Portada Antonio Morales


El turismo en la encrucijada

Cada septiembre se produce la llegada de los turistas de la temporada alta en Canarias. Comenzaron a venir en vuelos chárter y  han hecho del turismo la principal actividad económica de nuestro archipiélago. Su impacto en el PIB y en la creación de empleo, directo e indirecto, es indiscutible. Su papel en la modernización de nuestras infraestructuras y en la propia sociedad ha sido extraordinario. En muy poco tiempo, nuestra economía pasó del sector primario al sector servicios, provocando la etapa de mayor crecimiento de la historia de Canarias. 

En este mes, además, han tenido lugar el encuentro profesional de comunicación y marketing turístico ‘Overbooking’ y la celebración del Día Mundial del Turismo, cuyo origen data de 1980. Se instauró cuando se cumplió el décimo aniversario de la aprobación de los estatutos que rigen la Organización Mundial del Turismo en 1970 y tiene una especial relevancia para España al ser el único organismo de la ONU con sede en nuestro territorio. 

Las macrocifras de la actividad turística son contundentes. Estamos ante una actividad que mueve el 9% del PIB mundial (en Canarias un 35%) y del que depende uno de cada doce empleos en el planeta, principalmente ocupados por mujeres. Además, es considerada una actividad que puede impulsar el desarrollo de países menos avanzados, así como  favorecer el diálogo y la cooperación entre diferentes culturas. 

Existen múltiples modalidades de turismo, pero con el auge de los vuelos y servicios de bajo costo, que se está propagando por casi todos los destinos, ha surgido el fenómeno de la masificación. Incluso en los lugares más sorprendentes o peligrosos podemos encontrar colas de personas. Se trata de una realidad que muestra la necesidad de regular los nuevos hábitos de nuestra sociedad y de la que Gran Canaria no se libra, tal como podemos comprobar en algunos de nuestros espacios naturales emblemáticos. 

El turismo en nuestras islas funciona desde sus orígenes gracias a la conjunción de un clima privilegiado, un medio natural y paisajístico de gran calidad, una oferta desestacionalizada de sol y playa, junto a una situación geográfica estratégica. Estos elementos impulsaron, con el incremento de las conexiones aéreas, un enorme flujo de personas y capitales que obró -en parte- el milagro económico español, al recibir las divisas del turismo que comenzaba a mostrar su gran capacidad de movilización de personas, medios de transporte y, sobre todo, de transformar el modelo de desarrollo. El turismo puso en producción zonas en su momento marginales, sin carreteras, ni infraestructuras, rodeadas de surcos y cucañas. 

Hoy, esos territorios acogen varios millones de turistas al año y son atendidos por el mayor contingente de población ocupada de nuestras islas. Una mano de obra mayoritariamente de servicio, pero con la característica de que en su mayor parte cuenta con contratos indefinidos, ya que no hay estacionalidad como en otros territorios y la ocupación es constante en los establecimientos. Sólo en las crisis se producen situaciones que se extienden a todos los sectores de nuestra economía, pero cada episodio de dificultades se ha saldado con una recuperación rápida.

Ya en el siglo XXI hemos vivido varios ejemplos de resiliencia y de cómo se ha recuperado rápidamente la actividad turística de las crisis padecidas. En 2008, por ejemplo, la crisis financiera se ensañó con el país, con unos recortes sin precedentes, generando una gran recesión, pero, al mismo tiempo, Gran Canaria y toda Canarias, iban contracorriente gracias al mantenimiento de la actividad turística.

Esa capacidad de resistencia y recuperación se debe a diversos parámetros y aspectos intrínsecos a nuestro destino. Hace unos días, durante la celebración de ‘Overbooking’, señalé que la imagen de sostenibilidad, seguridad, salud y bienestar son atributos de la marca turística de Canarias que fueron difundidos en las primeras obras literarias de nuestra civilización. La mitología sobre las islas de los afortunados ha ejercido una poderosa influencia en la visión que se ha mantenido de nuestra tierra. La leyenda de Las Afortunadas ha prevalecido, pero hemos de separar el mito de la realidad ante un presente y un futuro que presentan importantes incertidumbres y amenazas.

Y es que, tanto en los periodos de crisis como en los de crecimiento turístico, nuestras fortalezas y debilidades siguen latentes. Nuestra posición geográfica determina nuestro clima y también nuestras vulnerabilidades. La corriente de Canarias, los alisios y el siroco han hecho de este territorio atlántico el Jardín de las Hespérides, pero tenemos que analizar las consecuencias del cambio climático en el sector y sobre todo apostar por la sostenibilidad como gran horizonte de presente y futuro.

Nos enfrentamos a un futuro de grandes retos e incertidumbres. El cambio climático nos debe obligar a adaptarnos y a mitigar sus consecuencias. Tendremos que hacer frente al aumento del nivel del mar, a fenómenos meteorológicos adversos, a enfermedades tropicales, a la sequía y al aumento de las temperaturas, entre otras.

Nuestra posición geoestratégica se puede ver condicionada por crisis bélicas como las que hoy tenemos en las puertas de Europa o en Gaza, en el Sahel y otras zonas de África. El aumento de la inestabilidad política, el auge de la extrema derecha y la debilidad o la quiebra de muchas democracias, devenidas en totalitarismos, suponen un factor de inestabilidad social y económica muy importante que nos puede condicionar de manera significativa.

Nuestra posición y nuestro clima dan lugar a contrastes llamativos en estos tiempos inquietantes. Hoy somos contraste de migraciones climáticas, religiosas, políticas, etc,  entre el norte y el sur, entre Europa y África. El ocio hedonista y la jubilación de la envejecida población europea se choca de bruces con una tragedia humanitaria que sitúa a la ‘ruta de Canarias’ como la más mortal del mundo.

Esas contradicciones o diferencias forman también parte de nuestra marca turística, que arrancó hace un siglo y medio, desde que comenzamos a recibir viajeros y turistas que venían a recuperarse de las consecuencias de la revolución industrial. Fueron ciudadanos de estos países quienes promovieron los primeros hoteles. Así, en 1911 la ciudad contaba con 13 establecimientos y en El Monte había otros dos. En aquella época, los desplazamientos para llegar a cualquier parte del planeta duraban entre dos y quince días. Hoy es cuestión de horas y disponemos de 135.000 camas alojativas (VV, apartamentos, CR, hoteles…) y nuestro aeropuerto conecta con 152 destinos distintos.

Canarias figura entre los destinos líderes del turismo en el mundo y eso es debido a una gran cantidad de personas, empresas y organismos que hacen posible la excelencia de nuestra oferta de productos y servicios turísticos, con unas infraestructuras al nivel de las zonas más desarrolladas de Europa. Pero no nos podemos dormir en los laureles.

El turismo hunde sus raíces en nuestra historia para convertirse en parte de nuestra identidad. Y a partir de esa realidad, hemos de esforzarnos por conseguir que responda a nuestras necesidades y no profundice en las desigualdades, porque determina nuestras vidas.

Una representación de esa parte de la sociedad isleña, consciente de cómo repercute en su vida el turismo, quiere que esa relación sirva para mejorar la vida de quienes residimos aquí, como ha sido a lo largo de la historia. Fue la sociedad la que impulsó el turismo desde sus inicios, concitando una movilización social sin precedentes y destinando parte de sus escasos recursos para la creación de equipamientos que hoy son orgullo y patrimonio cultural. Inicialmente nuestras clases medias y algunos de nuestros empresarios  invirtieron sus ahorros para crear las camas necesarias. La aportación de los primitivos visionarios creativos nos dejó un legado en el paisaje cotidiano que nos enorgullece. Ahí están el Pueblo Canario, el parador de Tejeda, el Jardín Canario, el Templo Ecuménico, la Casa de Colón, los festivales, los campeonatos deportivos, la restauración… Unos equipamientos y actividades que debemos -en parte- al turismo.

Y en este sentido tenemos que aprender y renovar la larga tradición que dio comienzo hace 110 años con la creación de la Sociedad Fomento y Turismo, o el Centro de Iniciativas y Turismo que este año cumple su noventa aniversario, o el Skal Club, con 66 años de actividad en la isla. La sociedad civil iba muy por delante de la administración, hasta que en 1975 el Cabildo creó el Patronato Provincial de Turismo -cincuentenario que celebraremos el próximo año-, y que nació con el espíritu de cooperación entre las islas.

En estos cincuenta años, se ha profesionalizado y estructurado el sector. Pero también hemos visto crecer el descontento de sectores de la población que plantean cambios en el modelo, al que culpan de déficits que padece la sociedad. Vivimos en una encrucijada global en la que la crisis climática, el auge de los conflictos y la polarización animan a la confrontación, dejando a un lado el diálogo y la participación. Por ello, debemos recuperar la implicación de la sociedad para consolidar un modelo de turismo más sostenible y rentable, que contribuya al progreso, a la diversificación de la economía, a una mayor igualdad social, a la protección del medio natural y sus recursos y a una mayor distribución de sus beneficios.

EL AUMENTO DE LAS DESIGUALDADES

A nivel mundial, 8 personas tienen tanto como la mitad de la población del planeta, 3.600 millones de personas.

La ONG internacional Oxfam publicó recientemente su informe: “Una economía para el 99 %”, en el que hace una radiografía de la situación social y económica del mundo. Cuando habla de lo ocurrido en España durante los años de la crisis los datos echan por tierra todos los mensajes de autobombo del gobierno de Mariano Rajoy sobre la recuperación económica. La realidad es que España se ha convertido en el segundo país de la UE en desigualdades económicas. Frente a esos récords históricos de empleo propagandísticos, Oxfam pone el acento en la diferencia entre los que más tienen, entre las grandes fortunas y los directivos de las empresas, y los que menos ingresos perciben.

A nivel mundial, 8 personas tienen tanto como la mitad de la población del planeta, 3.600 millones de personas. Y en España la desigualdad ha crecido y se ha cronificado.  En el último año hay 7.000 nuevos millonarios, la fortuna de 3 personas equivale a la del 30 % más pobre, a los ingresos de 14,2 millones de personas.  Entre 2008 y 2014 los salarios cayeron un 28 % mientras que los más altos apenas se redujeron. En 2015 la remuneración del ejecutivo con el salario más alto multiplicaba por 96 el salario promedio del trabajador de las empresas del Ibex. Mientras que los beneficios de las grandes empresas están acercándose a las ratios  anteriores a la crisis, los salarios siguen 9 puntos por debajo de los niveles del año 2008.

Algunos voceros del Partido Popular han intentado estos días desprestigiar a Oxfam para restar  credibilidad a su informe. Pero Oxfam se basa en estadísticas oficiales y, de hecho, unos días después de la publicación del informe de esta ONG, el Banco de España difundió  la Encuesta Financiera de las Familias. Los datos corroboran que las políticas de austeridad en España y Europa han provocado más desigualdad: el 10 % de los hogares más ricos en España acumulaba en 2014 el 52,8 % de la riqueza una vez descontada la deuda.

El rostro de la desigualdad se ve más claro todavía si centramos la mirada en el 1 % más rico. Este sector privilegiado incrementó su patrimonio entre los años 2011 y 2014, cuando todavía la población estaba sufriendo los embates más duros de la crisis y los gobiernos hicieron los históricos recortes de los presupuestos sociales.  Según el Banco de España durante esos tres años la porción de riqueza del 1 %  más enriquecido pasó del 16,87 % al 20,83 %. Recordemos que fue precisamente en el año 2012, mientras los multimillonarios españoles estaban multiplicando sus rentas, cuando el gobierno de Mariano Rajoy les aprobó una amnistía fiscal. Algunos dirán ¡qué casualidad!, yo diría más bien que fue una causalidad. Uno de los factores que aumentó la desigualdad fue la política fiscal del Partido Popular, la de la derecha neoliberal que ya practicaban Reagan y Thatcher, la política de “Reagan Hood”, una especia de Robin Hood al revés: le quitaba a los pobres para dárselo a los ricos.

No es raro entonces que, desde Oxfam, planteen que buena parte de esta desigualdad cronificada en España se debe al sistema fiscal. En el año 2016 los trabajadores y trabajadoras aportaron un 84 % de la recaudación frente a un 13 % de las empresas. En los paraísos fiscales se refugia el dinero que debería de contribuir al bienestar de todos y todas, porque conviene recordar que esas empresas que envían su dinero a los paraísos fiscales han logrado esos beneficios gracias a lo que aporta el Estado en infraestructuras de carreteras, puertos y aeropuertos para el transporte de sus mercancías, gracias a que el Estado proporciona sanidad y educación públicas a sus trabajadores, gracias a que el Estado utiliza las embajadas y los viajes de sus dirigentes para facilitar las relaciones comerciales con otros países.  España dejó de ingresar 1.550 millones de euros que fueron a esos paraísos, estamos hablando de un 58 % del déficit que tendrá el fondo de reserva de las pensiones en el año 2017. El informe concluye que la desigualdad en España no es fruto de la crisis económica, aunque esta crisis la ha acentuado. La causa es el modelo económico y el fiscal. La economía española ha primado los beneficios económicos y las rentas de capital frente a las rentas salariales y el empleo. El Gobierno lo arrienda todo al crecimiento económico. Y por sí solo el crecimiento (con el actual sistema tributario, con las consecuencias de la reforma laboral) no reduce la desigualdad. Que la economía crezca no significa que aumenten los beneficios de la mayoría de la población. Si a las multinacionales españolas les va muy bien, pero los beneficios de muchas de ellas acaban en paraísos fiscales y los salarios no aumentan de forma proporcional a los beneficios, la desigualdad continuará. Los últimos datos de Canarias apuntan además a que el empleo lo ha creado fundamentalmente la administración pública.

En nuestro archipiélago, hasta el pasado 23 de diciembre las políticas sociales del Gobierno autónomo estaban en manos del partido socialista. Se produjeron algunos cambios positivos: en 2016 se incrementó de forma importante el número de personas que tuvo acceso a las ayudas contempladas en la Ley de Dependencia después de muchos años de tener a Canarias en la cola en la aplicación de la ley. Desde la Consejería de Políticas Sociales se impulsó la nueva Ley de Servicios Sociales, un proceso en el que se ha contado con los cabildos, ayuntamientos, sindicatos, oenegés y colectivos profesionales. El presidente Fernando Clavijo siempre se ha mantenido al margen de estas iniciativas, su empeño ha sido dar protagonismo y prisas a la aprobación de la Ley del Suelo, que no tiene precisamente como objetivo combatir la desigualdad social o atender a los que menos recursos tienen. O a poner representantes empresariales en consejerías estratégicas. Veremos si ahora con el gobierno monocolor el presidente le presta más atención a las políticas sociales. Porque esta tierra sigue estando a la cabeza de las comunidades con mayor índice de parados y de pobreza y exclusión social. Y de pobreza infantil.

Desde los cabildos y ayuntamientos poco podemos hacer para combatir las desigualdades. No tenemos capacidad legislativa y las políticas sociales son competencia de la Comunidad Autónoma. En la parte que nos toca, en el Cabildo de Gran Canaria pusimos en marcha un plan extraordinario de lucha contra la pobreza y por el empleo de más de 15 millones de euros nada más llegar al gobierno de la Isla. En los presupuestos de 2017 hemos incrementado en 5,6 millones de euros  el presupuesto de Políticas Sociales y Accesibilidad, cuya consejería contará con 125,3 millones. Dedicaremos en torno a 200 millones de euros a inversiones, para generar economía. El principal objetivo de esas inversiones es crear empleo. Tenemos un convenio con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria que nos permitirá tener este año un diagnóstico de la realidad y de los diferentes nichos de empleo en nuestra isla. Esto nos ayudará a  desarrollar de forma realista nuestro Plan Integral Transversal de Empleo y Desarrollo de Gran Canaria (PITED-GC 2016-19). 

Además en 2017 incrementamos en más de 140.000 euros el presupuesto destinado a subvenciones al Desarrollo local para los 21 ayuntamientos (en total se contará con 560.000 euros).  También aumentará la inversión destinada a la promoción y desarrollo de la actividad económica (en colaboración con el Servicio Canario de Empleo), en total dedicaremos a este objetivo 323.066 euros. Multiplicaremos por dos el presupuesto destinado a empleabilidad que desarrollamos con entidades sin ánimo de lucro, en total. 600.000 euros. Otros 300.000 euros irán destinados a crear itinerarios de inserción sociolaboral para personas desempleadas.  Y también hemos doblado el presupuesto del Plan de Empleo de Garantía Juvenil que en 2017 tendrá 3.572.000 euros. Con estas políticas queremos caminar hacia una isla más sostenible en el terreno social.

La revista médica The Lancet acaba de publicar un trabajo en el que demuestra que la pobreza y la desigualdad acortan la vida casi tanto como el sedentarismo y mucho más que la obesidad, la hipertensión y el consumo excesivo de alcohol. Los autores del estudio afirman que la OMS obvia esta realidad y que en sus estrategias de salud global no consideran las malas circunstancias socioeconómicas como factores de riesgo modificables. La miseria limita el estilo de vida y las posibilidades vitales. Mata.

La llegada a la Casa Blanca de Donald Trump y el aumento de la extrema derecha en Europa es un dato que nos indica que el panorama internacional no va precisamente a mejorar. La historia ha demostrado que  levantando muros entre los pueblos más empobrecidos y los que más tienen no se soluciona el problema de la desigualdad ni del hambre. Pero  me temo que ya habrá tiempo para hablar de Trump y a reflexionar de nuevo sobre el auge de la extrema derecha xenófoba  y racista en el Viejo Continente en una próxima ocasión.