos casos, inhumana. Y Canarias, en este tiempo, se enfrenta a centros de acogida saturados, falta de recursos sanitarios en determinados puntos del archipiélago y una creciente tensión social alimentada por el abandono institucional. La crisis de los cayucos del 2006 ha sido ampliamente superada. 

El filósofo Santiago Alba Rico en su artículo Europa, fortaleza sin puertas afirma que “Europa no externaliza solo sus fronteras; externaliza también su suciedad, su culpa y su violencia. Y lo hace hacia el Sur, como siempre, porque el Sur no es una dirección geográfica sino una jerarquía histórica. Los mismos países que esquilmaron África durante siglos le exigen ahora que custodie sus fronteras y reciba sus deportaciones”. España, como puerta de entrada a la Unión Europea, ha firmado acuerdos con países africanos para frenar las migraciones, pero no ha desarrollado un sistema digno de acogida en Canarias, ni cumple con el auto del Supremo que le obliga a acoger menores solicitantes de protección internacional que están en Canarias, ni tampoco ha logrado una coordinación efectiva para una distribución equitativa entre comunidades autónomas que garantice la igualdad entre niños y niñas migrantes acogidos en las islas. Se aplica una suerte de contención forzosa a los menores de edad sin referentes adultos. 

La periodista y activista Helena Maleno, de Caminando Fronteras, acierta cuando denuncia que Canarias es el laboratorio de las políticas migratorias más crueles. Se deja a las personas en condiciones infrahumanas para disuadir a otras de venir, pero eso no resuelve nada. Solo multiplica el sufrimiento.

Esta insolidaridad sostenida en el tiempo no solo afecta a las personas migrantes expuestas a la necesidad, muerte y situaciones de exclusión social debida a la mala gobernanza de los flujos migratorios. También a la población canaria. Los municipios, los cabildos y el Gobierno de Canarias asumen una cobertura de la emergencia con inversiones necesarias y urgentes y la xenofobia encuentra en esta situación un sustrato abonado por la inacción y la falta de respuesta. El sociólogo Sami Naïr, especialista en movimientos migratorios, viene señalando en reiteradas publicaciones que cuando un territorio es usado como muro y luego ignorado se genera un caldo de cultivo para el resentimiento. En su libro El porvenir de la movilidad humana deja claro que  «la gestión represiva de las migraciones no solo fracasa, sino que alimenta el racismo y la fractura social. La solidaridad debe ser material, no retórica”. O dicho de otra forma debe traducirse en recursos y corresponsabilidad.

Desde el Cabildo de Gran Canaria, a través del programa Gran Canaria Convive, estamos trabajando de cerca con los municipios para atender las demandas locales vecinales. Lo estamos haciendo desde un enfoque intercultural y de proximidad, sabiéndonos parte de un mapa global migratorio pero sin dejar de atender la demanda local. 

En los últimos meses ha habido un pronunciado descenso de las llegadas por costa, pero aún así y a la espera de conocer si es una tendencia que se consolida por la cierta estabilización de nuestro entorno, necesitamos un sistema de acogida digno, claro, financiado por el Estado, con centros adecuados y protocolos actualizados. Conviene que los mecanismos de distribución de menores estén activados para evitar la saturación en frontera. Conviene que el Estado se implique de forma más decidida en políticas de cooperación con nuestros países vecinos y que se defienda sin complejos que esta inversión no solo repercute en el beneficio de países terceros, sino también en el propio. Y conviene alinear a las fuerzas políticas canarias en una mayor presión sobre la Unión Europea y España para que respalden estas políticas de forma decidida y entiendan que solo por la represión no se va a lograr una gestión óptima de los flujos migratorios. Que entiendan que no somos su patio trasero, ni su laboratorio de políticas migratorias, ni carceleros de sus sueños de homogeneidad racial. 

Las africanas Islas Canarias representan en estos momentos un reflejo de las contradicciones de Europa. Si España y la Unión Europea creen en los Derechos Humanos deben actuar con coherencia. No basta con llorar las tragedias en el Atlántico mientras se abandona a los que llegan vivos. Les pido que cumplan con el Estatuto de Autonomía, que cumplan con el auto del Supremo, que activen el mecanismo de distribución de menores migrantes sin referentes adultos y que dejen de tratar a Canarias como una colonia. Y que si no lo hacen, que asuman responsabilidades. Mientras no asuman su responsabilidad, la insolidaridad seguirá siendo una herida abierta que sangra y llora en el Atlántico.

Millares Sall, Arte y Rebeldía

El arte es una seña de identidad de los pueblos. Desde el inicio del poblamiento de la isla podemos distinguir  a través de él nuestra identidad isleña, atlántica y universal. Esa certeza forma parte de la tradición historiográfica recogida en las crónicas de la conquista, posteriormente documentada en la Ilustración del siglo XVIII a través de Viera y Clavijo, y también en el XIX con los trabajos iniciados en la etapa del romanticismo, con figuras de la talla del doctor Gregorio Chil y Naranjo junto a Agustín Millares Torres. Ellos confirman y reafirman esa cultura propia con la creación de la Sociedad Científica El Museo Canario.

El jueves pasado inauguramos una exposición que nos conduce por esa tradición a través de los Millares Sall, una familia profundamente ligada al arte, la creación  y al compromiso social. La saga comenzó con Millares Torres y ya ha superado las cinco generaciones enriqueciendo la cultura isleña y universal desde nuestra isla. Contra aquel historiador, compositor y escritor comienza -también- la hostilidad de los poderes más reaccionarios de nuestra sociedad hacia los valores que defendió y representó esta familia. Una persecución que ha formado parte del patrimonio de los Millares.

La publicación de la ‘Biografías de canarios célebres’ y de la ‘Historia de la inquisición en Canarias’ fue el detonante de su desencuentro con representantes de la iglesia molestos por la divulgación de actividades pocos cristianas que realizaban sus prelados. El enfrentamiento tiene su más doloroso episodio en la persecución que marcó la vida del profesor Juan Millares Carló, quien perdió su empleo por el acoso obsesivo del párroco Manuel Socorro y su ‘caza de brujas’ contra el patriarca de los Millares Sall y otras figuras, entre las que destaca el escritor Agustín Espinosa.

No se puede entender la obra colectiva de los Millares Sall sin recordar que se les condenó al exilio interior en su isla, sin otra forma de expresión o sustento que su arte. Y así queda reflejado en las salas del CAAM con cada pieza y recuerdo de una vanguardia que define un ciclo definitorio del arte en Canarias. 

La próxima apertura del Museo de Bellas Artes de Canarias (MUBEA), ha estado precedida de grandes muestras que anticipan la grandeza de nuestra Isla de Arte. Entre ellas podemos citar ‘La huella y la senda’, el centenario de la Escuela Luján Pérez, la propia ‘Isla de Arte’ que anticipó parte del patrimonio que atesora el Mubea  o la presencia de nuestros artistas en el Reina Sofía.

Han sido actuaciones que nos han permitido estudiar e identificar gran parte de nuestro patrimonio artístico del que queda mucho por conocer. Pero, sobre todo, van a hacer posible el que nos adentremos en nuestra historia, en los acontecimientos que dan lugar a ese arte comprometido y descubrir cómo el arte superó la tragedia y la dictadura.

En un trabajo publicado por la profesora de Historia del Arte de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Ángeles Alemán Gómez, con el título «‘Mutilados de paz’, “Homenaje al padre represaliado por la dictadura», se describe la reacción de los hijos e hijas de los Millares Sall por la situación en la que queda su padre. Con esa alusión al sufrimiento paterno y materno se denominó la serie pictórica que realizó su hijo Manolo, coincidiendo con los momentos finales del patriarca, tras décadas de castigo.

Sin embargo, la injusticia construyó entre la prole y sus progenitores un refugio de arte que permitió desarrollar varias de las capacidades artísticas de estos niños. Vivieron una guerra que sepultó la cultura y el pensamiento libre bajo la intolerancia y el desprecio a los derechos humanos.

La carpeta ‘Mutilados de Paz’ fue presentada en la Pierre Matisse Galery de Nueva York, con un poema de Rafael Alberti, que retrata en uno de sus versos los “callados alaridos que lastiman tanto como el silencio”. El viaje de regreso de Manolo a Madrid desde Nueva York coincide con el fallecimiento de Juan Millares Carló. El impacto en toda la familia es devastador.

Lo podemos comprobar en los retratos, poemas, composiciones y escritos que todos los hijos dedican al padre, poniendo el máximo cuidado en su memoria, como la lápida de piedra rojiza de Tindaya que destaca en el cementerio de Vegueta, con un poema del propio Millares Carló que hoy resuena con mayor vigor:“La mano que estas líneas escribe/en tiempo no lejano estará inerte/cuando la hora final, al fin arribe/lo que haya de quedar será más fuerte”.

Se conjuraron para restablecer la dignidad que en aquellas décadas arrebataron a Juan Millares Carló. Manolo lo explica en una carta a su hermano Agustín: “Don Papas está tranquilo porque sabe que, aunque ese día no llegue, nosotros hemos asumido la tarea de arrancarle día a día, con nuestra actividad, todas las cochinas púas que le han venido clavando en estos últimos 28 años”.

En este año, cuando se cumplen seis décadas de la muerte del patriarca de los Millares Sall, descubrimos el alma y la personalidad colectiva de esta generación. El resultado de la exposición es la descripción visual de cómo su arte es rebeldía enfrentada a las condiciones más difíciles de opresión y exilio interior, donde la dictadura era más asfixiante.

La represión no pudo doblegar la voluntad creativa y colectiva. Al contrario, esta exposición ‘Millares Sall. Creación plástica’, demuestra hasta qué punto llegó su compromiso. Un éxito del espíritu y la libertad frente a la tiranía y el despotismo que nos debe servir de ejemplo y compromiso para el presente y el futuro, para que no volvamos a vivir la injusticia y el drama de quienes son perseguidos por sus ideas. Quiero felicitar y agradecer al comisario Celestino Hernández su visión y su enorme trabajo para mostrarnos en toda su amplitud la aportación original de la saga al enriquecimiento del patrimonio y la cultura canaria..

Sabíamos que debíamos dar a conocer en su isla esta otra perspectiva, casi foránea o externa sobre los Millares Sall.  Lo entendíamos como una forma de celebrar su raigambre y el importante legado que aporta al desarrollo cultural de las islas. Tiene mucho que ver con la voluntad de sus descendientes, quienes reconocían en el entorno familiar que el sufrimiento de su padre pertenecía a “un mal crónico que viene de muy atrás y no se paga con un galardón sino con una manifestación de desagravio”.

Ese proceso de reparación comenzó con el despliegue artístico realizado por sus hijos, con exposiciones, ediciones, conciertos… creando una gran manifestación artística y de amor que arropó a sus padres. El regreso del exilio del hermano, Agustín Millares Carló, hace 50 años, para ser nombrado por el Cabildo de Gran Canaria director del Plan Cultural de la Mancomunidad Provincial, es parte de esa restauración de la dignidad de los Millares Sall, siendo esta corporación una de las instituciones que más ha contribuido a ese proceso.

En 1975, aquel Plan Cultural publica la obra póstuma ‘En el silencio grave’ y en 2007 el Cabildo colabora en la edición de los cuatro tomos de las Obras Completas de Juan Millares Carló, gracias a la recuperación por sus nietos de su amplísima producción de poesía, ensayo, romances, teatro y cómics, con el análisis realizado por Selena Millares Martín. Otra espina menos. Asimismo, el Cabildo se honra de contar con la presencia de esta saga en su catálogo de ediciones y en numerosas acciones artísticas, a partir de 1975, junto a una amplia lista de reconocimientos a miembros de esta familia. También han recibido los máximos honores y distinciones de nuestra institución, al ser designados Hijos Predilectos, Roque Nublo de Oro y Plata, Can de Plata. Y, ahora, esta exposición con la que acallamos, por fin, esos “alaridos que lastiman tanto como el silencio”.

No se puede entender la creación de los Millares Sall sin el contexto en el que brotó, ni Gran Canaria puede reconocerse sin incorporar el legado excepcional de esta familia que tanto ha contribuido a consolidar nuestra realidad de isla cosmopolita, creadora y rebelde.

Música, jóvenes e identidad

Desde los albores de la humanidad hubo sonido, ritmo y música. Sonaron prácticamente junto al primer latido humano, como manifestaciones de las inquietudes, miedos y anhelos más profundos de hombres y mujeres en su necesidad de relacionarse y dar sentido al mundo que habitamos. La música nos ha permitido expresar emociones, alumbrar el camino e incluso “dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido”, como dijo el compositor y director de orquesta Leonard Bernstein.

Hubo siempre personas con la capacidad de captar los sentimientos más hondos de la sociedad de cada época. Hacían visible -y audible- lo que permanecía oculto pero pujaba por materializarse. La música popular, en sus múltiples expresiones, ha cumplido esta función y ha sido fundamental para dar voz a colectivos que de otro modo habrían carecido de ella, sobre todo cuando no se pisan los grandes salones ni los círculos de poder.

Siempre hubo, en definitiva, quien ha demostrado que, como defendió John Lennon, “la música es todo el mundo y es la respiración” y ha contado para ello con un diapasón social para dar con la nota adecuada y sintonizar con el momento y el lugar, haciéndolos sonar. Y Canarias, lejos de ser una excepción, ha sido un lugar pródigo en este sentido.

En los últimos sesenta y cinco años se han ido sucediendo en el archipiélago movimientos musicales, protagonizados por la juventud de cada momento, con un fuerte compromiso social e identitario. Cada generación ha utilizado su propio lenguaje, sus canales y su manera de trasladarlo al conjunto de la sociedad, en muchos casos desde una militancia activa por la democracia, la lucha contra la desigualdad, la denuncia de un desarrollismo sin freno, la defensa de nuestra identidad o los derechos singulares como pueblo canario.

En los años sesenta y setenta cobra especial relevancia en nuestra tierra el movimiento de la Nueva Canción Canaria. Sigue la estela de la Nova Cançó en Cataluña, el Manifiesto Canción del Sur de Andalucía, Ez Dos Amairu en el País Vasco o la Nueva Canción Chilena y hace una propuesta en la que funden la tradición con la innovación, con un fuerte compromiso social, identitario, nacionalista, de defensa del territorio ante el nacimiento de un turismo sin control, de lucha contra la dictadura y de apuesta por la democracia.

Toma una dimensión muy potente el movimiento “Canarias: Pueblo, Palabra y Canción”, con cantautores  relevantes como J.C. Senante, Juvenal, Julio Fajardo, Pepe Paco, Suso Junco y grupos de referencia como Taburiente, Magma 12, Palo, Canto 7 o Pueblo-Tanco. Nacen también Los Sabandeños y Los Gofiones. Y ocupan un lugar significativo de denuncia social grupos como Los Granjeros de Montaña Cardones, de la mano de Sindo Saavedra, o los Chincanayros de Icod de los Vinos. El Centro de la Cultura Popular Canaria jugó un papel importante en esos momentos puesto que hizo de aglutinador e impulsó, en los años ochenta y noventa, propuestas como la del Taller Canario de Canción, con Marisa, Pedro Guerra, Rogelio Botanz y Andrés Molina.

Fue en los ochenta y los noventa cuando surge un movimiento ligado al rock, el reggae y el punk  que expresa el malestar social de esa generación, crítica con el sistema, con el paro y con la desigualdad social y genera un nuevo lenguaje de expresión, provocador e incendiario en muchos de los casos. Tienen detrás referencias como la de Los Canarios o los Stu and Drak, de Moya. Aparecen en escena en esos momentos grupos como Escorbuto Crónico, Prana, Moral Femenina, Familia Real, Teclados Fritos, Ataúd Vacante, Frakaso Skolar, El Eructo del Bisonte, Krull, Los Dalton, Los Coquillos y decenas de tantos otros.

Con la llegada del siglo XXI esta corriente musical reivindicativa se orienta hacia movimientos urbanos, que surgen en los barrios de Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife, La Laguna, Telde  o Arrecife de Lanzarote, entre otros. Echan mano del hip hop, el rap, el reggae, el break dance, el reggaeton, el trap y el graffiti, con influencias africanas y caribeñas -por nuestra situación geográfica y nuestras fusiones culturales- y con una amplia temática ligada a las drogas, el paro juvenil, el racismo, la inmigración o la desigualdad. Abren el camino El Chojin, aún sin ser canario, Grupo Extraño, K-Narias, El Veneno Crew y luego Bejo, Don Patricio, Locoplaya y muchísimos más.

Este fue el marco que abrió el camino a la explosión de la música urbana actual en Canarias, que  se ha convertido en una de las formas de expresión más representativa entre la juventud de las islas. La música urbana que se hace en el archipiélago se ha transformado también en un instrumento identitario, de cohesión social y de crítica política. Y habla de discriminación, de precariedad, de lo que sucede en las calles y en los barrios, de feminismo y diversidad, de respeto al medio natural, pero también de orgullo, de identidad y pertenencia. De superación y de voz propia para defender nuestra singularidad. 

El referente de todo esta expresión artística convertida en reivindicación de canariedad, de unidad archipielágica, de hacer música “de las ocho pa las ocho”, ha sido Cruz Cafuné. Su movimiento 922-928, los prefijos telefónicos de las dos provincias canarias, ha generado un sello canario, una gran comunidad de sentimiento isleño, de referencia artística e identitaria, de singular relevancia. Cafuné lo explica con claridad al contestar a uno de sus fans que le pregunta si se puede tatuar esos números: “922 y 928 son los prefijos de nuestras islas, por eso siempre los nombramos. No sé de dónde eres, pero Canarias es una colonia marcada por los flujos migratorios y la mezcla de culturas, mientras lo hagas desde la apreciación y el respeto así vas a tener a una familia”.

Y de esas aguas han bebido y en esas aguas se han sumergido artistas de Canarias como Ptazeta, Sara Socas, Daniela Garsai, Choclock, Kiddo, La Pantera, Abhir Hathi, Izak, El Ima, Juseph y el propio Quevedo. También escritores y escritoras como Andrea Abreu, Meryem El Mehdati o Aida Gómez Rossi, como señala Borja Rubio en su ensayo “928-922: Apuntes sobre la canariedad hirviendo”.

Lo de Quevedo el pasado domingo día 25 de mayo de 2025 en el Estadio de Gran Canaria, no fue, por tanto, fruto de la casualidad ni de la improvisación. Supone por el contrario una pieza más de esa cadena que se prolonga eslabón a eslabón en el tiempo. Para empezar, porque es imposible que más de 40.000 personas se den cita ante un escenario sin que exista una potente llamada artística, social, emotiva e intergeneracional.

Conozco por ejemplo el relato de padres, e incluso de abuelos, que acudieron al concierto sin otra motivación que acompañar a menores de edad. Iban en muchos de los casos envueltos en un nube de escepticismo o de falta de expectativas. Sin embargo, se vieron sorprendidos por la marea de catarsis y por la corriente de felicidad que se vivió esa noche. Comprobaron en persona que Quevedo, más allá de los gustos, posee el don “de enviar luz a los corazones”, tal y como señaló Schumann hace dos siglos. 

La comunión vivida se multiplicó con la presencia en el escenario de Los Gofiones y la interpretación de su canción dedicada a Gran Canaria. Y esto tampoco es casual. Demostró la convivencia entre tradición y contemporaneidad que nos caracteriza y que forma parte de nuestra identidad atlántica, fruto de una mezcla enriquecedora. Y más allá de eso, frente al tópico de la despreocupación por lo colectivo de los jóvenes, el estadio rezumó sentimientos de apego, de amor a la isla, de identificación colectiva.

No quiero olvidarme de subrayar que la figura de Quevedo da la vuelta al planeta enarbolando la bandera de Gran Canaria. Y que ha querido celebrar en su isla un concierto icónico que ha supuesto un despliegue técnico y humano sin precedentes, con el impacto económico y de proyección internacional que lleva aparejado. Creo por ello que desenfocan el debate quienes pierden de vista que este joven ha tenido la capacidad de activar ese diapasón social que antes mencionábamos.

Hoy somos tribu, una tribu multicultural, singular y ultraperiférica que nos trae ecos de reivindicación e identidad que debemos tener en cuenta y valorar porque es la voz actual, inteligente y sentida de nuestra gente. La que está llamada a construir la Canarias del futuro.

La mirada azul de Gran Canaria

Néstor Martín-Fernández de la Torre se sumergía con cristales al otro lado de la Barra de Las Canteras. Lograba contemplar con otra mirada lo que ocultaba el mar más allá del arrecife. Era su modo de mirar la vida y el océano y así lo plasmó en la icónica serie pictórica ‘Poemas del Atlántico’. A ese océano y su indisociable relación con la isla le cantaron con fruición Tomás Morales, Alonso Quesada o Saulo Torón, los tres, además,  trabajadores portuarios.

Estas pinceladas me sirven para dirigir el mirafondo hacia la dimensión social, cultural, económica y medioambiental que posee el mar para Canarias y en especial para Gran Canaria. He mencionado a artistas cuyo legado ha quedado grabado en libros y lienzos, pero quiero remarcar la herencia tantas veces anónima que nos han dejado los hombres y mujeres que durante siglos han convivido con las aguas que nos rodean, porque estas personas han escrito nuestra historia con tinta ensalitrada. Me viene a la cabeza la memoria de los barcos saliendo del refugio al amanecer mientras las primeras luces del día encendían las fachadas de las casas de los barrios altos, pintadas con la misma pintura que protegía el casco de los botes pesqueros. Pienso en aquel saber marinero, el que conocía los manantiales de los riscos entre La Aldea y Veneguera y de los que se servían cuando se acaba el agua a bordo. Era una muestra del cordón umbilical establecido entre la costa y la tierra en Gran Canaria. 

El Cabildo es consciente de la importancia del medio marino para un territorio que no solo mira, protege, vive y ama el mar, sino que además está definido por su condición de isla rodeada de mar. Así ha sido desde que emergió de su fondo y llegó a ser el escenario de una aventura humana con rasgos únicos y marcadamente atlánticos. Somos orilla y somos horizonte porque somos una entidad social en medio de las aguas. En este contexto, sobresalen en la superficie dos elementos que me parecen fundamentales. El primero es que no podemos ser una nave a la deriva. En segundo lugar, y como subrayan cada vez más voces científicas, el futuro será azul o no será. Precisamente por eso, nuestro proyecto de Ecoísla se apoya cada vez con más fuerza sobre las actividades relacionadas con el medio marino para levantar una isla autocentrada y sostenible con una combinación de usos tradicionales, estrategias insulares y tecnologías de última generación.  

Es, además, el mejor puerto de salida para nuevas e ilusionantes oportunidades de formación y empleo en el ámbito de la economía azul, para la diversificación, la seguridad hídrica o la soberanía alimentaria. Y, por supuesto, para seguir la hoja de ruta de quienes nos precedieron y nos dejaron su ejemplo de relación con el mar, con este ser cambiante, vivo, a veces irascible, pero siempre generoso, que nos abraza y nos condiciona, pero que nos ofrece al mismo tiempo opciones tan infinitas. Las mareas de las agendas insular e internacional nos conducen hacia un mismo lugar y revelan el liderazgo de Gran Canaria en el desarrollo de la economía azul (que hoy supera el 8% del PIB insular) las políticas de conservación del medio marino y la adaptación a los efectos sobre los enclaves costeros del cambio climático, además de como foro para el debate. 

Gran Canaria acogió recientemente las I Jornadas Internacionales sobre Áreas Marinas Protegidas del Atlántico Centro Oriental. En este marco, tuve la ocasión de exponer, ante una nutrida comunidad científica y de especialistas, el crecimiento de las iniciativas sectoriales relacionadas con el medio marino. 

Uno de los proyectos más ilusionantes es la creación del Parque Nacional de Guguy que, además de la protección de un cardonal y tabaibal único en el mundo, abarca un espacio marino de gran valor que distinguirá a este enclave como el primero de España que combina espacios terrestres y marinos. Su modelo combinado se aprovecha de la experiencia y el espíritu de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria, que celebra en junio su vigésimo aniversario. Incluye más de 30.000 hectáreas marinas y ha sido nuestro faro para no encallar en el olvido y tener presente el necesario equilibrio entre la actividad humana y el mar.  En otros tiempos, según atestigua la toponimia, hubo quien recorría el pie de los acantilados en busca de ámbar, el oro del oceáno. Hoy sabemos que avanzar económicamente en azul es un tesoro al alcance de la mano. 

El Gobierno de la isla rema a favor de la economía azul en  estrecha relación con la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, una fuente permanente de investigaciones que contribuyen a su protección y sostenibilidad, al igual que el Instituto Universitario de Oceanografía y Cambio Global, el Instituto Canario de Ciencias Marinas o el Banco Español de Algas. Esta concentración de conocimiento de la que puede presumir la isla cristaliza también en el Instituto Universitario ECOAQUA. 

Estamos impulsando el puerto de Taliarte como un espacio clave para la investigación, la pesca tradicional, la acuicultura y los deportes náuticos. Ahí comprobamos hace muy poco las oportunidades laborales que se abren para nuestra juventud en las jornadas de puertas abiertas del centro de entrenamiento marítimo  del Grupo Stier. 

En la última década, el Cabildo ha contribuido a extender este mar de conocimiento con ayudas directas a entidades que desarrollan actividades de I+D+i en el medio marino, incluido el apoyo a la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN) para la contratación de personal altamente especializado. Igualmente, hemos colaborado con el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC) en el desarrollo de proyectos tecnológicos en materia de desalinización, además de financiar programas para potenciar el talento científico. Por otro lado, el proyecto Bioasis del Cabildo en la Incubadora de Alta Tecnología en Biotecnología Azul y Acuicultura respalda a más de 30 empresas emergentes que desarrollan propuestas innovadoras. 

Nuestro puerto de La Luz y de Las Palmas reafirma su liderazgo en el Atlántico Medio. Hemos crecido casi un 10% en TEUS/Contenedores, un 7, 22% en mercancía en general y un 22,84% en avituallamiento. Gran canaria se consolida en Canarias y en el Atlantico Medio como centro neurálgico del transporte, la logística  y los servicios portuarios. Fimar nos mostrará, igualmente, a principios del próximo mes, otras maneras de relacionarnos con el océano a través de la náutica o los deportes marinos donde somos líderes mundiales, donde tantos triunfos internacionales hemos alcanzado.

También en fechas muy recientes, tuve ocasión de presentar la planta fotovoltaica de la Cofradía de Arguineguín, dentro del plan insular para hacer más rentables y sostenibles las instalaciones del sector primario. La pesca tradicional y la acuicultura emergente conforman un binomio clave para la protección y la soberanía alimentaria. El goteo es incesante. Y, poco a poco, se convierte en una ola que llega a la orilla para remover cimientos y crear otros nuevos. En 2027 será realidad el centro polifuncional para el desarrollo de actividades innovadoras en servicios marítimos y portuarios que promueve en el puerto la Sociedad de Promoción Económica de Gran Canaria (Spegc). Y, junto a la Autoridad Portuaria y el ITC, participamos en el proyecto de la planta de producción de hidrógeno verde destinada al tráfico en el Puerto de la Luz.  Igualmente, Gran Canaria ha sido elegida como el primer lugar de España para implantar la eólica marina, que potenciará también nuestra industria naval.

Hay un cofre de especial valor bajo las aguas que nos bañan. Porque dentro se esconde una llave crucial para nuestra supervivencia. Las aguas desaladas del proyecto Salto de Chira no solo nos proporcionarán seguridad energética y una penetración de las renovables que rondarán el 60%. Los caudales excedentarios que regarán las cuencas de la cumbre procederán del mar. Y encuentro algo especialmente sugerente en ello, ahora que sabemos, gracias a los estudios del convenio entre el Cabildo y la ULPGC sobre el poblamiento y la evolución humana de la zona declarada Patrimonio Mundial, que la población aborigen incorporó a su alimentación lapas y otros recursos marinos. 

El tiempo es cíclico. Pero también se agota. Y el tiempo para hacer frente a los retos del calentamiento global es ahora. Si no cuidamos el mar, estaremos hablando de hacer castillos en el aire. O, mejor dicho, castillos sobre la arena que se llevará el ascenso del nivel de los océanos. Literalmente. Este año, el Seminario de Comarcas Sostenibles de la Mancomunidad del Sureste se centró justamente en este hecho. En su inauguración, subrayé que el nivel del mar está aumentado en Canarias a un ritmo de entre 2,5 y 3,5 milímetros al año, a lo que se suma la progresiva elevación de la temperatura. 

Los factores de riesgo costero son una parte esencial de la estrategia de adaptación y mitigación al cambio climático del Cabildo, que además despliega ahora mismo actuaciones concretas. Es el caso del LIFE COSTAdapta para una intervención integral de adaptación basada en soluciones naturales, participación ciudadana y tecnología avanzada de simulación costera. O del proyecto Natalie para ejecutar el primer Sistema Urbano de Drenaje Sostenible (SUDS) insular a gran escala, una infraestructura verde para gestionar el agua de lluvia y adaptarnos a fenómenos meteorológicos extremos. Cada euro invertido en prevención puede evitar hasta 14 euros en costes de reparación y recuperación, si actuamos a tiempo. El coste de no hacer nada, o de llegar tarde, es infinitamente mayor.

Nuestra participación en la Misión de Adaptación de la UE refleja ese compromiso, evidenciado en la presencia de una delegación del Cabildo en la reunión de Wroclaw (Polonia) el pasado 20 de mayo. Tengo otras fechas subrayadas en el calendario. El próximo 8 de junio es el Día Mundial de los Océanos. Y el día 9 comienza la Conferencia de la ONU sobre los Océanos en busca de un acuerdo global para mares más saludables. Aquí, en Gran Canaria, ya hemos clavado esa bandera en el arenal. Nuestro futuro será azul o no lo será.