Portada Antonio Morales


Una Europa desnortada

Europa parece caminar sin brújula en un momento en el que más necesita un rumbo claro. Las grandes promesas que durante décadas sostuvieron el proyecto europeo se diluyen entre contradicciones, bloqueos internos y un clima de desconfianza que recorre tanto a los estados como a la ciudadanía. Lo hemos visto recientemente con el rechazo de Francia, Alemania, Italia y Polonia a la propuesta de reducir un 90 % las emisiones para 2040. Estamos ante una decisión que supone un duro golpe al corazón del Pacto Verde Europeo y que refleja hasta qué punto las prioridades nacionales están imponiéndose sobre el compromiso común.

Los argumentos de estos países pivotan en torno a la defensa de su competitividad industrial y al miedo a que los costes de la transición recaigan sobre sectores económicos estratégicos. Pero lo que de fondo emerge es la fragilidad de una Europa que no logra conciliar la urgencia climática con la justicia social. Una Europa que renuncia a ser líder en la lucha contra el cambio climático justo cuando más necesario resulta, después de ver cómo las olas de calor, la sequía o los incendios se multiplican y afectan directamente a millones de personas. La decisión de las grandes economías no sólo compromete los objetivos ambientales, sino que erosiona la confianza de la ciudadanía en el proyecto europeo.

La crisis de rumbo va más allá de lo climático. En lo geopolítico, la Unión se mueve entre la subordinación a la estrategia estadounidense y la incapacidad de construir una autonomía estratégica real. Europa sigue siendo un actor militar secundario bajo el paraguas de la OTAN, sin un ejército propio capaz de garantizar su defensa, ni una política exterior que marque un camino diferenciado. La humillación a la que sometió a la UE el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, llamando papá a Donald Trump en señal de acatamiento sin condiciones de sus postulados, fue asumida por todos los países sin chistar.

Y en ese marco de impotencia y dependencia se inserta uno de los episodios más dolorosos y vergonzosos de los últimos tiempos: la tibia postura ante el genocidio en Palestina. El genocidio, la masacre y el exterminio en Gaza han conmovido al mundo entero. Miles de civiles asesinados, hospitales y escuelas bombardeados y un pueblo castigado por décadas de ocupación y violencia. El asesinato de niños y mujeres sin la menor piedad o compasión nos genera un especial sufrimiento. Ante esta tragedia, Europa apenas ha sido capaz de levantar la voz. Ha emitido comunicados ambiguos, ha evitado llamar a las cosas por su nombre, ha condenado tímidamente los excesos, mientras continúa avalando con su silencio el suministro de armas o el bloqueo de ayuda humanitaria. La defensa cerrada de Israel por parte de algunos estados miembros ha impuesto un relato en el que la equidistancia se convierte en complicidad.

La Unión Europea, que se proclama adalid de los derechos humanos y la dignidad universal, ha mostrado una doble vara de medir insoportable. Frente a Ucrania se movilizó con rapidez, habló con claridad, activó sanciones y se volcó en la solidaridad. Frente a Palestina, titubea, duda, se esconde tras tecnicismos diplomáticos. Esa incoherencia erosiona su autoridad moral y transmite al mundo una imagen de hipocresía. Para los pueblos árabes y africanos, para millones de jóvenes que se informan a través de redes sociales y ven las imágenes en directo, Europa ha perdido credibilidad. Y esa pérdida se pagará en influencia, en legitimidad y en capacidad de interlocución global. Además de la violación de los Derechos Humanos más elementales, se está generando una ola de odio y resentimiento que lamentaremos cuando no tenga remedio por el dolor producido. 

Sucede lo mismo con la migración. Cada país piensa y actúa de manera diferenciada y la falda de solidaridad interna concentra la presión en los estados fronterizos y debilita la capacidad de gestión. El crecimiento de la extrema derecha que explota el miedo al “exceso de inmigrantes” ha hecho prevalecer las políticas represivas frente a las humanitarias. La UE es incapaz igualmente de abordar las causas estructurales que la provocan y, también, de elaborar una estrategia para afrontar el reto de asumir que se trata de un fenómeno necesario para el futuro del continente y de generar, por tanto,  vías legales y seguras para la integración.

El sector primario tampoco es ajeno a este descontento. Se siente absolutamente desprotegido frente a la competencia global y a tratados como los realizados con Ucrania, Marruecos o Mercosur. También denuncian una y otra vez que el modelo establecido favorece a las grandes explotaciones frente a los pequeños productores del mundo rural. De la misma manera, las exigencias normativas y medioambientales no van acompañadas de precios justos ni ayudas o incentivos adecuados.

La dependencia energética y tecnológica de la Unión es otro de los talones de Aquiles que esta crisis desnuda. Se ha reducido la exposición al gas ruso, pero seguimos atados a combustibles fósiles importados y a materiales críticos que llegan de terceros países. Del mismo modo, Europa habla de soberanía digital y transición tecnológica, pero continúa muy por detrás de Estados Unidos y China en semiconductores, inteligencia artificial o innovación en energías limpias. La llamada “autonomía estratégica” se queda en un lema vacío cuando no se acompaña de inversiones propias, planificación a largo plazo y una visión de conjunto. Para colmo, Úrsula von der Leyer se hace cómplice de otra humillación a la UE reuniéndose con el presidente estadounidense en un campo de golf de su propiedad y aceptando sin chistar una imposición de aranceles de un 15% a los productos europeos.

En el interior, la situación tampoco es halagüeña. El avance de la extrema derecha y del euroescepticismo está condicionando la agenda política comunitaria y nacional. Cada vez resulta más difícil alcanzar consensos en torno a políticas comunes porque los populismos levantan muros, reavivan discursos nacionalistas y convierten a Bruselas en el blanco de todos los males. La consecuencia es una fragmentación creciente y un bloqueo que paraliza decisiones urgentes. La Unión, que nació para superar las fronteras y construir un proyecto compartido, corre el riesgo de volver a ser una suma de intereses parciales sin alma ni dirección.

En este contexto, la desafección de los jóvenes es un síntoma particularmente preocupante. Para quienes hoy tienen veinte o treinta años, Europa ya no es sinónimo de oportunidades. Ven cómo la vivienda se convierte en un lujo inalcanzable, cómo los empleos estables escasean, cómo la precariedad se instala en sus biografías. Y sienten, con razón, que las grandes promesas europeas no se traducen en mejoras concretas en sus vidas. La frustración se combina con el envejecimiento de la población y con el aumento de las desigualdades, generando un caldo de cultivo perfecto para la desconfianza en las instituciones.

Desde islas como Gran Canaria, esta desorientación se percibe con más nitidez. Aquí convivimos con las tensiones globales en carne propia: la dependencia energética que encarece la factura, la fragilidad de un territorio insular ante el cambio climático, la vulnerabilidad social de jóvenes sin futuro y mayores que necesitan cuidados. Somos testigos de primera mano de cómo la retórica europea a menudo no se traduce en realidades tangibles. Y sabemos que, si Europa no es capaz de acompasar sus grandes objetivos con las necesidades cotidianas de las personas y de los territorios, el proyecto comunitario perderá aún más legitimidad.

No basta con proclamar metas ambiciosas de reducción de emisiones, digitalización o defensa común. Es imprescindible articular políticas que integren la dimensión social, que garanticen transiciones justas, que cuiden a los más vulnerables. Y también es imprescindible sostener una política exterior coherente, basada en principios y no en conveniencias. Europa no puede seguir defendiendo la democracia y los derechos humanos en un escenario mientras los niega en otro.

Si no es capaz de hacerlo, la Unión se convertirá en un proyecto cada vez más irrelevante, incapaz de responder a los desafíos de un mundo en plena transformación. Desde Gran Canaria lo sabemos bien: los territorios fronterizos son los primeros en percibir las grietas de un sistema y también los que más sufren sus consecuencias. Pero también sabemos que en las periferias anida la posibilidad de repensar, de innovar, de construir alternativas. Europa necesita escucharlas para reencontrar el rumbo.

El continente que un día se soñó vanguardia del bienestar, de la democracia y de los derechos humanos, corre el riesgo de perder esa condición si no rectifica. Y no hablamos de un horizonte abstracto: hablamos de un presente en el que cada decisión cuenta. De un futuro que se juega en las ciudades y en las islas, en los hogares y en los trabajos, en la confianza o el desencanto de su ciudadanía. Europa debe volver a orientarse, y debe hacerlo pronto, si no quiere que su desorientación la arrastre hacia la irrelevancia o el enfrentamiento. Y en esto último  tiene mucha experiencia.

Viaje al centro de la tierra

Desde el Cabildo tenemos muy claro por dónde transitar para alcanzar el 80% de descarbonización de Gran Canaria en 2030. Nuestra propuesta de soberanía energética, que contempla la ruptura con los combustibles fósiles para generar energía en todo el territorio insular, avanza a buen ritmo. Lideramos la penetración de las energías limpias en las islas con un 24%; tenemos la mayor tasa de autoconsumo en Canarias y el Cabildo está apostando por ello, también, en todas sus instalaciones; nos encontramos desarrollando importantes proyectos de comunidades energéticas; Salto de Chira será una realidad muy pronto y se convertirá en  el gran vertebrador del almacenamiento de las renovables; estamos diseñando otros sistemas de almacenamiento innovadores; empezamos a aprovechar el biometano que genera el tratamiento de los residuos; el hidrógeno verde  hace sus pinitos para el transporte pesado; estamos impulsando las comunidades energéticas…

Pero la semana pasada se produjeron dos hechos especialmente significativos para Gran canaria en torno a las renovables. El martes 24 de septiembre el Gobierno de España aprobó el real decreto que regula la implantación de la eólica marina en el conjunto del Estado. Esto da pie a que se convoquen los concursos públicos necesarios para poder desarrollar  esta energía en nuestros mares. Como ya se conoce, Gran Canaria  ha  acordado con el Gobierno de España el modelo de implantación y será de los primeros territorios en hacerlo.

Por otra parte, ese mismo día y casi a la misma hora, el Cabildo de Gran Canaria, a través del Consejo Insular de la Energía y con las empresas Ayagaures Medio Ambiente, del grupo Pérez Moreno, Canary Islands Base del grupo Satocan y Dando Drilling Spain del Grupo Dando Drilling, presentó la empresa público-privada Gran Canaria Geotermia S.L, encargada de impulsar la penetración de la geotermia en esta isla.

Estamos, por tanto, tocando con los dedos el objetivo de romper nuestra atadura de los combustibles fósiles con un mix de renovables de vanguardia,  que reducirá de una manera muy notable la contaminación atmosférica, contribuirá al abaratamiento del precio de la energía, generará industria local, potenciará nuestros astilleros, creará empleo verde, nos hará autosuficiente energéticamente y abrirá espacios a la innovación y la investigación.

La verdad es que ha llovido mucho desde que iniciamos en 2016 los primeros estudios del potencial geotérmico de la isla a raíz de un convenio firmado con el INVOLCAN con el fin de evaluar las posibilidades de explotación de la energía geotérmica en la isla. Y creo que en primer lugar tenemos que estar satisfechos por haber encontrado después de este largo camino, socios locales e internacionales para hacer grandes cosas juntos.  Debo reconocer ese paso adelante para acompañar al Cabildo de Gran Canaria en este proyecto. También quiero aprovechar la ocasión para agradecer a Nemesio Pérez todo el trabajo realizado. Y por supuesto a Raúl García Brink, Alexis Lozano  y Cristo Suárez por el Cabildo -CIEGC.

Y quién me iba a decir a mí, cuando hace años me sumergí en el fascinante mundo de la novela de Julio Verne, Viaje al Centro de la Tierra, que desde el Cabildo de Gran Canaria iba a estar presentando un proyecto de geotermia para la isla de Gran Canaria. Sin lugar a dudas, vivimos en una era de desafíos sin precedentes. El calentamiento global es una amenaza real que requiere nuestra atención inmediata. Desde el Cabildo lo combatimos con un proyecto de ecoísla muy centrado, entre otras cosas, en movilizar todas las energías renovables posibles y promover la eficiencia energética al mismo tiempo.

Y algo que no podemos dejar pasar es el aprovechamiento de las energías renovables allí donde estén. Tenemos que aprender de los que han tenido éxito en la transición hacia una economía descarbonizada como Islandia o, por poner algún ejemplo más cercano, islas como San Miguel o Terceira en las Azores.

Los beneficios de la energía geotérmica son claros: Es renovable: el calor que fluye desde el interior de la Tierra permanecerá disponible durante miles de millones de años. Es firme y flexible: las plantas de energía geotérmica pueden funcionar las 24 horas del día durante los 7 días de la semana, pudiendo aumentar o reducir la generación para responder a los cambios en la demanda de electricidad. Su huella medioambiental es muy pequeña: las plantas de energía geotérmica utilizan menos terreno que otras energías renovables. Y es limpia: las plantas de energía geotérmica modernas no emiten gases de efecto invernadero y consumen menos agua que la mayoría de las tecnologías convencionales de generación de electricidad.

Como les decía, el secreto del éxito en la transición energética de Azores o Islandia es la energía geotérmica. Aun así, la falta de interés y el riesgo inicial han impedido que muchos territorios aprovechen su enorme potencial geotérmico. Este desafío exige una acción concertada entre todos los sectores de la sociedad: los gobiernos, el sector privado, el mundo académico o la sociedad civil.  Liberar todo el potencial de la energía geotérmica requiere una solución que combine hábilmente tecnología, políticas, regulación y finanzas.

Por eso cuando el Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético (IDAE) publicó la convocatoria de GEOTERMIA PROFUNDA con fondos Next Generation, el Cabildo decidió convocar al sector privado a través de un llamamiento de la Cámara de Comercio de Gran Canaria.  A partir de ahí se fue conformando una alianza público-privada que ha pasado por diferentes momentos y vicisitudes. Al final, el proyecto «AGEOGC EV», promovido por el Consejo Insular de Energía de Gran Canaria (CIEGC), fue seleccionado para evaluar la viabilidad del aprovechamiento de la energía geotérmica profunda en el campo geotérmico situado en la comarca sureste de Gran Canaria.  El IDAE concedió una ayuda de 15 millones de euros al proyecto, que implica la perforación de hasta tres pozos de 2.700 metros de profundidad para estudiar la existencia de recursos geotérmicos que pudiera permitir la extracción de energía geotérmica de alta entalpía para la generación eléctrica.

Estas perforaciones permitirán evaluar la viabilidad del uso de estos recursos subterráneos para la generación de electricidad mediante energía geotérmica. Los pozos, con un diámetro final de 8 ½ pulgadas (21,6 cm.), estarán diseñados para adaptarse a la geología volcánica de la isla y permitir la extracción eficiente de fluidos geotérmicos.

La inversión total será de 31 millones de euros. Y en caso de que resultara viable, la inversión sería infinitamente mayor y se iría ampliando capital según se acuerde de manera consensuada en la empresa.

Gran Canaria ha sido objeto de un exhaustivo programa exploratorio que incluye estudios geológicos, geoquímicos y geofísicos desde 2008. Se han realizado prospecciones geoquímicas en superficie, campañas de tomografía sísmica y magnetotelúricas, identificando varias anomalías termales y geoquímicas concentradas en el sureste de la isla.  Estos estudios han permitido la creación de un modelo tridimensional del subsuelo de la isla, mostrando áreas con alta conductividad eléctrica, un indicador del potencial geotérmico. Además, el Consejo Insular de la Energía de Gran Canaria (CIEGC) ha sido adjudicatario de un permiso de investigación en el Concurso Público sobre derechos mineros caducados en la isla de Gran Canaria, en virtud de la Ley de Minas.  Esto implica que se le ha concedido el derecho a investigar en ciertas áreas de la isla para la exploración geotérmica.

Para ello el Consejo Insular de la Energía ha  impulsado la creación de la sociedad «Gran Canaria Geotermia SL”. Este consorcio combina perfectamente la experiencia de nuestras empresas locales en ámbitos como el ciclo integral del agua, los residuos o la construcción, con la experiencia de Dando Drilling en el ámbito de la perforación en distintos sectores: petrolífero, hidráulico o geotérmico. Tendrá la responsabilidad de realizar las perforaciones y sondeos necesarios para llevar a cabo el proyecto, que deberá cumplir con las regulaciones del programa GEOTERMIA PROFUNDA del IDAE, estableciendo como fecha límite de finalización el 31 de enero de 2026.  Y se estima que las prospecciones podrán empezar antes del final del mes de octubre de este año.

Estamos, pues, ante un paso importante para el aprovechamiento de energías renovables en la isla de Gran Canaria, alineado con los objetivos de sostenibilidad y transición ecológica del Gobierno de España y la Unión Europea. La energía geotérmica profunda podría convertirse en una fuente clave para la producción de energía eléctrica limpia en la isla, impulsando la independencia energética y la reducción de emisiones.

Además, me gustaría destacar que nosotros creemos en instituciones públicas emprendedoras. El sector público no está ahí simplemente para arreglar los fallos del mercado, está también para intervenir positivamente en él.  Este Cabildo tiene vocación de ser el impulsor del cambio. Tenemos una visión de lo que es necesario hacer. Sabemos que este es un proyecto innovador con un riesgo y por eso mismo somos conscientes de que debemos participar proporcionando financiación para impulsar el despliegue de la geotermia y de todas las energías renovables posibles en la isla.

Y lo hacemos contra viento y marea, sabiendo que debemos vencer las piedras que nos han ido poniendo en el camino los retardadores climáticos y los neonegacionistas, pretendidamente ecologistas, y los negacionistas de ultraderecha (los dos coinciden y van juntos  en esto y  en otras cosas, echando mano del populismo).

Liberar el potencial energético de la Tierra no es una tarea fácil, pero les aseguro que uniendo las fuerzas del sector público y del privado  podremos lograr nuestros objetivos. Es alentador ver que Gran Canaria inicia ahora su viaje al centro de la Tierra.

                                                                         

Una voz atlántica

La vorágine del día a día hace que nos olvidemos con frecuencia de que la posición de Gran Canaria y de Canarias entera en relación con el exterior, especialmente con los tres continentes más cercanos, supone un factor que nos determina, nos condiciona y, a la vez, nos abre posibilidades de relaciones  e influencias de ida y vuelta. Nuestra historia, los acontecimientos que se suceden en este mundo convulso y la globalización han reforzado nuestro carácter tricontinental  con Europa, África y América. Nuestra obligación es afianzar cada día nuestra posición atlántica para abordar algunas de las cuestiones que nos preocupan.

Esta realidad nos afecta social, económica, cultural y políticamente. Por eso la proyección internacional de nuestra isla tiene que ser un elemento que nos ocupe tanto a quienes tenemos la responsabilidad de gobierno como al conjunto de la ciudadanía. Lejos de vivir aislados, Canarias tiene una relación intensa con los continentes cercanos y una actividad que supera la de muchas comunidades más pobladas que no son frontera como lo somos nosotros. Estamos comprobando que la defensa de Canarias no podemos delegarla en el Estado que es el que tiene competencias porque, con frecuencia, los intereses de nuestras islas no coinciden con los del continente ni con la mirada estatal o europea. Lo vimos con las prospecciones petrolíferas, lo estamos viendo con las maniobras militares de Marruecos y ahora se repite con la crisis migratoria.

Desde que este año  2024, el puerto de La uz ha incrementado su actividad con los buques mercantes procedentes de Asia y del Índico, obligados a rodear el continente africano para no cruzar el Mar Rojo en su ruta hacia el Mediterráneo y Europa. Ha aumentado el riesgo de ser atacados por los hutíes de Yemen quienes han declarado la guerra a Israel por su ofensiva contra Gaza que cumple once meses de horror y destrucción, extendiendo su impactos a la región y a todo el mundo.

Para nuestro puerto, la reducción del tráfico por el canal de Suez se traduce en un incremento extraordinario de su actividad, no exenta de riesgos por la saturación de operaciones. Es cierto que supone un incremento de la actividad económica pero, desgraciadamente, ese crecimiento va aparejado a la subida de precios, a velocidad de vértigo, del combustible y también afecta a la cotización de las mercancías que transportan,  especialmente los alimentos que recibimos del exterior y de los que dependemos. Además, las guerras consumen enormes recursos que superan lo que se necesita para acabar con el hambre o frenar el cambio climático en todo el planeta. Sufrimos una situación en la que se incumplen los acuerdos de Naciones Unidas, los dictámenes de la Corte Penal Internacional y los más elementales derechos humanos.

Las nuevas relaciones políticas de Europa con los países africanos y la imposición de políticas represivas que pretenden reducir los movimientos migratorios entre el norte y el centro de África con Europa del sur, han convertido la ruta canaria en la más frecuente a la vez que peligrosa para miles de personas que huyen de la pobreza, de la violencia de los conflictos bélicos y  las afecciones climáticas que padece el continente africano.

África se desangra en conflictos armados y en un agravamiento de las hambrunas. Las consecuencias del cambio climático originan  movimientos migratorios que también forman parte de este nuevo paisaje atlántico al que nos hemos habituado, dado que fuerzan a miles de jóvenes y menores a arriesgar la vida en el desierto o en cayucos para llegar a territorio europeo. Es una realidad que los canarios y canarias vivimos con enorme sufrimiento por el drama que supone ser la ruta migratoria más mortal en el mundo.

Y, lejos de los discursos grandilocuentes de los líderes que ven en las armas el único medio para alcanzar sus objetivos, con arengas de grandes estrategias y rápidas acciones que pretenden minimizar el espanto, los conflictos bélicos se prolongan. La ausencia de un horizonte de paz se consagra en las noticias que recibimos a diario y que hacen cotidiana la crueldad y la impotencia ante la deshumanización y el sufrimiento. Ucrania, Palestina, Mali y Sáhara, entre otros muchos países del continente africano forman la lista del horror que golpea nuestras vidas. 

La aparente normalidad que vivimos en el Atlántico se da de bruces con la llegada de embarcaciones con millares de personas que arriesgan sus vidas. Una situación que se agrava con la insolidaridad y el uso político tramposo de las instituciones para consagrar en las islas, principalmente en Gran Canaria, un sistema carcelario de retención de inmigrantes, a sabiendas de que esto no hace más que perjudicar nuestra capacidad de atención y de solidaridad, además de afectar a nuestra convivencia.

Simultáneamente, en los últimos once meses, la violencia desatada sobre los dos millones de habitantes encerrados en Gaza, cuya superficie es la misma que la de la isla de La Gomera, ha incendiado un conflicto que se extiende a otros territorios palestinos y a todo Oriente Medio. Una situación, en la que están implicados EEUU, Reino Unido y la Unión Europea, que nos pone de bruces ante el genocidio contra el pueblo palestino, mientras vemos renacer  a la extrema derecha alemana en las elecciones regionales de Turingia y Sajonia, como está pasando en Francia, España y en tantos otros países europeos.

Estamos ante una realidad política que agudiza la polarización con la entrada en escena de peligrosas consignas contra la justicia social, las políticas públicas y el reparto de la riqueza, abanderadas por profesionales de la mentira y la demagogia, como Milei, Trump, Bolsonaro, o el multimillonario Musk, propietario de una de las plataformas de redes sociales más influyente del planeta. Se han convertido en aliados estratégicos de la parte más reaccionaria del gobierno israelí, en su campaña para acabar con el pueblo palestino y ocupar sus territorios. En realidad persiguen un nuevo orden mundial basado en los autoritarismos y las autocracias y enfrentado a la democracia liberal.

Nuestra realidad global es mucho más compleja y difícil de resolver, porque ya no solo nos afectan las plagas de langostas, los piratas berberiscos o el tsunami del terremoto de Lisboa, que vivimos siglos atrás. Somos islas de paz, de convivencia, de superación de épocas pretéritas en las que los piratas asolaban nuestras costas. También, acudíamos al vecino continente para realizar cabalgadas con las que conseguir ganado y esclavos.

Igualmente, somos islas de emigrantes desde el primer viaje de Cristóbal Colón hasta nuestros días. Y desde entonces, hace 532 años, se conformó nuestra identidad, evolucionando hasta la actualidad, desde esa visión que se extendió hasta la primera mitad del siglo XX y que nos define como “europeos con los pies en África y el corazón en América”. O la visión más reciente y académica del profesor Víctor Morales Lezcano: «Para Canarias, Europa es una evidencia; América una nostalgia; y África, un imperativo». Un territorio de la ultraperiferia que tiene fuertes vínculos con los continentes del Atlántico, reflejados en la Casa de Colón o Casa África, para mantener esos lazos históricos de conocimiento y cooperación. Por eso nos preocupa y nos afecta tanto también lo que está sucediendo en Cuba, Venezuela, Nicaragua o El Salvador.

En un mundo cambiante, en esta montaña rusa de vértigo, nuestro compromiso debe ser con la seguridad y mejora de las condiciones de la población de la isla, con su tradición de paz, solidaridad y diálogo. Una forma de entender el mundo que quedó plasmada en 1986, cuando fuimos de las pocas provincias españolas que rechazó la entrada en la OTAN y la política de bloques en referéndum. Eramos conscientes de que el futuro no pasa por el enfrentamiento y las amenazas de destrucción total, sino por nuestra transformación hacia un modelo de isla que tenga soberanía alimentaria, energética, hídrica y, de esta forma, convertirnos en ejemplo de sostenibilidad para el mundo, alejando esa imagen de cementerio de esperanzas ahogadas en el océano.

A pesar de tratarse de un reto ilusionante, algunas personas manifiestan su escepticismo sobre qué puede hacer una isla ante todo esto. Ante el cambio climático, la crisis migratoria o la fragilidad cada vez mayor de la democracia. Y la respuesta es que nuestra obligación es la de ser una voz en el Atlántico y en el mundo para demostrar que hay alternativas, que el planeta no puede seguir agotando recursos arbitraria y alocadamente.  Que debemos luchar contra las desigualdades que provocan las migraciones forzadas. Que siempre tienen que estar presentes, en las acciones que corresponden, los valores democráticos esenciales. En esta encrucijada atlántica, la ecoísla que defendemos pretende profundizar en todo esto.  Es una manera de contribuir desde lo local a las grandes transformaciones que demanda la tierra.

REPENSAR Y REGENERAR CANARIAS (y 3)

En esta serie de artículos, agrupados bajo el epígrafe común Repensar y regenerar Canarias, he defendido unas Islas de la equidad y de las oportunidades, fundamentadas en el autogobierno, en la descentralización y en la implementación de políticas al servicio de la mayoría social. Y una de las grandes oportunidades de esta tierra, a menudo infravalorada, es la de ser un archipiélago estratégicamente situado y con una naturaleza incomparable. Una de las grandes fortalezas la constituye su medio natural. Afortunadamente, cada vez más población así lo entiende y la propuesta de ecoisla que defendemos va recibiendo más apoyo transversal.

El empresariado con más visión reconoce en la sostenibilidad un elemento de enorme atractivo para las poblaciones europeas sensibilizadas que nos visitan. Pero también se implican los investigadores e investigadoras que descubren en nuestros endemismos, en las reservas de la biosfera o en los parques naturales, una oportunidad de conocimiento y conservación. Y un movimiento ecologista cada vez más integrador, más amplio y con más arraigo en la ciudadanía, demanda el cuidado de nuestra flora, de la costa, de las especies protegidas… de la biodiversidad  en general.

Nuestra condición insular y nuestra posición geográfica comportan límites que hemos desdibujado o despreciado, y tenemos que asumirlos seria y profundamente. Nuestro territorio es limitado y ya soporta una enorme carga. Tenemos que impulsar un desarrollo auténticamente sostenible, alternativo, creador de bienestar y defensor de lo público, del patrimonio común.

Y la sostenibilidad nos lleva de la mano a la soberanía alimentaria, energética o medio ambiental. Nos obliga a ser muy cautos con el uso de nuestro territorio y de nuestros limitados recursos naturales. Nos fuerza a mejorar nuestros niveles de autonomía energética. Además, como sociedad no podemos estar ajenos a los compromisos con la sostenibilidad del planeta y a evitar el calentamiento global. Los cambios climáticos nos están afectando y debemos aplicar de forma contundente todas las directrices que marcan las cumbres del clima.

El calentamiento global ha venido para quedarse. El cambio climático no está esperando a que nos lo tomemos en serio. La inacción es una forma de destruir nuestro propio futuro. No podemos ya evitar el calentamiento, pero cada vez se nos está haciendo más tarde para reducir su dimensión y sus efectos. Somos islas y vivimos del turismo, ¿qué más necesitamos para implicarnos seria y decididamente en la lucha contra el cambio climático?

Las oportunidades que nos brindan los avances tecnológicos para la eficiencia energética, y el aprovechamiento de las energías renovables, tanto en nuestro suelo como en el mar, así como los sistemas inteligentes de gestión de redes energéticas, van a facilitar de manera considerable la disminución de  nuestra dependencia energética exterior de fuentes fósiles. Lo repito alto y claro: la introducción del gas es situarse en el pasado y forjar una nueva dependencia. Y frenar la penetración de las renovables, que son el futuro y la base de nuestra soberanía energética. Y obstaculizar la democratización de la energía.

Nuestras políticas deben orientarse a acelerar el proceso de implementación de estas tecnologías energéticas y concentrar nuestros esfuerzos en resolver todos los problemas regulatorios que están impidiendo su avance.

La soberanía alimentaria tiene que dinamizar todo el sector rural. Tenemos que recuperar el mercado de 4 millones y medio de turistas en la isla o de 16 en el archipiélago para aumentar el consumo de nuestros productos agrícolas y ganaderos. Tenemos mercado, tenemos territorio, clima y tecnología suficiente. Y productos de gran calidad. Debemos reforzar el apoyo institucional para que la población encuentre aliciente en la regeneración de nuestro sector primario.

Tenemos que reequilibrar y dinamizar nuestra realidad canaria. Pero parte de lo que nos pasa tiene su origen en una desconsideración del Estado con Canarias. Si analizamos esta relación desde la etapa predemocrática, debemos recordar que incluso sin morir Franco se rechazó la propuesta del REF.

La relación de Canarias con el Estado fue singular desde el mismo momento de la conquista. Primero fue el privilegio de franqueza de 20 de enero de 1487, que otorgó a Gran Canaria una exención durante veinte años de la gran mayoría de los tributos que componían la Hacienda real. Esa franqueza pasó a perpetuidad en 1507. Con posterioridad se instaura el Régimen de Puertos Francos y a partir de 1972 el Régimen Económico y Fiscal. Quiero destacar que se reconoció nuestra singularidad desde el primer momento de la conquista y nunca fueron sistemas gratuitamente concedidos sino duramente batallados.

Y en esas volvemos a estar. La mejor demostración del desinterés, del desconocimiento que el Estado muestra por Canarias es que solo existimos cuando parlamentariamente somos imprescindibles. Al amparo de la crisis económica, el Estado ha incumplido convenios, mandatos legales como la financiación autonómica o las inversiones en Canarias que deben estar en la media del Estado. Las inversiones del Estado deben estar situadas al menos en la media del conjunto de las comunidades, además de las que se contemplan para compensar el hecho insular. En esas exigencias de NC al Estado, como en otras en el ámbito europeo, coincidimos con CC, pese a las grandes diferencias que mantenemos en la política canaria.

Debemos, asimismo, ser más exigentes con nosotros mismos. Debemos reivindicar un tratamiento justo y una distribución justa de los recursos, pero eso se tiene que traducir en saber dar respuestas a las demandas de nuestra sociedad y resolver los problemas que acucian a nuestra tierra.

Además, debemos consolidar nuestra consideración de Región Ultraperiférica de la UE. Estando atentos a que los fondos destinados a estas regiones se puedan ver afectados por el Brexit o por la incorporación de estados con renta inferior a la media europea… Pero se debe cumplir. Como señaló recientemente Corina Cretu, comisaria europea de Política Regional: “Canarias debe probar que los actuales fondos para las RUP son usados de manera efectiva en el terreno y que los proyectos financiados contribuyen de manera significativa al desarrollo socioeconómico de estas regiones. Es la mejor manera de demostrar que las políticas de cohesión en Canarias son necesarias, que es útil y que debería continuar. Es importante demostrar el valor añadido de la política de cohesión, que aporta resultados concretos a la gente.”

Concluyo. Esta es la Canarias que podemos y debemos repensar y regenerar con la implicación de toda la sociedad que comparte este deseo de esperanza y a la vez de urgencia. Hay camino, hay proyecto, hay equipos, hay personas. Queremos una Gran Canaria que contribuya decisivamente al desarrollo de Canarias desde el impulso económico, la solidaridad, la innovación, la creatividad, la sostenibilidad y la cooperación. Esta Isla no quiere renunciar a su papel histórico de motor económico, cultural y social de Canarias. Tenemos un modelo y un proyecto para defenderlo. Tenemos una concepción de País Canario a la que no renunciamos.

Renuevo continuamente la esperanza. No me siento, no nos sentimos solos. Resulta imprescindible para persistir en la construcción de un proyecto de transformación en el que creemos firmemente. Lo dije en mi discurso de investidura. Lo sigo reiterando. Es una tarea de todos y de todas. Asumiendo, cada uno en su ámbito, el compromiso de regeneración que Canarias nos demanda. Desde el autogobierno y la vertebración territorial y social. Desde una economía para superar las desigualdades. Desde una Canarias equilibrada y sostenible.

REPENSAR Y REGENERAR CANARIAS (2)

Debemos desarrollar nuevos sectores productivos que contribuyan a aumentar la productividad y la diversificación económica.

En un primer texto abordé la situación política canaria, su dimensión territorial y social, los déficits del autogobierno y el maltrato estatal. Me detendré ahora en la estructura económica. En las propuestas para una nueva economía que contribuya a superar las desigualdades. Lo hago en un momento en que asistimos a síntomas de recuperación económica impulsados por datos históricos de ingresos y ocupación turística y por un repunte del consumo. Empezamos a superar la lacra de la burbuja inmobiliaria, con los excesos en la política bancaria, resueltos con daños para pymes y ahorradores, así como con un cierre total de créditos. Y con el añadido de la parálisis en la inversión pública. Y de un ataque brutal a lo público para desacreditarlo, para justificar su privatización…


En mi opinión, contamos con dos fortalezas relevantes para avanzar hacia la diversificación productiva. Por un lado, disponer de una economía más capitalizada, entre otros factores por los recursos de la Reserva de Inversiones (RIC) y del conjunto de incentivos del REF. Y, por otro, el enorme capital humano creado en los últimos 20 años que es la base para la iniciativa individual, la innovación tecnológica y la generación de pequeñas y medianas empresas. Para la nueva economía.

Defiendo una propuesta canarista. El nacionalismo canario de progreso tiene tres virtualidades: es reivindicativo ante el Estado, prioriza la lucha por la igualdad social y la defensa del territorio, y busca el equilibrio entre todas las islas. Reitero que creo en el patriotismo del medio ambiente y la solidaridad.

El modelo Administrativo de Canarias debe reformarse. Preservando para la Administración Autonómica todas aquellas competencias relacionadas con la financiación y prestación de las áreas vinculadas al Estado del Bienestar y descentralizando en las Administraciones insulares y locales todas las competencias y servicios cercanos a la ciudadanía. Acompañado todo ello de un apropiado marco regulatorio de financiación equitativa y de gestión.

Propugno, además, el compromiso con unas finanzas públicas sólidas y saneadas. Esencial para desarrollar hoy políticas de gasto sostenibles y, también, para estar preparados ante coyunturas económicas desfavorables en las que sea preciso afrontar políticas expansivas de gasto público.

También creo que debemos apostar por la innovación en la gestión pública y dignificación de esta y del funcionariado, elementos claves para el funcionamiento de las instituciones, de la sociedad y de la economía. La política del Gobierno central del PP ha consistido, con la excusa de la crisis, en un desmantelamiento de los sistemas públicos de gestión, por la prohibición de contratación o de dotación de las necesidades en administraciones saneadas. Y sin personal no hay empresa que funcione. Tampoco la administración pública.

La gran señal de la regeneración es la transformación de las desigualdades sociales. Necesitamos impulsar dinamismo económico y redistribución social. La gran tarea pública es la suficiente dotación de los cuatro grandes servicios: la sanidad, la educación, la dependencia y las pensiones. Pero la cohesión social nace también de unos salarios dignos, de un empleo estable, de un parque de viviendas accesible, de una formación profesional generalizada.

En ese sentido, considero esencial la creación de la Renta Básica Canaria, que garantice un ingreso mínimo a las unidades familiares. Un antídoto contra la pobreza y la exclusión social que ya está en funcionamiento en varias comunidades, siendo un referente la Renta de Garantía de Ingresos en el País Vasco.

Una sociedad justa requiere una economía competitiva. Y esta propuesta que desgrano rechaza la posición neoliberal que afirma que son postulados contradictorios. Una economía dinámica supone reforzar los sectores que proporcionen mayor valor añadido a las islas y pueden ser palancas para generar nuevo empleo. La mejora de nuestra competitividad tiene que estar basada en nuestras potencialidades (localización, especialización, recursos naturales, talento joven y fiscalidad) y en el aprovechamiento de las oportunidades que proporciona la economía global.

Este reto requiere de esfuerzos en diversos vectores, tanto en lo concerniente a los factores productivos como a los relacionados con el entorno en el que se desarrollan las actividades económicas.

El turismo y el ocio van a continuar siendo sectores clave en el crecimiento económico y de empleo de Canarias. Para ello hay que insistir en la calidad y la diversificación de la oferta, como elementos esenciales para fidelizar y mejorar el valor añadido de nuestro destino. Creo necesaria la Tasa Turística que defiende Nueva Canarias y que funciona perfectamente en otras comunidades españolas o en distintos países. Debe tener carácter finalista. Debe estar controlada y dirigida desde el ámbito público y el privado.

Pero, asimismo, debemos desarrollar nuevos sectores productivos que contribuyan a aumentar la productividad y la diversificación económica. Entre otros, la industria del software, los servicios marítimos y off-shore, la astrofísica, las energías renovables, la biotecnología marina, la industria audiovisual y de contenidos digitales podrían ser ejemplos de ello.

Un sector que debemos considerar preferente es el de la “economía azul” o las actividades marítimo-marinas. Gran Canaria reúne todas las condiciones para ser un centro de referencia español e importante en la UE en ciencias marítimo-marinas, como lo demuestra la existencia de la PLOCAN, el  Banco Español de Algas, el Instituto Universitario de Acuicultura Sostenible y Ecosistemas Marinos, Instituto Universitario de Oceanografía y Cambio Global, el puerto de Taliarte, etcétera. Además, el puerto de Las Palmas, uno de los más importantes de España en cuanto a transportes de mercancías, dispone, asimismo, de las mejores instalaciones de reparación de barcos y plataformas del Atlántico Medio.

Igualmente los sectores de la biotecnología y la biomedicina tienen una enorme potencialidad. El Cabildo de Gran Canaria intensificará su apoyo y trabaja en varios frentes en estos momentos para afianzar este modelo. La Sociedad de Promoción Económica de Gran Canaria (SPEGC) es un gran instrumento de impulso y colaboración.

Somos conscientes de que la inseguridad jurídica está limitando la inversión empresarial. Creo que la inseguridad jurídica y la baja eficacia administrativa en la gestión urbanística y tributaria nos están restando bastantes puntos de competitividad. Por ello todas las instituciones debemos abordar de una manera decidida y clara un esfuerzo por mejorar la calidad y seguridad del sistema jurídico que regula las actividades económicas y empresariales. Es obvio que esto difícilmente se puede conseguir recortando a la administración pública.

Considero, además, que la consolidación de los incentivos fiscales a la inversión empresarial y a la creación de empleo deben estar en nuestra agenda de prioridades para la próxima década.

Por último, la respuesta educativa a las demandas del nuevo sistema productivo tiene que ser más eficaz; tenemos que buscar nuevos cauces para que la formación profesional, la formación continua y la formación universitaria provea de los profesionales que los nuevos sectores y servicios productivos van a demandar. Además, esta respuesta educativa debe animar a muchos de nuestros jóvenes a convertirse en innovadores empresariales y sociales. Y a no dejar de ser críticos, a no perder las imprescindibles referencias humanistas.

Todas estas propuestas, planteadas aquí de forma necesariamente resumida, deben tener como marco referencial una Canarias equilibrada y sostenible. A ello dedicaré la próxima entrega de Repensar y regenerar Canarias.

EL DAÑO DEL INSULARISMO

Me inicié en la política canaria en Roque Aguayro y desde esa pequeña fuerza política hemos transformado Agüimes

El nacionalismo canario reconoce a la figura de Secundino Delgado como uno de sus fundadores. Secundino fue un hombre progresista que junto a José Cabrera Díaz (el fundador del Partido Nacionalista Canario) representan la primera etapa del nacionalismo canario vinculado a la emigración isleña en América. Después vino el Movimiento Canarias Libre a principios de los años 60 del siglo pasado. Con las primeras elecciones democráticas la Unión del Pueblo Canario se convirtió en la principal referencia institucional del nacionalismo de izquierdas. En todas esas etapas, el nacionalismo canario siempre ha defendido la unidad de las islas, frente al pleito insular promovido por las burguesías de las islas capitalinas que solo ha tenido éxito electoral y expresión institucional con la creación de la Agrupación Tinerfeña de Independientes por los náufragos de la Unión de Centro Democrático. ATI se federó a partidos insularistas que se crearon en otras islas y constituyeron la Agrupación de Independientes de Canarias, que nunca logró representación institucional importante en Gran Canaria.

En Gran Canaria siempre ha predominado el nacionalismo frente al insularismo. Además de la UPC, en algunos ayuntamientos como Agüimes, Santa Lucía, Telde o Valsequillo lograron las alcaldías grupos independientes que venían del movimiento vecinal o colectivos culturales que apostaban por el nacionalismo progresista, que  siempre ha defendido el autogobierno y la unidad de las islas. El 22 de junio de 1979 Roque Aguayro aprobó en el pleno del Ayuntamiento de Agüimes una moción solicitando la constitución de la Comunidad Autónoma Canaria por la vía del artículo 151 de la Constitución (a la que se acogieron Euskadi, Cataluña, Galicia y Andalucía), pero desde la UCD (los padres del PP y de ATI-AIC) impusieron la vía lenta del artículo 143. Me inicié en la política canaria en Roque Aguayro y desde esa pequeña fuerza política hemos transformado Agüimes, pero también hemos defendido un discurso para Canarias basado en postulados progresistas y en la defensa de la unidad de las islas.

 

Otros se definen ahora nacionalistas pero su trayectoria política es claramente insularista y pleitista. Nadie se puede definir nacionalista canario y defender la desigualdad y el enfrentamiento entre las islas. Además de las desigualdades sociales, en Canarias sufrimos una grave desigualdad política: nuestro sistema electoral. El catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Madrid, José Ramón Montero, declaró hace unos días en el Diario de Avisos que el sistema electoral canario “es extravagante por su desigualdad extraordinaria en el valor del voto de ciudadanos que viven en islas diferentes”. Según Montero el sistema electoral canario “parece desnaturalizar por encima de lo tolerable el principio de igualdad de sufragio y rebasa los límites constitucionalmente admisibles”.

Los que se han beneficiado de este déficit democrático, Coalición Canaria, no van a cambiar un sistema que les beneficia. Y el colmo de esas políticas ultrainsularistas del todavía presidente Fernando Clavijo ha sido el intento de la aplicación de este sistema electoral a la propuesta de reparto de los fondos del antiguo IGTE (ahora llamados Fdcan) que ha provocado una crisis interna del Gobierno canario y una división sin precedentes en la Fecam y la Fecai, además de un enfrentamiento con las universidades, los sindicatos y casi todos los partidos políticos del arco parlamentario. El penúltimo esperpento lo vimos el pasado lunes en el Parlamento canario cuando varios presidentes de cabildos se atrevieron a reprocharle a los diputados autonómicos que hayan cumplido con su deber: presentar enmiendas a los presupuestos autonómicos. Los presidentes de cabildos, aliados con Fernando Clavijo y liderados por Casimiro Curbelo (que con un 4,45% de los votos se ha convertido en el político más influyente de toda la nacionalidad canaria), se saltaron el orden del día y desobedecieron a la presidenta del Parlamento. Un espectáculo que tenía como único objetivo defender el reparto de los fondos del Fdcan que se aprobaron por la mitad del Gobierno canario desoyendo a la mayoría de las organizaciones representadas en el Comité Asesor que había montado Clavijo para avalar sus criterios.

En una semana frenética de reuniones en Madrid y en Canarias, en las que se ha hablado de una posible moción de censura a Clavijo, con el PP convertido en el novio o novia de todas las bodas, el partido que ahora lidera Asier Antona se enmendó a sí mismo este jueves en el Parlamento y rompió el acuerdo que había votado con el PSOE y Nueva Canarias el pasado 9 de diciembre, cuando estos tres partidos enmendaron los presupuestos para destinar 90 millones del Fdcan a Sanidad, Educación y Servicios Sociales. A pesar de prodigarse en numerosos programas de radio y hacer declaraciones en los periódicos, Asier Antona no ha sabido explicar qué hay detrás de ese bandazo, por qué el PP vuelve a dar marcha atrás  y apoya junto a CC y al partido de Casimiro Curbelo que se reparta el 58% del Fdcan con los criterios del REF y el 42% con “criterios de doble insularidad y en base a la necesaria financiación de proyectos singulares”. ¿Quién decide esa singularidad? ¿Acaso la singularidad será que nuevamente tres cabildos y un ayuntamiento se llevarán más dinero del que han solicitado? ¿Será singularidad premiar a los 3 municipios grancanarios que se desmarcaron de los otros 18 municipios que rechazaron los criterios de la triple paridad?

Desde luego que premiar a algunos ayuntamientos financiando la construcción de dos aparcamientos y llamar a eso “fondo de desarrollo para diversificar la economía” es algo muy singular. Yo diría que es una actitud política singularmente clientelar. Y decir en el Parlamento, como dijo Clavijo esta semana, que “84 de los 88 ayuntamientos están de acuerdo en el reparto del Fdcan” es una singular mentira, que ignora a los 18 ayuntamientos grancanarios que se pronunciaron públicamente en contra en una reunión en el Cabildo de Gran Canaria. Pero ya estamos acostumbrados a que Fernando Clavijo ignore a las instituciones de esta isla.

 

El reparto del Fdcan promovido por Clavijo es solo la gota que colma el vaso en una legislatura marcada por los enfrentamientos institucionales promovidos desde la presidencia del Gobierno canario. El balance es tan desolador como dañino es el ultrainsularismo para nuestra tierra con propuestas como la Ley del Suelo hecha a espaldas de sus socios de gobierno y que pretende cargarse los órganos de control autonómico sobre nuestro territorio; una ley que entierra  la unanimidad política y social lograda con las Directrices del año 2003. O con una defensa a ultranza del gas con mensajes desde el Gobierno canario desaconsejando la inversión empresarial en Gran Canaria porque esta isla ha apostado por las renovables.

Pero toda esta situación podía haber tenido un resultado final positivo: Clavijo tiró tanto de la cuerda que casi la rompe. Por primera vez desde su nacimiento Coalición Canaria (la tercera fuerza política en apoyo electoral en Canarias y la sexta en Gran Canaria) podría pasar a la oposición. Es una situación política excepcional provocada por un presidente que según sus propios compañeros de partido ha hecho renacer al viejo insularismo de ATI y sus satélites. Nueva Canarias ha mostrado su posible apoyo a una moción de censura del PSOE y el PP para frenar el ultrainsularismo desbocado de Fernando Clavijo y Podemos reconoce esta situación excepcional y está dispuesto a  abstenerse. El Partido Popular se ha estado debatiendo entre el abrazo del oso que le ofrece Clavijo -al que acaban de dar un balón de oxígeno- con sus promesas de poltronas y la continuación de políticas clientelares o responder al deseo que cada vez expresan más sectores de la sociedad canaria y frenar el daño que están haciendo las políticas insularistas. El PSOE se mantiene en el limbo deshojando continuamente una margarita que ya no controlan… Solo Casimiro anda bailando en una pata sola. Nunca un presidente autonómico canario había logrado tanto consenso…en su contra.